Soneto sin lágrimas. Por Marcelo Galliano

Si ves que río en la más triste tarde,
si adviertes que mi boca no entristece
sabrás muy bien, amor, cuando te bese,
que estoy riendo porque soy cobarde.

Esta sonora risa que hace alarde
y que me esmero yo porque no cese
es una sombra que en las sombras crece,
un redundante fuego que no arde.

Quién te dijo que no anda en mi cabeza
el paso mudo de una gran tristeza
o un arañazo cruel sin remediar…

A veces pienso que he sufrido tanto
que en la agonía se me ha muerto el llanto
y entonces río sin poder llorar.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Argentina

Gentleman. Por Rubén Gozalo Ledesma

—La sentencia del caso dice… Y entonces sonó la campana. Los alumnos salieron y el profesor se fijó en el cartel: Jornadas sobre la explotación infantil en Asia. Ya en la calle, tocó la pantalla táctil del móvil y comprobó que no tenía mensajes. En el aparcamiento, se le acercó un hombre y le disparó. Al instante, pensó en la bronca que le echaría su mujer en cuanto le viese con semejante aspecto. Siempre vas hecho un desastre, le decía. Y efectivamente, en aquel momento, la sangre le goteaba por el rostro y un cráter gigante se abría en su frente como una cueva inexpugnable. —¡Como llegue a casa con estas pintas mi esposa me mata! Se limpió con un pañuelo y trató de ocultar el orificio con el flequillo. Más tarde probó con una tirita. De repente, al otro lado de la calle, reparó en la tienda de sombreros.

 

Asociación Canal Literatura

Rubén Gozalo Ledesma

Relato seleccionado Certamen Microrrelatos de Abogados noviembre 2011
Fuente: Taller Literario.net

Regalar un libro. Por Brisne

Llevo unos días leyendo el «Dietario voluble» de Enrique Vila Matas y tiene un trocito dedicado a los regalos en el que dice más o menos que uno cuando regala ha de querer mucho al otro porque no es fácil librarse de un objeto que quieres, aunque lo acabes de comprar. Y tiene razón a mi eso me pasa, como a él, con los libros. Cuando regalas un libro te libras de un objeto que amas, si el libro te gusta, cuesta muchísimo darlo a otro. Vila Matas propone comprar pasados uno o dos días otro ejemplar para uno. Ese acto de amor, el hecho de esperar unos días con impaciencia a tener el libro que tanto amas y has regalado. Lo peor en esos casos es que el libro que tu querías, el que deseabas poseer no guste al otro. Sea recibido con una sonrisa y guardado con cariño en medio de otros.
No regalas un libro, regalas tu impaciencia, tu contención, regalas tu tiempo. Y eso no todos los que lo reciben lo entienden, pero sí quien los regala. Quién regala un libro regala un tesoro. Y por eso, porque soy egoísta apenas regalo libros. Por eso prefiero regalar cosas que no me importan tanto, aunque cuesten más dinero. Porque quién regala un libro no solo regala el valor de ese libro, regala su ilusión, regala un trocito de sí mismo.
Por eso yo regalo libros que ya tengo, libros que sé que no van a gustarme. Y los que me gustan, los que deseo, los que cazo en cualquier librería me los quedo para mí. Forman parte de mis lecturas, los devoro de inmediato, o los guardo para leerlos luego. Mis libros. Mis cosas que tanto me gustan. Seguro que ustedes tienen una relación así con algunas de sus cosas, seguro que ustedes sienten la misma desazón con una figura, con una muñeca, con una bufanda. Estoy segura que también les cuesta desprenderse de ellas.
Llegan las fiestas, regalen libros, bufandas… lo que quieran, háganlo con cariño, con impaciencia, y si reciben un libro piensen lo que le costó a quien eligió ese libro y pudo, con dolor, librarse de él.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«
Blog de la autora

Un mejor cielo. Por José Luis Enciso

 

