La buena vida. Por Miguel Pérez de Lema

 

No es de ahora, el malestar viene de mucho antes, de los 70, de la primera crisis del petróleo. Hubo, desde la posguerra mundial, un mundo continuamente próspero, inocente y confiado, que casi no vivimos, que vivimos en lo más hondo de la niñez y es nuestro paraíso. Era la buena vida. Eran familias numerosas y madres jóvenes y padres que llegaban mucho más lejos que la generación anterior, sin apenas proponérselo.

Y luego se jodió todo. Subieron demencialmente los precios y se redujo el empleo. Y se perdió la inocencia. El mundo que funcionaba se fue parando, descomponiendo, envileciendo. Aquel mundo con un padre y una madre en cada casa, con seguridad absoluta en el empleo, con buenas escuelas, con disciplina en el consumo, con vecinos amables y casi como de la familia. Una vida, en suma, con fe, esperanza y caridad, que ya ha sido corroída totalmente por el sarcasmo de la posmodernidad y sustituida por la nada del presente.

Por eso, sólo nos queda desear un rápido final de este largo final, y quizá, si hay suerte, nos toque vivir un nuevo consenso, y una nueva prosperidad, aunque lo veo difícil.

Miguel Pérez de Lema

proscritosblog.com

El llanto de los pobres. Por José Francisco Mejía

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Injusticia, desesperación, llanto
Ira, impunidad a la orden del día
hombres incompetentes que forjan
cada día, un mundo mas injusto.

Sin medicinas, como en la ley de la selva
¡oh! Llanto que lastimas, y das
latigazos que el corazón fulminas
susurras al viento y gritas al cielo.

Impotencia que desesperas
llanto que frustras
pánico que hostigas y
de cuello blanco delincuentes

¡oh! Títeres que se venden, y
fornican con la justicia
no les importa el llanto del pobre
ni dejar sin pan al mas desposeído.

Valientes y con valores
forjaran un mundo mejor
porque nosotros hemos de morir
¿en que mundo vivirán?

¿En uno más justo?
benditos son aquellos
que no les roban el desarrollo a sus países
y enarbolan la bandera de la honestidad

Sensibilidad, amor, honestidad
como tinta indeleble
en el corazón de nuestros hijos
solo así el mundo cambiara.

José Francisco Mejía Ramírez

Miembro de la: Sociedad Literaria de Honduras.
Red Internacional de Escritores (España- RIET)
La Unión de Escritores del Caribe y del Mundo.
Del Diccionario Latinoamericano de Poetas, con sede en Bogota Colombia.

Los obreros. Por Salvador Pliego

I

Donde se amartillan en láminas las lágrimas del hierro
y las ámpulas abren sus calderos
al golpe firme del acero,
alzan las sirenas sus ojos,
sus rezos a los huesos taladrados,
y los pulsos de las vigas, en chispas rojas derretidas,
recogen las sombras de todos los lamentos
para que en sus botas, descalzas de casquillos,
griten las almas el gemir de los obreros.

II

Levantareis los estruendos de torretas,
los dedos vencidos por las fraguas y carbones,
los años en meses sudando medias horas,
las dulces Marías de las trenzas en el metal amortizadas.

Alzareis, digo, dientes, armaduras, cascos,
a las puntas altas del hornillo,
y de las ollas brotarán las contraseñas humeantes
por sirenas y fusiones derramadas,
llamándoles a ser los punzones eximidos.

Id, os digo, al asalto de la tierra, obreros,
a ponerle águila a la mira
y al águila un peto descubierto.
Salid de las bigornias sin fatiga
al ancho corredor de este mundo,
donde los ácidos se arden,
llamándose: utensilios, hombres, vino.

Vosotros, paladines, que a los ciervos orbe les reparten
y a la nada entregan su rodada,
porque hablasteis de honra con las pinzas
y al formón la dignidad templasteis, os digo:
Repartid las horas y los tiempos,
los guantes y las manos,
los cielos de nudillos y talleres;
fabricadnos en calderas hornadas por música de siglos,
dejadnos esa marca mecánica de calma,
esa rúbrica de acuerdo en nuestra espalda.
Y contad a todos, a todos por millones;
de uno en uno y pares, cada cual como punzones,
hasta que el kilo al gramo le sature,
hasta que el hígado a la gota le obnubile,
hasta que las fábricas desmoronen nuestras pieles
y sean rehechas con bosquejos de orfebres.

Tocad sirenas, obreros sin telares,
paladines metalúrgicos de mil fogones:
la manufactura fluye en serie.
Tocad las arpas minerales,
los follajes y sus luces,
los rincones encendidos del futuro.
Tocad hasta la muerte que vive haciendo muerte
y pide ser precoz antes del tiempo.

¡Id a despertar a las águilas de bronce,
a los cóndores de curio, a las sílabas de bromo!

¡Acerad los moldes esqueléticos del hombre!

¡Platicad del hierro emblandeciéndose en las calles!

¡Juntad a los metales, unid a las calderas,
y con una antorcha prometeica,
encended el fuego más humano en los pechos inmortales!

