Artículos de tocador. Por Azur 200

Una navaja para cortar, aceite linaza y tarros de crisantemos. Polvillo de Nápoles para rellenar las líneas del mapa de la cara. Sombra de ojo, penumbra sobre los dos parpados. Esperlecente, mejor aún, tornasol. La esperma roja que gelatiniza los labios y los deja ubicados, uno sobre otro, sujetando ese quejido de rebuzno. Quejido de orgasmo, si es que existe tal cosa. Pintas para cada uno de los cabellos, de los pelos, pintas rojas. Pintas negras. Hasta pintas largas y blancas. Para cada uno de las pelucas, pelos pintados rojos. Esmalte de garra. Perfume de entrepierna. Crema de pezón. Talco de ojos. Resecante de lagrimal. Corazón con gomina. Dedal de colonia. Lápiz negro. Lápiz de mantequilla negra en el lunar, justo en medio de ese agujero. Afeite de monte. De base de brazo. Tijera plana para la pierna loca. Pinzas de toca platino. Corte de uñas de toca platino. Algodonadura para beber sangre en sorbos sordos desde la grieta blanda que sonríe de lado. Peluca y peluquín, castaño rubio o marengo. Máscara facial de cara y sello al mismo tiempo. Brazalete de himen, clítoris de pluma y de jade. Todo este cuerpo de maquillaje, de marquesina fluorescente, son las armas que acribillarán el degenerado, salvaje y suculento retrato original con el que naciste y bosquejan en tandas de dosis fuertes, en capas, la mascarada, brillosa y relamida: escenografía de teatro para rostro de mujer gata de garra o paloma de pluma, con el que te recordaremos siempre

Azur 200

Tu recuerdo en mi jardín. Por Isidro R. Ayestarán

A mi amiga Gema Soldevilla, que anoche me miró a los ojos para decirme que me echa de menos.

Voy a esculpir en este bloque de madera tu recuerdo; a tallar tu aroma y tus besos en una sola pieza; a significar en imagen lo que no te dije y lo que tú expresaste; a transmitir tu portazo de abandono; a silenciar tu despedida dando expresión a mi figura; a recalcar en arte la inquietud de mi soledad… Destruir la evocación de tu añoranza al crear mi nueva obra, dedicada a quien en amar y ser amada hizo su horizonte y su meta.
El sendero de los cipreses será su ubicación; sí, lo tengo decidido; situaré mi estatua en el centro de mi jardín; en escorzo, tu mirada intentará buscarme, alejarse del paisaje que lo rodea para escapar de lo que tú aniquilaste…
Te transformaré en arte, en estatua de recuerdos y asechanzas, en el centro de mis pensamientos, en la búsqueda perpetua de inspiración para mis nuevos encargos. Tú me hiciste artista, me creaste autora de mil títulos que recreábamos en la aurora de nuestra historia de amor… Y ahora que el crepúsculo prostituyó todo aquello que iniciamos juntos, sola, amordazada por tu recuerdo, tallo tu nombre en un ángel triste que intenta mirar a unos ojos vendados, a un corazón sin latidos, a unas manos silenciosas que trabajan la madera en cada pensamiento, en cada recuerdo, en cada momento, en cada abrazo…
Tu recuerdo en mi jardín; tu persona en un catálogo; nuestra historia de amor, como motivo de inspiración… Y como trasfondo a todo, una escultora que creó su historia de amor rota recreándola en estatua silente que pronuncia, en forma de viento a través de los árboles de mi jardín, nuestro nombre, nuestra historia, nuestro inicio de la mano en una aventura loca entre su amor… y su creadora.


© Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

Soria Moira. De Espido Freire


Premio Ateneo de Sevilla

La Autora: Espido Freire

Comenzó a escribir muy joven (sobre los 15 años) hasta que decidió que quería dedicarse a la literatura mas intensamente. Un cambio de rumbo que, impulsada por uno de sus profesores, la anima a enviar su primer original a una editorial que, dos años después, publica su primera novela.
Participa en certámenes y concursos hasta que gana el premio Planeta con la novela “Melocotones Helados” con tan solo 25 años, es por tanto la ganadora más joven en obtenerlo.

Entrevista de Espido freire en Canal Literatura.

