El duro sexo débil. Por Marisol Oviaño

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Las mujeres llevamos el instinto de conservación de serie, y esto trae aparejada la necesidad de cuidar de otros más débiles: niños, hombres heridos, enfermos, ancianos.
Qué bonito suena ¿no?

Pero nadie te explica la otra cara de la moneda: hay débiles que pueden convertirse en un lastre que amenace con hundir a toda la familia. Puede ser tu pareja, alguno de tus hijos o tus hermanos, incluso tu madre y tu padre. Personas a las que quieres y a las que no deseas ningún mal, pero que suponen un serio peligro a bordo: han perdido todo instinto de supervivencia, y esperan a que te des la vuelta para empezar a abrir vías de agua.

Al principio, el instinto de protección te dirá que los cuides.
Pero no importará cuánto les quieras, ni cuánto intentes ayudarlos, ni cuánto sufras por ellos. Todos tus esfuerzos serán inútiles, e incluso puede que resulten perjudiciales para el resto de la familia.

Y entonces te enfrentarás a decisiones difíciles que no puedes consultar con nadie, porque nadie puede ponerse en tu piel y saber cuánto te duele. Tu corazón te dirá una cosa; tu cabeza, otra; si consultas con amigos, obtendrás tantas opiniones distintas como amigos tengas.

Y al final acabará imponiéndose el instinto de conservación de la especie, que es quien nos mantiene vivos.

Por mucho que te duela, tendrás que librarte del lastre que amenaza con hundiros a todos. Y abandonarás al miembro más débil en un bote con remos y provisiones suficientes para llegar a costa.
Porque tu misión es que la tripulación llegue sana y salva a puerto.
Y llorar
cuando nadie te ve.

Marisol Oviaño
proscritosblog.com

Mi hija. Por Iben Xavier

Mi hija, vale por muchas hijas,
por muchos hijos.
Vale mucho más que todas las mujeres
que me amaron o me amarán.

Vale mucho más que yo en mi ostracismo
o en la cumbre del mundo,
cuando las noches eran interminables
en la grande manzana.

Mi hija no entiende lo que escribo,
pues no hablamos el mismo idioma,
mas nos entendemos en un tercero.

Un día no muy lejano comprenderá mis letras,
al descubrir la lengua de Cervantes.

Mientras tanto yo le escribo,
aunque no pueda leerme ahora.

Asociación Canal Literatura

Iben Xavier

Ser reales, estar presentes. Por Santiago Tracón

?Ángela Trancón Galisteo

No hay tiempo, sólo hay ahora. El tiempo es una construcción imaginaria, una ilusión.
No hay espacio, sólo hay aquí. El espacio es una construcción imaginaria, una ilusión.
El tiempo y el espacio no son más que el pensamiento del tiempo y del espacio.
Ni el ahora ni el aquí tienen límites: no pueden medirse.
Sólo existe lo que existe aquí y ahora. Sólo lo que existe aquí y ahora es real.
El pasado y el futuro no existen, sólo son imaginarios. No puedo hacer nada luego ni antes ni en otro lugar que no sea aquí. Todo lo que puedo hacer sólo lo puedo hacer aquí y ahora.
Si no hay tiempo no hay continuidad. Si no hay espacio no hay solidez. La continuidad y la solidez son construcciones mentales, imaginarias.

Vivimos sumergidos en el espacio, absorbidos por el tiempo, preocupados por la continuidad y atrapados en la solidez. Vivimos en la mente, o sea, dentro de las imágenes mentales que hemos construido de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Las construcciones de nuestra mente absorben toda nuestra energía y atención.
Las imágenes son reales en nuestro cerebro, pero el contenido de esas imágenes no es real fuera de él. Esto significa que hemos quedado encerrados, encapsulados en un mundo interior imaginario.
Este mundo imaginario, sin embargo, no se sostendría ni tendría permanencia ni continuidad si no fuera al mismo tiempo sostenido, alimentado y reforzado por la actividad mental de los demás. Entre todos construimos el mundo imaginario en que vivimos. Ese es nuestro poder, pero también nuestra limitación y nuestra cárcel.

Para romper esta limitación, el primer paso es tomar conciencia de la trampa, de la ilusión, de la absorción en nosotros mismos, en la actividad interna de nuestro cerebro. Luego, comprender que todo cuanto vemos y pensamos es de naturaleza imaginaria y, por tanto, no tiene ni solidez ni continuidad, ni duración, ni extensión. Que todos estos conceptos son, como diría Espinosa, “entes de razón” y “entes de la imaginación”; no atributos de la realidad, sino la forma como tiene nuestra mente y nuestra imaginación de construir la realidad que nos rodea.

