La prueba del nueve. Por Carmen Posadas

Carmen Posadas

Hay frases que no se comprenden en su momento pero que, tiempo después, incluso años más tarde, cobran todo su sentido. Para mí una de ellas es esta: “Cuando uno tiene que tomar una decisión trascendental para su futuro, es conveniente hacerse esta pregunta: ¿Puedo sostener toda mi vida esta decisión que ahora tomo? ¿Sí o no?». Aunque parezca excesivo decirlo, en muchos casos esta frase es la prueba del nueve de la felicidad o al menos de la serenidad, que es un estado de ánimo menos evanescente y caprichoso que el de la tan cacareada felicidad. La frase me la reveló un festejante griego que tuve allá por el Paleolítico inferior y no le di importancia en su momento porque Dimitri, pongamos que se llamara así, no era precisamente el faro de Alejandría ni había descubierto la pólvora. De hecho, era simple y un pelín cursi, si me apuran. Pero, como dice mi madre, lo fascinante de esta vida es que hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día, de modo que hay que estar atento, porque nunca se sabe cuándo ni de quién uno va a recibir un interesante retazo de sabiduría. En efecto, con el tiempo he olvidado incluso la cara de Dimitri pero, en cambio, recuerdo con frecuencia su curiosa sentencia. Voy a ponerles un ejemplo práctico. Imaginemos que uno debe tomar una decisión de esas que pueden variar el curso de su vida, un cambio de estado civil, por ejemplo, decidir si jubilarse o no, montar un negocio, confiar en alguien o en algo. Por lo general este tipo de decisiones se toman siguiendo los impulsos del corazón o los de la cabeza. Del corazón si se trata de asuntos sentimentales o relacionados con parientes o amigos, y de la cabeza si son laborales. A veces, las personas con experiencia o los jóvenes especialmente inteligentes combinan cabeza y corazón tanto en temas sentimentales como en laborales, lo que hace que sus decisiones sean más acertadas. Sin embargo son muy pocos los que a la hora de tomar una determinación se preguntan si más allá de su conveniencia (que es lo que se controla con la cabeza) o de sus anhelos (que es lo que se controla con los sentimientos) se trata de una decisión con la que puedan convivir de ahí en adelante. Supongamos que se trata de una cuestión sentimental. Apostar a fondo por una persona de la que uno está muy enamorado, o por el contrario, divorciarse de alguien de quien uno ha dejado de estarlo. ¿No ocurre muchas veces que, a pesar de que la cabeza o el corazón indican una cosa, uno tiene la sensación de que hay “algo” que porfía y nos recomienda no hacerles caso a ninguno de los dos? Por eso, en ocasiones nos sorprendemos actuando de forma extraña. Como por ejemplo, cuando uno, a pesar de querer muchísimo a una persona, decide no seguir adelante con él o ella. O todo lo contrario, cuando elige continuar en un matrimonio que, al menos en apariencia, ya está muerto. La gente llama a esto cobardía pero yo creo que juzgar en casos así no es solo injusto sino frívolo. ¿Es cobardía renunciar a lo que parece el amor de nuestra vida o hacerlo tiene que ver con una forma de sabiduría inconsciente que indica que los amores imposibles dejan de ser amores, precisamente, cuando se hacen posibles? No, no es fácil ni justo juzgar a los demás, porque solo uno sabe con qué decisión sentimental puede convivir y con cuál no. Y lo mismo ocurre con otras muchas, como la de seguir en un trabajo aburridísimo y rutinario. O por el contrario, con la de montar un negocio que, a priori, parece apasionante y lleno de posibilidades económicas. Unos llaman a esto intuición; yo, más prosaicamente, lo llamo “estómago”. Y es que esta víscera que, desde luego tiene mucho menos glamour que el corazón y mucho menos predicamento que el cerebro, es al final la que decide a veces por nosotros sin que lo sepamos. La única que, de verdad, sabe con qué decisión puede uno convivir y con la que no, por muy interesante, romántica o ventajosa económicamente hablando que sea. Y es que, en realidad, el estómago es la prueba del nueve. O, dicho de modo mucho menos fino, es el único que sabe qué somos capaces de digerir y qué no.

Carmen Posadas
Fuente: XL Semanal
Página Web de la autora.

A mis sueños (pensamientos urgentes). Por Mati Morata

No sé por dónde empezar; sí sé por dónde empezó. No era previsible, no, no lo era. Era un amigo prestado, un amigo consorte. ¿Quién podría predecir que el efecto duraría muchísimo más que la causa: mi antiguo amor? Él se fue y los pájaros seguirían cantando melodías de distinto tono, según los tiempos.

Veinte años no son nada. Veinte años son demasiados pronto para morir y demasiados, para olvidar. Veinte años son una vida.

Hoy las cenizas de los recuerdos se pasean por mi gastada memoria: tu voz impostada, tu imagen de tipo duro, tu corazón de tipo tierno; tú, complejo, arisco, entrañable niño-viejo.

