Para ti, mi amor, mi todo. Por Germán Gorraiz López

Te he visto paseando por la orilla del mar y la brisa salpicaba gotas de espuma que se mezclaban con las lágrimas de tus ojos. Los dos sabíamos que estábamos destinados a juntarnos antes o después , y sin embargo nuestro orgullo, soberbia y estupidez hicieron que nuestro sueño de amor naufragara una y otra vez en el proceloso océano que antes nos unía besando nuestras dos orillas y ahora nos separa.

Muchas veces me maldigo por mi estupidez y también te maldigo a ti, por haber abierto una herida en mi corazón que ya no podré cerrar como antes sólo con flores, nubes y poesía.

Creo que nunca supe que era el amor hasta conocerte; supongo que siempre había sido un niño egoísta que se dedicaba a manipular a la gente para que todo girara en torno a mí.

Sin embargo apareciste tú, cuando menos lo esperaba y más te necesitaba y me hiciste entender que las personas y los sentimientos no eran manipulables ni desechables.

He intentado olvidarte ofreciendo mi corazón en la tómbola de las vanidades, esperando cubrir tu vacío con  mujeres lejanas a mi alma, pero la herida que dejaste en mi alma sólo podrá sanar cuando enamoremos la tierra y nos fundamos en la eternidad.

Mi corazón necesita leer las letras que después de mendigarte me enviabas y sobre todo, necesita prenderse de nuevo con tu risa contagiosa y los falsos suspiros que te robaba en la hora en la que hablan sólo los corazones.

Ya sé que no abrirás esta carta, pues presiento que has encerrado tu corazón bajo llave para prevenirlo de desengaños, pero si algún día llegas a leerla sabrás la terrible agonía de mi alma en estas horas tocadas de noche sin ti, en que abandonado de todo voy dejando jirones de mi alma , desgarrando lo que queda de una ilusión que no veré nacer mañana.

Sin embargo, tal vez con la luz del alba, tú vuelvas a llamarme y todo habrá sido una pesadilla inconclusa y yo volveré a reír con las hojas del sol de poniente y puede que termine como ellas .amarilleando mis yemas con con el humo de mis sueños.

Tu yo envuelto en mi.

GERMÁN GORRAIZ LOPEZ

Fuma coño. Por Nidiosniamo

Gonzalo y yo quedamos de vez en cuando para conspirar.
Desde la última vez que nos vimos, han pasado muchas cosas y teníamos mucho tema: la amenazante intervención del FMI que los bancos intentan retrasar inflando sus balances con inmuebles sobrevalorados, el totalitarista aviso a navegantes que supone la utilización de los controladores como carnaza, el interminable estado de alarma, el tipo de Olot que se ha cargado a cuatro personas mientras el PSOE intenta retirar 800.000 armas a los cazadores (piensa qué utilizó el albañil levantino para hacer sangre y saca tus propias conclusiones), las bombas que los anarquistas están enviando a distintas embajadas italianas… (tengo que comprobar si los destinatarios son los mismos países que ya recibieron cartas bombas hace unos meses en Grecia)

Y también, como buenos amigos, teníamos que felicitarnos la Navidad.

Como él disfruta de una economía más saneada que la mía, hoy me ha invitado a unas cañas. Camino del bar, íbamos relamiéndonos con los titulares de todo lo que teníamos que conspirar y, cuando Gonzalo ha pedido la primera ronda, se ha vuelto hacia mí y me ha dicho con imperativo tono revolucionario:

– Fuma, fuma coño. Que a partir del día 2 no te dejarán.

Proscritosblog

Nidiosniamo
Fotografía de johanbrits

Si yo te miro. Por Salvador Pliego

Si yo te miro -y te miro tal cual eres-,
pareces un misterio, un milagro, un aliento,
una llave que abre al mundo,
el año cero reviviendo
(perdón por todo el tiempo,
pero en ti condenso lo infinitamente diminuto
en lo inconmensurable de un instante… y viceversa).
Digo luego: si yo te miro -y te miro tal cual eres-,
pienso entonces: si te agrego, quito, decoro, repinto,
recuadro, sustraigo, remodelo… Y al final, no cambio nada.

