premio especial 2010

 

May 20

Mi madre oía decir: “¡Empuja!  ¡¡¡Empuja!!!”. Entonces, ella apretaba los puños y seguía oyendo cada vez más fuerte a la enfermera:  “¡¡¡Empuja!!!. “¡¡¡Empuja!!!.   Por Dios… ¡¡¡EMPUJA!!!   Mi pobre madre sentía como si alguien le hubiese metido las manos en el interior del cuerpo y le intentara arrancar, a tirones, el hígado, los riñones o Dios sabe que…  Era la primera vez que traía una criatura al mundo.

Alguien de dijo al oído con voz suave:  “Empuja como si estuvieras haciendo caca”.  Mi madre respiró hondo y apretó. Apretó fuerte pero esta vez no a los puños.  Así fue como salí del cuerpo de mi madre para introducirme a este mundo. 

Según me contaron después, en mi nacimiento tenía el color de piel era tirando a lila, los ojos hinchados y el cuerpo baboso con muchos hilos de sangre, y además, muy fea.  Así crecí, flacucha, feucha y con un pelo, que según decían las gentes, les recordaba a los estropajos de esparto que tenían en sus casas para fregar platos.

Yo era una patita fea.  Mis plumas estaban deformes y no tenían el color blanco de los cisnes que de intenso que es,  parece un blanco azulado, ni su elegancia,  ni su altivez, ni nada de nada. Caminaba con pasos irregulares y con la cabeza baja.  Mis ojos eran tristones y mi sonrisa… ¿qué era eso de sonreír?, y para colmo, apenas me relacionaba con otros niños. Mis padres andaban preocupados por mí pero sus estímulos de alegrarme la vida comprándome bonitos vestidos, echándome vinagre en el pelo cada vez que me lavaba la cabeza o diciéndome que no era tan fea…  no servían para nada.  Los veía sufrir y ello me entristecía más.   Seguí creciendo horrible  por dentro y por fuera cultivando un carácter triste, melancólico y nadie quería estar en mi compañía. Creo que me salía por fuera el cómo estaba por dentro.  ¿Qué era lo que me pasaba?  No lo sé. 

Llegó el día en que abandoné la niñez para pasar a la adultez siguiendo con las mismas características físicas y psicológicas que no me abandonaban.

Un día me dije:  ¡¡¡BASTA!!!  ¡¡¡BASTA  YA!!!  ¡¡¡NO PUEDO MÁS!!!  ¡¡¡NO QUIERO TENER LAS PLUMAS DEFORMES, NI ARRUGADAS, NI ESPANTOSAS!!!  y comencé a ver la luz y a saber qué era lo que me pasaba:  De niña había tenido miedo a la gente que me decía que era fea. Ello me hizo encerrarme en mí misma, en mi casa y aumentando en mi mente mi fealdad.  De mayor seguía con la misma percepción  más la cobardía de no enfrentarme a lo que no me gustaba, al mundo que me rodeaba, a la gente que me decía fea y ello…  me creaba más incertidumbre, más sufrimiento, más fealdad.         

Poco a poco fui arrancando, una a una y con gran dolor, esas plumas deformes, atrofiadas.  Aún quedé más rara, pero no más fea.  Por primera vez comencé a sentirme en paz conmigo misma y sonreí.

En el lugar de las plumas atrofiadas, iban saliendo otras mucho más hermosas, más blancas tirando a azul.  Me sentía más libre, con menos sufrimientos. 

Comencé a dejar de estar encorvada y estiré el cuello.  Miré al frente. Desde mi altivez, mi fuerza, mis ganas de actuar, mi transformación interior que se irradiaba a mi transformación exterior comencé a ver lo que antes no veía: ciertos rasgos de belleza en mí. 

Ahora lo comprendo todo:  Las plumas que me arrancaba eran las del miedo a enfrentarme al mundo, a la gente, a las de la timidez, las de la insolidaridad, las de los  prejuicios, las del pesimismo, las de los rencores, las “del qué dirán”…  En su lugar comenzaron a salir otras valientes, bondadosas, llenas de sencillez, de empatía, de amistad, de solidaridad, de fe, de coraje, de optimismo, la alegría, ¡¡¡DE FUERZA!!! 

