Riña de gatos. Por Brisne


«Las calles son peligrosas y a estas horas, más.Yo por supuesto, no le puedo ofrecer ninguna garantía de seguridad, pero siendo de aquí, y gato viejo, me doy cuenta de cuándo hay que cambiar de acera y cuándo hay que salir por piernas»

El último premio planeta escrito por Eduardo Mendoza, es una historia bastante divertida situada en la preguerra civil española. Un inglés experto en Velazquez se ve envuelto en una serie de intrigas palaciegas alrededor de José Antonio Primo de Rivera en los días previos al pronunciamiento de los generales Franco, Mola, Sanjurjo y Queipo de Llano. Personajes que aparecen también en el Madrid de Riña de Gatos. Amen de muchos otros secundarios que rodean a Antony, enseguida Antonio para los lectores y gran parte de los personajes. Desde la duquesa hasta la Toña cambian enseguida el nombre de Antony por Antonio, costumbre que quizá sigamos manteniendo algunos que castellanizamos los nombres de aquellos extranjeros que nos rodean.

La aparición de un inédito de Velázquez, el convencimiento de Antony sobre su autenticidad, el hecho de que parte del dinero obtenido por el cuadro vaya a la causa revolucionaria entonces, contra el poder establecido La República, el hecho de que se ponga en contacto con el servicio británico y éste decida que es mejor una España en manos de los fascistas que en manos de los comunistas es una decisión comprensible en el marco de la historia. Todo se concentra alrededor de Antony, al final forma parte de casi todo lo que sucede aquellos días en Madrid, incluso le intentan asesinar, no les digo más.

Es un thriller políciaco, artístico incluso, dónde todo se mezcla, dónde tan pronto comen con un embajador o un duque como se pasean por los peores barrios madrileños. Es maravilloso lo bien que refleja ese ambiente Mendoza en su novela, da gusto seguir leyéndola, se lo aseguro.

A mi me ha gustado mucho, en general me gusta mucho como escribe Eduardo Mendoza. Creo que es uno de los mejores escritores que hoy por hoy escriben en lengua castellana. Supongo que muchos de ustedes leerán el planeta, pero si quieren y pueden busquen otros de sus libros y disfruténlos. A Mendoza se le disfruta siempre.


Brisne
Blog de la autora

Dile. Por Verónica Romero Reyes

Tú vas a arrodillarte ante mis versos denostados
y ante el tronío de mis recuerdos intactos en cuadratura, vas a enloquecer de amor mudo y sordera de beso entregado
porque un amor tan eterno como el mío  jamás en tu aventura,
volverán a conocerlos ni tus labios ni su locura de verso eternizado.

Cuando mi nombre sea el epílogo de la pasión
en los brazos de una otra que no sabe qué  o cómo fue,
ni conocerá de amagos de cielo en tus dedos o tu aire,
díle que mi esencia no quedó impresa en tu carne
– si puedes y la fe de creerlo te hace fuerte o o te hace disimulo-
y afirma que tus labios, en descuido, de mi nombre, por inercia,  hicieron cima.

Vas a buscar en ese beso el agua de mis labios,
en esa carne el tacto de mi alma y el manjar de mi rima,
el decoro de darse única e intacta, profanando lo sagrado
en comunión de solsticio y abrazo de intriga,  de alma y de vida.

Díle que es la única, eterna  y primera en la vena abierta,
quizá lo crea en el pacto y connivencia de minuto aturdido,
díle que yo fui un paso de aprendizaje, un mero espectro de pasión cierta
y el tránsito de un pasado muerto y un futuro vivido.

Miéntele.
Díle que no me extrañas, que no me amas, no me sueñas ni me llamas.

Díle que no me diste a mí tu alma.

Verónica Victoria Romero Reyes
Blog de la autora
De tu voz la travesura.
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Rostro de mujer. Por Germán Gorraiz López

Insomne de herirte trazos en la noche,

duelo de latirte huellas en el nombre.

Miope de esbozarte dudas en el alba,

sueno de rasgarte rostros en el alma.

Quería haberte pintado nieblas en la aurora,

pero estaban tus ojos cerrados y no he querido mojarlos.

Podía haberte llevado la mañana entera,

pero estaba tu cuerpo desnudo y no he querido vestirlo.

Sé que nunca logré besar el lirio de tu inocencia

y que nunca aspiré de tu flor la ausencia,

mas cuando el frío inunde mi corazón ,

tendré tu recuerdo inundando mi vida.

Si supieras que mundo de colores he soñado para ti,

verías los caminos de agua que surcan tus ojos;

oirías el rumor de las olas chocando en tus oídos;

olerías madreselvas de niebla trepando por tus dedos;

sentirías gotas de rocío besando tu alma

y tocarías mis sueños con tus manos, todavía soñando.