En mi equipaje de 20 años, la maleta es pequeña, pero se ensancha cuando, sin querer, pienso en ti y mis ojos te piensan. Y no me engañas, no.

El tiempo lo cura todo, pero yo no quiero que cure mis cicatrices por haberte perdido, amigo. Yo no quiero que seque mis ojos cuando te recuerdo, yo no quiero que borre tu voz de mi cabeza. No quiero, porque, entonces y solo entonces, habrás muerto en mí, amigo.

Es mejor pensar que existes en otro lugar, lleno de lunas llenas que te permitan escribirles que me añoras y que también tú, a veces, me imaginas y me piensas.

Hoy recojo las cenizas de algunos recuerdos que ya no me sirven y los tiro lejos. No pienso cargar con equipajes incómodos, ni siquiera con equipajes feos. Y con la cabeza alta, propia de quien sabe que podrá dormir cada noche, me dispongo a soñar con tu regreso por si un día los sueños, hartos de no-ser, deciden hacerse tú.

Mati Morata
Colaboradora de esta Web en la sección
«Miradas con MatiZ»

Al tocar tu cabellera. Por Salvador Pliego

Así me dijeras que son caireles,
o son rizos bermejos, o tu cabellera es lacia
y acompasada de una alegría pequeña,
o es un noviembre nuevo entre los cantos de diciembre;
así nuevamente me dijeras
que por tu cabellera existe una avenida
donde mis manos ruedan
y fabrican bienvenidas doblemente tiernas
-triples son cuando la mueves-;
entonces no escapo:
yo mismo me hundo en sus olanes,
a esas formas inconclusas e inquietantes,
a esas rutas de vida y agonía
que prodigan sensaciones de batalla;
y son medallas, son ríos escarlatas,
son lunas verticales que resbalan por las yemas,
porque cada forma es metralla y esmeralda
jugándose el tacto y los sentidos,
porque de ella brotan tantos pensamientos,
tantas minas y alcatraces,
y se va inventando cada noche
en los pilares de colores,
en jornadas en que ambos nos tocamos;
y de nuevo pareciera
que es reciente acariciarte, es el inicio,
es la forma en que los dos nos descubrimos.
Entonces no me queda más que delinquir en tus pecados:
sacrificarte en el principio
de amanecernos mientras te amo.

Salvador Pliego
Blog del Autor

La cartera. Por Brisne

Alcé la vista y seguí hacia el frente. Fijando la mirada en la espalda del compañero, sin volver la cabeza. Lo había conseguido, la había abandonado, por fin había conseguido que se quedase atrás, que no me siguiese con su aire de perrito faldero. Atrás quedaban obligaciones, sudores, me estaba comiendo la vida poco a poco, me estaba comiendo la niñez, con sus continuas exigencias, con sus deberes, con lo que tenía que aprender. Cada vez que abría la boca me quedaba una hora sentado a la mesa, tratando de resolver los problemas, de acertar cuál era el sujeto y el predicado. Me quedaba ahí, sentado, y ella voraz se comía mis desvelos y problemas. Hasta que no estaba satisfecha no paraba.
Por primera vez en muchos días, sonreí al cruzar el porche, al llegar al aula, al sentarme en mi pupitre liberado de su peso, de su chirrido machacón. Esa mañana podría mirar por la ventana, relajar mi mente, pasar el tiempo viendo las caras de mis compañeros atendiendo al profesor. Mis neuronas podrían relajarse y yo podría pensar.

A los diez minutos llegó, cansada, con los ojos suplicantes, venía de la mano de la portera. «Algún día vas a dejarte la cabeza» me dijo. Y sonreí pensando. La imagine también de la mano de la portera.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«
Blog de la autora

Romance de invierno. Por Juan A Galisteo Luque

Lloraba la luna
sus versos de plata…
En la oscura noche,
invierno de escarcha,
bajo un frío intenso,
solos, en la plaza,
tu cuerpo y el mío,
se fundía en abrazos
profundos del alma.
Abriste los ojos
con profunda calma…
Me pediste un beso;
tu boca escarlata,
rociaba en mis labios
su dulce fragancia.
Se oía la fuente
romper en el agua…
Su gemir sonoro,
mostraba la vida
y la que se acaba,
porque el tiempo sigue
y todo lo alcanza.
Caía la nieve
temblorosa y blanda
sobre tus cabellos;
tus manos heladas,
cruzaban las mías
con candor eterno.
Y tú… ¡suspirabas!
Fue mi amor tan grande,
que hoy, desde esa plaza,
que antaño contigo
su fuente escuchara,
aún siendo la misma,
siento un gran silencio,
soledad, distancia.
Y es, que el tiempo innoble,
el mismo que entonces
tu bella silueta
amor me entregara,
hoy deja recuerdos
de bellas sonrisas
y eternas nostalgias.
——–

 

Juan A Galisteo Luque
Derechos registrados
Del poemario: Romances en la penumbra

Blog del autor

Ilusión. Por Marcelo Galliano

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Así como quien dice sin quererlo
tu corazón se confundió en el mío
… y un día de tantos empecé a saberlo,

y de ese modo como el dulce río
que se muere en el mar tan mansamente
yo di a morir también en tu vacío.

