Los caníbales de Iván Humanes Bespín


El libro

Desde el humor negro y lo fantástico instalado en lo cotidiano, en los relatos que conforman Los caníbales se da cita un canibalismo evidente y carnal -el de sangre, cuchillo y dientes afilados- pero también otras formas de canibalismo, con menos hígado, pero también dañinas y voraces. La familia, el gobierno, la empresa, el pasado, las relaciones sentimentales, etc. son caníbales. A su modo, devoran al individuo y acaban con la identidad, la deforman.

El autor
Iván Humanes Bespín, joven escritor nacido en Barcelona (España) en 1976. Se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona, comenzó y abandonó la carrera de Filosofía. Ganó el XVI Premio de narraciones cortas «Ciudad de Jerez» (2003) y el XIII Premio «El Fungible» (Alcobendas, 2004). Durante estos años ha obtenido otras menciones y ganado otros premios en varios certámenes de narrativa corta. Ha participado en obras colectivas (Así escribo mi ciudad, 32 maneras de escribir un viaje, Grafein Ed.; Poesía Española Contemporánea, Nueva Poesía Hispanoamericana, Lord Byron Ed., etc.).

En 2005 publicó el libro La memoria del laberinto (Biblioteca CyH), que consta de diecinueve relatos cortos, y en 2006 el ensayo Malditos. La biblioteca olvidada (Grafein Ed.), del que es coautor.

?LOS CANÍBALES
Iván Humanes
ED. LIBROS DEL INNOMBRABLE
Biblioteca Golpe de Dados
ISBN: 978-84-92759-43-9
210 páginas
Zaragoza. Octubre, 2011

Oración. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Yo creo en ti.
.

A ti,
que me levantas
la falda
del olvido
aunque este
otoño caprichoso
nos traiga
cenizas de frío.

A ti,
que me muerdes
los pechos
del recuerdo
aunque a veces
este húmeda
de hastío.

A ti,
que me llenas
las sábanas
de sudor y
de nostalgia,
de saliva y
y de gemidos,
aunque a veces
las lave
con olvido.

Y a ti,
que me desordenas
la pasión.
y
(que complicado final
tan sencillo)
que tu sonrisa
me enloquece.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Foto:Pedro Jesús Camacho

Una historia de 1990. Por Santiago Tracón

Revisando uno de mis antiguos cuadernos encontré esta breve historia que lleva la fecha de 17 de noviembre de 1990:
Me cuenta que siendo ella niña, un día se puso a buscar a su madre por toda la casa y no la encontró. Preguntó por ella y le dijeron que no vendría. No lo creyó, y se puso a esperarla a la puerta de la casa. Se quedó allí mucho tiempo, sentada en el suelo. Nadie podía hacer que entrara en la casa. Llegó la noche y continuó allí, esperándola, hasta que se durmió. Volvió preguntar por su madre al día siguiente y le contestaron lo mismo. Ella tampoco les creyó y volvió a sentarse a la puerta de la casa a esperarla. Y se durmió de nuevo y pasó allí toda la noche. Al día siguiente volvió a hacer lo mismo, y al siguiente, y al siguiente, así hasta que se convenció de que no volvería. Al cabo de un mes, su madre volvió del manicomio. No reconocía a sus hijos, a ninguno de sus cinco hijos. Entretanto, su padre tampoco aparecía casi nunca por casa. “Andaba borracho con alguna de sus queridas vete tú a saber por dónde”, me explicó.
Recuerdo ahora a esa niña, la imagino en la puerta sentada, acurrucada como un pajarillo, obstinada y enfurecida, conteniendo las lágrimas, aprendiendo a sufrir la ausencia, la pérdida real y simbólica de la madre, preguntándose por el orden y el sentido del mundo, incapaz de encontrar una respuesta. ¿Quién, de niño, no recuerda haber esperado inútilmente algo? La veo a ella, aunque no la conocí de niña, pues cuando me contó esta historia ya no era joven, aunque conservaba las facciones de niña. Tenía dos hijos y era profesora de la Universidad, como lo había sido su padre. En contra de lo que podríamos imaginar, ella provenía de una familia acomodada. La miseria humana y moral no es patrimonio de los pobres, por más que nos guste imaginarla siempre, lejos de nosotros, en ambientes degradados. Pues no, a veces está a la puerta de nuestra casa, incluso dentro.

?

