Etgar Keret, todo un descubrimiento. Por Maribel Romero

Dice de él Salman Rushdie: “Es un escritor brillante, completamente distinto de cualquier otro que yo conozca. Es la voz de la nueva generación”.

No conocía a Etgar Keret, pero gracias al concurso “Cuenta 140 de EL CULTURAL” me llegaron tres libros suyos: UN HOMBRE SIN CABEZA, PIZZERÍA KAMIKAZE y LA CHICA SOBRE LA NEVERA, todos ellos de relatos y editados en España por Siruela. Este escritor israelí, nacido en Tel Aviv en 1967, ha publicado diversos libros de prosa y cómics, todos ellos best-sellers en Israel, y su obra ha sido traducida a dieciséis idiomas.
Yo acabo de terminar UN HOMBRE SIN CABEZA y realmente me ha impactado. Resulta difícil definir un estilo o una característica cuando se habla de relatos, concretamente treinta y cuatro, que son los que integran este libro, pero creo que si algo caracteriza la prosa de este escritor es el lenguaje, un lenguaje coloquial, claro, sin artificios, que llega al lector como una suave brisa. Algunas de las historias narradas son cotidianas, escenas que todos hemos vivido alguna vez y con las que nos resulta fácil identificarnos. Otras, sin embargo, se sustentan en lo absurdo y te transportan a mundos inverosímiles, en los que, al final, siempre descubres un sabio mensaje.
Son cuentos cortos, creo que ninguno de ellos pasa de cuatro o cinco páginas, la mayoría tienen menos. Se leen con adicción, se disfrutan desde la primera línea, te sorprenden, te hacen reír, te invitan a pensar y te dejan un grato sabor de boca. Si os gustan los cuentos breves no dejéis de leerlo, os lo recomiendo sin reservas. Además me parece un libro ideal para el veranito.
Etgar Keret, todo un descubrimiento.


Maribel Romero Soler
Blog de la autora

El ángel del camino. Por José Almeida

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A pesar de dormir en una cama individual con un colchón bastante consistente, pasé toda la noche en un estado de excitación continua que me impedía conciliar el sueño de forma seguida, no le di más importancia, ya que en otras ocasiones me había ocurrido lo mismo.

Siempre que peregrino a Compostela, la última noche en el camino, los sentimientos suelen enfrentarse entre la ilusión por llegar al final de la meta y la pena que el camino se acabe, hacen que no sea consciente del descanso diario que es obligado hacer.

No recuerdo haberme levantado ni salir del albergue, cuando me encuentro caminando rodeado de peregrinos que vamos buscando el mismo objetivo.
Aun no ha amanecido, falta una hora para que el sol comience a abrirse paso en el horizonte que voy dejando a mi espalda. La mañana es fresca y orballea suavemente, según voy acercándome a los parajes donde los eucaliptos van robando el espacio donde proliferan las plantas y árboles autóctonos, la humedad acumulada a lo largo de la noche ha ido formando una niebla baja y espesa, en algunos lugares presenta algunos claros, similar a los grupos de nubes que se juntan conservando su perímetro.

Antes de comenzar el último repecho de esta larga ruta, hago una pequeña parada para ir recuperando fuerzas, aunque más bien es un hábito establecido en caminos anteriores ya que no siento ningún cansancio.

El repecho que estoy dispuesto a afrontar, no es muy largo, pero lo recuerdo intenso con algunos desniveles fuertes y con varias curvas que van suavizando el ascenso, la vegetación es más abundante ya que además de los grandes eucaliptos, algunos helechos van invadiendo el camino, la niebla permanece, incluso por momentos según voy ascendiendo noto como se acentúa.

En una de las curvas, los peregrinos han desaparecido, observo al final de la misma una visión que hace que me detenga llevando las manos a los ojos para frotármelos. En un claro de la niebla, entre dos nubes, va caminando una hermosa peregrina, pero no veo que lleve mochila, quizá no lo sea, parece que la niebla forma un halo contorneándola y tras la silueta brilla como si el sol estuviera resplandeciendo solo en este lugar. La visión que tengo delante tiene un largo pelo como el azabache que se posa con delicadeza sobre sus hombros, una prenda de vestido de una sola pieza, hecha con lino blanco cubre todo su cuerpo hasta un palmo por encima de los tobillos, un cordoncillo azul celeste rodea su cintura destacando su busto.

