ENTRE TU Y MI ALMA. Por Isidro R. Ayestarán

Ser breve para decirte que te anhelo, ser concreto para susurrarte que te quiero, mirarte para amarte y sentirte para tenerte… Ser contigo y estar junto a ti en un cielo de estrellas donde la luz individual de cada una nos ciegue en un conjunto en el que el equilibrio de nuestros sentimientos confirme lo tuyo junto a lo mío… Ser a tu lado uno sólo donde la capacidad de amar sea infinita… tanto, como el horizonte y la música que embriaga lo que siento al mirar hacia donde también miras tú. Y allí, como telón de fondo, tu rostro y tu sonrisa, tu regazo y tu alcoba, tu cuerpo y tu fuego… tú, de manera breve y concreta, para musitar la percepción sincera e inquieta de tu cercanía; para, con un beso, sellar una vida entera entre tú y mi alma…


© Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

Ella sólo mira al mundo. Por Brujapiruja

Ella sólo mira al mundo. No se atreve a decidir su destino porque no sabe bien que es lo que quiere, quien es, de donde viene y a donde se dirige. Siempre mirando alrededor para saber que traje ponerse, que sonrisa mostrar, que mensaje pronunciar. El caso es sentirse en armonía con el entorno, confundirse con él, buscar el acomodo instantáneo.

Necesita un dedo que le muestre el camino a seguir para obtener un halago fácil que calme el ansia de reconocimiento que ella misma no se concede, quizá porque no se conoce, ni se quiere conocer, quizá, quien sabe, porque lo que conoce no le gusta demasiado.
La culpa de sus errores siempre es de los demás, que la dijeron, que la orientaron, que la engañaron o que la hirieron, ella es inmune a las responsabilidades porque lo único que ha decidido es dejarse llevar por las circunstancias y los impulsos, arrimarse al árbol que dé mas sombra y a quien sea capaz de oír sus infinitas quejas sin rechistar. Y es verdad que es muy difícil ese transcurrir camaleónico con tanto desprendimiento del criterio personal y de la propia identidad.
Ella sólo mira al mundo, mientras su “yo” llora amargamente reprimido. Y así le va.

Brujapiruja

Sombras. Por Isidro R. Ayestarán


La sombra de tu amor llega a mi sueño,
me arranca de mi ficticia realidad,
me asienta en un presente irreal
donde el beso y el abrazo van
unidos y entrelazados en tu cuerpo…

Las sombras del recuerdo y la nostalgia
desembocan en tu nombre y tu persona,
en tu nostalgia y tu mirada,
en el sentimiento que creía perdido
de tus silencios y tus palabras…

Y algo me arranca del paraíso de tu prosa,
del significado de tus versos,
lejos del estribillo de la música
que envolvía nuestros encuentros,
tan plenos e inacabados,

como el horizonte que habíamos creado
para el deleite unánime entre unas sábanas,
donde la conversación bajo la almohada
me llevaba a tu persona, y ésta,
a la luz de la oscuridad de tu alma

donde amarte y tenerte en uno solo
me despertaban de mi sueño,
me despojaban de tus mentiras,
me alejaban de tus “te quiero”,
confirmaban la soledad oscura

de un amor que no lo fue tanto,
y de unas caricias que llegaron
tarde en el viaje mágico a un destino
de miradas grises, donde el añorarte
y el desearte eran un desafío a la vida.

Me despierto y te sigo soñando,
sintiendo el sabor y el aroma de tus besos,
la soledad de tu persona y el vacío en mi cama…

Y sintiendo, tristemente, el vacío de unas
palabras que me susurran calladamente
que sin ti, ya no somos nada.


© Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

Ella no mira al mundo. Por Brujapiruja

Ella no mira al mundo porque le basta con imaginarlo. Por eso siempre es como a ella le gusta, como lo piensa, como lo intuye. Y si algo le indica que está equivocada, no importa, inventa las palabras, los sucesos, los detalles para que vuelvan a su imaginación sin perturbarla.

Se cree sus propias fantasías y la enfada que los demás no se las crean, que no sean capaces de mirar a través del torbellino de su mente. No da un respiro a la sensatez, la reflexión o a la calma.
Cuando una situación la agobia, la trastorna o la inquieta, porque no tuvo sensibilidad para tratarla ni sabe como resolverla, entonces inventa una nueva que la distraiga de la anterior, si puede ser de mayor envergadura, más gruesa y más disparatada, mejor. El caos, la contradicción y el pulso visceral es su forma de vida y en él se desenvuelve.

Ese nerviosismo endógeno que no la permite estarse quieta es el síntoma de las mil heridas sin cerrar que la escuecen por más que las maquille, del espejo que le muestra sin piedad su verdadero rostro, del rumorcillo de la culpa ronroneando la realidad cruda, simple y evidente. La soledad se le impone a pulso sin remedio y eso, no se puede esconder, ni tirar, ni alejar por más que se ponga tierra de por medio; se siente en el aire que se respira, en esa mesa con un solo plato y esa cama hueca. Todo lo que aconteció permanece y permanecerá en su conciencia, mal que le pese, ajeno a las distracciones histriónicas que se procura.

Ella no mira al mundo, porque el mundo es ella. Y así le va.

Brujapiruja