La salida de los mineros de Atacama. Por Salvador Pliego
III La salida Decidme cuántas y cuántas joyas si ese día se contaban por millares. Cada ojo brillaba contemplando. Cada cerro destellaba y se volteaba a mirarlos. ¡Y salieron!… Uno, y treinta y tres; ¡Chi, Chi, Chi! ¡Le, Le, Le! Treinta y tres y uno; tres y uno… tres y tres… tres y el mundo. Tenían nuestras manos en sus manos. Tenían nuestros rostros en sus rostros. Las sirenas en el túnel reventaron bocamina. Había gemas hilarantes donde sea. No, yo no lloré: eran las piedras y los ojos; eran las sedimentarias rocas y los ojos; eran los metales… Leer más
