Los trenes a esas horas son así, apenas un espacio precario limitado por piernas y bultos, la señora que salió tarde del trabajo y ahora se apresura a tomar sitio, el hombre con las manos blanqueadas por la pintura que mira soñoliento las páginas de un diario, la mujer rubia de tacón alto que se mantiene erguida mientras su mano enguantada se pasea por el pasamanos del vagón. seguir leyendo »
Salí del juicio, abatida. El juez concedió la custodia de las niñas a mi ex marido. seguir leyendo »
Hace mucho, mucho tiempo…bueno, en realidad, no hace demasiado tiempo que esta historia ocurrió, pero como en los buenos cuentos, siempre se ha dado bien remontarse a épocas pasadas para explicar hechos que a primera vista no tienen explicación, pues yo me uno a la tradición! seguir leyendo »
De tan flojo como ha sonado el despertador, el contable casi no lo ha oído. La lámpara de la mesita de noche está a tocar de su mano pero no la enciende. seguir leyendo »
-¿Qué necesita? – dijo, a modo de saludo, la dama de ceño fruncido, apenas asomando a la puerta entreabierta que aún nadie había llamado. seguir leyendo »
Mosén Pedro abrió la puerta a la comisión de feligreses que encabezaba Juan Diego, formada por el Cojo Pelones, Blas Garcés y dos o tres de los más significados terratenientes del pueblo. seguir leyendo »
Son las ocho menos veinte de la mañana del lunes. Está lloviendo, por no variar. Javier se dirige con paso vivo a la parada del autobús. Al llegar echa un vistazo al panel electrónico, el Circular Centro tardará ocho minutos todavía. seguir leyendo »
Maldita sea, el sol me deslumbra y no puedo verte. Esta mañana, cuando preparé mi atalaya, el cielo aparecía plagado de nubes; cómo adivinar que despejaría en sólo unas horas. seguir leyendo »
Manuel Redes Tejedor contaba solo quince años cuando aprendió a apreciar para si, bajo el tenaz amparo de sus milenarios, filósofos y guías espirituales favoritos, el arduo, e imperecedero valor de la soledad. seguir leyendo »
Mi madre oía decir: “¡Empuja! ¡¡¡Empuja!!!”. Entonces, ella apretaba los puños y seguía oyendo cada vez más fuerte a la enfermera: “¡¡¡Empuja!!!. “¡¡¡Empuja!!!. seguir leyendo »