Lady Bourbon, erotismo literario. Por Brujapiruja.

Lady Bourbon

Recuerdos de Lady Bourbon opta al premio de Mejor Blog Erótico del 2006

Entre los habitantes del canal literatura, Mireias siempre ha sido una brisa fresca y desenfada. Nos brinda ingenio y naturalidad, ironia y buen humor con desparpajo.
Como ella dice «Escribo porque sí, porque me gusta, porque me da la gana. Escribo porque hice una promesa mirando a la vida directamente a los ojos»
La literatura erotica es un genero sensible que solo personas con criterio son capaces de afrontar con estilo.
Mireias lo ha conseguido y esta es la hora del reconociemiento de su entusiasmo y dedicación.
Hoy celebramos que ha quedado finalista en el Premio 20 Blogs organizado por el diario gratuito 20 minutos. Su blog «Recuerdos de Lady Bourbon opta al premio de «Mejor Blog Erótico del 2006»
El resultado definitivo se dará a conocer el próximo jueves día 10 mayo en Madrid y desde aquí queremos desearle toda la suerte que merece, aderezado con nuestro cariño y el apoyo incondicional para que siga escribiendo porque le da la gana y mirando a la vida directamente a los ojos.

¡¡Molta sort Mireias.!!

Brujapiruja


Simplemente yo, otro blog de Mireias

Segundo aniversario del Blog. Por Admin

2º aniversario

Este espacio cumple hoy dos años. Comenzamos el el 1 de Mayo del 2005 con la ilusión de proponer nuevas formas para compartir experiencias, escritos y opiniones.
Actuelmente el Blog es el segundo enlace más visitado de la web de literatura.
Aquellos que colaboráis habitualmente y tantos otros que lo hacen de vez en cuando, conforman ya un entramado con personalidad propia y muy atráctivo para los lectores.
Felicidades por tanto a todos los que lo hacéis posible.

Admin

David López, finalista del Premio Planeta 2006. Por Ricardo Pérez Hernández

Eloy M. Cebrián David López
David López ha recibido el XXII Premio Jaén de Novela, resultó por dos veces finalista en el Pozancos de novela y su trabajo se encontraba entre los diez finalistas del Premio Planeta 2006. Ahora presenta en Albacete el X Premio de Novela Valdemembra de Quintanar del Rey.

—Biólogo, analista y letraherido. ¿Cómo se mezclan y dosifican estos ingredientes para encontrar el equilibrio en la vida cotidiana?
—Nunca he creído que la vida deba ser un equilibrio; el equilibrio es estancamiento y como tal no produce nada bueno, salvo mosquitos. Lo bueno de la vida es que haya siempre algo que te haga moverte, un desequilibrio que sea la raíz de los actos. En mi vida cotidiana, logro no volverme demasiado chiflado repartiendo el tiempo de la mejor manera posible y dividiendo mis días en dos facetas: una es laboral y la otra pasional. La una me proporciona estabilidad, la otra el necesario movimiento.

—Hablemos de la literatura. ¿Cómo llegó a tu vida, cuál ha sido vuestra relación?
—Siempre he querido escribir. Eso lo sé desde los catorce o quince años, antes de que tuviera uso de razón. Mi padre me inculcó el hábito de la lectura y desde pequeño he sido más amigo de los libros que de las personas. Quizá porque los libros, por mucho tiempo que pase, siguen siendo los mismos y no tratan de cambiar de ideas ni de ahorcar sus hábitos. Ahora mismo, mi relación con las letras es la que podría tener un amante habitual o el cliente asiduo de un prostíbulo: estoy en esa fase en la que no sabes si te dará más alegrías que tristezas o si al final saldrás de todo el asunto trasquilado y con una enfermedad venérea. Pero, y pese a todo, si no lo intentara no me sentiría bien conmigo mismo.