Que no hay tiempo, ni espacio, ni continuidad, ni extensión, ni duración, ni permanencia, ni solidez, sino sólo energía y conciencia, es algo que comprobamos al observar el contenido último de la realidad, lo que hay más allá del átomo, o sea, la realidad subatómica. La física cuántica ha tratado de explicarlo a partir de la observación de esa realidad cuántica. No se trata, por tanto, de una ocurrencia más o menos original, por más que sea una evidencia anti-intuitiva y contraria a lo que elaboran nuestros sentidos.

La sensación de que no somos reales, de que vivimos dormidos, de que somos incapaces de estar en el presente, nace de la “irrealidad” de esas construcciones de nuestro cerebro en las que hemos quedado atrapados. Paradójicamente, lo que hemos construido como sólido, continuo, permanente y duradero (incluido nuestro yo), no nos da la sensación de ser verdaderamente reales, no nos otorga la claridad ni la conciencia de ser y existir realmente. Una prueba de ello es que es que no nos creemos que realmente vamos a morir de verdad, de una vez y para siempre.
Sólo tratando de eliminar de nuestra mente el tiempo, el espacio, la solidez y la continuidad, podemos abrir una pequeña puerta por la que entre otra luz, otra claridad, otra sensación de realidad. Cuando se diluyen los límites del mundo, del espacio, del tiempo y la solidez, el mundo se vuelve más real y transparente.

En estas fechas, libres de horarios, obligaciones y rutinas, es más fácil intentar vivir esta experiencia de discontinuidad, de parar el tiempo, de diluir la solidez, de elevar la conciencia de ser, de sentirnos más reales y presentes. Lo más difícil, y lo más necesario para vivir esta estimulante experiencia, es liberarnos de la presión de los demás, de esa fuerza gravitatoria que nos amalgama con la mente de los otros, hasta el punto de creer que no existe más mundo que ese que construimos y mantenemos en nuestro cerebro.
Sólo liberando la energía y la atención que queda atrapada y absorbida por esa construcción e interpretación mental y social del mundo, a la que llamamos realidad, podremos atisbar un poco de la auténtica realidad y esencia del mundo y de nosotros mismos, eso que está más allá de la realidad mental e imaginaria en que vivimos (y malvivimos).

Santiago Tracón
Blog del autor

(Foto: Ángela Trancón Galisteo ?)

misestornudos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

.Me ocurre muy a menudo.
Cada vez que estornudo, en lugar de escupir ese desagradable ruido, inundo todo de besos…
No puedo salir a la calle cuando hace frío, ni cuando hay demasiada luz. Cualquier cambio en mis sensores olfativos me produce un gran estornudo y claro, miles de besos salen disparados de mis labios instalándose en todas las partes del cuerpo de las personas que están cerca de mi.

He pedido consejo al panadero porque él utiliza mucho amor en su profesión y me ha dicho (insistiendo) que cuando esté resfriada vaya a su panadería, que él se encargará de guardarlos en un saco para aprovechar la sustancia dopamínica que liberan.

No es mala idea, he pensado que si fabricáramos pan con esa hormona, la gente sería más amable y podríamos crear una factoría de aprovechamiento de energía besual (esa palabra me la he inventado yo pero al panadero le ha gustado y a mí también).

Aunque creo que el panadero me hace trampa
porque cuando yo estornudo,
él se pone muy cerquita mía.
Y yo creo
que me roba algunos besos,
sobre todo,
los que se le quedan
pegados
a la boca.

.

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Camino de tus labios. Por Marcelo Galliano

Como el mar en la arena, de puntillas caminan
tus labios en mi boca con ansias de besar,
pero en mi boca misma su paso no terminan
por eso con premura comienzan a bajar…

Y entonces en mi cuello percibo el cosquilleo
que al instante en mi pecho voy a reconocer,
y casi ansiosamente presiento aunque no veo
que pronto allí en mi vientre los notaré caer.

Y después -¡qué decirlo!- la preciosa fortuna…
esa que no pensaba ni la promiscua luna
que mira la liturgia detrás del ventanal.

Y allí abajo mi entraña su elixir desperdiga,
y me llega el momento de la dulce fatiga
luego de haberme roto como un frágil cristal.
Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Imagen:Cuadro de Rob-Hefferan
Blog del autor.

Jazmines de cuatro cielos. Por Salvador Pliego

Cuatro jazmines se abren
a plomo de sol que arde,
y los cuatro parecen fundirse
en un molde que crispa a la tarde.

Pan para tus ojos,
de la harina de la acera
y del reflejo de los vados.

Cuando llueve sal y levadura,
y se fermenta entre harapos,
se refina en las manos
un costal de polvo y llanto:
manecitas de jazmines,
azafrán corre en tus pasos.

