El monte de las ánimas. Por Brisne
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror! Llega otra vez Todos los Santos, hace un par de días leíamos en una librería de mi ciudad el asombroso y estupendo relato de Bécquer «El Monte de las Ánimas». Es una lectura que me gusta… Leer más