La niebla se encuentra a unos centímetros del suelo y no puedo verle los pies, tampoco observo que los vaya moviendo, pero de una forma armónica se va desplazando, parece que levita sin ninguna dificultad, trato de hacerle una señal para que me espere pero mi timidez no me lo permite, en ese momento gira su cabeza y nuestras miradas se cruzan durante unos instantes, sus ojos son grandes y parecen dos soles negros, sus labios carnosos y rosados son como una flor que acumula el rocío de la mañana y su cara es hermosa y perfecta.

Tras unos instantes en los que el pudor no me permite mantener su mirada, trato de clavar la vista en el suelo que voy pisando.

Cuando levanto la vista, los árboles me impiden volver a contemplar la hermosa visión que acabo de tener, por lo que agilizo mi paso con la intención de alcanzarla, hago un gran esfuerzo, pero no veo a nadie caminado delante de mi. Disimuladamente, miro entre los helechos que hay junto al camino pero no veo a nadie, me pellizco para comprobar que estoy despierto y que no he tenido un sueño, pero tampoco siento el maltrato a algunas partes de mi cuerpo.

Sobre una piedra de sillería me siento tratando de comprender lo que acaba de ocurrir pero no encuentro ninguna explicación.

Reinicio mi camino, en poco más de una hora voy caminando por las calles de esta ciudad gallega, después de más de dos millones de pasos recorridos, por fin voy a cumplir el sueño que me propuse hace tiempo y durante veinticinco días lo vengo cumpliendo cada día con gran intensidad.

Cuando llego a Santiago, en lugar de acceder a la Catedral por la gran puerta que hay en la Plaza das Praterias como suelo hacer siempre, lo hago por la puerta de la Azabacheria, los fieles deambulan por el templo atentos a lo que dicen los sacerdotes que concelebran la misa en honor de los peregrinos que han llegado a lo largo del día.

En las últimas filas hay algunos asientos libres, pero mi deseo de sentarme a descansar no es obedecido por mis pies que me van guiando hacia uno de los laterales del altar mayor. Según voy oyendo a lo lejos al párroco que va citando el lugar de procedencia de los peregrinos que se han registrado en la Casa do Dean y el lugar desde donde vienen haciendo la peregrinación, mi vista va recorriendo las imágenes que hay talladas en esta hermosa Catedral y me van conduciendo hasta una imagen en la que mi vista se detiene.

– ¡ Es ella ¡ – exclamo con un grito ahogado.

La hermosa talla plasma como una fotografía la imagen que me viene atormentando desde hace unas horas, no dejo de contemplarla, no la había visto antes y es el fiel retrato de la peregrina de mi visión.

Sus ojos están también fijos en mi haciendo que de nuevo vuelva a desviar la mirada, según voy moviéndome su mirada me va siguiendo, me siento observado.

La inerte imagen, parece contar con vida propia, pero permanece inamovible y se muestra desafiante como queriendo transmitirme algún secreto que sólo los dos podemos comprender.

Después del balanceo del Botafumeiro, la misa llega a su fin y los peregrinos van desapareciendo del templo salvo algunos que van a ver los lugares de interés de la Catedral. Yo permanezco largo tiempo contemplándola y veo que todos los detalles que recuerdo de la peregrina misteriosa se encuentran en ella, su túnica, su pelo, sus …….

Cierro los ojos, pensando que he tenido un sueño, o que el sueño y la niebla me han jugado una mala pasada, pero no importa porque ha sido una experiencia muy hermosa y cada vez que camine por ese lugar, siempre buscaré a mi peregrina misteriosa.

José Almeida

Recorre los campos azules. Por Brisne


El sargento tenía que pasárselo: ella no perdía la calma. En el país quedaban unas pocas mujeres como ella. La mujer fue hasta la puerta del negocio y, sin mirar más allá, la cerró.

Claire Keegan, 1968, Irlanda, me ha llevado a su patria en los ochos relatos que integran el volumen «Recorre los campos azules». Historias sencillas en las que apenas pasa nada, relatos de vida y de destrucción. Con ella he mirado a las profundidades del mar irlandés. Me he bañado en la oscuridad de sus aguas. He asistido con asombro a una boda. Sus personajes me hablan de unos paisajes que no conozco pero que imagino perfectamente. De oscuros secretos guardados en la alacena de la memoria.

He recorrido su campos azules y verdes y he pensado en los míos, en su color pajizo, en sus arbustos cubriendo el bajo monte, en la lapa que se pega a los pantalones cuando paseas caminos y fincas. En mi mirada hacia el horizonte, marrón, seco , con fuentes escondidas.