¡Nadie dijo que eras malo…!
Pan para tus ojos,
pan para tus manos,
pedacitos de migaja
amasándose en tu rostro.

Hogaza de cal y arcilla,
carente de amparo y mama,
retuerce tu ansia de hambre
y parece ser un abrigo
en canasta de mimbre ajado.

Cuatro jazmines se abren
y cuatro llevan tus ojos:
las manecitas les cubren
tapándoles el desnudo pecho,
vistiéndoles al sentir el frío.

Pan para tus ojos,
pan para tus iris niños,
teleras sobre tu cuerpo
que hielan tus piecitos.

Cielo de roca y manta
que le llamaras averno,
cuando jazmines brotaron,
los cuatro fueron de invierno.

Con tus bracitos cargados,
con tus hogazas marchando,
los cuatro jazmines voltearon
mirando al mismo cielo:
¡Yo no soy malo…!

Pan para tus ojos,
pan para tus manos,
para tus ojos despiertos
con los jazmines vistiendo.

Cuatro jazmines de cielo,
frazadas de lama y fango;
cuatro jazmines de amparo
con un mendrugo en el bolso.

Pan para tus ojos
cuando te sepas viviendo,
cuando cuatro jazmines lleven
hogazas de masa y cielo.

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Salvador Pliego
Blog del Autor

Delicias y secretos en Manhattan. De Olivia Ardey

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El libro
Boston, 1919. Laura McKerrigan-Montero conoce el destino de cualquier chica de su posición: casarse con un buen partido que convenga al negocio familiar.

Pero Laura tiene un sueño: aprender alta repostería con el afamado maître pâtissier del hotel Taormina. Y, con la excusa de estudiar francés, convence a su severo padre para que le permita residir en Nueva York durante tres meses.

Convertida en Laura Kerry, viaja a la ciudad de la libertad; la misma donde un desconocido la volvió loca con sus besos. Laura no imagina que, en ese Manhattan divertido y fascinante, volverá a encontrarse con él. Aunque ahora ella es una camarera y descubre que ese hombre irresistible es Kenneth Callahan… su jefe.

La inminente Ley Seca llevará al hotel desconfianza, peligros y amenazas. Entre los empleados se esconde un traidor y todas las sospechas recaen en Laura. La mujer por la que Kenneth estaba dispuesto a marcharse de Manhattan y dejarlo todo.

La autora
OLIVIA ARDEY nació en Alemania, pero al poco tiempo su familia se trasladó a Valencia, ciudad donde reside con su marido y sus dos hijos. Lectora apasionada desde la infancia, vive entre libros, ya que trabaja en una biblioteca de barrio.

En el año 2009 debutó con la novela Dama de Tréboles, un western romántico de género histórico, que fue publicada por la editorial La Esfera de los Libros como obra escogida para inaugurar la colección Romanticae. Ese mismo año publicó Como una tormenta, relato que formó parte del libro colectivo “Jeckyll & Hyde, seis visiones románticas” (Ed. JNR).

Varios relatos cortos de la autora han sido galardonados en certámenes literarios. De entre ellos, Entre las aguas y el cielo fue publicado en la Revista Medieval (Ed. Toisón) en 2009 y La chica de la isla en la Revista Entropía para el fomento de la lectura (Ed. Entropía) en mayo de 2011. Su relato A Medianoche ha sido traducido al italiano y verá la luz en los próximos meses en la revista italiana Romance Magazine.

La autora colabora asiduamente con artículos y relatos en diversos sitios web españoles, argentinos e italianos dedicados al mundo de las letras. También ha publicado obras cortas en las revistas digitales Romántica’s y en Artesomos, donde tiene una columna fija.

Ha participado también en diversos eventos literarios. Impartió una conferencia como autora invitada por la Universitat Jaume I de Castellón, en 2010. Fue ponente en la Mesa de novela romántica escrita en español, en las Jornadas de Novela Romántica celebradas en Sevilla en 2009. También participó como ponente en la Mesa “El romance histórico”, dentro de las Jornadas Yo Leo RA celebradas en San Sebastián de los Reyes (Madrid) en febrero de 2011. Y en marzo de ese mismo año, fue invitada por el Taller literario de FNAC Valencia a participar en la conferencia-coloquio “Tres escritores, la experiencia de escribir y publicar” junto a los autores Eloy Moreno y Raúl Ariza.

Con esta nueva novela, Delicias y secretos en Manhattan, Olivia Ardey sin duda ve consolidado su merecido lugar en el género romántico, gracias a la solidez de su prosa y sus inéditas tramas.

Éride Editorial. Colección Letra eNe.
Blog de la autora