nochedeconfidencias. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Para Araceli, por su corazón salvaje, y para Rogelio, por inventar finales hermosos Ella se quitaba la camiseta con pudor (bueno, eso era sólo al principio). Él organizaba la tecnología: vuelca el asiento atrás, ten cuidado con la palanca de marchas y ponte sobre mí, que estarás más cómoda. Las linternas de la guardia civil les bajaron el radio del iris y la libido: chicos, es peligroso este sitio, les dijo el del bigote. Y ella, medio desnuda y con esa ternura que siempre lo desarmaba, le preguntó desvergonzada pero niña: ¿me puede usted indicar (por favor) un carril más… Leer más
