Muñeco con Cuerdas. Mercedes Martín Alfaya

Cuando nací, mi padre se puso muy contento y lo primero que dijo fue: Hola, chaval. Yo quería contestarle, pero no me salían las palabras. Él me sopló por todas partes para quitarme los restos de serrín, y luego me sentó en una mesa y me pintó los ojos, la nariz y una corbata muy chula. Como yo seguía sin hacer nada, pasó unos hilos finitos por mi cuerpo y tiró de ellos. Yo quería darle las gracias, por lo guapo que me había puesto y todo eso, aunque seguía sin salirme la voz. Por la tarde vino un niño al taller y se encaprichó conmigo, decía: quiero ese, quiero ese. Y mi padre me colocó en sus manitas para que me fuera con él y con su papá. El caso es que desde entonces todo se ha vuelto oscuro. Creo que estoy en un armario, o en un baúl, o en un cajón. No me gustan los niños, se encaprichan con las cosas y luego se olvidan de ti, como si fueras una marioneta.

Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

Busqué un taller literario y encontré un mundo que jamás imaginé. Por Paola del Campo


Cuando fluye nuestra mente y las letras forman palabras, y se agrupan en líneas y se va construyendo una historia, nos sentimos orgullosos y queremos que nos lean porque las palabras dibujadas nos parecen hermosas; pero también nos ayuda el hecho de encontrar a alguien con oficio que nos haga más fácil el camino.

Te embarcas en esa búsqueda y encuentras un taller literario, sin saber muy bien qué o quiénes están al otro lado. Hoy, puedo asegurar que me siento satisfecha de haber encontrado lo que buscaba y, además, comprobar que sigue existiendo algo importante que creía perdido: calor humano.

Nuestro taller por Internet es de lo más variopinto. A pesar de que cada cual es de un sitio diferente de la geografía y todos con su particular forma de ser, nos entendemos como una buena orquesta dirigida por un buen maestro que ha logrado crear una balanza entre dos mundos: lo literario y lo humano. Ambos platillos guardan un equilibrio perfecto del que nace una hermosa melodía al mezclar los elementos.

Mi profesor me ha enseñado a amar lo que escribo, y mis compañeros, con sus críticas constructivas y su aliento, me ayudan a seguir.

Para mí, nuestro taller literario es mucho más que un rincón donde compartir y corregir escritos. Es un lugar donde perderse, el recogimiento de aquel que necesita pensar y a la vez un valle donde lanzar un grito y el eco que te devuelve no es tu propia voz, sino las voces de muchas personas (compañeros) dispuestos a ayudarte.

De todo esto hago una reflexión y es que hoy, a pesar de lo que piensen muchos, es posible confiar en los demás.

Yo escribo para recordar, necesito que todo el legado que se me dejó no se olvide, porque de esa donación hablada provengo yo para lo bueno y lo malo.

Esto es un reconocimiento a todos y cada uno de los miembros del Desván de la Memoria, nuestro taller, por estar ahí.

Paola del Campo
(www.tallerliterario.net)

Tengo un amigo. Por Mercedes Martín Alfaya

Tengo un amigo que me está enseñando a montar en bicicleta. Antes, yo lo había intentado muchas veces por mi cuenta, pero como siempre terminaba en el suelo, lo dejé. Él dice que no debo tener miedo, que las caídas forman parte del aprendizaje y que lo importante es no correr, mantener el equilibrio y no perder de vista el frente. Ayer, lo pasamos de fábula, porque como soy tan loca, intenté una maniobra por mi cuenta y casi me estampo contra el muro. Entonces, mi amigo me agarró del sillín y corrió conmigo: “eso es, eso es”, me decía, y yo sentí que me elevaba en el aire. Cuando se fue, estuve practicando un rato y me parecía que él seguía allí, a mi lado, alentándome a seguir y recordándome que puedo conseguir todo aquello que me proponga. Qué curioso, a veces pienso que los amigos son como los ángeles; pero mi amigo más.

Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

Añoranzas. Por Isidro R. Ayestarán

El lugar de mis juegos,
el recuerdo de mis sonrisas,
el aroma de mi lejana niñez,
de esa infancia marchita para siempre.

