Adoro el amor bajo tu rostro. Por Salvador Pliego

??

Con un idioma propio de textura y elementos,
con una forma capital de indicios y haceres:
dame la libertad que emana de tus ojos,
dame el encuentro primordial que brota de tu risa.

Creo que cabes en el beso
y en el respiro interior de los alientos.
En tus colores se hilan azares
y se exhiben como un cuerpo
los tonos que agradan.
¡Ah, llénate de amor y de mis alas!
¡Álzate etérea como nunca!
¡Empéñate en la noche como estrella!

En lo más profundo de mi alma
un oasis brota en la palabra.
¡Ah, súbete de luz donde se escapan
las tintas y pinceles de tu rostro!
¡Llévate el sonido de mi alma
al crisol de un pecho que ventea
el nombre y soplo que te crea!

Adoro el amor cuando es tu rostro
y el canto que lo encumbra y atesora.
¡Ah, píntame el idioma de mi alma,
la imagen que tu rostro le reflecta!
¡Bosquéjame el alma con tu alma,
mil colores brotan si le hablas!

Adoro el recelo y la esmeralda
que decoran la puerta entreabierta
de unos ojos matutinos,
de unos ojos que se lanzan
al perfil de mi coraza.
¡Ah, bésame el amor que hay en mi alma,
que adoro la forma en que le hablas!
¡Bésame el alma ya sin alma;
la mía: loca, enamorada!

Adoro el beso de tu boca
y el sabor callado en la palabra.
¡Mil rosas nacen de mi alma!
¡Mil besos se agitan al calmarla!
¡Mil besos los ojos cuando palpan!
¡Ah… Bésame el alma con la brisa de tu alma!
¡Bésame que llevo sangre enamorada!
¡Bésame en tu boca, la boca de mi alma!
¡Bésame el molde de un hombre en barro hecho,
que adoro el beso, el beso, nacido de tu alma!

Salvador Pliego
Blog del Autor

La Rumanía que huele a tigre. Por Robert Lozinski


?La verdad es esta: los rumanos se pueden ir a tomar por culo, con perdón, porque no cuentan aunque estén en el mapa de Europa.

En 1997, cuando obtuve mi primera beca de estudios en Madrid me preguntaron de dónde soy. Dije que soy rumano. Ah, rumano, de Bulgaria, de Budapest ¿verdad? No, de Rumanía, de Bucarest.

En Rumanía el crío más tonto de la clase sabe que París es la capital de Francia o que Roma es la capital de Italia. Les suena Napoleón, Cristóbal Colón, Hitler o Mussolini. En cuanto a Rumanía, tengo la más absoluta certeza de que ni se la menciona en los libros de historia occidentales. Y con razón: los rumanos no salieron de su casa para conquistar otras tierras. Se quedaron en ella para defenderla, bien o mal, de los turcos o tártaros. Dime quién es tu enemigo y te diré quién eres. Si al menos hubiéramos luchado contra Francia, España o Austria, viejas naciones de Europa.

“Esto huele a tigre”, dijo una vez un español, inspector en el ministerio me parece, que viajó al país de Drácula para visitar las secciones bilingües. Entiendo que es una expresión que se usa cuando algo molesta con su mal olor. Hablaba de Bucarest, de la habitación del hotel en que se alojaba, de los ámbitos a los que había sido invitado. Le doy toda la razón a este distinguido occidental: la ciudad está sucia, maloliente, destartalada.

En 2000 o 2001 cuando yo era jefe del Departamento de Español, me las tuve que ver con una chica valenciana, una “enchufá” según me explicaron luego, hija de una concejala en el Ayuntamiento valenciano o algo así, que venía a dar clases de castellano en el bilingüe. Miraba a todos y a todo con cara de mucho asco y enorme espanto. ¿Pero qué país es este? ¿Adónde he llegado? La pobre no aguantó y se largó a los pocos días. En su vida volverá a pisar esa tierra que ella vio tan miserable y gris.

