La tele de mi padre. Por Rafael Borrás Aviñó

A mi padre siempre se le dieron bien las manualidades. De niño le vi construir los objetos más inverosímiles con papel, su material predilecto. Siendo yo adolescente se presentó a un concurso de papiroflexia. La mayoría de los participantes lo hicieron con creaciones de corte clásico: pajaritas, barcos, animales, casitas y cosas así. Él, en cambio, fabricó a la vista de todos con papel de estraza un televisor portátil de los de la época, con su asa de transporte, dos alambres clavados sobre el techo en forma de V a modo de antena y, para los mandos, botones viejos de chaqueta pegados con Imedio.

Ganó de carrerilla.

Después de fallecer les pedí a mis hermanos que, de entre los efectos personales de nuestro padre, me permitieran quedarme con el televisor de papel premiado, por entonces ya bastante marchito. Lo coloqué en el salón de casa, junto a la moderna pantalla de plasma de cincuenta pulgadas y no sé cuantísimos canales que vampiriza a toda mi familia después de cenar. Yo me siento con ellos en el mismo tresillo, pero algo escorado hacia el televisor de papel pardo, con lo que, inmerso en mi particular velada, acabo inhibiéndome del chisme de plasma.

Al fondo de la pantalla que no tiene soy capaz de distinguir con toda nitidez (y disfrutar) países lejanos, seguir a hombres y mujeres de vidas excepcionales, protagonistas de historias sugestivas y vibrantes. Una noche cabalgo por Etiopía, China o las Montañas Rocosas junto a Marco Polo o Miguel Strogoff, y a la noche siguiente desciendo a las oscuras simas del Pacífico en el Nautilus del capitán Nemo. En otras me siento frente a Bogart a jugar al póquer en un café sembrado de rufianes, bailo con la baronesa Karen Blixen durante una fiesta de Año Nuevo en Kenia, busco por los bajos fondos a un asesino oliendo el tabaco de pipa de Sherlock Holmes o navego a sotavento en el galeón de Barbarroja.

Cuando advierto que no consigo concentrarme, me acerco al aparato y trasteo con cuidado los botones de chaqueta hasta que recupero la sintonía. Y, a menudo, intercalo alguna cabezadita para fermentar las imágenes en mi cerebro y destilar otras nuevas.

Al principio mi mujer no me tomó en serio pese a mis argumentos. Que por mucho que lo intentara no me serviría de inspiración para escribir algo importante (no lo he contado aún porque no hacía falta, pero soy novelista). Aunque al final ha tenido que darme la razón; gozamos de una holgada posición económica gracias a las cuantiosas ventas de mis libros, alabados por sus hallazgos creativos y mis brillantes dotes para la ficción.

Ahora ya nadie en casa cuestiona la rentabilidad de la tele de papel para mi oficio. Hasta tal punto que, cuando alguna noche me quedo más traspuesto de la cuenta en el sofá, siempre hay uno de mis hijos que me da un codazo y señalando la pantalla de pega me avisa: «papá, despierta, que me parece que “te empiezan” una peli cojonuda.»

Rafael Borrás Aviñó
Colaborador de Canal Literatura en la sección « Desde mi sillín»

Gladiadores. Mito y Realidad. De Fernando Lillo Redonet


El libro
En este libro de clara intención divulgativa, mediante el texto de Fernando Lillo Redonet y las ilustraciones a color de Sandra Delgado, conoceremos a los gladiadores antes y durante el espectáculo, así como el impacto de estos combates en el público de ayer y hoy. Antes del espectáculo nos remontaremos a los orígenes funerarios y rituales de este tipo de luchas, entraremos en una escuela de gladiadores para saber cómo eran reclutados, cómo entrenaban y de qué se alimentaban, cuáles eran las relaciones dentro de la familia gladiatoria y qué tipos de gladiadores había con sus principales características. También sabremos quién organizaba los juegos y cuánto podían costar, y muchas otras cosas.
El lector acabará sorprendido al introducirse en un mundo que creía conocer a través de los mitos populares y que presenta una realidad que supera y enriquece la ficción. Olvídense de los pulgares arriba y abajo y de la famosa frase de saludo al emperador y pasen a conocer a los gladiadores como seres humanos con nombres propios, inmersos en un tiempo y en una época que les idolatraba y odiaba a partes iguales.

El autor
Fernando Lillo Redonet (Castellón de la Plana, 1969) es Doctor en Filología Clásica, profesor de Latín en el IES San Tomé de Freixeiro (Vigo) y autor de numerosos libros y artículos sobre el Mundo Antiguo. Ha dedicado varias de sus obras a divulgar la vida cotidiana en la antigua Roma y en ciudades de Hispania mediante sus libros Un salmantino en Roma (1990), Noches Romanas (1991), Un salmantino en Mérida (1994) y Un salmantino en Segóbriga (1996). Ha sido pionero en España en los estudios sobre el cine de romanos con sus obras El cine de romanos y su aplicación didáctica (1994) y El cine de tema griego y su aplicación didáctica (1997). Es autor también de guías didácticas de películas como Gladiator, Troya o Alejandro Magno. Su último libro en este campo es Héroes de Grecia y Roma en la pantalla (2010) en la colección Evohé Didaska. Es colaborador habitual de Historia National Geographic, revista en la que ha publicado artículos y reseñas sobre el mundo griego y romano. En su faceta de escritor es autor de las novelas Teucro, el arquero de Troya (2004), Medulio. El Norte contra Roma (2005) y Séneca. El camino del sabio (2006). Desde hace unos años dirige el Taller de gladiadores de Lillus Maximus, una actividad didáctica que acerca a los estudiantes al mundo de los gladiadores de un modo ameno y riguroso.


