Solita. Por María del Mar Hermoso

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Al amanecer del siguiente día fuiste a recoger verduras al mercado, como tantas otras veces habías hecho acompañando a tu madre. Rajash te sonrío al verte, todavía somnolienta y con ojos de gato asustado; se acercó a ti y te metió unas zanahorias y unos berros en el cesto, mientras te decía: «Cuídate mucho, Ajaya, pórtate bien. La diosa Lakshmi te dará prosperidad.». Tú le respondiste con una inclinación de cabeza y las manos unidas en señal de paz. Después, se alejó. Seguiste andando un rato, por si alguno de los fruteros se acordaba de ti, de tu familia y, apiadándose, te regalaba alguna fruta. Tras más de dos horas vagando, te marchaste a casa con tu comida en el cesto.

Todos en Mumbai sabían de tu desgracia y se giraban al verte pasar. Tus amigos se acercaban a jugar contigo, como habían hecho siempre, pero tú tenías que negarte y salir corriendo. No quedaba más tiempo para los juegos. Y con paso ágil, avanzabas entre las multitudes de hombres y mujeres; unos, andando; otros en bicicleta; los más afortunados, en ricksaw. «¡Cuánto te habría gustado montarte en uno y viajar lejos, muy lejos, más allá de la ciudad, más allá de la capital, hasta el mar, y subirte en uno de esos barcos grandes donde se habían marchando tus tíos y primos varios años atrás, a la tierra prometida!»

Cuando quisiste darte cuenta, ya estabas ante el gran palacio. Diste la vuelta y entraste por la puerta de servicio. La jefa de cocina te recibió enfadada. «¿Por qué has tardado tanto? El hambre de los señores no espera a una pobre sirvienta huérfana. ¡Deberías darles las gracias por haberte recogido en su casa! Llévales la bandeja con pollo al curri. ¡Llevan un rato esperándote!» 

Le pediste perdón; le diste la razón, y también las gracias, porque prometió no hablar mal de ti al amo.

Es el destino de los niños sin padre, de las niñas sin madre.

Y entraste en el gran salón para servir el almuerzo a los señores, unos ricos comerciantes de seda cuyos hijos, de pocos años más que tú, te miraban con gesto altanero.  Al terminar, pediste permiso para volver a la zona de servicio. Atravesaste el largo pasillo, cubierto de una alfombra persa en tonos rojizos, rosas y verdes sobre la que tantas veces habías bailado cuando nadie te veía, contoneando las caderas al escuchar la música hindú que los hijos ponían en sus habitaciones. «Mmm, mamá, ella sí que bailaba bien la danza del vientre», pensabas para ti; era la única tregua a la autocompasión que te permitías, pensar en tu madre y en sus palabras, tan nítidas y dulces en el recuerdo: «´Tú eres mi hijita querida, Ajaya, la invencible. Si alguna vez estás triste, baila como yo te enseñé. Y piensa que yo estaré siempre contigo, y te ayudaré a seguir adelante  desde mi otra vida hasta que volvamos a encontrarnos. No tengas miedo, ¿me lo prometes, hijita?» «Si, mamá.»
Al entrar en la cocina, que tenía una de las paredes llenas de estantes con especias de todos los colores y usos imaginables, cogiste el montón de ropa sucia y, con paso rápido, saliste del gran palacio y la llevaste a lavar a los grandes lavaderos de Mumbai, serpenteando entre las calles, que olían a flores, a incienso, a esperanza en un mundo mejor que, sin duda,  habría de llegarte un día.

María del Mar Hermoso
Derechos registrados

La dama blanca. Por Francisco Gragera

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Blanca dama que con suaves susurros
invitas al dulce placer de lo imposible.
Dueña de la noche y la penumbra,
mutante en los entresijos del que más puede,
para tragedia del que dibla a la vida en cada instante.

Invitas al que llega siempre deprisa,
y le sorprendes con el color de lo inmediato.
Pintas paraísos de  colores delirantes,
y cuando toda tu obra está acabada
muerdes lentamente
para que el vacío sea el precipicio, del que a diario
se alimenta de tu blanco polvo maldito.

Francisco Gragera

Anciano. Por Salvador Pliego

Tendrás las pupilas de la tierra
y el clamor dulce y blanquecino de tu historia.
Yo nada tengo sino tus ojos tristes.

Por sobre la orilla, el camino,
la taberna en que se beben los luceros
en el descanso de tus viajes
y la mochila de años recorridos.

Vendrán desde tus ojos
los panes y las ollas de un caldo de recuerdos.
Pero, yo nada tengo sino tus ojos tristes.

Y en el silencio de los cántaros
un río a su orilla le humedecerá sus hortalizas,
así como tus ojos al barro le llenarán de vida.

Pero, nada tengo y nada encubro.
Viviré y limpiaré mi vida con la vida.
Y en el recorrer del siglo,
plantaré tus ojos en los míos
y tus manos en mis huellas.
La isla de los años socavará la sed de mi garganta.

Me dirás: camina…
Y otra vez mi boca sembrará su primavera
recorriendo lo que seré y lo que he sido.
Pero, en los ojos de mi alma nada tengo…
sino tus ojos tristes.