—En cuanto a tu sistema de trabajo. ¿Cómo afrontas un nuevo proyecto literario? ¿Cuáles son las fases/etapas que atraviesa hasta darlo por concluido?
—Por norma, un proyecto surge de una idea, en muchos casos bastante simple. Un hecho aislado, un comentario, algo que te hace gracia y sobre lo que empiezas (muy a menudo, de un modo incosciente) a armar el andamio de la narración. Cuando ese andamio está bien asegurado y el ánimo acompaña, porque no para todos los proyectos se requiere el mismo ánimo, es cuando empiezo a trabajar, siempre sobre la base de un guión, un ambiente y unos personajes que ya tengo definidos.
Escribir a vuelapluma, como siempre afirmo, es para genios, y no conozco a ningún genio. Después de un breve pulso de escritura, tengo entre manos lo que sería el borrador casi definitivo, sobre el que corrijo hasta lograr algo que me deje no muy insatisfecho; al ser perfeccionista, nunca estoy del todo contento con el resultado, pero la labor de corrección no puede eternizarse o jamás se haría nada. Después de unos tres o cuatro meses trabajando entre cuatro y seis horas al día, suelo dar por acabado el proyecto.

—Tu trayectoria se adorna con reconocimientos prestigiosos. ¿Cómo los valoras ? ¿Cuál es su importancia?
—Los premios literarios han de valorarse en su justa medida. Son el mejor medio para que un escritor novel se de a conocer, pero no significan, ni mucho menos, que hayas saltado al Olimpo. En tanto en cuanto abren la puerta al caliginoso mundo editorial, son más que buenos… pero también es cierto que a un tipo como yo, que tiene un punto de asocial y me vuelvo un tanto irritable con los ajetreos, son una auténtica prueba de fuego.
Por desgracia, en el mundo de la literatura de hoy en día, la obra está ligada de un modo indisociable al autor. Y no sólo al autor, sino a su cara, sus actos y sus declaraciones. Es el mercado tal y como está planteado, y con esas reglas hay que jugar, pero no son las reglas que yo hubiera escogido.

—Afer: quehacer, negocio – dice la RAE – En el caso del título, relacionado con niños. ¿Cuál es el eje de la novela?
—La idea me surgió al escuchar una canción de hace años, «I don’t like mondays»; aparte del punteo de piano inicial y la voz de Geldof, me llamó la atención la historia de una niña que se vuelva loca en un colegio. Aprovechando ese punto de partida, y completando con dos niveles de lectura adicionales (sean, el tema del maltrato escolar y una relación extraña entre dos niños) armé la novela en un momento y la escribí con bastante rapidez. En cuanto a lo que yo destacaría de la novela, quizá el tempo narrativo y los dos personajes principales, el protagonista-en-primera-persona y la niña, M.I., con la que creo que he realizado un buen trabajo.

Ricardo Pérez Hernández
(Publicado en El Día de Albacete 29/04/07)
Foto Montaje: Juanjo Valverde

Personajes de toda la vida. Por Enrique Arias Vega

Portada

Texto de la solapa.
A través de los 110 hombres y mujeres que aparecen en este libro se recogen, sin pretenderlo, tres décadas de nuestra historia reciente. En unos casos, porque los personajes reseñados han sido protagonistas de la misma. En otros, porque se trata de nombres y apellidos que han poblado nuestro imaginario colectivo durante estos años.
Entre las de Rosa Aguilar y Eduardo Zaplana, podemos disfrutar, en un estricto orden alfabético, de las semblanzas originales e intencionadas de Juan Carlos I, Bill Clinton, Salvador Dalí, Julia Roberts y muchos otros famosos valencianos, del resto de España y extranjeros que alguna vez se han cruzado en la vida profesional de Enrique Arias Vega.
El ojo del observador, implacable en unos casos, benévolo en otros, ha sido certero siempre al definir en pocos trazos el carácter de estos personajes y, como diría Ortega, su propia circunstancia individual.
Enrique Arias Vega, periodista y economista, ha sido director de El Periódico, de Barcelona, El Adelanto, de Salamanca, y la edición de ABC en la Comunidad Valenciana, además de director general de Grupo Zeta y asesor de varias empresas de comunicación.
Esta insólita muestra de independencia doctrinal la ejercita también en sus artículos, habiendo publicado en la mayoría de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundo, de Nueva York.
Hoy día combina el periodismo en prensa, radio y televisión con la creación literaria, habiendo obtenido, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Gastronómico Álvaro Cunqueiro. Entre sus últimos libros destacan la recopilación de artículos de prensa Valencia a comienzos del Siglo XXI (2004) y la novela El Ejecutivo (2006), ganadora del Premio Ategua.