Comencé a tomar las riendas de mi propia vida. Mi destino era ¡MI destino!, no el de los demás. Dejé de hacer cosas importantes para el mundo, (abandoné un buen trabajo aburrido) para hacer cosas importantes para el espíritu (me matriculé en la Universidad)  Ya, con la potencia de los conocimientos, la ilusión, la entereza… salí de la casa y de los libros para entrar en las calles, en las casas de las gentes, en los parques, en los juegos de los niños.  ¡Qué mundo más rico!  ¿Cómo he podido perderme todo esto durante tanto años?

Mi alma (las plumas blancas tirando a azules) me convirtieron en un hermoso cisne humano por dentro y por fuera, un hermoso cisne que ha sentido una gran transformación interior. La tristeza la convierto en alegría, el pensamiento negativo en positivo, lo feo a lo bello. Todos tenemos plumas muy blancas tirando a azules. Todos tenemos alma y algunos aún no la han destapado pero está ahí. ¡Ahí!  ¡Ahí dentro!.  ¡Sí! ¡Sí!  ¡Ahí mismo!.  ¡¡¡Destaparla!!! Arrancar las plumas feas, atrofiadas, deformes y da libertar a las hermosas, las blancas que tiran a azules.  Ese cambio tiene resultados insospechados llenos de asombro, sorpresa y alegría.  Una vez comenzado el desalojo de lo malo a lo bueno, de lo feo a lo hermoso, es difícil detenerse.  Y lo mejor es que se consigue la felicidad  que todos anhelamos y que al tenerla, la repartimos. 

Un día logré quitarme la última pluma, que era la más fea de todas: la del odio.  En su lugar salió la más hermosa, la más blanca, la más azulada: la del AMOR. Me dije:  “ Ya estoy preparada.  ¡¡¡ADELANTE!!!”  Ya no tengo miedo al mundo,  es el mundo el que me tiene que tener miedo a mí.

Estamos aquí para un ratito y cualquier día despertaremos para darnos cuenta que hemos muerto”, dice Daniel Arsules.

Aprovechemos la vida y seamos fuerza para nosotros  mismos y para nuestro alrededor.  Ello nos hará sentirnos  libres, bellos. El mundo nos espera. El mundo es hermoso. Volemos como lo hacen los cisnes blancos, que de tan blancos que son, parecen azules.Si quieres hablarme, te escucho con mi silencio.

Si quieres llorar, le dejo mi pañuelo y mi hombro.

Si quieres comer, ven a casa, siempre hay algo.

Si quieres reír, sé de buenos chistes.

Si quieres saber, te dejo mis libros.

Si quieres pasear viendo una puesta de sol, te acompaño con ojos llenos de Naturaleza.

Si quieres ser un cisne, adelante, está dentro de ti.

Si quieres…  para lo que quieras,  aquí estoy.



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6 Responses to “156- Aquí estoy. Por Cecilia”

  1. Ágata dice:

    Sencillamente entrañable.

    Suerte.

  2. Cánquel dice:

    Terapéutica. Anima y describe ese «dentro hacia afuera» que ha de vivir cualquiera para realmente cambiar. Tu lo llamas plumas, la psicología lo llama autoestima. Suerte.

  3. HÓSKAR WILD dice:

    Dulce relato de conversión de gusano (gusana) a mariposa.
    Mucha suerte

  4. Roberta B. dice:

    Un relato que sube la moral, desde luego.
    Suerte en el certamen.

  5. Antístenes dice:

    De principio una puntualización. Queda bastante más literario y correcto teclear cuando la frase se alarga: «¡Empujaaa! ¡Empujaaaaa!». Nada de mayúsculas, como si se ofertase el Cola Cao. Y sigo leyendo. En la utilización de las comas fallamos, ¡eh!… Y sigo… Y me detengo cuando teclea «¡Mi destino!». Ante tal grito me asusto y, sin pretender ofender, le indicaría que vuelva a releerlo, a reescribirlo, a dejarlo reposar y empiece otra vez…
    Suerte.

  6. la ciudad dice:

    ¿Es relato o es para leerse en un curso de autoestima? si es esto último debe tener mucho éxito, no le veo otra

 

 

 

 

 

 

 

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