Doppelgänger. Por Maite Diloy (Brisne)

«Los picos de los patos brillan en la oscuridad como tijeras. Los patos son capaces de deslumbrar a los conductores o de sobresaltarlos con sus graznidos y hacerles perder el control del coche. Esta bien podría ser su venganza por tantos años de pan acuoso y miradas indiscretas»
 
El término Doppelgänger (el que va dos veces) está definido en el Diccionario alemán de los hermanos Grimm (1854) como «alguien de quien se cree puede estar en varios sitos a la vez». Como ustedes saben, a mi me gusta meterme dentro de los libros, así que una vez leído el prólogo he decidido no ser yo quién lo lea, sino que sea mi Doppelgänger, a tal efecto le he llamado. Y mi Doppelgänger ha venido, ya saben ese tipo que parece uno mismo pero no lo es, que se levanta de peor humor que uno mismo, que tira el café o roza el coche. Ese doble pelmazo que nunca está contento con nada por mucho que uno siempre le diga que tiene que sonreír más o jugar un poco más a las cartas. El doble pelmazo que lee y se pone erudito encima y te susurra al oído palabras que apenas comprendes o vislumbras. Mi doble pelmazo. Así que ha sido a él a quién he llamado para leer este libro de relatos y me monte el regalito, un cuadradito doble. Tiene ciertas dificultades con las manualidades así que el cuadradito sigue en el libro. Pero a su favor he de contarles que se lo ha leído, y hasta diría más, lo ha leído con atención. Y luego, cuando lo acabó me ha lo ha contado. Porque la literatura es para contarla. Y me ha llevado desde mis ojos de doble a los relatos de Bellver, Márquez o Ortiz Albero. Me ha contado que hay juegos de espejos, hermanos que desaparecen, raperos que se encuentran con una familia cambiada, que hay una Caperucita entre el follaje, que incluso uno encontró a Spirit como su doble. Y que luego al final hay un cómic, un bonus track. Me ha ido deshilando las tramas, las palabras, como si realmente fuese yo quién lo hubiese leído.
Me ha hablado de Borges, me ha metido las ganas en el cuerpo de buscarlo, de los dobles que son un canto a la belleza. Me ha dicho que lo lea. Que descubra yo misma entre sus palabras las imágenes, que luego hablaremos.
Así que les prometo leerlo en no mucho y contarles yo misma, sin los ojos del doble lo que cuentan esos relatos. Por el momento acaricio las tapas y pienso en el azul para el subrayado. Ella, mi doble, lo ha dejado intacto, inmaculado, esperando que sea yo quién lo taladre con mis lápices.

Maite Diloy (Brisne)
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros
Blog de la autora

Este pequeño amor. Por Marcelo Galliano

 

Llego hasta vos, de loca primavera
tengo sembrada el alma y el camino,
voy a amarrar mi verso a tu ribera
y embriagar con tu nombre mi destino.

Y al verme allí me arrancará tu boca
las palabras ocultas que aun no he escrito
y en tu decir florecerá la roca
y estará vivo lo que fue marchito.

Y será amor, así, tan… tan sencillo
que a veces pensarás que es poca cosa:
un jazmín tembloroso y amarillo,

o una rosa que no parece rosa,
oruga gris y nunca mariposa,
o una luna escondida en un visillo.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Argentina

Lectura infantil. Por María

 Tiene cinco años y está empezando a leer. Le maravilla descifrar los códigos que aparecen ante él, impresos en caracteres grandes que hace nada eran misterios insondables. Coge el libro de los dinosaurios y selecciona con un índice pequeño y seguro la palabra o la frase que quiere leer, la sigue un momento con el dedo y con la mirada, empieza a unir las letras de dos en dos, haciendo a veces una sílaba coherente y otras un sonido algo extraño; si se da cuenta de que eso no le dice nada, vuelve a empezar la lectura.

Es todo concentración y empeño, lee en voz alta y si tiene alguna dificultad alza más la voz, como si eso le ayudara a entender el mensaje cifrado. Algunas veces se pone triste porque hay alguna palabra a la que no consigue llegar; otras veces se enfada con las letras, o consigo mismo. Pero cuando lee algo bien, me mira con ojos como platos que desbordan alegría y satisfacción. Se mueve por los renglones entre el asombro y la felicidad absoluta: es difícil ver una expresión tan auténtica de felicidad, una mirada tan brillante y al mismo tiempo tan asombrada por la maravilla recién descubierta de comunicarse con el libro.

 
Ayer, una persona que llegó a casa le preguntó: «¿qué haces?» y él contestó, serio y sin interrumpir su lectura: «estoy hablando con el libro». Me pareció una frase rotunda y perfecta para definir su relación con la lectura, pero también para definir la que establezco yo…
Seguramente él hablaba de otra cosa, pero me quedo para mí su respuesta, para saber qué es lo que hago yo cuando leo: hablo con el libro.

 

María
Blog de la autora

Ruina. Por Fátima Ricón Silva

 

Un sudor amargo discurre por mis entrañas,

lacerando, con lujuria, con engaños, mi frágil melancolía

por creerte, por obedecer las sucias palabras que

un día escupió tu tierna lengua.

 

Lobo con piel de cordero que me acosa desde el centro de una diana,

y me hace sentir como la manecilla larga de un reloj,

persiguiendo una historia a la que nunca pondré un final

porque no llego a ninguna parte,

caminando y comiendo golosinas sin sustancia.

