El arte de meditar. Por Santiago Tracón

Ángela Trancón Galisteo

Algunos se arman mucho lío con esto de la meditación. Han oído hablar de sus beneficios (contra el estrés, la enfermedad, la depresión…) Pero, ¿en qué consiste?

Pues simplemente en concentrarse serenamente, y sin hacer ningún sobresfuerzo, en alguna idea nueva, atractiva, sugerente. Una idea que, por sí sola, obligue a nuestro cerebro a modificar su ritmo acelerado por otro más pausado. De forma natural, la respiración se hace también más lenta.
Meditar es pensar en algo en lo que nunca habíamos pensado antes. Se produce cierta sensación de descubrimiento, de caer la cuenta de algo en lo que antes no habíamos reparado. Fisiológicamente se produce un cambio en el movimiento ocular, que se hace más sincronizado y suave. La mirada se vuelve más vaga o difusa y, por el contrario, si nos fijamos, los objetos que nos rodean se ven más nítidos y presentes.
Se puede meditar sobre conceptos e ideas muy abstractas, generales y profundas, o sobre palabras o imágenes sencillas.
Por ejemplo: El universo existe por sí mismo, no necesita de ninguna causa externa que lo cree, él es la causa inmanente de sí mismo. El universo no es el resultado de ninguna creación, sino emanación de su propia naturaleza. El universo es infinito, eterno, impersonal, perfecto y absolutamente consciente de sí mismo. Son ideas de Benito Espinosa.
Pero también: “Concepto” viene de “concebir”. La concepción consiste en la unión de dos sustancias vitales: algo de mí se une con algo de fuera. Pensar es concebir ideas nuevas. Hay ideas que nacen muertas y otras que nos vivifican. Hay que engendrar dentro de nosotros ideas fecundas. Para ello hay que tener “pasión” y “amor” por el conocimiento. Enamorarse de los conceptos claros y las ideas bellas.

No se puede meditar sin sentir. La energía que nos mueve y da vida es siempre una energía erótica. Por eso el verano es buen tiempo para meditar.

Santiago Tracón
(Foto: Ángela Trancón Galisteo)
Blog del autor

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Hasta los huevos. Por Ana Mª Tomás

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Huevos. Parece que la palabreja es sinónimo de actividades políticas. Y no sólo eso. Es la única palabra en la que coinciden ambos partidos mayoritarios: PP y PSOE. Imagino que nadie mejor que el señor Trillo, con su famoso “¡Manda huevos”, para entender y disculpar el hartazgo del señor Bono. Los micrófonos…, que, a pesar de ser tan traidores, no consiguen que la gente desconfíe de ellos.

Sin embargo, no es sólo el señor Bono quien está hasta los huevos, son o somos muchos ciudadanos quienes estamos hasta los mismísimos gestores, bien sean huevos u ovarios. Sí señor, hartos de muchas de las situaciones que nos van superando tan poquito a poco que nos pasa desapercibido hasta que ya es demasiado tarde.
Si nos hubiesen dicho, hace años, que parte de nuestras libertades, sobre todo la de expresión, iban a ser, con el paso de los años, una caricatura de la que llegamos a gozar tras la dictadura franquista, probablemente, nos habríamos carcajeado, pero la realidad es así. El miedo a quedar excluido de una sociedad supuestamente avanzada en cuanto a derechos de grupos minoritarios nos hace cogérnosla (a quienes tengan) con papel de fumar. Cómo vamos a enfrentarnos a un sinvergüenza, o ladrón, o estafador, o camello, si ese tipo resulta que es un inmigrante… ¿Cómo? ¿Cómo exponernos a que nos griten el insulto facilón, hipócrita y cobarde de “racista”? ¿Cómo hacer frente a las mafias que obligan a muchas mujeres extranjeras a prostituirse, si éstas, desde la argolla que las amarra a sus galeras, gritan desaforadas el insulto de xenófobos a quienes denuncian su situación? ¿Cómo pretenden tener igualdad los homosexuales montando el pollo que montan con “orgullos” al grito de “intransigentes” para quienes no necesitan montar ningún día de orgullo hetero?
Pero lo que mejor define el “Manda huevos” del señor Trillo es el colmo al que hemos sido capaces de llegar: a cuadros me quedé hace unos días cuando vi las imágenes de una turba intimidando a la policía que pretendía detener a un traficante de droga al grito de “racistas” ¿racistas? ¡racistas! ¿Tenemos que mantener en nuestras calles a gentuza sólo porque no sean de nuestro país? La maldad, el crimen, el trapicheo no tienen nacionalidad porque son universales y estén donde estén hay que perseguirlos, denunciarlos y apoyar a las fuerzas de seguridad para que, en la medida de lo posible, sean reducidos, puesto que decir erradicados sería un sueño. Pero amedrentar, acobardar y hasta tirar piedras a las fuerzas del orden… Eso no se puede permitir. Disculpo, y creo que como yo muchos, una concentración de solidaridad ante la casa de algún vecino al que la banca expulsa por impago, y entiendo que pueda impedirse el desalojo, ya se sabe, la unión hace la fuerza, pero que esa fuerza se use bajo el epígrafe de defensa contra el racismo, la xenofobia o los penes en vinagre me parece muy, pero que muy peligroso.
Creo que es Bucay quien cuenta la historia de dos amigos que caminan por la orilla de una playa llena de estrellas de mar arrojadas por la marea. Uno de ellos va cogiendo una tras otra y devolviéndolas al mar. El otro le dice lo inútil de su actitud tratándose de tantas como quedarán en la playa. El buen samaritano estrellil le responde: “Ya, ya lo sé, pero para las que devuelvo al mar no es inútil”. Bien, pues de igual manera puede que un simple artículo de reconocimiento a la labor de esos hombres que nos cuidan se considere inútil, pero si puede lograr que los policías protagonistas se sientan algo reconfortados por saber que alguien les reconoce su labor… no será inútil.

Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Blog de la autora

Baño de llamas. Por Fátima Ricón Silva.

?Lambada de llamaradas rojas y negras,

movimientos sinuoso detrás de la escalera,

recubres con sal la madera

que con tu contacto se hiela.

Crepitas sonidos de ángeles,

exhalas aromas de ceniza,

indeleble,

imborrable.

Te elevas hasta los infiernos,

desciendes hacia el cielo,

perdido entre el ardor de tus besos,

hundido entre carne y sexo.

Lametazos fogosos

que dejan un rastro vivo

de sangre efervescente

que hace cosquillas de frío.

La espalda helada por el sonido lejano

de palabras

que escupes a raudales

sin decir nada.

Sólo buscas placer,

te sobran los sentimientos,

alma interesada, perdida,

sin alma te siento.

Eres un fuego errante

que circula por el mundo, sin rumbo,

sin arte, sin ser parte,

ausente e indefinido.

Sigue nómada del deleite,

explotando esa vena complaciente sin vuelta atrás.

 

Fátima Ricón Silva

Amor de padre. Por Ana Mª Álvarez Barroso

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¡Soy inocente! Sólo fue un ataque de impulsividad, sólo eso. La situación se me fue de las manos. La insulté, vilipendié y golpeé, sí, pero no fue culpa mía. Si ella hiciera las cosas como hay que hacerlas, a mi manera, no se me hubiesen nublado los sentidos. No soy un maltratador. Le golpeé esa calabaza que tiene por cabeza porque me iba a denunciar. Buscaré la manera de convencerla para que quite esta maldita orden de alejamiento interponiendo un recurso, pidiendo un indulto o lo que sea necesario. Volverá a mi lado. Y entonces, sutilmente, blandiré el acero de mis palabras, desquiciándola, para que ella misma se lance por un puente sin tener que manchar mis manos de sangre. Los locos se suicidan ¿no es cierto? Así estaré libre de culpa… Y como soy bueno, mi hija ya sólo podrá quererme a mí…


Ana Mª Álvarez © 2010
Blog de la autora

Alexandria.0. De Manuel Valera

El libro

El rastro de la momia de Alejandro Magno se perdió hace siglos, pero su búsqueda obsesiona a Blanca Gallego, convencida de que será capaz de hallar la que ella considera la reliquia más preciada de la Historia. Los Padres brindarán ayuda a Blanca, quizá porque saben que el verdadero tesoro es ella, la única persona con el don de volver a pasear por la Alejandría de la mítica biblioteca. Y entre los rollos perdidos de los estantes alejandrinos, el último secreto, la gran tentación: la que compartirán casi todos los lectores de esta novela. Blanca Gallego se aleja de nosotros y entra en la niebla de Los Padres, dejándonos un difuso rastro entre gintonics, notas nombradas con el alfabeto griego, proyecciones fantasmagóricas, muerte y mentiras. No perderse en ese juego de espejos y encontrar la verdad que se revela tan solo a quienes no sucumben a sí mismos.

El autor

Manuel Valera es autor de la nivola El gato sobre la cacerola de leche hirviendo, del ensayo Futbolia y de una novela por entregas, El fin de la crisis, publicada con enorme éxito en Evohé Digital. En Alexandria.0 realiza un apasionante recorrido a través de la «memoria de los siglos», alumbrado por el mítico Faro. Cuando huyes de ti mismo, el camino siempre se estrecha, da igual que tus pasos se aceleren por el Madrid de las Letras de Huertas, por el poético París de los acordeones o por Alejandría la Grande, la de los Palacios, el Museo y la Biblioteca, la que quemaron a medias los siglos y los que temieron la letra escrita.
?Asociación Canal Literatura

La presentación que tendrá lugar el viernes día 15 de julio en la cervecería El Caldito (C/ Tumaco, 22) de Madrid a partir de las 21:00.

Ediciones Evohé

Despedida. Por Marcelo Galliano

Si te marchas mañana, con el día,
sabrás muy bien que en tu partida dejas
más de una boca gris, como la mía,
muecas que pronto lucirán muy viejas

A poco de partir, en el olvido,
naufragarán las frases entredichas.
No me recordarás. Las letras dichas
serán un sordo grito ya perdido.

¡No temas, anda, toma la maleta,
no le hagas caso en nada a este poeta
quejoso, amargo. Vive lo que existe!

Asociación Canal LiteraturaVete sin miedo, llévate una rosa.
Yo intentaré pensar en otra cosa,
y aunque nadie lo sepa estaré triste.

Marcelo Galliano
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