Te miro nuevamente, en la misma idiosincrasia en que tú existes,
porque, si yo te miro –y te miro tal cual eres-,
me vuelvo trigo y rostro,
un corazón de múltiples latidos,
un Padre Nuestro que al cielo ha inmiscuido,
lo más abierto del viento ante un soplido;
porque, insito, si yo te miro -y te miro tal cual eres-,
tal cual con tus detalles -lo que capto en ti cuando te miro-,
me imagino un troyano ante Helena
-por mi escudo y por mi lanza
que firmaría con Homero repetir mil veces aquel rapto
y editar la travesía con tu nombre hasta el cansancio-;
aclaro entonces: si yo te miro –porque te miro tal cual eres-,
me volvería un caballo de madera:
yo, Paris, ante mi Helena,
amordazando a Cupido a que apuntara hacia el talón
o tu ventrículo derecho;
yo, Paris, que te ha querido,
escondido en un caballo, esperando enloquecido,
suplicante y escondido,
mirándote y clamando: ¡Troya surge!
¡Troya existe!
Yo, Paris, a conquistarte eternamente.

Pero, si tú me miras, y me miras como lo haces:
mi Helena… ¡vive Troya con mi Helena!

Salvador Pliego
Blog del Autor

Palabras, comentarios que dejan secuelas… Por Antonio Capel Riera

Debido a su mal carácter, un exitoso empresario se estaba quedando sin amigos, incluso, familia allegada. El psicólogo no pudo resolverle el problema, tampoco el psiquiatra a pesar de atiborrarlo con pastillas. Quien sí lo hizo fue el tabernero de un pueblo. Y todo sucedió por casualidad.
Resulta que Jorge, ingeniero de profesión y empresario de éxito, pero muy temido por su mal talante, se trasladó a las inmediaciones de un pueblo con toda su maquinaria para construir una Planta de Depuración de Aguas Residuales. Allí se concentraron hombres, máquinas, camiones y casetas para comenzar con la obra de gran envergadura.
Al medio día, los trabajadores hacían una alto para almorzar en la única taberna del pueblo. No era lujosa pero sí digna. El vino y los pucheros eran caseros y exquisitos. Pero lo que más llamaba la atención de la taberna, era la pinta y el nombre del tabernero: Pepe “El Fiera”. Los visitantes al verlo se sentían intimidados. No sabían cómo pedirle las cosas temiendo que, con la pinta de bestia, les lanzase una andanada de exabruptos. Tenía toda la traza para hacerlo. Cuando sujetaba el pan con sus descomunales brazos y lo cortaba con el gran cuchillo, a los comensales se les ponían los pelos de punta. En fin, era un personaje que ninguno querría enfurecerlo para tenerlo como enemigo. Sin embargo, al poco tiempo, los empleados de la constructora, hablaban maravillas del tosco tabernero. Era un pedazo de pan a pesar de lo bruto que era. Paradójicamente, los empleados a quien evitaban, era al jefe.
Un buen día, el ingeniero se acercó a tomar un café. No le pasó desapercibida la ruda figura del tabernero ni el nombre del mismo.
-¡Un cortado y de prisa! – dijo el constructor, con malas pulgas.
El tabernero lo miró con sus ojillos casi enterrados en unas cejas que parecían dos bosques.
-Eso qué es -requirió con voz ronca.
El ingeniero lo miró de malos modos.
-¡Café con un poco de leche! -dijo ácidamente.
El tabernero cogió una hoja de papel en blanco, y la pinchó en la pared con un alfiler. El ingeniero se sorprendió por la actitud del tabernero. A continuación le sirvió:
-Aquí tiene el cortado.
Al día siguiente, el ingeniero volvió a la taberna.
-¡Un cortado!
El tabernero, con parsimonia, cogió otro alfiler y pinchó en la hoja que estaba en la pared.
«Éste es imbécil», pensó el ingeniero. Se tomó el café y se marchó sin despedirse, tal como lo hizo el día anterior.
Cuando el tabernero llevaba 20 alfileres clavados en la hoja de papel, el ingeniero no pudo más, y endemoniadamente le preguntó:
-¡¿Por qué cada que le pido un café pincha un alfiler?!-preguntó a gritos.
-Clavo un alfiler cada vez que me pide un café sin educación y sin paciencia.
Durante las siguientes semanas el ingeniero trató de controlarse, y observó que el tabernero ya no clavaba alfileres, pero, además, el café se lo pagaba alguno de sus empleados.
Finalmente llegó un día en el que el rudo tabernero, ya no pinchaba ningún alfiler. Entonces, el ingeniero, le hizo una observación:
-Veo que ya no clava alfileres -dijo amablemente.
El tabernero, con sus cejas superpobladas y ojillos de mono, miró fijamente al constructor y le dijo:
-Es el momento de quitar un alfiler por cada día que me pida el café con educación y sin perder la paciencia.
Los días pasaron y la hoja se quedó sin alfileres.
El día que el tabernero quitó el último alfiler, le dijo al ingeniero: «todos los cafés que me ha pedido lo ha hecho con educación y sin aspavientos, pero mire todos los agujeros que han quedado en el papel».
El ingeniero miró el papel lleno de orificios, notando que en él no se podía escribir ni un párrafo sin que alguna letra cayera en algún agujero.
Ya nunca será como antes, imposible utilizarlo. Cuando se dice alguna palabra ofensiva a alguien se deja un agujero en el alma. No importa las veces que pidas perdón, el agujero permanecerá. Hay heridas provocadas con palabras que hacen tanto daño como un navajazo.
Pepe -”EL Fiera”-, el pobre tabernero del pueblo, vivía solo, su familia le abandonó. Pagó caro su error, dejó muchos heridos en su camino.
Si el error es corregido al ser reconocido, el camino del error es el camino de la felicidad.

