Arrancarte de mi. Por Isidro R. Ayestarán


Quisiera arrancar de mí toda la mala hierba que perjudique nuestra unión; despojarnos de la mentira y el rencor; abandonarnos a la combinación desaforada y caliente de nuestros cuerpos; hundirnos en nuestras miserias primarias y explorarnos en cada recoveco inexpugnable de nuestros adentros…
Quisiera ser simplemente feliz a tu lado; reír en los buenos momentos y estrecharnos las manos en los turbios instantes de duda; saber que soy tu musa y que plasmas la desnudez de mi alma para el onanismo constante de mi recuerdo…
Quisiera explayarme en tu descripción física, cada palmo, cada pulgada, cada gemido en tu mirada, los suspiros por tenerme dentro, muy dentro de tu alma; quisiera que no se acabara jamás este viaje, que cada embestida llevara tu nombre. Sólo tu nombre, cansado ya de identidades furtivas en la noche vaga y radiante de unos cuerpos celestes iluminados por la luna…
Quisiera que no te fueras nunca; que te quedaras en la cabecera de mi cama, consolando mi aliento extenuado, apagando cada poro de mi piel del reflejo del sudor explícito y sofocando el fuego ardiente que se extiende por toda la geografía de nuestro combate.
Tú y yo juntos, victoriosos, sin más estandarte que el de un sentimiento certero más allá del mero placer de unas caricias, de unas ráfagas ardientes que laceraban nuestras carnes sedientas y hambrientas el uno del otro, mi nombre del tuyo, mi reflejo en tu espejo, mi “te quiero” de tu “te quiero”, mi silencio de tu correspondencia asintiendo con tu compañía. No quiero más que eso.
Y si no sabes darlo, vete ahora, saca billete de ida para y llévate tu saliva, tus caricias, tus mentiras y tu escaso fuego a la hora de amarme. Vete, sí. Que yo naufragaré entre mis sábanas al conseguir arrancarte de mí.
Y no mires atrás. Sé lo que es perder en este juego.
Fui aprendiz de muchos. Ahora, me toca ser su maestro.


© Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

NOCHE DE JAZZ Y ALCOHOL. Por Josep Esteve Rico Sogorb

La noche
sabe a jazz,
oscura
como el alma
sombría
de quien
sueña
despierto
La noche
sabe a whisky,
a barras
empapadas
de sudores
y alcohol.
Un hombre
a solas,
enfrentado
a su destino
Un personaje
solitario
a las tres
de la madrugada
vagando
por las calles
un lunes
cualquiera.
Un personaje
buscándose
a si mismo:
– < < aún no se si me encontraré...>> -.
La soledad
me deja
escapar
airoso
de la mediocridad:
– < > -.
La soledad
me reconforta:
La noche
siempre sabrá
a jazz…
…a sudor
y alcohol….
….a sudor
y alcohol…
….a s-u-d-o-r….
y a-l-c-o-h-o-l……

(Josep Esteve Rico Sogorb, del libro «Estas son nuestras ruinas», Cuadernos Imposibles, Ediciones para los Amigos, Asociacion Literaria Frutos del Tiempo, 2004 Elche)

El sueño. Por Isidro R. Ayestarán

Querido diario:
Hoy les he visto pasar de nuevo. Sí, ya sé que llevo mucho tiempo dándote la murga con ellos. Qué le vamos a hacer, hermoso. Tú eres el único que me escucha. Así que te aguantas y me soportas unos minutos, que para eso estamos dedicamos el uno al otro en estas jornadas nocturnas… Pues eso, que anoche volví a caminar por el parque que rescato una y otra vez en todos mis sueños. Y allí estaban ellos, sonriéndome al tiempo que se comían la vida y se la llevaban a la boca entre arrumacos y miradas de esas que a una le siguen poniendo los pelos de punta. Debe ser que hace tiempo que ignoro lo que es un sentimiento o una punzada de romanticismo. Y ellos la tenían en ese preciso instante.
Anoche volví a seguirles a lo largo de todo el sendero de los cipreses, entre aquella estampa sepia que el recuerdo y la nostalgia ya no le pone tonalidad alguna. Cargados con sus bandoleras, compartiendo sus planes de futuro y departiendo sobre el color con que pintarían su habitación. Andrés se decidía por el naranja maya mientras Zaca aún estaba suspirando por el verde musgo que había visto en casa de su amiga Macarena. Pero ni en un contraste tan evidente de pinturas conseguían enturbiarse la mirada. Y así continuaban, jugueteando con sus manos, entrelazándolas constantemente y amándose con la mirada al tiempo que la sellaban con furtivos besos en unos labios que, con toda probabilidad, musitarían palabras de amor.
Mi sueño siempre acaba igual. Y de ahí mi desesperación, amado diario, porque mi pesadilla me impide cambiar lo que realmente ocurrió. Lo que daría por desprenderme del bienestar que me había producido su beso de amor, por arrebatarme del ensoñamiento mágico de aquella pareja de enamorados, por correr por el sendero de los cipreses con todas mis fuerzas para conseguir interponerme entre ellos y sus asesinos… Pero es inútil. Todas las noches me digo que es inútil. Y grito de desesperación al tiempo que me despierto empapada de sudor. Entre sofocos, me doy cuenta de que el sueño había vuelto a mí de nuevo. Y también, otra vez, rompo a llorar por la impotencia.
En mi sueño, cuando llego hasta donde estaban ellos, sólo encuentro un ramo de flores regado por unas lágrimas. Y una dedicatoria firmada por Macarena. En mi realidad, en el mundo que habito y deploro, realmente fueron atacados salvajemente por una pandilla de esos que se hacen llamar “verdaderos españoles” al tiempo que clamaban virtudes de una época ya pasada y que sólo conocen de oídas.
Y de ahí que acuda a ti todas las noches para contarte mi sueño, querido diario. A alguien tengo que contarle que me gustaría coger ese ramo de flores para llevarlo a casa de Andrés y Zaca. Ellos lo aceptarían con una sonrisa al tiempo que lo colocarían en su salón, pintado de naranja maya puesto que el dormitorio, finalmente, fue pintado con el color verde musgo que tanto le gustaba a Zaca.


© Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

MANIQUIES DE BAR. Por Josep Esteve Rico Sogorb

Hoy supe
de la imbecilidad
de las gentes
y fui victima
de la pasividad
ajena.
Sobre el mostrador
del viejo barucho
unos hombres
se sumergían
en el remolino
del alcohol
bebiendo
lentamente
hasta la embriaguez
que les envolvíó
en su nube
iniciando
una búsqueda
de confortantes
anhelos
Conversaban
a gruñidos
dándose gritos
que rompían
el silencio
de la estancia
Sus mentes
depravadas
poseían
torpes cerebros
intoxicados
de vino.
Y sus cuerpos,
tan esclavos
de las pasiones
se afianzaban
a la Vida,
encadenándose
sin remedio
a la inesperada
visitación
de la Muerte.

(Josep Esteve Rico Sogorb, del libro «Estas son nuestrasruinas», Cuadernos Imposibles, Ediciones para los Amigos, Asociacion LiterariaFrutos del Tiempo, 2004 Elche)