Era un sábado caluroso de agosto cuando empecé el traslado al piso de mis sueños en el centro de mi ciudad. Tenía unos 50 metros cuadrados muy bien distribuidos. Una pequeña entrada con un armario para guardar abrigos, cajas o la escoba y la fregona por ejemplo. Una cocina con una barra americana de madera que comunicaba con el salón, que tenía una mesa rectangular de cristal con cuatro sillas, un bonito sofá rojo de dos plazas y un mueble para el televisor. Un baño y una habitación con armarios empotrados y una gran ventanal. Sólo había visto tres pisos, pero al entrar ya decidí que quería vivir en ese lugar. Además, el alquiler era razonable, por no decir barato. Acababa de subir la última caja cuando se presentó Miguel, el vecino del cuarto, para darme la bienvenida. Bienvenida al edificio, soy Miguel, el vecino del cuarto. Yo me llamo Berta, pásate a tomar un café si quieres. Pensé que siempre era agradable que te recibieran así, cerré la puerta aún más convencida de que me sentiría muy bien en mi nuevo hogar. Al día siguiente, no eran más de las diez cuando oí unos golpes en la puerta. Al abrir me encontré con Miguel que sin darme tiempo a decir ni hola se adentró en mi salón, se sentó en el sofá y dijo Vengo a por el café que me prometiste, con unas tostadas estaría bien. No me atreví a decirle que no era el mejor momento y, por otra lado, pensé que un parón ya me iría bien. Yo aún no había acabado de desembalar ni la mitad de las cosas, por suerte la cafetera estaba ya instalada en un rincón de mi fantástica cocina americana. Tenía pan, sólo quedaba desenterrar la tostadora. A la tercera caja que abrí, la encontré. Desayunamos y Miguel se fue por dónde había entrado. No era una persona muy habladora. Me dio la sensación que más que conocerme había venido a desayunar por la gorra una bonita mañana de domingo. Al día siguiente, acababa de dejar las llaves en el mueble de la entrada cuándo me asustaron unos golpecitos en la puerta. Hola vecina, necesitaría un poco de sal. Mientras se dirigía a la nevera cogía una cerveza y se apalancaba en mi sofá de nuevo. Sin hablar. Se bebió la cerveza casi de un trago, se levantó y adiós. Toc, toc. Hola guapetona, he pensado que podrías prestarme tu exprimidor, te lo devuelvo mañana. Bueno, ya que estamos me podrías poner unas patatas y unas aceitunas para picar. Y otra vez ya lo tenía instalado en mi sofá, que más que mi sofá parecía el diván de Miguel. Ding, dong. Buenas, mira que pasaba por aquí y quería saludarte -eso ya con una cerveza en la mano y camino a mi sofá. El colmo fue un día que llegué a las tantas y me lo encontré en el rellano de la escalera. Te estaba esperando, ayer cuando vine me olió muy bien lo que cocinabas y he pensado que podrías darme la receta, bueno y dejármelo probar. Yo no había acabado de rechistar que ya me había cogido las llaves de las manos y lo tenía en mi cocina. Cogiendo un taper de mi estofado y calentando el resto para después apalancarse en mi sofá con un buen plato y una cerveza. Ya no sabía que hacer. La verdad, quería comentarlo con algún otro vecino, pero a parte de Miguel, parecía un edificio fantasma. Nunca se oía nada en ningún piso, las ventanas siempre tenían las persianas bajadas y sólo en raras horas de la noche se percibía el ruido del viejo ascensor. Un día encontré una nota debajo de mi puerta. NO ESTÁS SOLA, TODOS HEMOS SUFRIDO A MIGUEL. ANIMOS. CREO QUE EL MES QUE VIENE YA ALQUILAN EL PRIMER PISO. Nunca supe quien me había dejado esa nota tan extraña, pero decidí tomar las riendas en el asunto, llevaba tres meses en el edificio y ya no aguantaba más, quería llegar a mi casa tranquila. Sin tener que estar esperando al vecino del cuarto. Ya hacía un par de semanas que había dejado de comprar cerveza pero no me sirvió de nada, ahora se instalaba en mi sofá con un vaso de leche fría. Parecía que le daba igual, se trataba de una manera u otra instalarse en mi sofá. Una noche cuando oí los golpes de rigor en mi puerta. Abrí enfadada y le dije directamente Mira Miguel, no tengo nada que ofrecerte o sea que buenas noches. Ah bueno, no te preocupes, voy al baño y me marcho. ¿Tienes una revista? Y ya me había apartado de la puerta para dirigirse con paso apresurado a mi baño. Estaba apunto de llorar. Quería saber cómo los otros vecinos se habían librado de él. La nota me lo dejaba claro, hasta que no alquilaran el primero Miguel seguiría fastidiándome. Decidí escribir a mis vecinos una nota que dejé en cada buzón SOCORRO. NECESITO AYUDA CON MIGUEL. MI TELÉFONO 666817953. POR FAVOR LLAMAR PARA UNA SOLUCIÓN. Al cabo de un mes nadie me había contestado. Cobardes. El primero seguía sin ser alquilado y Miguel no dejaba de entrar y salir con excusas cada vez más inverosímiles, desde perdona vecina se me ha estropeado la plancha y tengo que planchar estas camisas al Berta se le ha muerto el gato a mi abuela estoy muy triste, ¿me invitas a un café?. Era desesperante. Cambié de estrategia, al llegar al edificio me descalzaba, subía por las escaleras, entraba a mi casa a hurtadillas, no encendía ninguna luz y no había ni llegado a mi querido sofá que ya tenía a Miguel en la puerta, Vecinaaa se que estás ahí, necesitaría…
Así, día tras día. Por fin había encontrado un piso perfecto, pero al cabo de ocho meses de tener todos los días al vecino del cuarto entrando y saliendo de mi casa, no podía más. Decidí mudarme.
