La luz. Por Eloy Sánchez Rosillo

 
  No se puede prever. Sucede siempre
cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas
por la calle, deprisa, porque se te hace tarde
para echar una carta en correos, o que
te encuentres en tu casa por la noche, leyendo
un libro que no acaba de convencerte; puede
acontecer también que sea verano
y que te hayas sentado en la terraza
de una cafetería, o que sea invierno y llueva
y te duelan los huesos; que estés triste o cansado,
que tengas treinta años o que tengas sesenta.
Resulta imprevisible. Nunca sabes
cuándo ni cómo ocurrirá.
                                               Transcurre
tu vida igual que ayer, común y cotidiana.
«Un día más», te dices. Y de pronto,
se desata una luz poderosísima
en tu interior, y dejas de ser el hombre que eras
hace sólo un momento. El mundo, ahora,
es para ti distinto. Se dilata
mágicamente el tiempo, como en aquellos días
tan largos de la infancia, y respiras al margen
de su oscuro fluir y de su daño.
Praderas del presente, por las que vagas libre
de cuidados y culpas. Una acuidad insólita
te habita el ser: todo está claro, todo
ocupa su lugar, todo coincide, y tú,
sin lucha, lo comprendes.
                                                  Tal vez dura
un instante el milagro; después las cosas vuelven
a ser como eran antes de que esa luz te diera
tanta verdad, tanta misericordia.
Mas te sientes conforme, limpio, feliz, salvado,
lleno de gratitud. Y cantas, cantas.

Asociación Canal Literatura

 

Eloy Sánchez Rosillo

Página dedicada al autor en Canal Literartura

Lo que no pudo ser. Por Mirtha Rodríguez

Tristemente en mi memoria, los recuerdos… reaparecen

nuestro amor de juventud, añorado tantas veces

ni el tiempo con su paso, lo calma, lo desvanece

lo nuestro no pudo ser… como sucede a veces.

Por cosas del destino, nos vimos casualmente

ya mayores, con familia… nos encontramos de frente

coincidencia de la vida, que a veces no se entiende

preguntamos, sin saber… que éramos libres nuevamente.

La ilusión renació, de un amor… guardado tanto tiempo

compartirlo con los hijos, fue nuestro gran sentimiento

cruelmente se opusieron, tratándonos de… viejos.

El corazón de mi amada, no resistió el sufrimiento

volvió a dejarme solo, ahora por tiempo eterno

lloraré toda mi vida… por este gran sentimiento.

Asociación Canal Literatura
Mirtha Rodríguez
Argentina

Mundo despreciable. Por Luis Eduardo Foá Torres

En este mundo
Lleno de despreciables
Todos casi están
En un impúdico alquiler
Por unos sucios
Y depreciados billetes.

La necesidad
Se engalana
Con sus mejores
Prendas
Y sale a ofrecerse
Al mejor postor.

La hipocresía
Se pasea
Desafiante
Sobre el pescante
De la carroza
Del carnaval diario.

A la nobleza
Se le disolvió
La carnadura
Bajo el impiadoso
Manto
De las destartaladas
Baratijas.

La belleza
Sucumbe mientras
Tiembla
Acariciada por manos
Que huelen
A estiércol.

Los sueños
Se hacen trizas
Contra las aspas
Del molino
Que mueven vientos
Salido de hornos
Donde se consume
Lo puro.

La dignidad
Está de rodillas,
No sé si intentando
Un tardío rezo
O buscándose
Ya perdida.

El consumo
Todo lo consume…

La nobleza, la belleza,
Los sueños, la utopía,
La dignidad…

¡El consumo
En su piara inmisericorde
Consume
La vida misma!

Luis Eduardo Foá Torres

La fuente de los ocho caños. Por Julio Cob Tortajada

Aquella mañana, nada más despertar, lo primer que hizo León Valderas fue salir a su pequeño jardín. Acto seguido acudió a su trastero. Sacó la escalera de madera, se colgó a la bandolera las tijeras de cortar y subió al tejado. Se acercó a la antena de TV; cortó su cableado.

Alzó su mirada buscando sobre la arboleda cercana la presencia de pájaros.

– He tenido suerte- se dijo. Pues de inmediato apareció una bandada que la siguió con sus ojos hasta perderse en un horizonte partido en dos por una línea que dejaba en lo alto un azul intenso al tiempo que daba cobijo a una alfombra verde, antesala a los dientes de sierra de una pequeña cordillera que se extendía lejana. Aspiro profundamente y disfrutó de un elixir que manaba de todo su entorno.

Retrocedió, y ya en el suelo serró en tres partes la escalera. Sobre el césped descuidado buscó los insectos que lo habitaban hasta dar con ellos. En aquel momento pensó que huían unos de otros. Una sonrisa se dibujó en sus labios.

Sólo tenía un móvil, en aquel momento en su bolsillo. Le quitó la batería y con un martillo la hizo en mil pedazos. Entró al salón donde tenía el fijo. Desconectó el cable del teléfono, cortó el empalme y lo pisoteó con su tacón con una pequeña presión. Era suficiente.

Buscó los aparatos de radio que tenía en casa: dos que funcionaban mediante pilas y uno a la red. Mutiló a los tres.