Te escribo desde la tarde ya oscurecida en nubes tristes…

Recuerdo otra noche, ya amanecida en el sueño

con tu rostro tan cerca y el amanecer tan lejos.

Amanezco a tu lado con nubes bajas lamiendo tu cara

y copos de nieve besando mis labios.

-todavía en penumbras, tus manos tocan mis sueños y mi rostro busca tu alma-

GERMÁN GORRAIZ LOPEZ

Un año acabado en once. Por Maribel Romero Soler

No sé por qué pero el número 11 me da mal rollo. Quizá la memoria, que trabaja sin descanso, lo tenga asociado al 11-S o al 11-M y por tanto, de modo más que justificado, a la desgracia.
En numerología el 11 es un número maestro, representa un espíritu superior, y debido a la presencia repetida del 1 desea imponerse por partida doble; es un número líder al que se le atribuye originalidad y capacidad para luchar por los ideales. Aquellos que no sean capaces de estar a la altura de este número vivirán como un número 2 (1+1), y esto querrá decir que serán pacificadores y diplomáticos pero no triunfadores.
Tenemos por delante todo un año acabado en 11 y, numerología aparte, seguro que habéis puesto en él todas vuestras ilusiones, esperanzas y anhelos. Yo sí los he puesto. En lo literario espero con interés el fallo de dos importantes certámenes de novela previstos para el próximo mes de marzo, en uno de los cuales, al menos, tengo depositada toda mi fe. No descarto iniciar en cualquier momento la segunda parte de Charli. Es algo que no me había planteado cuando escribí Charli y los cinco peligros, pero los lectores infantiles que ya han leído la novela no se conforman con el final, “quieren saber más”, y creo que están en su derecho de exigirlo. Por otra parte confío en que muy pronto EL PESO DE LAS HORAS vea la luz. Como sabéis se trata de la novela finalista del Premio Azorín 2010, y desde que se produjo el fallo de este importante certamen estoy gestionando su posible publicación. Puedo afirmar que ya está muy cerca. Sé que muchos tenéis un enorme interés en leerla, me preguntáis a menudo por ella, y lo entiendo perfectamente. Si yo tuviera un amigo o amiga que hubiese llegado a ser finalista de un premio que ganó en 1994 Gonzalo Torrente Ballester, por el que han pasado escritores de la talla de Luis Racionero, Ángela Becerra o Jon Juaristi, y que en esta última edición ganó Begoña Aranguren porque obtuvo un voto más que la novela finalista, también tendría un enorme interés por conocer ese texto, por saber qué tiene esa novela que la hizo llegar hasta ahí. Y yo espero que muy pronto lo podáis descubrir.
2011. Un año acabado en 11. ¿Sabéis qué os digo? Que a pesar de no gustarme demasiado el número, así quiero vivirlo, como un 11, no como un 2. ¿Y vosotros?

Maribel Romero Soler
Blog de la autora.

Sueño en el mar. Por Paula Muñoz

No sé si vivían allí desde siempre o fueron a parar a ese lugar solamente por un breve período de tiempo. Una más bella que la otra, vestía un largo traje en sedas roja y blanca adornadas con finos brocados de oro; su morena cabellera ondeaba casi por completo al viento, a excepción de unos rizos que recogía un delicado broche. La otra, menos perfecta a simple vista pero más interesante en su corazón, a penas se preocupaba por su aspecto, según denotaban sus pantalones cortos, su camiseta raída y su rubio cabello con tacto de paja.
Mientras que la primera daba largos paseos por la arena en busca del hombre perfecto, la segunda gustaba de sentarse en las rocas del acantilado a contemplar el azul siempre majestuoso.
Vivían aisladas de cualquier tipo de sociedad, sólo se tenían la una a la otra. La casa que habitaban era pequeña, poco cuidada y albergaba a unos pequeños compañeros de las dos mujeres. Consistía en una habitación con dos grandes portones: uno hacia un patio interior, asemejado a un claustro con sus florecillas, columnatas y una modesta fuente. La otra puerta daba paso desde el exterior de la casa vieja –casi tanto como la frondosa y variada vegetación que la adornaba: arbustos aromáticos, flores de todos los colores imaginables, palmeras y grandes árboles, incluso enredaderas que corrían por toda la fachada; a pesar de esta abundancia, no daba aspecto de gran bosque, sino de un coqueto pero salvaje jardín. El primer paso al salir de la casita te llevaría a una escalinata de madera, que descendía por el jardín hacia un abrupto acantilado, ese que mantenía presa a la rubia joven. Desde allí se podía observar todo lo imaginable, desde el perezoso horizonte hasta las piedras sólidas que componían la fachada del único hogar de la zona, desde las rocas que sobresalían del mar bajo sus pies hasta el alero de pizarra de la casa. Y es que, efectivamente, ese Edén se encontraba en los confines del mundo, era el lugar más remoto del universo conocido.
Así pasaban los días en este curioso paraíso, la una anhelando un príncipe que la amase, la otra enamorándose del mar. Hasta que un día llegó a su morada un hombre que nada tenía que ver con el de los sueños de la bella joven: de corto pelo moreno y gran corpulencia, pero nada elegante, ese hombre se instaló en la estancia contigua a la habitación de las jóvenes. Al principio desconfiaban de él, pues no articuló palabra desde su llegada, pero poco a poco comenzó a salir a observar el mar desde el acantilado y a disfrutar de baños con la dorada mujer entre las rocas del mar.