El Libro:

Isabella de Betancourt y Dolores Hamilton son dos adolescentes pertenecientes a la alta burguesía británica instalada en Tenerife a finales del siglo xix. Su vida ha transcurrido apacible y regalada, con el único objeto de casarse y perpetuar con su matrimonio el juego de alianzas e intereses que han diseñado para ellas sus mayores. La llegada a la isla de Scott y Thomas, dos muchachos de su edad, cambiará sus vidas y les hará enfrentarse por primera vez con las rígidas normas sociales de sus familias y de su clase. En vano tratarán de refugiarse en Soria Moria —un lugar mítico de los cuentos nórdicos, a salvo del tiempo y de la muerte —, pero ya ha pasado el momento de la imaginación y de los juegos infantiles, y la realidad se impone con la llegada de la edad adulta. Y por si eso fuera poco, el año 1914 está a punto de comenzar, y con él una guerra de proporciones hasta entonces desconocidas… Soria Moria, que obtuvo el XXXIX Premio Ateneo de Sevilla, es un reencuentro del lector con la narrativa más inquietante y sugerente de Espido Freire.

Puedes leer los primeros capítulosen (Editorial Algaida)

Realidad y ficción. Por Francisco Rodríguez Criado


Cuando Arthur Conan Doyle estaba en la cima de su carrera era usual que la policía, confundiendo al autor con su personaje el detective Sherlock Holmes, solicitara sus servicios en la creencia de que él les ayudaría a resolver ciertos casos. Este es precisamente el sendero que recorre el último libro que he leído, la novela de Julian Barnes Arthur & George, basada parcialmente en hechos reales, en la que Conan Doyle investiga un caso de mutilación de animales que trajo en vilo, en tiempos posvictorianos, a la policía inglesa. Fue el propio acusado, el abogado George Edalji, hijo de un vicario parsi, quien se puso en contacto con el escritor para que buscara a los verdaderos culpables.
Esta fusión entre persona y personaje no es nueva. Algunos, incluso, la han llevado a extremos patológicos. Ejemplos: Johnny Weissmüller (Tarzán) murió loco creyéndose el Rey de los Monos, y Bela Lugosi (Drácula) dormía en un ataúd hasta el día en que falleció y fue enterrado con la capa del vampiro al que había dado vida en tantas películas. Por no hablar de Calígula: el papel de emperador le parecía insuficiente y acabó convirtiéndose en una divinidad.
Hugh Laurie, el actor que interpreta a House, ha dejado temporalmente la serie por culpa de una depresión. Al parecer se había metido demasiado en la piel del doctor y después de catorce horas diarias de rodaje la persona seguía asumiendo el rol del personaje. Ignoro si en la vida real Laurie cojea apoyado en un bastón y es asaltado por enfermos que solicitan su ayuda, pero bien mirado este podría ser el argumento de una buena novela sobre las patologías humanas.


Francisco Rodríguez Criado
Ciconia Blog

EL EXTRAÑO VIAJERO. Por Isidro R. Ayestarán

Surca mil senderos un extraño viajero en un intento por olvidar su terrible pasado. Atraviesa miradas inquisitivas acerca de su origen y su posible destino. Traspasa paredes de incertidumbre y gestos de indiferencia. No permite comentario alguno y los monosílabos son su arma preferida. Es un extraño viajero que guarda para sí las respuestas a sus incógnitas…

Camina un extraño viajero entre corazones acogedores de nombres diferentes. Abandona camas hospitalarias resquebrajando sentimientos de imposibles historias de amor. Destroza el anhelo de cautivados enamorados que caen presos por el encanto de su taciturno semblante…

Naufraga en su propia soledad, en su huída hacia el horizonte para evitar dar el paso que lo pueda llevar al encuentro doloroso de su ayer. Y enmudece ante el recuerdo al tiempo que detiene el paso…

Es la luz de la luna quien pone freno a su viaje, a su intento por olvidar las espinas que yacen en lo profundo de su corazón. Y entonces, deja de ser un extraño viajero para descubrirse como un poeta abandonado que, en el intento por olvidar su tormentoso pasado, entona su verdad a su única compañera:

«Ay, amor, por ti camino mi silencio en un mundo solitario que ya no me habla de sentimientos. Ay, mi vida, por ti ya no soy yo, sino la sombra de nuestra historia de amor, que desea estar a tu lado mientras haya sol y luz que ilumine mi sendero. Ay, amor, aparta de mí esta tiniebla, porque ya no estás junto a mí. Y en mi corazón, tan sólo tu recuerdo y tu aroma. Ay, amor…»

Y a la salida del sol, vuelve a caminar el extraño viajero junto a su sombra, su recuerdo… y el pasado de unas tinieblas en su historia de amor.


© Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS