
Maite Diloy (Brisne)
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros“
Blog de la autora

Maite Diloy (Brisne)
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros“
Blog de la autora

A veces la belleza nos atrapa
bajando por la herida de la piel,
cuando el sueño nos lleva a territorios
de mundos subterráneos aún vírgenes.
En paredes y muros arde el hielo
fantaseando en circulos de aire.

Ana Muela Sopeña
Blog de la autora

Llego hasta vos, de loca primavera
tengo sembrada el alma y el camino,
voy a amarrar mi verso a tu ribera
y embriagar con tu nombre mi destino.
Y al verme allí me arrancará tu boca
las palabras ocultas que aun no he escrito
y en tu decir florecerá la roca
y estará vivo lo que fue marchito.
Y será amor, así, tan… tan sencillo
que a veces pensarás que es poca cosa:
un jazmín tembloroso y amarillo,
o una rosa que no parece rosa,
oruga gris y nunca mariposa,
o una luna escondida en un visillo.

Tiene cinco años y está empezando a leer. Le maravilla descifrar los códigos que aparecen ante él, impresos en caracteres grandes que hace nada eran misterios insondables. Coge el libro de los dinosaurios y selecciona con un índice pequeño y seguro la palabra o la frase que quiere leer, la sigue un momento con el dedo y con la mirada, empieza a unir las letras de dos en dos, haciendo a veces una sílaba coherente y otras un sonido algo extraño; si se da cuenta de que eso no le dice nada, vuelve a empezar la lectura.
Es todo concentración y empeño, lee en voz alta y si tiene alguna dificultad alza más la voz, como si eso le ayudara a entender el mensaje cifrado. Algunas veces se pone triste porque hay alguna palabra a la que no consigue llegar; otras veces se enfada con las letras, o consigo mismo. Pero cuando lee algo bien, me mira con ojos como platos que desbordan alegría y satisfacción. Se mueve por los renglones entre el asombro y la felicidad absoluta: es difícil ver una expresión tan auténtica de felicidad, una mirada tan brillante y al mismo tiempo tan asombrada por la maravilla recién descubierta de comunicarse con el libro.
María
Blog de la autora

Un sudor amargo discurre por mis entrañas,
lacerando, con lujuria, con engaños, mi frágil melancolía
por creerte, por obedecer las sucias palabras que
un día escupió tu tierna lengua.
Lobo con piel de cordero que me acosa desde el centro de una diana,
y me hace sentir como la manecilla larga de un reloj,
persiguiendo una historia a la que nunca pondré un final
porque no llego a ninguna parte,
caminando y comiendo golosinas sin sustancia.
Sobrealimentada de malas vibraciones y
anoréxica de comprensión,
me abandono a las ondas de un mar muerto,
resbalando entre la sal hasta el fondo,
muy hondo, muy hondo,
perfilando un entierro pasajero
en el que nadie me llorará, nadie me velará,
ningún alma me llevará flores ni rezará los recuerdos
que dejé legados para quien los quisiera heredar.
Testamento de desencuentros, de falsas calumnias,
de noches de insomnio y corales negros,
sucesos aciagos y malos tiempos.
Nefasto y calamitoso patrimonio
ausente de vida que me llevo,
muy hondo, muy hondo,
a mi lado.
Fátima Ricón Silva

Maite Diloy (Brisne)
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros“
Blog de la autora

Ailann Joy se recuesta sobre la cama jugueteando con el hilo que se escapa del dobladillo de la falda. Lo enrolla con el dedo y tira de él con suavidad. Nunca ha sabido porque le pusieron un nombre tan poco femenino pero, con el tiempo, ha llegado a gustarle. Es lo suficientemente desconcertante como para llamar la atención de cualquiera, rotundo, como ella.
Enciende un cigarrillo aunque sabe que no le gustará y tendrá que vencer la inicial resistencia a besarla en la boca. Agita la mano intentando dispersar el humo como si el aliento cambiara con ese simple gesto.
El rumor de las olas se desliza por la ventana entreabierta, y una brisa ligera mece una cortina escasa. Ahora que ha llegado septiembre, apenas hay nadie en la playa y el graznido de las gaviotas se convierte en el escandaloso acompañamiento de una tarde de final de verano.
Se cubre las rodillas con la rebeca que ha dejado a los pies de la cama al llegar, y comprueba, una vez más, la hora en el reloj. El tiempo es una medida relativa que controla unas manecillas que se mueven a una velocidad caprichosa, contraria a su necesidad.
Algo discreto, fuera de la mirada impertinente de cualquiera con los que se pudieran cruzar. Así describió el lugar escogido. Le había dejado una nota junto a la correspondencia por clasificar y fue así, de ese modo tan corriente y vulgar, como durante semanas fijaron sus citas clandestinas.
Ailann Joy escondida tras unas oscurísimas gafas de sol, semana tras semana, recoge las llaves del mostrador de una recepción discretamente abandonada en cuanto cruza la puerta giratoria.
Se gustaron lo suficiente como para que esa aventura, nacida a principios del verano, se prolongara durante algunas semanas. Pero las cosas han cambiado y debe saberlo. No ha podido esperar y entre sus cosas, antes de salir, le deja una nota fijando el encuentro que ahora espera.
Reconoce el ruido de su Chrysler Town Coupe. De un salto se coloca frente al espejo, se alisa la falda y pellizca las mejillas buscando el rubor que el permanente mareo de los últimos días le ha robado a su piel.
Un golpe de viento cierra la ventana y el mar brama implorando calma.
No queda nadie en el aparcamiento, las gaviotas chillan con vehemencia. Es el otoño.

Anita Noire
Blog de la autora