Summa Daemonica. De José Antonio Fortea

El autor

José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, 1968) es sacerdote y teólogo especializado en demonología. Cursó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. Se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid). En 1998 defendió su tesis de licenciatura El exorcismo en la época actual dirigida por el Secretario de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.

El reconocimiento internacional le vino a consecuencia de su extensa producción teológica sobre el demonio, la posesión y el exorcismo. En el campo de la demonología está considerado como una de las máximas autoridades mundiales, y dedica parte de su tiempo a dar conferencias en seminarios y universidades de diversos países del mundo. Sus tratados han sido traducidos a varios idiomas y publicados en ocho países.

Compagina su trabajo como teólogo con su labor como párroco de Santa María Magdalena de la localidad de Anchuelo (Madrid).

El libro.-
Summa Daemoniaca es el tratado más completo sobre demonología que existe hoy día en la Iglesia católica. Escrito en pleno siglo XXI, y desde el punto de vista de la Iglesia, ya que su autor es sacerdote, contiene cuanto se conoce acerca de la naturaleza del diablo, el infierno, la posesión diabólica, el exorcismo y todos los temas relacionados con estos poderes de las tinieblas.

José Antonio Fortea ha conseguido abarcar en una sola obra todas las cuestiones relativas al demonio de un modo completo y exhaustivo. Después de doce años de trabajo, y tras entrevistar a centenares de exorcistas de todo el mundo, el resultado es el trabajo más serio y profundo sobre la parte tenebrosa de la Creación, que puede ser utilizado tanto en seminarios como en universidades y por todos aquellos que quieran conocer más de cerca la figura demoníaca.

Editorial Palmyra

Ni el pan de un ejército de hormigas. Por Jesús Aparicio González

Ni el pan de un ejército de hormigas,
ni el aire de montañas apartadas,
ni la risa inocente de las rosas.
Nada me ayuda a liberarme
de esta sombra de cactus tan ancha como el mundo
y su estudiado instinto devorador de sueños.
Mas no se rinde
mi sol de infancia.
Aunque me pese el barro, aún
espero a ese crepúsculo de estío
para que me abra
sus alas nuevas.
Siempre viajo en futuras nubes
sobre los grises de hoy.

©Jesús Aparicio González
Del libro: LAS CUARTILLAS DE UN NÁUFRAGO

Vamos de compras II. De Mario Bartolomé Martín

El autor

A su vocación por la «antropología urbana» Mario Bartolomé suma una extensa trayectoria como director comercial en diversas firmas, que a lo largo de 18 años le permitieron viajar intensamente por tierras de España y Portugal.

Colabora como articulista en diversas publicaciones y es coautor de los libros «Cancionero de coplas aragonesas» y «Geografía de la jota cantada» , reservando tiempo para una de sus pasiones, la encuadernación artesanal.

Aparte sus traducciones de novela negra y literatura inglesa para la editorial Luis de Caralt (Barcelona), durante 8 años fue profesor de español y colaborador en distintos medios de comunicación.

El libro.-
La rehabilitación del casco antiguo en grandes ciudades nos priva del reencuentro con el pulso perdido de una población abierta y llena de encanto, donde el comercio articulaba formas de relación entre vecinos.

Mario Bartolomé recupera en este libro el placer de conversar con el tendero y dejarse arrastrar por el entorno de emblemáticos establecimientos zaragozanos, edificios notables, con olvidadas leyendas que nos aproximan silenciosamente a los habitantes.

Editorial Maghenta

El Eclipse. Por Mercedes Martín Alfaya

La cocina echa humo y vapores (el almuerzo de mañana que cuece y recuece). Todavía no he recogido los trapos del tendedero y necesito ducharme. Paso por el espejo del comedor: ¡vaya pelos! Claro, como ha llovido y acabo de llegar del súper. ¡Mierda! Se me olvidó llamar al dentista… ¿Podéis bajar la tele que no puedo pensar? ¡Y que alguien coja el teléfono por favor!…
¡Mamá, tu jefe!
Vaya. Seguro que me toca cambiar el turno; esta Rosa siempre con la alergias.
Me voy al teléfono con mi delantal de terciopelo (mentira, es de plástico y está roto).
—¿Sí…? Vale, vale… No se preocupe… No, no, si, total, no tenía nada que hacer (me crece la nariz). Venga… De nada, don Matías (de los cojones).
Bueno, pues me voy a la ducha, que ya es hora: Tiroriro-rí- tiroriro- rá.
Hola, ya estoy contigo. No veas, vaya día, ni te cuento… Mira, me he traído una copita de Cava y unas bolitas de perfume, para que te relajes. Oye… ¡pero qué buenorra estás! (estoy), con todo a flote y en su sitio. ¿Mañana…? ¡Ni acordarte! Ahora a bucear en la bañera como las reinas. Toda para ti (mí).
¡Mamáááááááá! Que se pegan las lentejas.
Salgo, envuelta en la toalla, dejando un rastro de jabón en el pasillo:
— ¡Vamos a ver!: que se pegan las lentejas… Pero, ¿yo qué soy? ¿El juez de Paz? ¿Tú qué, que no sabes poner orden en una pelea?
Mi hijo me mira como si hubiera visto un fantasma. Apago la comida, me vuelvo al baño y termino de ducharme. Secador de pelo, mascarilla de pestañas, pintura de labios… Un poquito de pachuli detrás de las orejas…, en las muñecas… Unas gotitas aquí (por si las moscas), otras allí (por si más moscas) y listo. Me enfundo mi traje (dos tallas menos, para marcar curvas), atravieso el pasillo corriendo, con un zapato en la mano (me lo pongo). Tiro de un pecho, luego del otro, así, así, que abulte en el escote y llego al salón. Todos cenan y miran las noticias con ojos de lechuza espantada: accidentes, robos, la economía fatal, la vivienda ni te cuento, el petróleo por las nubes… Paso, paso… que tengo prisa.
Ahora me miran con ojos de globo.
—Mamá ¿dónde vas?
—A la terraza. Tengo un eclipse y no me acuerdo a qué hora hemos quedado.

Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

Respiro. Isabel Muñoz Vázquez

Respiro. El aire se corta. Me falta. Respiro. Se acaba. No hay más oxigeno. Respiro. Y me ahogo. Respiro. No está. Me falta. Se va. Me deja. Respiro. Pienso. Desaparece. Ahora náuseas, esa sensación nauseabunda que me embriaga, que busca un lugar en el estómago que quiere volver al plato los filetes de ternera. Ahí esa saliendo por mi boca toda la comida que hace escasos minutos entraba por mi garganta. Después un sabor amargo retoza en mis papilas, un viscoso jugo amarillento que termina en el retrete, flotando, junto a los trozos de carne, las migas de pan envueltas en baba. Respiro. Vuelve a faltar. Respiro. Se va. El cerebro se queda sin oxigeno. Respiro. Me caigo. Duermo. Y dejo de respirar…

Isabel Muñoz Vázquez