Y no he podido evitar pensar en lo que nos distancia y lo que nos une. En nuestra vida en la calle que guarda bien los secretos bajo la cama. Secretos que se cuentan a media voz en la oscuridad de la noche, en el invierno frío y la chimenea, como los cuentos de Martha, narrar la vida. Nuestra propia vida. Nuestras granjas secas, nuestros corderos en el monte. Nuestros sacerdotes también aunque ya no lleven sotana ni vengan invitados a las bodas.

La congoja que me ha producido «El regalo de despedida», esa muchacha abusada que se marcha de casa. Sin un grito, sin una palabra de más. Se marcha con el asco en las manos. Con la puerta cerrada, con el padre tumbado deseoso de volverla a tener en su cama. Y he pensado en las nuestras, que también lo hacen así, sin un grito, sin una palabra que saldrán también furtivas de la casa hacia nuevos horizontes.

Son nueve relatos con nueve historias. Con un estilo propio, calmado y tranquilo. Una escritora en Böll House, buscando la inspiración y encontrándose con un alemán pesado que no entiende. La chica que viaja a EEUU. La boda tumultuosa que encierra el secreto más profundo, que cae al suelo roto en pedazos como el collar que se rompe en el baile. El guardabosques, su mujer y sus hijos, que encierran secretos enterrados bajo las rosas. Brady deseando la vuelta de su mujer. El joven que vuelve a casa desde la universidad. La carta del sargento. La vuelta a la vida de Margaret.

Me ha gustado experimentar el lado irlandés con los relatos de Keegan. La sencillez de la prosa que en cierto modo es también la sencillez de la vida. Como las nuestras. Igual deberíamos buscar escribir sin ornato y sin historia, reflejando en cada relato la vida profunda de nuestro pueblo. Igual yo debería hacerlo. Es un reto.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«

Blog de la autora

SKP. Por Fátima Ricón Silva

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Despierta tu salud,

abre la puerta que no te permite ver el sol,

sal a la calle y coge el primer tren a ninguna parte.

Piérdete, encantado, entre las muchedumbres extrañas,

agarra con fuerza los suspiros de verdad que

brotan de los besos que escuchas.

Besos de miel y barro

que quedan enmarcados en el rictus de tu rostro.

Huellas de libertad.

Desatiende los rugidos de la masa enfurecida.

Haz tu vida.

Vuela con las alas del desarraigo y escapa.

Abandona y entierra las fobias y los tiburones.

Desenmascárate.

Desanuda el lazo que te oprime.

Déjate vivir.

Escapa.

 

Fátima Ricón Silva

Perdón te pido, mujer… Por Juan A Galisteo Luque

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Por ti, por tu corazón,
que siente y se compenetra
al mío, con la razón
y el alma de pasión quieta,
yo te pido a ti, perdón;
lo necesito de veras.
En este mundo incesante,
donde la persona es presa
de la ambición y el poder,
donde los hombres se hunden
por el afán de grandeza,
donde poder, es tener,
y no tener, significa
resignarse con tristeza,
perdón te pido, mujer,
por mi corazón de piedra,
si no he sabido querer,
como tú, te merecieras.
Hay momentos en la vida,
que recordando en silencio
las verdades, comprendemos,
que asumimos confusión.
En este mundo, cargado
de movimientos e ideas,
debemos desenvolvernos
y logramos descontentos
desconfianza y temor.
Perdón, si no atiendo
como debiera, el humilde
sentimiento de tus obras;
a veces, uno comprende
y nunca debe olvidar,
que lo material se pierde,
los sentimientos ¡jamás!.
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Juan A Galisteo Luque
Del poemario: Romances en la penumbra.Derechos registrados
blog del autor.

?Distante. Por Marcelo Galliano

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?Distante, misteriosa, la mirada escondida,
así en la triste tarde te alejas sin saber
que con tu paso tallas un lugar en mi vida,
que he puesto a cada noche tu rostro de mujer.

Un aire de fogata se acerca a tu mejilla
y piensas que se queman los leños de un hogar,
ni sabe tu inocencia que yo aquí en mi buhardilla
ardo como una brasa sin dejar de desear.

Y seguiré pensando cómo será mecerte,
o en mis manos dormirte como una flor inerte,
o anillarte en mis brazos sin dejarte partir.

Y así todas las tardes mis ojos te desnudan,
esperando en la noche que las sombran acudan
para llevarte al sueño de mi amargo dormir.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Imagen : « La Magie Noire », de René Magritte
Blog del autor.