“Personajes de toda la vida” se presenta el día 3 de mayo, a las 18:00 horas, en la Feria del Libro de Valencia.

Enrique Arias Vega


Enrique Arias Vega

¡QUE SALE LA PANTASMA DE ALCAUDETE! Por Carmen María Camacho Adarve

AntonioGamoneda

El pueblo estaba cohibido y amordazado por la aprensión y el recelo. La noticia había corrido de boca en boca y de casa en casa: …algunas noches se aparece la fantasma poeta en Alcaudete. Es curioso que se dijera fantasma y no fantasma como debiera ser; aparte de ser una corrupción del vocablo, parece que lo de pantasma tenía más enjundia y más peso que la anecdótica palabra fantasma; y es que lo pantasma, entre el pueblo, era algo real a lo que podría temerse, mientras que lo fantasmal era puramente imaginario y cosa de cuentos. Y no andaba muy descaminado el pueblo en aquella ocasión. Dijeron que quien la vio primero fue Nicolás el de la Ventilla, una noche que regresaba a su casa, entre la plaza y los arrabales. Y decía que la fantasma rapsoda echó a correr tras él cuando quiso plantarle cara, asegurando que salió por piernas a más de cincuenta por hora, no quedando tranquilo hasta perderla de vista. Después fue un matrimonio, los Coiaches, que iban a acostarse cuando volvían a casa desde el velatorio de la recién fallecida Julia la Gorriota. Y contaban que anduvieron aprisa hasta su casa porque la aparición iba siguiéndoles los talones. En otras noches, algunos vecinos, por aquí y por allá, en diversos puntos y calles, aseguraron que vieron algo blanco y alto que se movía faldoneando en el aire sus ensabanados vestiduras. Pero nadie oyó ni una voz, ni un grito, ni apenas un respiro de aquella figuración; ni nadie acertaba a ver el motivo de aquella aparición. Desde luego, aquello iba a tambor callao y por algo sería. Sin embargo, la cosa no era nada nueva. Si no todos los años, con alguna frecuencia había sucedido otro tanto en el pueblo, y jamás se supo quién podría ser o qué sería lo que cubría aquel trampantojo blanco y altísimo, como aseguraban las gentes. Así, sin más trascendencia que lo puramente anecdótico, habían salido y desaparecido las fantasmas poetas de otros tiempos. Pero lo de entonces ya pasaba de la raya chistosa. Y aquello, según el vecindario y las autoridades, no podía continuar. Un día se reunieron las fuerzas vivas del pueblo de Alcaudete, presididas por el Alcalde, para ver de solucionar el asunto, fuese como fuese…

En el café de Chicharras se juntaron una noche el Alcalde, el sereno y cinco mozarrones fornidos y atrevidos, para acordar el plan de descubierta y ataque contra la recalcitrante fantasmona. Y se acordó que la cuadrilla de mozos se encargarían de resolver el problema, en la forma que, cuando se presentase la ocasión, vieran más viable y rápida. A la noche siguiente, después de echar un trago para matar el gusanillo y el temorcillo que les embargaba, se dedicaron los mozos a la más estrecha vigilancia en la oscuridad y en el silencio. Allá sobre la media noche, el doblar la esquina del tío Rojo. Vieron los mozos una grandísima figura como el otro día declaró el Pretonil y echaron a correr tras ella. Pero cuando se vio acorralada en el callejón de los Jaraices, apeló a lo que nadie se podía figurar: sacando un pistolon empezó a disparar, con lo que los mozos se detuvieron y escondieron, dando lugar a que la pantasma poeta escalera las bardas del corral más somero y cercano, desapareciendo enseguida. Y allí terminó la valentía de los mozos, quienes renunciaron al encargo y no quisieron salir otra noche. Leer más