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Si tuviera un pronto soliviantado te reprocharía el que casi me ahogo por la falta de puntos y aparte. Me queda la duda de si es un truco para conferirle un toque todavía más ansisoso, que ya es decir, a la narración. Sin complicarte un pelo la vida, has metido los diálogos en cursiva y a presión dentro del texto.
Me parece un episodio a medio camino entre una aventura de patio de vecinos, una peregrinación por las infinitas rutas de la cocina para solteros y un canto a la Paciencia como virtud en peligro de extinción.
Muy divertido.
Felicidades, de verdad.
La velocidad en el relato realza el delirio de Berta. Me gusta tu expresión y tu ironía.
Me lo he pasado muy bien leyéndote.
R
Rita, para evitar interpretaciones erróneas debo corregir una errata. Sobra una «ese», ya que no quise escribir «ansisoso», sino «ansioso».
Para mi gusto tu narración es de todo menos «sosa» (o derivados). Al contrario, repito que me resultó divertida como pocas.
Buenas,
Buf!!!me entusiasma tu ritmo. Parece que no acabas de terminar una frase y ya empiezas otra de igual intensidad…me he quedado con ganas de más.
Suerte y también te felicito.
Me gustaría tener una vecinita tan comprensiva como la de la historia. Y que tuviera el frigorífico llenito de cervezas.
Mucha suerte.
Buen ritmo y amena.
Suerte.
Muchas gracias a todos!! La verdad…la intención era la que era y Luc de verdad, gracias…me alegro que te hayas divertido y siempre me va bien que alguien me ponga freno.
R y Carl muy emocionada.
Hóskar Wild, si por cervezas es tranquilo en mi casa nunca faltan.
besos,
Rita
Es reconfortante, entre tanta pretensión grandilocuente, encontrar un espíritu alegre, dicharachero y honestamente expontáneo.
Enhorabuena, señorita Poch.
No sabía si descojonarme de la risa o sufrir con la prota. Por fin un poco de aire fresco. No sé si querías que el texto fuera cómico o no, pero lo has conseguido.
Cris
Chica qué estrés, qué estrés, pero qué diversión. TodoseguidoyaleahíselasdentodasalpeadodelMiguel. La verdad es que está lleno de momentos estupendos. Suelo ser muy crítico con eso de marginar los punto y a parte, esos que nos dan un rellano en el que descansar entre tanto bloque, pero reconozco que en este caso está totalmente justificado. Suerte
Trepidante, muy tierno en el fondo , lo he leido muy a gusto.
¿Tienes MAS?
felicidades, un 100
Me falta la valoracion , (5)
Pues a mí me parece un trabajo desperdiciado. La historia es buena, pero sólo mira el exterior de la situación. E intercalar alguna reacción verosimil del personaje femenino no estaría mal. No me detengo en la sintaxis en todo caso…
Suerte.
El relato es divertido y en cierta manera creas una atomósfera agobiante debido no sólo a la situación sino también a la ausencia de puntos y aparte. No obstante creo que te faltó aclarar el detalle del mensaje anónimo. Das a entender que los demás vecinos no salían a la calle para no cruzarse en la escalera con el pesado ese, o para no tener que admitirlo en sus casas. Quizá hubiera estado bien que hubieras profundizado más en esa situación casi surrealista.
Ah, y un detalle que me llama la atención: lo de la cocina con barra americana. Una cosa es la cocina americana y otra la barra americana (la que se utiliza para hacer strip tease), pero la cocina con barra americana es un híbrido que nunca antes había oído mencionar.