Copyright © Antonio Capel Riera

Blog del autor
 

Ensueño de la luz hacia su negación. Por Germán Gorraiz López

Ensueño de la luz hacia su negación

Destellos inacabados ahuyentan de improviso la oscuridad y el sueño se devela entre mudos escalofríos.
Luces que vienen de lo alto…
Los minutos son ya eco de mil soledades y la melancolía de la hora inunda mi corazón.
Goteo de vivencias de lo hondo…
El silencio deshoja notas al viento y la hora despide fragancias de una música que vuela desnuda en la noche.
Voces que llegan de muy lejos…
La voz enturbia sin remedio sus tonos y los ojos se llenan de estrellas.
Auroras velando amaneceres….
La consciencia se ausenta de lo vivo y el alma se extasía en su atalaya.
Dormida ilusión en el insomnio de la hora…
Las sombras se encierran ya en su mutismo y el tiempo se hunde irreversiblemente en la nada.
Es mi hora….
Divagaciones sobre el sentido de la vida, nieblas que impiden al alma saberse amada.

Es mi hora…
Rastro de luces que mueren a lo lejos,música sin nombre que oculta al corazónsu voz lejana, la de la brisa callada.
Es mi hora…
Ojos anhelantes buscando rastros perdidos, llegada de la noche a su final.
Es mi sitio en la mañana….

Germán Gorraiz López

Déjame ser… Por Almudena Aibar Hidalgo

«Déjame ser…

Una de tus locuras más imperdonables,

Tu escapada de lo cotidiano, de lo agobiante,

Tu misteriosa desconocida, de mirada hipnotizante,

Uno de tus riesgos más incalculables,

La repuesta a tus preguntas más existenciales,

Tu inspiración más genial y desbordante,

La musa de tus fantasías más íntimas y excitantes,

La suma de todas tus necesidades vitales.»

 

Almudena Aibar Hidalgo
Escritora