Rompiéndolo todo. Por Brisne

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El grillo del teléfono me interrumpió. Cogerlo se hace inevitable.

-¿Dígame?
-Mamá, soy yo
-Cariño, ¿qué tal va todo?
-Bien, bien…. He solucionado mi problema.
-¿Pero cariño, qué problema tenías tú?
-¡Mamá! Eleonor iba a abandonarme, el hijo que esperaba era de Oliver. La muy puta. Zorra de mierda…
-Tranquilízate, quizá ahora no ves el sol, pero eres joven y seguro que encontrarás a otra chica que te haga feliz.
-Eso seguro. Al fin y al cabo ella sí que no va a encontrar nada. Ni ella ni su maldito hijo.
-¿Qué has hecho?
-Ellos ya no son un problema. Era mía. Podía hacer lo que quisiese. Ya no están entre nosotros.

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Brisne
Blog de la autora

Invicto. Por Ana Mª Álvarez Barroso

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De nuevo la afrenta,
proveer el día de viscosas mentiras,
vorágine de palabras ponzoñosas
-extravíos de tu boca-;
no merezco la emboscada en que me encuentro.

Qué ha de ser, sino vacío,
hallar mi nombre desgarrado a tiras,
fragua donde arde cada estigma,
hecho verso un día,
devastado por oleajes de miseria.

Recoge las exequias
de este viernes sumiso y mortecino,
los pedazos inconexos -moribundos-
de mi amor-cadáver,
abatido sin piedad por tu desprecio.

En este holocausto
no he sido yo quien ha muerto.
Rezuman tus poros el azufre del averno
-laurel en tus sienes-
que invicto, habrá de acogerte.

De nuevo la vida.
Asumir el error de haberte amado
y, anónima, reinventar mis huellas.
Qué sabe nadie
cuánto duele recuperar el alma.


Ana Mª Álvarez © 2010

Blog de la autora

El año de la seca. De Víctor Álamo de la Rosa

EL LIBRO

Publicada originalmente en Brasilen 1997, El año de la seca es unaapasionada novela del escritorcanario Víctor Álamo de la Rosaque se presenta ahora en lacolección Segundo Asalto de TropoEditores, consagrada a recuperarlibros que duermen en el limbo delos descatalogados.El año de la seca describe larelación obsesiva de dos amantes,el ambiente también obsesivo ycruel en que sus vidas transcurren.Traducida a cinco idiomas, entreellos el francés y el portugués, esun cautivador relato sobre laspasiones y su poder destructivo.

EL AUTOR

Víctor Álamo de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1969) debutó en el mundo literariocon la novela El humilladero (1994), a las que siguieron El año de la seca y Campiroque (2001), que fue finalista del Prix Fémina a la mejor novela extranjera publicada enFrancia. Su siguiente libro, Terramores (2007), se editó antes en Francia que enEspaña. También ha escrito varias obras destinadas al público infantil y juvenil y unvolumen de relatos breves. Su última novela es La cueva de los leprosos (2010).

Con prólogo de José Saramago

Tropo Editores colección Segundo Asalto nº 8.

ISBN 978-84-96911-39-0

La vida descalza. Por Rosa María Molina López

Mi comisión es una úlcera, varios huesos rotos y sentirme deshabitada. Durante años el mismo menú: de primero, silencio; de segundo, paciencia; de postre, falsa felicidad. Por eso la vida rechinaba tanto entre mis dientes. Necesité habitarme otra vez, esa fue la clave para hacer lo que hice. Cuando el juez dijo “Se levanta la sesión”, miré a mi hijo, sentado en la quinta fila. Dibujó un “te quiero” en el aire y sopló. Cogí esa burbuja de amor entre las manos y me froté la cara para olerla y pegarla en todos mis poros. Vino de Australia para testificar. Huyó lejos mientras yo ardía en mi hoguera. A partir de hoy nuevas caras, nuevas rutinas, tener pensamientos… dejar mis sentimientos sueltos. A Carlos no lo veré nunca más. Sí, definitivamente este pleito lo he ganado yo.