Santiago Tracón
Blog del autor

Ajuar funerario. Por Brisne

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Cuando llegué al tanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras.

-Pero mamá, tú estás muerta.
-Tú también, mi niño.

Y nos abrazamos desconsolados.

En Ajuar funerario, Fernando Iwasaki nos presenta una colección de microrrelatos terroríficos. En diez o doce líneas nos trasmite el miedo y el terror. En el prólogo nos advierte que no se lean si uno tiene hipoteca o una vida normal y no quiere despertarse por la noche con el vértigo y el sudor frío que no se lean. Y tiene razón porque estos relatos te dejan pensando, te trasmiten la sensación de los muertos que habitan entre nosotros, que viven y nos hablan de mil maneras. Con ouijas que explotan vasos o colonizando casas. Nos traen en coche como la chica del auto-stop o nos miran llorar en los funerales. Nos hablan en sueños y pesadillas, y simplemente no les oímos porque nuestra vida sigue y preferimos mirar a los ojos de los vivos. En unas fechas como éstas, en las que la muerte se hace presente, en noviembre, me gusta leer de muertos y vivos. Y Fernando Iwasaki me ha llevado a mi día de difuntos de un modo especial, me ha hecho estremecerme de miedo y asombrarme con sus micros, tan bien trabados, tan genialmente llevados, tan sorprendentes en sus últimas líneas. Lo he leído de modo desordenado, en momentos de soledad, abres uno y en cinco minutos lo tienes leído y te quedas pensando, soñando quizá, mirando a la luna, observando el pasillo vacío y callado. Oyes un crujido y piensas si quizá alguno de los muertos te quieren decir algo. Piensas en los libros que se llenan de seres de papel, en las aventuras que quizá el libro pueda llevarte desde la mesilla hasta tus sueños, en las monjas que tienen una cripta justo detrás de tu casa. En aparecidos en sueños, en sillas de dentista, en todo lo que leíste y te hace soñar de noche.
Porque los muertos toman vida en las palabras. Toman vida en nuestros sueños y anhelos. Porque solo vemos una parte de la realidad y es agradable encontrarse con voces en la oscuridad y pensar en sus relatos. ¿Quieren ustedes estremecerse un poco? Lean a comienzo de noviembre libros de lo oculto, está es una buena opción, pero seguro que tiene otras. Coman calaveras de azúcar o lleven flores a los muertos. Pero sobre todo lean algo horroroso que asuste hasta a los espíritus. Mejor en voz alta. Seguro que saldrán corriendo con sangre en los dientes después de haber masticado a Gorgona.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«
Blog de la autora
Ajuar funerario – Fernando Iwasaki – Páginas de Espuma

Poema para Elizabeth. Por Marcelo Galliano

?

He visto a una mujer, sola lloraba
temblando al viento como tenue rosa
que algo mojada y algo vanidosa
con su lágrima añil se perfumaba.

Y lágrima tras lágrima asomaba,
y hasta pensé: “¡por Dios es tan hermosa…
no dejes de llorar mujer preciosa!”,
pero el pensar así me acongojaba.

¿Será tanta belleza dolorosa
o no estará con ella el que esperaba?
¿Será que toda dama es caprichosa?

Qué cruel de mí que no la consolaba,
que no puedo pensar en otra cosa:
¡qué bella esa mujer cuando lloraba!

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano

LAS CUATRO ESTACIONES (III, IV y V). Por Salvador Pliego

III
Otoño

Apenas se descubre,
tela vital o manantial de alas,
en unos ojos que acunan
las interrogantes juntas,
las preguntas ardientes y estampadas
en sentidos aún no descubiertos.

Entonces, el hombre salta al fuego,
desde su propio idioma:
llorando a todos, en un millón de hornos,
descolgándose de los sonidos,
de sus palabras necesarias,
de sus imágenes verbales.

Ofrece su espuma, su aire,
el rojo latido que su sed le apremia,
el bombeo obligado en las corrientes,
en las invisibles latitudes que intiman
dos manos al tocarse,
dos bocas al rozarse,
como si ningún cuerpo existiera
y ninguna niebla náufraga le limitara.

En el otoño que amanece,
extiende esas manos,
y un corazón lleno de laureles
se desparrama junto al viento.

IV
Invierno

En el seno del hombre
busco, para palparle,
ese centro intocado y puro,
la llave de una ruta o el invierno escondido
que despierte en las entrañas
las ardientes travesías,
los legítimos brazos de un tacto ya perdido,
de una vela jamás en el fuego encendida.