 

Sobrealimentada de malas vibraciones y

anoréxica de comprensión,

me abandono a las ondas de un mar muerto,

resbalando entre la sal hasta el fondo,

muy hondo, muy hondo,

perfilando un entierro pasajero

en el que nadie me llorará, nadie me velará,

ningún alma me llevará flores ni rezará los recuerdos

que dejé legados para quien los quisiera heredar.

 

Testamento de desencuentros, de falsas calumnias,

de noches de insomnio y corales negros,

sucesos aciagos y malos tiempos.

 

Nefasto y calamitoso patrimonio

ausente de vida que me llevo,

muy hondo, muy hondo,

a mi lado.

Fátima Ricón Silva

El perfume. Por Maite Diloy (Brisne)

«Durante varios minutos la multitud fue sólo ojos y boca abierta. Nadie podía comprender que aquel hombre pequeño, frágil y encorvado de la ventana, aquel desgraciado, aquella insignificancia hubiera podido cometer más de dos docenas de asesinatos. Sencillamente, no parecía un criminal»
 
Cuando Patrick Süskind escribió El Perfume, historia de un asesino en 1985 consiguió dos cosas fama mundial y vender quince millones de ejemplares. Se convirtió en un best seller en poco tiempo y fue leído por gentes que empezaron a oler la madera, el vidrio, el pomo de una puerta, el sobaco de su amante e incluso el vello púbico propio o ajeno. Porque leer el perfume te lleva a olerlo todo, a saborear los olores.
La vida de Jean-Baptiste Grenouille asesino de muchachas esta marcada por dos hechos: que sea capaz de olerlo todo y que él no desprenda ningún olor, y es precisamente eso lo que le convierte en un ser despreciado, odiado y temido. En un mundo actual en el que los olores han dejado de formar parte de nuestra vida, Patrick Süskind nos habla del pasado, del instinto, de una vuelta al origen, de que debajo del perfume que usamos es nuestro olor a humanidad lo que nos hace reaccionar ante nuestros semejantes. Somos animales que nos creemos personas. Seguimos nuestros olores como bestias, buscamos la atracción del otro con el olor. Debajo del jabón subsiste el animal que fuimos. 
Por encima del retrato social de una época, de un país, la Francia del siglo XVIII, Süskind nos habla de nosotros, de lo poco que hemos cambiado desde que éramos monos y vivíamos colgados de un árbol. 
Supongo que la mayoría de ustedes conocen el libro, supongo que todos se han dejado seducir por el perfume agrio del papel o el inodoro del ebook, que han paseado sus ojos por sus letras oliendo la estancia. Si no es así es un buen libro para volver a un pasado, para leer en verano entre parras floreciendo, aspirando el campo, metiéndolo en su nariz mientras sus ojos pasean por la historia de un asesino que sólo quería ser uno más, oler como el resto. Y consigue el mejor perfume posible, un perfume que le salva de la horca . Lean. Estoy segura que no les defraudará.

Maite Diloy (Brisne)
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros
Blog de la autora

AILANN JOY. Por Anita Noire


Ailann Joy se recuesta sobre la cama jugueteando con el hilo que se escapa del dobladillo de la falda. Lo enrolla con el dedo y tira de él con suavidad. Nunca ha sabido porque le pusieron un nombre tan poco femenino pero, con el tiempo, ha llegado a gustarle. Es lo suficientemente desconcertante como para llamar la atención de cualquiera, rotundo, como ella.

Enciende un cigarrillo aunque sabe que no le gustará y tendrá que vencer la inicial resistencia a besarla en la boca. Agita la mano intentando dispersar el humo como si el aliento cambiara con ese simple gesto.

El rumor de las olas se desliza por la ventana entreabierta, y una brisa ligera mece una cortina escasa. Ahora que ha llegado septiembre, apenas hay nadie en la playa y el graznido de las gaviotas se convierte en el escandaloso acompañamiento de una tarde de final de verano.

Se cubre las rodillas con la rebeca que ha dejado a los pies de la cama al llegar, y comprueba, una vez más, la hora en el reloj. El tiempo es una medida relativa que controla unas manecillas que se mueven a una velocidad caprichosa, contraria a su necesidad.

Algo discreto, fuera de la mirada impertinente de cualquiera con los que se pudieran cruzar. Así describió el lugar escogido. Le había dejado una nota junto a la correspondencia por clasificar y fue así, de ese modo tan corriente y vulgar, como durante semanas fijaron sus citas clandestinas.

Ailann Joy escondida tras unas oscurísimas gafas de sol, semana tras semana, recoge las llaves del mostrador de una recepción discretamente abandonada en cuanto cruza la puerta giratoria.

Se gustaron lo suficiente como para que esa aventura, nacida a principios del verano, se prolongara durante algunas semanas. Pero las cosas han cambiado y debe saberlo. No ha podido esperar y entre sus cosas, antes de salir, le deja una nota fijando el encuentro que ahora espera.

Reconoce el ruido de su Chrysler Town Coupe. De un salto se coloca frente al espejo, se alisa la falda y pellizca las mejillas buscando el rubor que el permanente mareo de los últimos días le ha robado a su piel.

Un golpe de viento cierra la ventana y el mar brama implorando calma.

No queda nadie en el aparcamiento, las gaviotas chillan con vehemencia. Es el otoño.


Anita Noire
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