LA DEVASTADORA SOLEDAD DEL COSMONAUTA. Por Guillermo García Valera

Adiós, Camaradas

Si en Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, el punto de partida de la narración era el naufragio de su protagonista en una isla deshabitada y las aventuras en ella sobrevenidas, Adiós, camaradas, de Antonio Carballo, es la recapitulación testimonial y desencantada de cómo el cosmonauta soviético Alexei Konstantinovich se convirtió en un náufrago abandonado e inmolado por su patria. Esta crónica de los sueños que Alexei prolongó a lo largo de su vida, finalmente arrasados, viaja a la deriva espacial dentro del vientre de una botella. Como en las historias clásicas de náufragos, aparece aquí el recurso literario de la botella como vehículo portador de un último mensaje, de un testamento vital que quizá nadie encuentre, pero que no por eso puede dejar de escribirse. En Adiós, camaradas, esa botella, que antes estuvo llena de vodka, es todavía más difícil que llegue a un destinatario. Sin embargo, Antonio Carballo, el autor de la novela, consigue entregarnos a sus lectores el relato ingenuo y cariacontecido de este soldado de su imaginación, con una ironía suministrada a pinceladas, y con imágenes poéticas de inspirada sabiduría (por ejemplo, la metáfora de la URSS como «un espantapájaros temeroso de sí mismo»). Además, esa botella mensajera expresa la doble circunstancia de la que participa este libro, que a la vez pertenece a la narrativa tradicional contadora de historias, pero también a la narrativa moderna, atenta a la forma y buscadora de nuevas vías para la escritura.
La novela abarca desde el nacimiento de Alexei en un pueblo sin nombre, hasta su fin como «un pirata extraviado en el espacio». Entretanto, pasará por Kiev para su adiestramiento militar como aviador, será traicionado y remitido a un silo nuclear, y cambios políticos en su país lo devolverán al ejercicio en una Ciudad Cerrada donde la disciplina y la entrega a la patria casi sustituirán el recuerdo del amor, que no desaparece por entero y convive con la muerte (hay todo un capítulo magistral recorrido por Eros y Thanatos). La renuncia a esos sentimientos personales es un paso previo exigido por los superiores tutelares de Alexei, que lo retarán sin cesar para poner a prueba la entereza de su adhesión a la causa soviética, y que, superadas las más rigurosas, arteras y sombrías comprobaciones, será erigido en hombre-divinidad y puesto en órbita. Dentro de una estación espacial, el ya cosmonauta y único tripulante iniciará «el más difícil viaje que un ser humano pudiera emprender: el de la soledad y el encuentro consigo mismo». (Robinson, Gulliver, el cautivo de Cervantes y tantos otros nos vienen a la mente como compañeros de semejante experiencia que Alexei.) Y, como ocurre con tantos otros dioses, su innecesario sacrificio sin sentido quedará en la ciega versión oficial como acontecimiento redentor hacia el pueblo, no como otro crimen más de la estulticia, el escaqueo y la dejadez de sus autoridades políticas y militares, entregadas al sálvese quien pueda con el advenimiento de la Perestroika y el posterior intento de golpe de Estado de 1991.
A lo largo de sus páginas, sucesos de diversa índole mantienen desorientado al lector, que duda qué cosas serán ficticias, cuáles tendrán origen en la realidad, y cuántas serán fruto de la coexistencia fronteriza de ambas orillas de la literatura: seguramente, la mayoría de las cosas que aquí parecen invenciones alucinadas están documentadas, y en verdad tuvieron cabida en el régimen de la URSS, y al contrario con las cosas que dan la impresión de ser más creíbles o más aceptables. Su lectura es amena, y conocer desde el principio el desenlace trágico que aguarda al protagonista no resta ni un ápice de la fuerza de una prosa que atrapa y un argumento que intriga y transmite inteligencia. La voz cuidada de Antonio Carballo es un motivo más, que se suma a los acontecimientos de la novela, para extraviarse unos días en este libro. No sólo eso. El lector de esta primera novela puede tener la certera sensación de encontrarse ante la sólida promesa de un escritor prolífico que con esta publicación empieza a adentrarse en el camino editorial y en el conocimiento del público.