Por fin he vuelto a mi tierra. Ahora que estoy de nuevo con tía Lucrecia, aquí en el camposanto, recuerdo cuando me fui. A últimos de diciembre hará ya dos años. Es invierno, igual que entonces, pero ahora todo es muy distinto. Lo único que no ha cambiado son las lunas. Parecen tortillas caladas sobre un comal negro. Me siguen gustando, porque acá en San Pedrito, en esta época, están llenas de invierno y alumbran bien los caminos. Me acuerdo que desde chamaco me gustaba levantarme antes de que rayara el alba para mirar cómo las ahuyentaba la luz del día y el canto de los gallos. Se iban rodando por encima de los montes, se despeñaban y entonces clareaba el cielo. A mí me gustaba presenciar esos momentos. Cuando Lucrecia me encontraba sentado en el suelo del patio, mirando la raya del horizonte, me decía que me iba a dar la enfermedad del sereno, que es la que mató a su padre; que primero lo volvió poeta y luego lo dejó sin dinero para las necesidades de la familia y las medicinas de sus sofocos, pues en lugar de trabajar se la pasaba soñando aunque estuviera despierto. Y a lo mejor sí me dio esa enfermedad. A mí también me gustaba soñar cuando miraba esos amaneceres. Pero cuando dejé de ver esas madrugadas ya no hubo más buenos pensamientos. Lo que hubo fue algo muy diferente.

Y los sueños se acabaron también porque dejé de ver a la gente que más quería: a la tía y a Rosa.

Rosa es mi prima. Es huérfana, como yo. Sus papás se murieron junto a los míos en Arizona. Hará de eso unos diez años. Los cuatro se aventuraron a los Estados Unidos en busca de trabajo, porque acá no había, pero no lo encontraron. Se fueron sin visa, con la urgencia de sus pasos sin documentos. Estando allá, el pollero que los guiaba los abandonó y el desierto les secó las almas. Leer más

Pensamientos Urgentes. Por Mati Morata

Mariposa PENSAMIENTO URGENTE Nº1

No es que las sirenas no existan; es que, a veces, las buscamos en la montaña.

 

Mariposa PENSAMIENTO URGENTE Nº 2

 

Los monstruos abstractos y difusos ocupan demasiado espacio. Hay que poner límites a nuestros esperpentos, hay que acotarlos en palabras, así podremos saber qué forma tienen, de qué tipo son y cómo acabar con ellos.

 

 

Mariposa PENSAMIENTO URGENTE Nº 3

 

Escondida tras la discreción, vive oculta la indolencia.

 

 

Mati Morata
Colaboradora de esta Web en la sección
«Miradas con MatiZ»

Pasado. Por Enrique Jiménez Almagro

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si a pesar de tus intentos, no puedes cambiarlo!

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si por mucho que lo evites, el mundo sigue girando!

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si seguirás pensando que todo tiempo atrás fue mejor!

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si la luna seguirá saliendo tras la puesta de sol!

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si nada puede volver a ser como ayer!

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si hay que seguir fijando la vista hacia adelante!

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si las lagrimas de ayer son las sonrisas de mañana!

¿De qué sirve revolver el pasado? ¡Si todo lo que tienes ahora es fruto del ayer!

Aprende de lo que tuviste tiempo atrás, sueña con los que quieras vivir mañana y preocúpate de lo que sientes ahora.

Enrique Jiménez Almagro
@AkaJito7 en twitter
Blog del autor

Poema roto. Por Luis Oroz

Demasiado silencio.

Escucho, sigiloso, a las palabras
y descubro que llegan -ocultando sus huellas,
con la ropa mojada, con el miedo,
avariciosas, mínimas, legibles,
con su torpe manera de escalar a los párpados
-a romper el cristal de mi poema.

La duda necesita tu silencio.

Pero al poeta
le hace falta el crujido de unos pasos
que no quieran quedarse,
el cascabel del gato que se sube a las sílabas,
el sonido confuso que desprende el deseo
cuando se muerde, ausente, la manzana,
la honestidad de aquello que no sabe que existe.

Destellos que atraviesen la ventana
como un ciego fantasma
que se empeña en vivir.

Palabras que no van a arrepentirse.


Luis Oroz
Blog del autor