Ediciones Evohé
Blog del autor

Examen. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy, lunes, vamos a empezar examinándonos de Conocimiento del Medio (siempre me pareció muy erótica esa asignatura…)

 

Desde el exterior, hacia el interior, podemos dividir la Tierra en cinco partes:

Atmósfera, Hidrosfera, Litosfera, Manto y Núcleo.

(Casi ná…)

 

 

La corteza

de mi planeta

está formada

por esos  

abrazos tuyos

que flotan

descontrolados

sobre mi

manto

-una capa

de material

caliente y

pastoso que

a veces

rompe mi

pecho hasta

formar un

volcán-.

 

Y es allí,

en mi centrotierra,

donde excede

mi densidad y

mi presión.

 

A veces,

si quiero

generarme un

terremoto,

solo he de

moverme

rápido

(sobre o

bajo ti).

 

Ya ves,

amor,

la ciencia

no falla:

el calor

siempre te ha

mantenido

en estado

líquido.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Foto:Pedro Jesús Camacho

Adoro tu abril. Por Salvador Pliego

¿Qué puedes querer tú de mí?
Vengo de un mundo donde nada se indulta,
donde restalla y extingue la tradición,
donde la altura del orbe es mirar el sinfín.

Vengo de un tiempo, que a guisa y a sorbo
de parecerse acaecido,
arde en diciembres desde el primero de abril,
y luego se prende al saberte ocasión,
al saberte apariencia de un día común.

Vengo de ti. Y me acomodo a tu modo,
a tu paciencia de abril,
al desafío que acerca y le vuelve adicción.

Y entre más sé tu modo, entre más sé tu andado,
admiro ese paso que te hace mujer.
Sea que escondes tu bien con decoro.
Sea que concedes un dejo de ti.
Por tanto y tan grande me desatino a tu lado.
Por tan poco y tan lindo me desvarío y disipo.

Acaso tú vienes de un mundo
que al tiempo lo torna en desliz.
Acaso tú al hueco que pintan los ojos
le pasas azoro para verle feliz.

Yo te adoro, risueña de abril…
y también me enamoro.
Te quiero creyente y hallada de ti.
Te quiero añadida a tu suave perfil.
Te quiero de un modo, que en la claridad,
dos bocas contagian, retozan, su nueva humildad.

Vengo de un mundo;
de algún modo, de ti…

Te quiero y te adoro, sonrisa de abril.
¿Qué puedes querer tú de mí?

Salvador Pliego
Blog del Autor

Tierra prometida. Por Iben Xavier

Iben Xavier

Existen diamantes regados de sangre
que visten las gargantas en la Ópera,
mientras los desdichados mineros
fallecen a cientos en las minas.

No importa si se mueren en vida,
las religiones les han prometido el paraíso.

Los cofres del Vaticano se pudren de riqueza,
a cada nación se le ha otorgado un Rasputín.

No se compra el paraíso con el sufrimiento,
para empezar porque el Edén nunca existió.

¿De cuantos mitos necesitamos para abrir los ojos
y darnos cuenta que el verdadero Dios, si acaso existe,
está dentro de nosotros?

Que somos el bien y el mal confundidos
en las aguas turbias de un rio que corre al revés.

Somos los salmones que saltan desesperados
para dejar un huevo que ofrezca una nueva vida
a otros que nacerán desprovistos de obsesiones.

¿Habría esmeraldas en la tierra prometida
de aquellas que no se pueden vender?

La vida siempre será un conjunto de pasiones,
donde pueden subsistir los brillantes,
aunque no se encuentren compradores.

Asociación Canal Literatura

IBEN XAVIER

Quisiera. Por Ana Mª Tomás Olivares

Quisiera no querer quererte tanto

pero quiero quererte, aunque me duela.

Si pudiese quererte con cautela

no sería tan grande mi quebranto.

 

Si al menos fuera dura como un canto

o tuviera la rueda de la espuela…

si pudiera escapar de tu candela

o expulsar de mi vida tanto llanto.

 

Pero es necesario este tormento.

No pienso renunciar a esta ceguera

que me da y que me quita el aliento.

 

Yo busco que te abrases en mi hoguera.

Y más allá de todo sufrimiento,

ser tu tierra, tu mundo y su frontera.

Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Blog de la autora

Mientras dormía. Por Brisne

Sintió un dolor en el pecho, mientras dormía, pero no le hizo caso. Nunca le hacía caso a esas cosas, aunque llevaba tiempo dolorido. Se despertó levemente. Tenía tantas cosas que hacer al día siguiente, un micro que escribir, un viaje a dos semanas preparado. Se giró levemente sumergiéndose en el sueño. Allá a lo lejos vio la calma, la paz, «quédate a mi lado». Y se quedó.

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Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«
Blog de la autora