© Guillermo García Valera.

Sobre el libro «Adiós, camaradas»

AVENTURA EN EL PASADO. Por Francisco Arsis Caerols

Mondello

AVENTURA EN EL PASADO
CAPÍTULO I – 2ª PARTE

Resulta difícil comenzar una historia cuando se supone que ésta aún no ha terminado, y menos cuando el protagonista es quien la cuenta y la vive, deseando además que nunca tenga fin. Y aún ando con esa esperanza. Porque hoy, 28 de junio de 2005, transcurridos ya varios meses desde que iniciase la aventura más apasionante de mi vida, puedo asegurar con total franqueza que todavía me siento demasiado confuso como para ser capaz de entender y asimilar tantos increíbles y asombrosos sucesos vividos, que sin duda transformaron por completo mi tranquila y aburrida existencia; fueron extraordinarias e inexplicables experiencias que han hecho que mi vida haya dado un giro inesperado de ciento ochenta grados, y gracias a Dios que estoy aquí para poder contarlo. Sé que resultará imposible de creer, pero dejar de relatar esta genial aventura es algo que ya no está en mis manos, porque éstas se niegan a obedecerme. Y la verdad, es que lo veo lógico.
He tratado de razonar con el máximo sentido común dentro de mis posibilidades ante estos maravillosos acontecimientos, por completo incomprensibles para el ser humano, analizando si merecía la pena contarlo a alguien, a un amigo, a mis familiares, a mi gente cercana en definitiva. Pero el miedo a que me tomaran por loco ha dado al traste con esta idea. Sin embargo, no puedo callarme, no puedo dejar que el tiempo borre de mi mente algo tan fantástico como lo que he vivido, y que por desgracia un día podría convertirse en un recuerdo lejano, perdido entre la bruma de mi memoria. Tal vez nadie lea este humilde cuaderno negro escrito a pluma en mucho tiempo; quién sabe si esto no ocurrirá hasta después de que haya muerto, y entonces un día mis nietos, si es que algún día los tengo, lo descubran en un rincón lleno de trastos viejos y polvorientos, donde queden relegados al olvido los recuerdos del querido abuelo. No es que me niegue a permitir que pueda saberse la verdad sobre lo acontecido en estos últimos meses; sin embargo… ¿quién me creería? Incluso este sencillo cuaderno, de poder contar con un corazón y un cerebro, sin duda me tomaría por un loco. Aun mi cerebro se niega a creer que esto haya sido algo más que un sueño, pero… ¿pueden los sueños permanecer latentes tanto tiempo en la mente? Yo no lo creo así, y además, sería curioso que éste fuera el único sueño que sigue incólume, perfecto, como una película incrustada en mi cabeza a la que únicamente hubiese que agitar mi oreja derecha para que ipso facto fuera reflejada en la pared, visionándose y poder ser así testigo de mi propia aventura. Supongo que el tiempo despejará la poca duda que me quede al respecto, pero mientras tanto lo más sensato es que, antes de que corra el riesgo de que esta historia se pierda entre los recovecos de mi memoria, quede esculpida con palabras en este cuaderno personal. Intentaré relatarlo de tal forma que dé la sensación de estar dirigido hacia un posible lector, un cómplice, testigo invariable de este suceso, a mi entender digno de ser narrado. Así que a partir de este momento trataré de escribir como si no estuviera haciéndolo para mí, sino para aquel o aquellos que un día lo encuentren y sean capaces de adentrarse en esta historia y vivirla, si es posible, tal y como yo lo estoy haciendo.

(Continuará)


© Francisco Arsis (2005) del libro «Aventura en el pasado»