Inevitable. Por Marcelo Galliano

Hoy verás que se muere todo lo que vivimos,
al igual que el buen vino se termina el amor,
y esto que ansiosamente gustamos y bebimos
dejará en cada boca los restos del dolor.

Será, por qué negarlo, la rosa deshojada
que ni te imaginabas cómo iba a terminar,
porque en el mundo estaba para ser perfumada…
mas derrochó su aroma de tanto perfumar.

Y al igual que esa rosa o ese vino bebido
los años que pasaron los tachará el olvido
con su crayón perverso de ocaso carmesí.

Y todo eso que fuimos lo llevará la brisa,
no guardará la historia ni esa tibia sonrisa
que una tarde de lluvia mentiste para mí.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Argentina

La escalera de caracol. Por Rafael Borrás Aviñó

Saltaba de la cama una vez comprobado que mis padres roncaban y a mi hermano no lo despertaría ni un trueno bajo el colchón. Descalza, para evitar ser descubierta, y en pijama, recorría el pasillo de casa hasta la escalera de caracol. Las plantas de los pies pisaban la madera tibia, y el hormigueo que me trepaba por tobillos y muslos se contraía en un remolino inquietante a la altura de las ingles. Bajo la más absoluta oscuridad Juancho, apenas me deslizaba junto a él, tardaba muy poco en activar mis hormonas y poner en jaque mi cuerpo entero.

Mis padres colocaron una vistosa escalera de caracol tallada en madera de cerezo y barandilla con filigranas de forja negra para conectar las dos plantas; la de abajo con la farmacia de mi madre y la de arriba con la vivienda. También eran unos adelantados a su tiempo e instalaron un innovador sistema calefactor: la temperatura del agua que ambientaba la casa por unas tuberías bajo el suelo enmaderado se elevaba al paso de las mismas por la chimenea del salón.

Pero sólo eran modernos en asuntos energéticos. Cuando mi novio madrileño venía a verme, a falta de habitación tenía que dormir en un catre bajo la espiral de la citada escalera. Ni en sueños iban a permitir el mínimo roce entre los dos que escapara a su censura. A Juancho esa actitud no le preocupaba. Y a mí menos. Éramos dos críos, ahora lo veo así, y el peligro a ser descubiertos añadía un grado más de fogosidad a la pasión, ya de por sí incendiaria, de nuestros encuentros sexuales bajo la escalera.

Un tres de enero, y con la excusa de traernos los regalos de Navidad, Juancho apareció para pasar juntos la semana de Reyes. Y juntos la pasamos, enamorados y felices. Todavía más felices durante las noches. La del sábado iba a ser la última. Después de cenar nos dimos unas castas buenas noches en el salón y fuimos cada cual a su cama. La familia al completo habíamos disfrutado del día en la playa. Por la tarde, y mientras hubo sol, jugamos a la pelota con mi hermano y sus amigos, y luego Juancho y yo paseamos amartelados por la orilla. Me excitaba sobremanera que susurrara en mi oído el guión que tenía preparado para el catre. Como anticipo, antes de volver nos besamos entre las rocas de la escollera hasta que se nos puso la boca como un pimiento morrón. Leer más

Dos amigos. Por Mercedes Nudsier

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dió una bofeteada al otro.

El otro ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

HOY MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

HOY MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA.

Intrigado el amigo preguntó:

-Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra ?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-«Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

Mercedes Nudsier
Argentina

Decisión final. Por Maribel Romero Soler

Harto de su desesperación se decantó por un tiro en la cabeza. Era su decisión final. Había desechado la soga, el puente, el veneno, la afilada cuchilla… Cuando el frío metal rozó su sien la puerta de la casa se abrió: “¡Papá, he sacado un 10 en lenguaje, voy a ser escritor como tú!”. Y le tembló el pulso. Al retrato del abuelo hoy le falta un ojo.


Maribel Romero Soler
Blog de la autora

A veces creo. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Hay instantes en los que pienso que no sé cómo puedoescribir estas cosas y es cuando decido que algunas creencias nunca me abandonen…

Para ella, para él, para mí misma.

A veces creo
que pude
enamorarme de
ti.
Incluso tiemblo
imaginando que
lo hice.

A veces,
también,
los besos
que nunca
me diste
aparecen
de noche,
mezclados con
los monstruos
del olvido
que comienzan
a devorarte.

Y esos,
tus besos,
me calientan
del frío.

A veces creo
que pude
enamorarme de
ti.
Estuvimos tan
cerca…
tan oliendo
la piel que
inflamaba
nuestros ojos y
tan mordiendo
las palabras
no dichas
que nos
reventaban
las bocas.

Ya sé
que es una
tontería
pero
me encanta
pensar que
tú,
a veces,
crees que
pudiste
enamorarte de
mi.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Foto:Pedro Jesús Camacho

Quisiera que esta tarde. Por Ana Muela Sopeña

 

Quisiera que esta tarde de diciembre
me trajera la paz y la esperanza
para poder soñar entre palabras
y sentir más allá de esta gran muerte.

Quisiera que la lluvia de las calles
me llevara por vías de un destino
que condujera lejos del vacío
y me ofreciera cielos más amables.

Pero todo es de hielo en mi guarida
y ya sólo respiro suavemente
para expresar despacio la existencia.

Conozco esta distancia que me silba
susurros de nostalgia sin la suerte
de poder abrazarme a una certeza.

Ana Muela Sopeña
Blog de la autora

Frío en el alma.Por Mirtha Rodríguez

Ya las nieves del invierno envuelven la montaña

Un paisaje todo blanco como espuma me alcanza

Siento frío en mi cuerpo, también frio en el alma

Me veo sola y triste, veo muy grande la casa.

La soledad me conmueve, siento frío en el alma

Tu presencia aquí, un recuerdo que me alcanza

Felicidad de otros tiempos, tristeza y añoranza

Que se fue un día, apenas salida el alba.

El destino fue ingrato, dejó dolida mi alma

Mi amor partió, cuando nadie lo esperaba

Cerró sus ojos a la vida, un dolor que no se acaba.

Su invisible compañía, siento que me ampara

Tengo el alma helada como la nieve blanca

Espero solo el día, que se junten nuestras almas.

Asociación Canal Literatura

Mirtha Rodríguez
Argentina