Suerte en el certamen.
Buenas,
Primero agradecer a todos los comentarios. Después decir que eltemadeescribirsinrespiros es un recurso para poder expresar el sentimiento de agobio de Berta.
Gárgola: muchas noches por los bares! Una cosa es la cocina americana que no tiene ningún tipo de separación y la otra es la cocina con barra americana. Ésta se separa del comedor con una barra y está semi cerrada.
Todo me sirve….gracias de verdad.
Muy divertido, se lee en un suspiro. No me gustó tanto la resolución del conflicto, me sonó algo apresurado.
Suerte.
Bajo mi punto de vista, una cosa es escribir con la intención de expresar un sentimiento de agobio, y otra es poner puntos donde deben haber comas, comas donde habría puntos, espacios donde deberían ir signos de puntuación y signos de puntuación donde estarían los espacios. Esto no es sólo un formalismo (que algunos dicen que es ser puntilloso), sino que resulta necesario para que todo se entienda bien, sin que el lector tenga que hacer el esfuerzo de separar o unir sintagmas con independencia de cómo está estructurado en el texto.
Sólo un ejemplo para aclarar lo que quiero decir: «Yo no había acabado de rechistar que ya me había cogido las llaves de las manos y lo tenía en mi cocina. Cogiendo un taper de mi estofado y calentando el resto para después apalancarse en mi sofá con un buen plato y una cerveza.»
Yo no había acabado de rechistar… Bien, ahora viene el objeto de mi rechistar: que ya me había cogido las llaves de las manos y lo tenía en mi cocina. O sea, rechisto por haberme cogido las llaves y por tenerlo en mi cocina. Pero creo que esa no es la idea… Sino que rechisto sólo por haberme cogido las llaves, y antes de acabar de quejarme, me doy cuenta de que lo tenía en la cocina. Después del punto y seguido, la frase «cogiendo un taper…», no tiene ningún sentido si no le añadimos algo: cogiendo un taper para después apalancarse… ¿qué más? A no ser que esa frase, en realidad, no esté separada de la anterior, y se refiera a lo que hacía en la cocina. En ese caso no casa el punto y seguido, sino en todo caso una coma, y en mi mente, para que todo cobre sentido, quedaría así: Yo no había acabado de rechistar que ya me había cogido las llaves de las manos y (descubrí que) lo tenía en mi cocina, cogiendo un taper de mi estofado y calentando el resto para después apalancarse en mi sofá con un buen plato y una cerveza.
A parte de estas «puntillas», la historia se queda en lo superficial. La idea es buena (lo cierto es que casi todas lo son), pero creo que merece ser contada con más profundidad, pues se queda en un pásame la sal, invítame a una cerveza, que no es más que una anécdota que no llega a calar. Quizá, personalizando un poco más al tal Miguel, con necesidad de menos diálogos se puede llegar a la consecuencia de mudarse de casa como remedio inevitable.
A lo largo de la lectura, una difícil batalla entre un relato muy mal expresado y una idea fresca y original que termina librándose con una estrepitosa derrota en un final horriblemente desilusionante.
Sin meterme en divagaciones técnicas, el relato crea adicción y se lee de un tirón. Esos personajes suelen existir y si dan con una buena persona se aprovechan a tope. Lo triste es tener que mudarse por culpa del jeta ese. Mucha suerte.
Gracias por todas las opiniones y propuestas.
Saludos a todos y mucha suerte.
Pirata..el relato me parece muy bien, como para que te pases tanto, como haces en otros relatos. ¿Se podria leer algo tuyo? Francamente me encantaria.
Rita Poch suerte y repito el relato no esta nada mal
Enma, todo es subjetivo: tú consideras que me paso y yo, en algunos casos, creo que no llego. Bien mirado, es un acto de generosidad, pues estoy dando claves para que no se cometan los mismos errores en escritos futuros que, al fin y al cabo, serán mi competencia. Sería más egoísta no desvelar nada y dejar que cada cual siga escribiendo al mismo nivel, sin que nadie les advierta de que se puede mejorar poniendo un poco de atención a ciertos detalles.
Por otra parte, también he dejado comentarios muy favorables en los relatos que he considerado que lo merecen (siempre bajo mi punto de vista, claro está).
Por supuesto, puedes leer algo mío en este certamen. Mi relato está firmado por el único pirata que ronda por estos mares.
Simpático relato, pero se queda en la superficie, el personaje de miguel está poco delineado. La manera de escribir, a propósito para crear angustia, está bien, pero eso no es óbice para que no se tenga cuidado con las tildes.
suerte
He pasado un rato agradable leyendo tu relato.
Felicidades
Bueno,
Gracias a todos y suerte a vosotros también.