Me hallaba en un hotel de París y había cogido el ascensor para subir a la habitación. Justo antes de que se cerraran las puertas automáticas se me unieron dos negrazos de casi dos mertros cada uno. Uno me preguntó en la lengua de Moliére de dónde soy. Contesté que de Moldavia. No lo entendió. L’Union Soviétique, dije. Ah, La Russie. Me miró con respeto. Vladimir Putin, vodka etc. Me dio una palmadita amistosa en el hombro. A lo mejor sólo quería cerciorarse de que la cazadora de piel que acababa de comprarme tenía buen material.

Cada día me levanto a las 6 de la madrugada y voy al instituto donde enseño a mis alumnos la lengua de Cervantes. La mayoría la aprenden con mucho gusto, leen con facilidad o la hablan con soltura cosa que, después de 17 años de experiencia, aún me asombra. Son alegres y dicen que aman el país en que viven. Como han nacido aquí a lo mejor no notarán ese olor a tigre que, en la opinión de los caballeros occidentales que nos visitan, lo impregna todo.

Robert Lozinski
Es autor de La ruleta chechena
Proscritosblog

Entre Espinosa y el Lama GESHE LOBSANG DHONDEN. Por Santiago Tracón

Ángela Trancón Galisteo

Me refiero al filósofo de origen judeoespañol Baruj Spinoza, que debiéramos llamar Benito de Espinosa, porque provenía de un pueblecito de Burgos (Espinosa de los Monteros, o quizás de Espinosa de Cervera, o incluso de Espinosa de los Caballeros, en Ávila, cuya familia tuvo que huir a Portugal y de ahí pasó a Holanda). Espinosa es seguramente el más importante filósofo moderno, cuya influencia abrió el pensamiento a la ciencia y a una nueva espiritualidad, libre de los dogmas religiosos.
Ha coincidido mi lectura de Espinosa con una visita del lama Geshe Lobsang Dhonden a Madrid, al que he tenido la fortuna de conocer personalmente. Sin proponérmelo, las ideas de Espinosa se han mezclado con las del budismo sereno y lúcido de Lobsang, y de ahí nace este breve hilvanado de ideas, pues pensar no es otra cosa que relacionar o establecer lazos entre palabras y pensamientos que antes han permanecido separados.
Dice Espinosa: “Nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos”. Cualquier idea del bien y el mal, por tanto, pertenece a la esfera de lo humano, no es un atributo de la naturaleza en sí, sino que tiene que ver con nuestras necesidades. La necesidad primera de todo es la de permanecer o perseverar en el ser.
Todo lo que hacemos está determinado por nuestra naturaleza. Libertad y determinismo no son incompatibles. Libertad es conocimiento y aceptación, no la capacidad para hacer cualquier cosa o de cualquier modo. Cuando acepto la necesidad y mejor conozco los determinantes de mi conducta, mayor libertad alcanzo, mayor control de mí mismo.
Espinosa se opone a cualquier idea metafísica de la libertad o la voluntad. Dice, por ejemplo, que “ningún afecto puede ser reprimido a no ser por un afecto más fuerte que el que se desea reprimir, y contrario a él”. Sabia afirmación que va contra todo voluntarismo inútil o contra todas las terapias basadas en la omnipotencia de la mente o el esfuerzo.
No distingue Espinosa entre Dios y la Naturaleza. El Universo no es una creación divina, sino algo inmanente a la Substancia. Tampoco separa el cuerpo y el alma: son dos modos de una misma sustancia.
Cuando escuché a Lobsang Dhonden me di cuenta de la cercanía de las ideas del budismo con las de Espinosa. Hemos de aceptar que en nosotros hay un dualismo básico: sufrimiento y felicidad, tristeza y alegría, confusión y claridad. Nuestra libertad consiste en ir haciendo que disminuya el polo del sufrimiento y lo negativo, e ir elevando el de la claridad y lo positivo. No podemos destruir ni combatir el mal, el dolor o la confusión, directamente, sino acentuando todo lo contrario: enfocándonos en lo positivo, la alegría y la claridad.
Este es el camino que nos conduce al Buda, que no es ni un Dios ni un Semidiós (el budismo no es una religión, sino una filosofía de vida), sino el estado de perfección e iluminación.
Desde el budismo se entiende mejor esa afirmación de Espinosa: La Substancia (o sea, Deux sive Natura, lo que existe por sí y para sí, uno, único, eterno e infinito) “existe por el infinito gozo de existir”. Y aquello de que “el amor intelectual a Dios”, o sea, la unión de la mente con la Naturaleza, es la aspiración última del hombre, la fuente de su mayor felicidad.

