Un Madrid que se fue. De Julián Ruiz Marín

El autor
Julián Ruiz Marín es un reconocido estudioso de la historia de las calles y su evolución a través de las instituciones, establecimientos, industrias, acontecimientos festivos o deportivos, crímenes, atentados y personajes, recogidos en varias publicaciones que le hicieron merecedor de la Llave de la República Independiente de Torrero.
Con «Un Madrid que se fue» amplia su labor de estudio y análisis a las calles de Madrid y la idiosincrasia de sus habitantes, fusionando la más rigurosa documentación con un inédito anecdotario.

El libro.-
Recorrer entre letras las calles de Madrid de 1883 a 1939 con una visión global que hilvana arte, arquitectura, historia y leyendas de la capital, acudir en tranvía la boda del Rey, rememorar los felices años 20 y las tardes más gloriosas de Belmonte al alcance del lector.

Un libro para recuperar viejas tiendas, la mayoría hoy cerradas, edificios notables, cafés, teatros, iglesias y olvidadas leyendas y aproximarnos silenciosamente a sus habitantes desde la abundante documentación aportada por el autor, Julián Ruiz Marín.

Editorial Maghenta

IV Estación. Por Isidro R. Ayestarán

Estación de encuentro entre dos desenamorados,
sin luz y llena de silencio,
de recuerdos que se callan y de miradas que se
esquivan para no repetirse.

Una nostalgia que se mira de reojo,
un nombre que se lleva la saliva al tragarla,
ese nudo en la garganta que viaja en primera clase
hasta el destino de un latido apagado.

El sonido del piano en nuestra canción,
el roce de tu piel para nuestro primer baile,
la sala de cine que se apaga para perdernos entre
nuestros asientos de décima fila pasillo.

El humo del cigarrillo inundando la oscuridad,
el beso furtivo en unos labios acosados por el
delirio y la gula de nuestro amor…

El sonido del tren que llega a esa estación
de encuentro para llevarte lejos de mi andén,
de mi recuerdo, de mi silencio…

de esa luz que resplandeció de nuevo
por espacio de unos segundos
al verte de nuevo…

Aunque fuera en otra dirección.

© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

Remedios Varo. Por Coscobil Fernández

Cuando tenía 14 años, una mañana de marzo mi madre entró en mi cuarto para despertarme como todos los días, y al intentar ponerme en pie no podía moverme, mi madre empezó a impacientarse e incluso enfadarse diciendo que no tenía ninguna gracia y se estaba cansando de ese juego, pero cuando vió que yo lloraba y no podía hablar porque el terror me inundaba, ella también empezó a temblar. Vino un médico y a ese se sumaron muchos más y un peregrinar de pruebas y consultas médicas, pero aquella inmovilidad me duró dos años. Tres meses y vente días, sé su número exacto porque los conté todos, y uno a uno.

Al principio venían a hacerme compañía o a curiosear esa extraña enfermedad, pero luego se cansaron y me olvidaron, los días eran largos, largos y más en esa edad que se tiene tanta prisa.

Recuerdo aquella época soñando y sobre todo –soñando despierta- en mi mente se organizaban historias tremendas, princesas flotando, hombres con cuerpos de animales, aves maravillosas con plumas de armiño. Cuando lo contaba a mi madre y a mis hermanas, era siempre la misma frase –Que tonterías- pero si me paro a pensar, no sé si lo imaginaba, lo soñaba o lo veía, lo cierto es que eran unos lugares maravillosos y extraordinarios que a mí me hacían despegarme de esa odiosa cama.

Cuando vi las obras de Remedios Varo, enseguida me vino un recuerdo muy escondido en mi cabeza (que tenía guardado y cerrado, por ser tonterías) esas imágenes eran muy parecidas a las que yo vi en mis sueños . A mi padre el único que me escuchaba con atención y todo el cariño del mundo, le decía –CUANTO ME GUSTARIA PINTAR TODO LO QUE TE ESTOY DICIENDO-. El siempre me decía – UN DIA PODRÁS MOVER LAS MANOS Y LAS PINTARÁS- yo le sonreía y callaba, porque interiormente pensaba – No lo haré nunca, y si pudiera seguro que se reirían de mí-.

Para mí, conocer a ésta mujer a supuesto mucho, ver como ella si se atrevió a pintar sus sueños y no pasó nada, al contrario, hoy podemos admirar todos sus obras, y poder realizar lo que yo de pequeña “soñaba”, pájaros, flores y mariposas, envueltas en seda para poderlas guardar en mi alma, y sobre todo poder decirle a mi padre: – PAPÁ TENIAS RAZÓN, MUEVO LAS MANOS, HE PODIDO PINTAR MIS SUEÑOS Y ¡NADIE SE HA REIDO DE MI! –

Coscobil Fernández

Carta a una tirana. Por María Isabel Pont Pont

Estoy harto de que irrumpas en mis sueños, recordándome a cada instante el compromiso que nos une, ya sé que fui yo el interesado, pero que sepas que fue por pura conveniencia el motivo que me impulso a firmar ese maldito papel que te da derecho a consumir casi el total de mi sueldo. Te odio a sabiendas de que tienes el tiempo contando y ya te queda menos, ¿te lo recuerdo? Dos años, ¡dos malditos años de vida! Eso es lo que te queda para dejarme vivir en paz; y sí, ahora recuérdame otra vez que sin ti estaría en la calle. ¡Cállate ya!, déjame dormir tranquilo, todas sois iguales, os gusta torturar, no hace falta que menciones a cada momento que estás ahí. Dos años, dos años para que dejes de mandarme tus miserables cartas firmadas con tu ridículo nombre: “hipoteca”.

María Isabel Pont Pont
(www.tallerliterario.net)

Sensualidad. Por Lola Buendía

Aproximo mis pies, ateridos y desamparados, a los tuyos, desnudos y tibios. Voy recorriendo con mis dedos el suave empeine, la pétrea concavidad de tus uñas. Limo el borde del áspero talón y cosquilleo la blanda y arrugada planta que te sostiene. Poco a poco, mis pies, antes dormidos y sin conciencia de sus límites, van despertando con un ligero calorcillo, y vuelve la vida a mis arterias que, como resistencias de estufa, recorren los surcos de su ya recobrada geografía.

Lola Buendía
(www.tallerliterario.net)