III

Un overol se ensambla a la línea
y se libra de su cinturón porta-herramientas;
su manga desarma la mesa giratoria
y las máquinas le miran asombradas.

El overol desmonta las calderas
y un río se desboca incandescente.
El río señala a las mangas
y los robots observan inquietados.

El overol desintegra su taladro
y al martillo lo aturde hasta quebrarlo.
La piedra, que chilla confundida,
recoge sus pedazos y se oculta.

El overol quiebra el rotor
y deja el ensamblaje sin turbina:
la línea muere, la fabricación exhala el último respiro.

El overol, de su manga, saca una mano y la extiende;
su índice apunta y señala al big bang que se contrae.
Le toca con el dedo…
El universo emerge y la creación florece.

Salvador Pliego
Blog del Autor

Que hable ahora. Por Mercedes Gómez Ballesteros

Al cura se le atascaron las palabras: calle, para, siempre en plena glotis y a punto estuvo de ahogarse. La madrina cayó desplomada arrastrando al suelo al padre de la novia, que elevando el índice ordenó la detención inmediata del sujeto que objetaba infidelidades previas desde el coro. El sujeto en cuestión soltó el orgullo antes pregonado tras el órgano y huyó amilanado. No hubo boda. Dos años después, durante el juicio, rebrotó el escándalo. Harto de gritos el juez lanzó el birrete contra la suegra que estrangulaba al malogrado novio, falló el tiro pero atinó en la cabeza de la prima Esperancita, que sin querer escupió una palabrota sobre el abogado que tomaba el tercer lexatin de la mañana. En el silencio sobrevenido se escuchó a la bisabuela Basilia decir al acusado: Hijo, ¿finalmente le dijiste a tu prima que a su novio le gustas tú?
Asociación Canal Literatura

Mercedes Gómez Ballesteros
Finalista del Certamen de microrrelatos abogados de julio 2011
Fuente: Taller Literario.net

Última voluntad. Por Brisne

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Me hizo prometerle en el lecho de muerte que esparciría sus cenizas en lo alto del monte. Jugaban allí de niños.
Ascendimos lentamente. Estabamos los dos, su hermano y yo. Mirando al horizonte.
Nos sonrío cuando marcho hacia la nada.

Las nubes, majestuosas, nos daban la despedida.

Cuando bajabamos de la mano, un rayo fulminó a mi cuñado.

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?Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«

Blog de la autora

Destellos del alma. Por Juan A Galisteo Luque

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Dicen que el alma no existe,
dicen, que no existe el alma,
que es solo un vano capricho
que inventó la especie humana,
sin embargo, sigue aquí,
eternamente callada,
arrancando a la conciencia
tanta promesa olvidada.
El alma es como una luz,
que permanece encerrada
en el espejo del cuerpo,
que nunca, nunca se apaga,
un destello permanente,
que ilumina tu mirada,
la que tus sueños culmina,
resplandece y te reclama.
Es la esencia de tu ser,
tu pensamiento, tu calma,
es tu decisión, tu duda,
tu alegría y tu esperanza.
Dicen que cuando nacemos,
venimos todos sin alma,
y que también al morir
todo queda en eso, ¡nada!
Que es solo un vano capricho,
que inventó la especie humana
necesitada de credo,
o tal vez, por arrogancia.
Sin embargo, allá en el cielo,
cuando extiendes la mirada,
las estrellas con su brillo,
parecen, parecen almas,
en lo eterno de un abismo,
que nunca, nunca se acaba.
——-

Juan A Galisteo Luque
Del poemario: Romances en la penumbra.Derechos registrados
Blog del autor.

En donde se besan lo ilógico y la razón. Por José Francisco Mejía

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Nadé por su pecho y
surqué el océano de la pasión y llegué
hasta donde se besan lo ¡ilógico y la razón!
¡Justo allí! en donde el tiempo se detiene, y el mismísimo
se jacta de ser ¡sublime y eterno!

En donde surgen ¡las altas temperaturas!,
en donde ¡tiemblas!, tiemblo, canto, sonrió
amo, ¡sueño! ¡sueñas! ¡amas! ¡corazones agitados!
te beso, me besas y así como los ríos en
el invierno ¡se desbordan!.

Así también florecen los campos,
porque las estrellas empapadas de sudor
brillan más en la oscuridad, ya que la noche
tuvo demasiada agitación.

¡No te detengas! ¡Sigue!
enséñame tu fuerza, tu poder, muéstrame el
camino y te juro ¡iré tras él!, continua llenando los campos
que las flores crezcan con mas brillo
que la soledad ¡viaje sin retorno!

Que los pájaros naden en vez de volar,
pero que tu amor ¡jamás se separe de mí!,
déjame para siempre escuchar los latidos, nadar,
cantar, soñar, amar y ser como el águila que
majestuosamente despliega sus alas y ¡felizmente vuela!

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José Francisco Mejía Ramírez

Miembro de la: Sociedad Literaria de Honduras.
Red Internacional de Escritores (España- RIET)
La Unión de Escritores del Caribe y del Mundo.
Del Diccionario Latinoamericano de Poetas, con sede en Bogota Colombia.