Santiago Tracón
(Foto: Ángela Trancón Galisteo)
Blog del autor

Perder teorías. Por Brisne

?

La certeza de que mi teoría de Lyon era idéntica a mi vida y a la espera en la que consistía esa vida y también a la espera que habitaba dentro de esa espera, que a su vez contenía otra espera.

Leer a Enrique Vila Matas es perder teorías y encontrarlas. Teorías literarias. ¿Qué es una novela? ¿Importa la trama o el estilo?

Piensen y respondan. A mi me importa el estilo porque estoy de acuerdo en que tramas hay siete u ocho. Dice: «Liz Themerson lo tenía bien claro: Alguien se mete en un lío y luego sale de él; alguien pierde algo y lo recupera; alguien es víctima injustificada y se venga; el caso conmovedor de Cenicienta; alguien empieza a ir cuesta abajo y así continúa; dos se enamoran, y mucha gente se entromete; una persona virtuosa es acusada falsamente de haber pecado o de haber cometido un crimen; una persona se enfrenta a un desafío con valentía, y tiene éxito o fracaso; alguien inicia una investigación para conocer la verdad del asunto…»

Y me he parado en la frase, en la cita, en la intertextualidad del libro, en sus citas y sus frases y he pensado en cómo yo escribo, si es que puede llamarse escritura lo que hago, en lo leído, y me he dado cuenta que tiene razón que la historia es bien poco relevante, que casi siempre pasa lo mismo, que no es tanto lo que nos narran sino el cómo lo narran. El narrador es universal pero tiene voz propia. Hablamos de lo mismo, de nosotros, de lo que leemos, metemos frases de autores que admiramos, modificamos su pensamiento en el nuestro, buscamos en definitiva un ámbito propio que es el de nuestra voz por encima de otras voces. Incluso buscamos la voz del otro fuera de lo que nos narran.
Y he apuntado en la agenda nuevos autores por descubrir, Liz Themerson, Gracq. Y he pensado en los que conozco con él, Kafka, Musil, Pessoa. He pensado en ellos y en otros, en sus voces y en su estilo. En cómo me cuentan las cosas, en si sería capaz de descubrirlos con los ojos cerrados oyendo tan sólo lo que escriben. Escrutando en sus letras sin nombre y no he sabido responderme, aunque creo que igual sí los descubriría o no. Me gustaría catar a ciegas los libros. Sería tan divertido organizar una cata de libros con amigos. Las tapas forradas, tapado el nombre, las referencias y disfrutar a ciegas de la lectura. Irse pasando libros y relatos. Y comentarlos. Mientras una copa de vino conocido moja nuestra boca. Hablar de ellos y decir: sí, sí, yo creo que es Cheveer o Salinger o Meville. Y luego pasar a los otros a Cortázar, a Gabo, a Borges. Incluso a Joyce o a Beckett. Saboreando sus palabras sin saber quienes las han escrito. Divididos por estilos o continentes. Mezclarlos incluso y descubir a ojos cerrados sin son américanos o europeos. ¿Sería capaz? Intercalar cuentos de desconocidos sin saber quién son intentando encontrar sus influencias. Poner un español en medio de un américano…. ¿nos marca el origen? ¿podríamos acertar en algo?