Cierto día, estaba la joven, como de costumbre, observando el mar, cuando se decidió a entrar en contacto con él. Así, se encontraba saboreando el agua salada en su piel, cuando unas gotas perfectamente redondeadas se ordenaron en forma de palabras, creando hermosos versos.

Lloró su corazón emocionado por tan bellos sentimientos, y miró en el fondo del mar, emergió a la superficie, miró al cielo… pero no encontró respuesta a quién era su autor. Se interrogó durante horas, aturdida ya que su hermana no podía declararle ese tipo de amor romántico y pasional, y el hombre que se alojaba con ellas no conocía nada de ella para enamorarse tan perdidamente. Pero de pronto, a su lado entre el agua, apareció la figura del único hombre del lugar; a pesar de que no era bello para la joven morena, a su hermana le pareció de una gran belleza, irradiante de una luz especial. Entonces comprendió que su amor con el mar sería el más puro, el más sincero, en definitiva, el único amor verdadero de su vida; lo extraño fue que sintió lo mismo por el misterioso hombre que por el mar, lo que la llevó a pensar que se trataba de la personificación de éste. Su amor de carne y hueso, abandonando el mismo aturdimiento en que ella se encontraba sumida, le confesó ser el autor de dicha magia, que venía desde lejos impulsado por una fuerza superior a él que antes no comprendía pero que al verla supo que se trataba del amor; estas palabras bastaron para impulsar a la joven a besarlo y amarlo en la perfección del mar.

Paula Muñoz

Blog de la autora

Cansancio. Por Juana Cortés Amunarriz

Que se detenga el mundo,
que cesen los sonidos dañinos
que rompen mi cabeza.
Que cese el paso acelerado,
la catarata de imágenes
que entra por mis ojos,
el atropello de efectos y causas,
que hay que interpretar
con intuición y sabiduría
para no enloquecer
en este mundo
que gira hacia la nada
arrastrando
el vacío de las bocas,
el vacío las manos.
Sólo nos queda
alimentarnos de metáforas
encerrarnos bajo un caparazón de silencio,
imaginando una quietud de nieve y hielo
en la que invernar. Dormir,
el sueño en el que se detiene el mundo.
El mundo quieto
hasta renacer en el momento propicio,
en el momento exacto,
en el que todo recupera su sentido.
Llenas las manos, las bocas,
Llenos los ojos
de vida.
La vida incierta.

Asociación Canal Literatura

Juana Cortés Amunarriz
Blog de la autora

La razón, un preciado tesoro. Por Daniele Branchina Núñez

La razón, ¡qué gran invento! ¿No te parece? Lo es tanto que todo el mundo ansía este “artilugio” más que cualquier otra cosa […] ¿Cómo?, ¿Que a ti no te parece para tanto?

Si te digo la verdad, a mí tampoco, pero es algo innegable. No tengo más que observar a las personas de mi alrededor para encontrar la prueba definitiva. Realiza un sencillo experimento si no me crees: acércate a dos personas, amigas, y atrévete a decir algo incoherente y mantente en tu sinsentido como si tu vida dependiera de esta afirmación. Tus amigos intentarán por todos los medios de convencerte de lo que dices es ilógico, hasta el punto de reconsiderar lo de “amigos”, ya que, evidentemente, ellos “tienen razón” y tú no.

Discutimos, insultamos, nos peleamos… Todo por conseguir la razón. Aunque realmente no la tengamos y lo sepamos, nos sentimos satisfechos con nosotros mismos si nuestro rival, antes amigo, admite que le hemos “arrebatado” la valiosa razón. Así pues, nuestra vida se transforma en una guerra, una cruzada por conseguir la razón en todo, por “robársela” a todos los que dicen tenerla. Y esto es aquello que más ansiamos, que guardamos o aspiramos conseguir, “Tener Razón”.

Sin embargo existe una persona que escapa de esta guerra y observa desde lejos. Dicen que su nombre es Humildad, y que es capaz de admitir que quizás sea otra persona, y no ella, quien “tenga la razón” y como consecuencia, es capaz de “compartir la razón” con otras personas. Conseguir “Tener razón” es un valioso tesoro. Reconocer este logro en otras personas es el más preciado.

Daniele Branchina Núñez

Blog: El poder de las palabras