Disfrutó bajo la ducha, desayunó su café con leche, su tostada de pan rociada con aceite y gozó de aquel momento con pocas veces lo había hecho en su vida. El silencio vencía en su casa.

Todo lo había meditado la noche anterior. No fue a por la prensa, no asistió al aperitivo con sus amigos en el club, como tampoco a la tertulia de media tarde con sus vecinos jubilados. En cambio, paseó por la contornada adentrándose en unos senderos cuyo silencio sólo era roto por algún que otro trino, el crujido bajo sus pies de secas ramas, hasta que llegó a la Fuente de los Ocho Caños situada en el centro de un pequeño calvero y a la sombra de un nogal, en la que introdujo sus brazos deleitándose con el frescor que manaba y el sonido del romper de las aguas sobre la piedra.

Transcurrió el día, y el azul intenso se convirtió en sombras y bajo la marquesina contempló una luna llena que le asemejaba sonreír, de lo que se sintió complacido.

Cogió de su pequeña biblioteca Seda de Baricco y se introdujo en las sábanas con la luz de la cabecera encendida.

Todas aquellas sensaciones fueron las únicas noticias que recibió durante el día fenecido.

León Valderas se sintió feliz. Al menos un día lo había logrado.

¿Y porqué no igual mañana? Se dijo en la página 125, mientras que por la ventana veía un trozo de luna.

 

Julio Cob Tortajada

Colaborador de esta Web en la sección «Mi Bloc de notas»
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Querer a veces no es poder (pero lo sigo intentando…) Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Saénz de Tejada

Y no llegas,
por más que te rezo,
por más que me hinco de rodillas…

 

Cómo quisiera
rajar de blancas
sombras
tu luz.

Cómo deseo
hundir de tus
sueños
mis pesadillas.

Cómo codicio
agotar de besos y
saliva
tu boca.

Para no sentirme
perra sin amo
que ladra dolor.

Para no nacerme
huérfana
que implora calor.

Para no morirme
de vieja loca
que grita tu amor.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Montados en el atardecer tus ojos.Por Salvador Pliego

Montados en el atardecer tus ojos
y abierta tu cabellera a pleno cielo,
en el perfil del pájaro donde el crisol es vuelo
o en el cauce del ala en su planeo
-trópicos de altura y desnudez que avivan
el vientre puro de la cima,
el destello de unas manos que fabrican
las aves en su forma de elegía,
el voraz ascenso que al labio le entibia
y en un tacto de ángel le respira-;
por el mar abrupto donde afluye
y dibuja cada espectro el vuelo en celosías,
cada pájaro que no es ave, ni es vuelo a la deriva,
tus ojos surcan y encallan
al sol en una tarde de agonía,
y en sus rayos llaman alas
a las plumas de tus iris cuando miran.

 

Salvador Pliego
Blog del Autor

No tienen prisa las palabras. De Carlos Skliar

No tienen prisa las palabras

El libro

En 2011, tras dirigir durante cuatro años el área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Carlos Skliar fija su residencia en Barcelona. De este año intenso y generoso en paseos, miradas, percepciones, lecturas y reflexiones, surge No tienen prisa las palabras, un libro múltiple y caleidoscópico en el que la experiencia de la alteridad (tema nodal del Carlos Skliar) en una ciudad ajena está muy presente.

Como dice David Roas en el prólogo, para Carlos Skliar el escritor es, sobre todo, un viajero: un ser en movimiento constante, un extranjero perpetuo que, como tal, contempla la realidad con ojos nuevos. El autor parte de lo contemplado y vivido en sus movimientos por la calle, de donde surgen esos instantes reveladores que espolean sus reflexiones: la mujer loca que pasa por la plaza, los niños que juegan libres y felices, la anciana agradecida a la que ayuda a cargar las bolsas de la compra, los turistas que fotografían a un pobre que pide limosna en la Sagrada Familia… La reflexión sobre el lenguaje y la escritura (otro tema central del pensamiento de Skliar) es constante en No tienen prisa las palabras. Aunque en sus palabras subyace siempre la importancia del otro, la complicidad o la empatía, también apuntan afiladamente contra la indiferencia y reclaman la necesidad de rebelión, el indispensable salirse de la fila.

El autor

Carlos Skliar es autor de una relevante y dilatada obra ensayística, filosófica y poética, de casi 20 títulos. Ha escrito los libros de poemas Primera Conjunción (1981), Hilos después (2009) y Voz apenas (2011) y el libro de aforismos y ensayos La intimidad y la alteridad (2006), así como diferentes ensayos educativos y filosóficos, entre los que destacan: ¿Y si el otro no estuviera ahí? (2001); Derrida & Educación (2005); Entre pedagogía y literatura (2007, con Jorge Larrosa); Experiencia y alteridad en educación (2009 con Jorge Larrosa); Conmover la educación (2009, con Magaldy Téllez); Lo dicho, lo escrito, lo ignorado (2011); Experiencias con la palabra (2012) y La escritura: de la pronunciación a la travesía (2012). Carlos Skliar es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Argentina, y del Área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Desde 2005, junto a Diego Skliar, conduce en Buenos Aires el programa de radio Preferiría no hacerlo.

Editorial Candaya

No tienen prisa las palabras se presentará próximamente en Talavera de la Reina (4 de junio) y Barcelona (14 de junio).