Rosa María Molina López
Relato seleccionado Certamen Microrrelatos de Abogados marzo 2011.
Fuente: El desván de la Memoria

laluzylasombra (o al revés). Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Para todos los que también son todas y qué, en muchas ocasiones, somos nosotros y aquellos y, al final de la esquina, también ellas…
Para todos los que viven(vivimos) hasta doblarnos de sentir y que aún, con las vértebras chupando el suelo, seguimos implorando más y más.
Nunca menos.
Para los que leen este poema y luego piensan en alguno de sus gritos o en sus comas, en sus esquinas o en sus restos de saliva formando charcos sobre el cuello.
Para los que usan mis poemas para desenredarse el alma y el pelo.

Para ti y para mi, que bailamos enfebrecidos por no perder lo que aún calienta nuestro ombligo y nuestro verbo.

Y para la piel,
a veces tan asesina…

Los que no exigen su alimento
siempre se morirán de hambre.

 

Respirar,
inhalar,
absorber,
atrapar,
lamer,
mirar…
Estrujar tus
huesos
mientras duermes.

Tocar,
explorar,
insistir,
moldear,
vivir,
apretar,
amar…
Viajar dentro de
tu boca.

Arañar,
gatear,
morder,
esperar,
chupar,
escuchar…
Gritarte
(cada día y cada noche)
que vuelvas.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Leona. Por Lola Gracia

Aún conservaba algo de barro en sus manos y bajo las uñas. Ahora descansaba en su porche. En la mesa, té frío con limón. Muchos cubitos. Tomó uno con sus dedos finos pero viriles y lo paseó por su cuello. Hacía mucho calor. Escuchaba a la hierba contar historias de vidas pasadas, de muertos que habitaban en el aire con sus estribillos de algodón. Ella se había ido, por fin. Miraba en lontananza. Los maizales, almenados como pistilos, estaban en su punto. Sí, ella los alimentaría bien. Ya los alimentaba en vida. Poco a poco, “Mercy” se había convertido en un pueblo fantasma, a fuerza de convertir a los seres vivos en abono de primera calidad. Cada vegetal que salía de su granja era un manjar delicioso. Hoy la hierba les cantaba a todos sus muertos, a los que sirvieron de alimento al humus y cantaba a Leona, tan buena cuidadora de la madre tierra, de los maizales vengativos y gigantes. Tenía que acabar con ella. Se había vuelto loca. Se pasaba el día persiguiéndole con un cuchillo carnicero. Ahora, por fin, descansaba tranquilo y soñaba con Leona, a la que quería tanto, con su mandil enorme y su moño cano y su pérfida obsesión. Ahora ella también susurraría bajo la tierra alguna vieja canción del Sur.

Lola Gracia
Blog del autora.

Cosas que pienso mientras cocino: el tiempo y la muerte. Por Marisol Oviaño

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Ayer me llamó mi madre para recordarme, entre otras cosas, que el domingo es mi cumpleaños.
Cuarenta y cinco tacos.
Cuando mi padre cumplió cincuenta, sopló las velas, alzó su copa con el incorregible optimismo que le caracterizaba y dijo: Bueno, pues ya he llegado a la mitad de mi vida. Se equivocó sólo por veintiocho años, pero, a excepción de hacer turismo por Moscú, no dejó nada por hacer: había cumplido su misión.

Ninguno sabemos cuando vamos a morir, pero yo sé que ya he dejado la mitad de mi vida atrás. Medimos el tiempo en horas, días, semanas, meses, años… Pero para mí el tiempo sólo es energía, no es algo que se pueda medir con un metro, una báscula o un reloj. Los 98 años de mi abuela son un suspiro si lo comparamos con lo que habría sido mi vida si me muriera esta noche, dos días antes de cumplir los 45.

La muerte anida en todos nosotros, compañeros.
Y no siempre nos deja tiempo para que ordenemos los papeles. No siempre nos da un rato para despedirnos de los seres queridos. No le importa si te bebes media botella de whisky al día o si sólo comes tofu. La muerte se las sabe todas. Además, cuanto más te preserves de ella, más la desearás.

Abraza, toquetea y besa a tus seres queridos.
Entrégate a cada cosa que hagas.
Construye tu propia vida.
No tengas miedo de fracasar.
Apechuga con las consecuencias de tus actos.
Ama.
Sufre.
Llora.
Ríe,
tengas la edad que tengas.

Que cuando la muerte llegue,
te pille cumpliendo tu misión:
vivir.

Marisol Oviaño
proscritosblog.com