Salvador Pliego
Blog del Autor

La eterna conciencia. Por Juan A Galisteo Luque

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Volverá una noche
de niebla cubierta
y una inmensa duda
golpeará tu puerta.
Hurgará celosa
tu mente despierta
y sin decir nada
será tu respuesta.
Ella, que no obliga,
lanzará una queja
con voz tenebrosa,
y en la sombra oscura
de ese gran silencio,
la tendrás presente
cerca de tu reja.
Cruzará despacio
tu luz, tu querencia,
y en la larga noche,
su viva presencia,
llegará al abismo
de tu pensamiento,
con gran diligencia.
Sin ser la amargura,
sin ser la inocencia,
el presentimiento
traerá del pasado
su eterna vivencia,
y cerca, en tu almohada,
marcando en tu mente
su huella imborrable,
sentirás que habla
con firme coherencia,
esa, que ya sientes
cual fuerte martillo
golpeando tus sienes;
-La eterna conciencia.
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Juan A Galisteo Luque
Del poemario: Romances en la penumbra.Derechos registrados
Blog del autor.

Adelanto electoral. Por Julio Cob Tortajada

El pasado 22-M en unas elecciones municipales el pueblo español mostró de forma clara y rotunda, es decir, inequívoca, su manifiesta desafección por el partido de gobierno y al mismo tiempo por el político que lo preside, así como su inclinación en el voto a favor del Partido Popular, no sólo para encomendarle su ejercicio de gobierno en los municipios españoles, sino también en las Comunidades Autónomas donde se celebraron los comicios en las que su victoria fue abrumadora.

Sin duda alguna, la invitación a la disolución inmediata de las Cortes Generales y convocatoria de nuevas elecciones era más bien un mensaje implícito y explicito dejado sobre la mesa de la Moncloa que Rodríguez Zapatero rechazó de plano.

Seguro que por falta de su dignidad que no por su desconocimiento de la historia, a la sazón ante un hecho semejante de hace ochenta años, haciendo oídos sordos en esta ocasión al clamor de las urnas. Por lo que optó por mantenerse en el poder urdiendo una hoja de ruta que proclamaba como nuevo candidato a Presidente de Gobierno a un siniestro personaje sobre el que recaen las más desvergonzadas tramoyas del socialismo español de los últimos treinta años, tanto en cuanto ha utilizado para sus fines, tanto a las Fuerzas de Seguridad del Estado como al Poder Judicial. Por supuesto, en exclusivo beneficio de su propio partido, que no de los intereses generales de la Nación. Que quede bien claro esto, tan clarito como el agua pura y cristalina, aunque lo nieguen quienes beben de fuentes turbias a cuyo hedor tienen mono.

Sólo por el bien de los españoles y por la recuperación económica que ya nos evidencia, la culminación de la legislatura hasta su fin es lo que nos ha estado vendiendo ZP desde el pasado 22-M, ratificado a la postre por los primeras espadas del PSOE hasta apenas hace unos pocos días, como es el caso tanto del Ministro Jáuregui como en el de una diputada de colmillo retorcido apellidada Valenciano, que acusaban ambos de temeridad y de peligro nacional el adelanto electoral.

Sin embargo, y en propia boca de quien nos ha estado mintiendo en los ya largos últimos siete años, le hemos escuchado que el anuncio de su adelanto lo tenía decidido desde hacía tiempo, por lo que sus embustes e incertidumbres, siempre parejos, son una muestra más de su auténtico talante, por si duda alguna hubiere.

Imposibilitar en su anuncio que los próximos Presupuestos Generales sean confeccionados en el momento que corresponde, no habla en favor de quien se dice preocupado por la actual situación económica, sino más bien parece una frivolidad, una más de las muchas de quien nos va a seguir gobernando hasta finalizar el año. Y que de haberlo hecho en su momento y a demanda de la sociedad, la pérdida de todos estos meses no se hubiese llevado a cabo.

¿Será su última maldad? De seguro que no.

Mientras tanto, Rubalcaba, coincidiendo con Rajoy, nos anuncia su deseo de “que hay que cambiar muchas cosas” para una sociedad mejor.

¿De qué va este hombre?

Julio Cob Tortajada

Colaborador de esta Web en la sección «Mi Bloc de notas»
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Odiarte podría. Por Marcelo Galliano

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Anhelo esta noche tan triste de marzo
…–con cielo hilvanado de estrellas pequeñas–
pensar que en mis letras mis penas esparzo
culpándote de ellas cual si única dueña.

Tal vez, inclusive, con versos odiarte,
borrarte la boca, los ojos, las manos,
perderte en la nada, jugar a olvidarte,
soñarte bien lejos, robarte el verano.

Mas siempre la pluma, que el buen dios maneja,
retoma el sendero y entonces sucede:
le quita a la angustia temible su reja,
enjuga mi vista, mis labios excede;

y cantos enhebra mi voz ya dormida,
te nombra cercana, me arranca la duda,
se esfuman mis ganas de llorar en rima
y, entre las estrofas, te siento desnuda.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Imagen: Cuadro de Xie Chuyu
Blog del autor.