Las fiestas de cumpleaños,
la paga de la abuela los domingos,
las confidencias con los hermanos
al apagar la luz de la habitación,
el peluche al que me aferraba para poder dormir.

Las aventuras con la pandilla del barrio,
la comida en el campo los fines de semana,
aprender a leer en la escuela,
el inicio en el juego de las miradas furtivas.

El consuelo de mi madre al recibir
la primera bofetada de la vida,
los viejos juguetes, almacenados en el desván,
la nostalgia de un beso de buenas noches…

Y tú, ocupando un lugar privilegiado
en mi mundo de añoranzas.

© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

Entrevista a Gustavo Galán. Por Cristina


Gustavo Galán, autor de la novela «Camino del Ojo del Agua».

-.Gustavo, su obra parece una novela costumbrista, ¿A lo Fernán Caballero o cercana al realismo de Pérez Galdos?
Quizás más cercana al realismo de Pérez Galdós; las obras de Fernán Caballero están impregnadas de un cierto romanticismo que no creo que exista en mi novela. Sin embargo, este realismo costumbrista español de principios del sXX no es el realismo en el que más me he fijado para escribir la novela. Otros autores españoles y aragoneses modernos, incluso algunos muy recientes, han escrito también desde una óptica costumbrista y rural. Es el caso, así mismo, de algunos autores extranjeros, americanos por ejemplo, que reflejan en sus novelas la realidad de las zonas mas olvidadas de sus países.

– ¿Cómo nacieron las historias que se entrecruzan en Camino del Ojo del Agua, porqué ese narrarlas en tercera persona, se identifica con los personajes, qué siente al escribir sobre un pueblo rural de nuestra tierra aragonesa?

La novela se estructura en dos historias diferentes que convergen al final. Una principal, narrada en primera persona, sobre unos acontecimientos relativamente recientes en los que la llegada de un forastero a un pueblo pequeño provoca una serie de convulsiones y confrontaciones en sus habitantes. Es la parte más costumbrista de la novela y expresa un poco el proceso de aprendizaje de un apenas adolescente al descubrir el mundo y la vida que le llega. En cierto modo es autobiográfica, especialmente en la ambientación general de la historia, no así en la trama. La segunda historia, narrada en tercera persona y en tiempo muy anterior, sirve de contrapunto a la anterior, y pretende ser una introspección en las vicisitudes y anhelos del personaje en la búsqueda de sus últimas razones. Esta historia, descrita en la infinita soledad del personaje encerrado en medio del monte, nació de la fascinación por los personajes y las personas que se enfrentan a la soledad en sus trabajos o en sus vivencias personales.

-«Camino del Ojo del Agua» conserva un registro dialéctico propio del campo español en los 60, con valores sociales que todavía perviven.

Así es, el registro dialéctico que refleja la novela es el que se escuchaba en pueblos como el mío a finales de los años 60. Todavía perdura gran parte de ese vocabulario especial por desusado, un vocabulario que pertenece tanto al castellano como al léxico aragonés desde hace siglos. Es curioso que algunas de estas palabras, apenas usadas en la actualidad salvo en algunos de estos pueblos, están en pleno uso, en vocablos muy similares, en otros idiomas derivados del latín, como el francés, por ejemplo

-No tiene la sensación de describir un Aragón de miseria y sed?

No lo creo. La novela sólo intenta reflejar la situación de muchos pueblos en aquellos años. Y no creo que fuera una situación de miseria. Muy al contrario. Muchos de ellos eran pueblos, pueblos de montaña, con una gran riqueza, tanto económica como social. Y justo en los tiempos en los que se ambienta la novela es cuando comenzaron a perder la riqueza que atesoraban: la emigración, la modernidad que trajo consigo nuevos avances tecnológicos que facilitaron muchas labores pero, al mismo tiempo, les introducía en un mundo muy competitivo…y sobre todo, una nueva forma de comunicación, en la que las relaciones personales perdieron gran parte de función como aglutinante social, dando paso a nuevas formas de comunicación que han llevado a una cierta deshumanización del paisaje rural.