Digo, tal vez me enamoró tu frente
donde tu pelo inquieto derramaba
la rebelión de su caudal silente,

o acaso fue el perfume que extrañaba
de otras mujeres que mató el olvido
y sin querer en ti yo imaginaba.

Lo cierto es que mi pecho malherido
se desangró una noche en primavera
cuando advirtió que al fin te había perdido.

Y así aprendí: la estrella verdadera
factible es de ser arrebatada,
de no llegar con vida a la alborada
y convertirse en lumbre pasajera.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano

Mentiras sobre la deuda, el déficit y el despilfarro. Por Santiago Tracón

Según datos de la BBC:

La deuda de España asciende a 1,9 trillones de euros, lo que equivale a 41.336 euros por habitante. Supone el 67% del PIB. A quien más le debemos es a los bancos de Alemania, Francia, Reino Unido y EEUU, por este orden.

La deuda de Alemania es de 4,2 trillones de euros, lo que equivale a 50.659 euros por habitante. Supone el 83% de su PIB. Sus principales acreedores son Francia, EEUU, Reino Unido y Japón.

La deuda de Francia asciende a 4,2 trillones de euros, lo que equivale a 66.508 euros por habitante. Supone el 87% de su PIB.

De la deuda española, el 23,8% corresponde a deuda del Estado (central, comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos); el resto es deuda privada. La principal deuda privada es la de las empresas y los bancos (más del doble que la del Estado).

El problema de la deuda, por tanto, no es más grave que el que pueda tener Francia, Alemania o el Reino Unido. Tampoco reside en el déficit público, sino principalmente en el endeudamiento de los bancos y las empresas. Es aquí donde nos diferenciamos de Europa (casi 50 puntos por encima de la media europea).

¿Qué podemos deducir de estos datos?

-Que aquí el mayor problema son los bancos y las empresas.

-Que son los bancos y las empresas los que se han endeudado sin control, creando un agujero financiero descomunal.

-Que si hablamos de déficit, despilfarro y mala gestión (eufemismos), los principales despilfarradores, malos gestores y pésimos empresarios son los responsables de los bancos y las grandes empresas de nuestro país, que tienen nombre y apellidos.

-Que no pueden ser ellos, por tanto, los que nos salven de una crisis de la que son responsables directos, y que lo único que buscan es camuflar su responsabilidad, diluirla, echarle la culpa de todo al Estado y de paso recuperar sus beneficios sin pagar coste alguno.

-Que la crisis no la hemos provocado ni los funcionarios del Estado, ni las cuentas de la Seguridad Social, ni las Pensiones, ni la Sanidad Pública, ni la Educación Pública, ni las Infraestructuras del Estado, ni la Administración, aunque en todo esto haya abusos que deban cortarse de raíz.

-Que el mayor problema del funcionamiento de la Administración ha sido y es la corrupción, no la mala gestión ni el despilfarro. Que los principales causantes de la corrupción son precisamente los empresarios y banqueros corruptos.

-Que gran parte de la deuda pública se solucionaría con que los corruptos devolvieran el dinero robado y que las grandes empresas, fortunas y bancos pagaran sus impuestos y no defraudaran al Estado, pues el mayor agujero fiscal proviene del fraude, no de pequeños empresarios o trabajadores, sino de esas grandes empresas y bancos.

-Que no se puede entender cómo en este país no haya ningún gran banquero o empresario arruinado, en la cárcel o acusado, sino recibiendo «indemnizaciones» (!¡) multimillonarias. Que aquí no haya quebrado un solo banco, frente a los 239 bancos que han quebrado en EEUU desde 2008. Ni siquiera aquí funciona la lógica capitalista de la competencia y eso de que, quien la hace mal, la paga.

Y para acabar, otra reflexión:

El PP ha ganado las elecciones por mayoría absoluta, pero esto no es más que otro eufemismo. El dato importante es que ha obtenido un 30% de apoyo de la población, pero que no lo ha recibido del 70% restante que, o se lo ha dado a otros partidos o se ha abstenido. La abstención es en su mayoría desconfianza, asco, rechazo desesperado; sólo en un pequeño porcentaje significa desidia o desinterés.

Una democracia que ignore la verdad elemental que se deduce de todo lo que he expuesto, a saber, que la gran mayoría está sometida a las mentiras, abusos, robo y humillación de una minoría, esa democracia, tarde o temprano, dejará de funcionar, y entonces volveremos a reinventar la guerra, adopte ésta la forma que adopte, y sean quienes sean los enemigos.

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Santiago Tracón
Blog del autor