Busco lo que a su dolor le llama hijo,
y al niño ahuyentado por los ojos
que no supieron de castigos:
su delicada calma, que no es otra
sino la inocencia contenida
y el golpe de un latido en la arena
donde escribió con sales
lo que su corazón palpara:
el pulso de un sueño y el gozo al vivirlo.

V
Canto multitudinario

Vengo a ofrecer, desde los verdes y los trigos,
desde los pescadores de lunas circuladas
y los blandos puños artesanales del oficio,
el ancho corredor de todas las palabras,
la amplia montura de todos los rocíos,
en la sideral mesa de un sol despierto en el racimo.

¡Yo soy el gran alegre!
Hombre de paz, lejos de mi pecho y cerca de mi sangre;
interrumpido por las patrias y en la flor ya sumergido.
A veces sulfura mi cintura su nitrato
de seda y de violines, su larga alfombra
de niños en mis naves,
su amor de nido y astucia de madera.

Aquí, bajo esta noche convertida en colores,
bajo el pecho aún dormido, que es mi niño
y acude a los carbones con un amor de libertades,
bajo este albergue techado de jazmines,
bajo esta sombra que es luz de genes
y es rostro humano agregándose, agigantándose,
mirándose a sí mismo,
bajo esta bondad de lo silvestre:
¡Venid, cantad conmigo!

Salvador Pliego
Blog del Autor

Señores libreros, por favor… Maribel Romero Soler

Ya sabemos que es difícil publicar, también sabemos que es casi imposible conseguir una tirada grande, que las editoriales apuestan por tiradas pequeñas para después, si procede, realizar reimpresiones. Conocemos igualmente las complicaciones de la distribución de los libros, que llegan a pocas librerías y, normalmente, de alguna zona geográfica concreta, que suele coincidir con el lugar de residencia del autor. Todo esto lo sabemos, pero que además los libreros, los dueños de las librerías, pongan trabas a un cliente que quiere, pide y solicita comprar un libro… Por favor, un poquito de consideración.
Me comentaba una amiga hace unos días que había acudido a una librería de su población (en la provincia de Alicante) para comprar la novela infantil CHARLI Y LOS CINCO PELIGROS. Le dijeron que no la tenían (esto suele pasar precisamente por lo que he comentado antes, tiradas pequeñas, etc. etc.). Ella insistió en que la quería, que por favor la solicitaran. El librero también insistió (sin molestarse en hacer ningún tipo de averiguación) en que eso era muy difícil porque esa editorial no tenía distribución y no sé cuántas cosas más. Cuando mi amiga me lo dijo, le comenté que por supuesto que había distribución (aprovecho para dejar aquí la lista de distribuidores de Edimáter) y le dije además el nombre del distribuidor al que tenían que dirigirse en este caso concreto.
Mi amiga (a la que agradezco mucho el interés que se está tomando) regresó a la librería, les dio el nombre del distribuidor y repitió que quería el libro. Le dijeron que para uno solo que no pedían, que si patatín que si patatán, que los portes eran caros… En fin, que no les dio la gana de pedirlo, porque hasta donde yo sé, los libros se dejan en las librerías en depósito, los libreros no tienen que desembolsar ni un euro, los no vendidos los devuelven y de los vendidos hacen después la correspondiente liquidación. Ya que pedían uno, tampoco les hubiese importado, bajo estas condiciones, pedir diez, y permitir que el libro estuviera ante el público. Un libro te llega, te llama, te gusta o te invita a que lo compres cuando lo ves, lo tocas o lees su contraportada. Un libro en la librería es un reclamo. ¿Cómo podemos dar a conocer nuestro trabajo si los libreros no piden nuestros libros? Quizá sea un problema de espacio, quizá en algunas librerías no quepa ni un ejemplar más, quizá sea un problema de “yo paso, búscate la vida”, y es eso precisamente lo que hacemos los autores, buscarnos la vida, pero por favor, señores libreros, respétennos.
Por supuesto que no hablo de manera genérica, hay libreros que se dejan la piel por ayudarte, que los tienes siempre de tu lado, que te apoyan y te promocionan, hay libreros que merecen un aplauso, pero esta entrada va dirigida a los que merecen un tirón de orejas. Seguro que a alguno de vosotros os ha pasado alguna vez. ¿Verdad?


Maribel Romero Soler
Blog de la autora