-Es su primera publicación. ¿También lo primero que escribe? Su vocación literaria, es un pasatiempo o un desafío? Qué proyectos nos puede adelantar?

Es mi primera publicación, pero no lo primero que escribo. Empecé hace bastante tiempo, cuando era estudiante de bachillerato en Calatayud. En aquella época, alentado por uno de los profesores de literatura, comencé a escribir algunos relatos cortos y así continúe durante un tiempo. Posteriormente, tuve que dejarlo hasta hace unos pocos años en los que las circunstancias han vuelto a permitirme dedicar tiempo a la escritura. Es tanto un pasatiempo como un desafío, pero lo que es sobre todo, es una necesidad, como les sucede a muchos escritores. Sobre el futuro, tengo empezadas otra novela, de ambiente más urbano y actual; y continuo escribiendo relatos cortos, una de las formas narrativas que más me atraen y que considero más difíciles de realizar.

-Una confidencia, ha sido duro lograr que su primera obra se publicara? Para un autor novel que vive fuera de círculos literarios qué sensaciones da el verse impreso, además en una muy digna impresión como la de la Editorial Magentha?

Un poco duro. Justo al terminarla me puse en contacto con tres o cuatro editoriales –no las principales, pero tampoco editoriales muy minoritarias-, que, en la mayoría de los casos, ni siquiera me contestaron. Pasó un poco el tiempo, hasta que en un librería de Madrid, encontré la colección Primera Obra de Maghenta Editorial. Cuando la descubrí apenas le hice caso, pero recapacitando, volví sobre ella para tomar los datos de la editorial y ponerme en contacto con ellos. Inmediatamente me respondieron aceptando el original y prometiéndome una respuesta en un plazo corto. No fue tan corto debido a que recibieron muchos originales y tardaron en revisarlos todos, pero finalmente y para mi sorpresa, aceptaron publicar la novela. Cuando tuve en mis manos la novela, en una edición muy cuidada, que no esperaba para un autor novel, no pude por menos que sorprenderme de haber conseguido llegar hasta allí.

-¿Cómo entiende su relación con los lectores?
Desde la cercanía. Un libro se escribe siempre con vocación de ser leído.

El niño del museo. Por Mercedes Martín Alfaya

Sarajevo tenía los ojos de vidrio y el cuerpo seco. Lo encontramos al bajar la escalera, enmarcado en un silencio extraño. Al verlo, mi padre se quedó muy serio, cerró los ojos y me apretó mucho la mano, como diciendo: no te vayas, no te vayas… Y yo me quedé allí, contemplando a Sarajevo dormido en la pared.
En la sala había otras obras de arte que no eran fotos, también leí sus nombres. Y mi padre dijo que en los museos todo parece muerto, pero no es así.
Al salir, mi padre me llevó al zoo y me compró un helado, estaba frío y me acordé de Sarajevo.

Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

La maratón de leer. Por Felisa Moreno ortega

A veces me pregunto si nací con el talento innato de leer deprisa o lo adquirí con el tiempo y las adversidades. Al igual que un corredor de maratón posee unas cualidades físicas adecuadas, yo debía tener algún gen, raro en mi familia, que me obligaba a devorar cualquier libro que cayera en mis manos. Y digo raro porque en mi casa apenas se leía. Como las letras impresas enganchaban mi alma, ya fuera una novela del oeste de Marcial Lafuente Estefanía o una historia rosa de Corín Tellado, casi siempre hurtadas a mis hermanos; me hice una experta corredora en la modalidad de lectura rápida, pues entre capítulo y capítulo realizaba las obligadas tareas de la casa. La profesionalización llegó cuando descubrí la biblioteca pública. Batí mis propias marcas; estos libros más densos en contenido, me llevaban a mundos extraordinarios, llenos de personajes, de historias por descubrir, aún a costa de pasar las noches en vela.

Nunca podré olvidar aquella mañana clara de mayo cuando la profesora preguntó a cada niño qué deporte le gustaba practicar, todos se rieron de mí al responder toda seria y compuesta: la maratón de leer.

Felisa Moreno Ortega