Los estilos son diferentes pero siempre sabemos a quién leemos. Es el nombre quien precede a las palabras. ¿Y si fuese al revés? ¿Ustedes serían capaces de distinguir los estilos por encima de las historias? Creo que sí, es lo que hacemos leer un estilo, un modo de contar. No me hablen de las historias, hablenme de las voces.

Otro día hablaremos de la soledad y la ausencia. Creo que esos sentires llenan todos los libros y relatos. ¿No creen?

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«

Blog de la autora

Tributo a la fama. Por José Vicente Pérez Bris

?
?Este es el precio que se paga por estar casada con un abogado endiosado. Nadie como yo sabe de la ansiedad en las días previos a los juicios; la decepción de los niños cuando su padre no hace acto de presencia en sus cumpleaños; y las noches en vela, las interminables noches lastradas por el candado de la soledad, mientras él las pasa en el bufete trabajando. Así, año tras año, el odio se hace más corrosivo, más tóxico, envenenándolo todo a su paso. Hasta que un día se tornan los papeles y es la esposa la protagonista. Se viste adecuadamente y acude al juzgado de instrucción como lo hace su marido a diario. Y escucha la voz del juez llamándole al estrado. “Señora Valiño, se le acusa de haber asesinado a su marido en su propio despacho la noche del veintidós de agosto pasado. ¿Cómo se declara la acusada?”.

Finalista en el Certamen Microrrelatos Abogados del mes de junio 2011

José Vicente Pérez Bris
Blog Taller Literario

su(mi)boca. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Yo no imaginaba que, después de tantos minutos, horas, días y años, él me escribiría (con sus lágrimas) esta canción:
.

 

Abre la boca,
le dije mirando
sus labios.
Y ella la abrió,
sin saber que yo
me quedaría
a vivir
dentro.

A veces salía
a tomar el fresco
y paseaba
a nuestro perro
entre sus dientes.
Otras,
si ella dormía,
me escapaba,
para recordar
el mundo
de los muertos.

Allí viví diez años,
entre las montañas
abiertas de
sus muelas,
las voces
apagadas
de sus dudas y
la saliva
dulzona
de su lengua.

Pero se cansó
de tenerme
dentro.
-Te mueves
demasiado
en mi pelo-

alegó sin prisa.
Y estornudó con rabia,
escupiéndome
fuera de sus labios,
de sus verbos,
de su casa…

Ahora nado
entre mi pena
matando
como moscas
mis sollozos
que se vuelven
asesinos en mi pecho.

Y cada mañana,
al despertar
de nuevo
entre la muerte,
rajo el aire
con mis gritos:
¡Quiero volver
a su boca fresca,
a sus bordes
mojados de ternura,
a su vida…!

 

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Del fondo de la vena a la mirada… Por Mónica López Bordón

“Y cerca de esto, que parece nada,
me transcurre una furia de esplendores
con ganas de vivir, como dolores
del fondo de la vena a la mirada”.
Carilda Oliver Labra

Impecable en el poder de la fuerza del esplendor
llego vestida de dama para jugar la partida,
viaje de amor en esas ganas de vivir honestamente.
Rodeas mi cintura y convocamos a los dioses
para que nos otorguen algunas de sus virtudes cardinales
que nada tienen que ver con nuestros cuerpos,
con el norte o con el sur.

Prudencia, justicia, fortaleza y templanza
aparecen atadas a mi mirada y, en ese vicio mío de ser feliz,
hago un pronóstico de la alegría para volar como pájaro libre
en forma de mujer.

Inquieta, meto mi mano en la boca del oráculo,
miro su cara redonda con ojos hundidos y pronunciados,
cuando una voz muda, desde lejos, sentencia:
“También eres virtuosa”.

*Cuadro: «Retrato de Mademoiselle Carlier» de Lucien Lévy-Dhurmer


Mónica López Bordón
Blog de la autora.