Semáforo en rojo. Por Isidro R. Ayestarán

Cuerpos taciturnos tras la jornada laboral
en un coche rumbo al descanso
a lo largo de un sendero de semáforos en rojo.

Silencios que comentan y divagan en miradas
a través del espejo retrovisor, que les da la razón
en eso de que los días tienen su punto final.

Un «hasta mañana» en la primera remesa
de abandonos hacia las cuatro paredes de
un territorio propio e inhóspito.

El pasado que nunca será presente, y un presente,
que se asemeja cada día más a ese pretérito
lejano y marchito en el álbum de la memoria.

La mirada furtiva y cristalina que continúa en el coche
que camina por ese sendero de semáforos en rojo,
de esperas de segundos que parecen horas.

Las ojeras que se resaltan en el rostro
del escultor de la madrugada, en busca de otro trabajo
con que pagar la renta, el agua, la luz…

La canción que suena en la radio del coche,
que transporta sin peaje alguno a una tímida sonrisa
por un recuerdo de un mundo de color azul.

Y otro semáforo en rojo.
Y viandantes que cruzan ante sus ojos.
Y paraguas que se abren ante la lluvia incipiente.
Y otra clase de cuerpos que viajan con idéntico destino.
Y silencios, muchos silencios en cada mirada.

Un pitillo que se prende en el lado del copiloto.
Una sonrisa cómplice que asiente.
Una luz verde que le aproxima a su hogar.
Un «gracias por traerme una vez más».

Y carga sus bolsas de uniformes y compras para la cena.
Y un claxon que le devuelve el saludo.
La puerta del portal, que se cierra bruscamente tras su cuerpo
derrotado pero con aliento para continuar.

Y otro semáforo en rojo,
que no es más que la continua metáfora
de esta vida con alma de arpía fogosa y ardiente
que devora cadáveres laborales
hasta en los días de fiesta nacional.

Y silencio…
y unos segundos después…
por fin la luz verde…

¿Hacia dónde?


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

Una infancia feliz. Por Mercedes Martín Alfaya

Aroa todavía no lo sabe, pero a diferencia de la mayoría de niños del Tercer Mundo, ella tiene la suerte de haber nacido en un lugar donde puede desarrollarse bien, obtener cuidados, educación y cariño. Ahora está aprendiendo muchas palabras nuevas y lo repite todo:
—Dame.
—¿Cómo se piden las cosas?
—“Vavor”
—¿Y qué se dice?
—“Yacias”

A ella le gusta mucho Pocoyo, ese bombero de azul, y sus amigos: Ely, Lula, Pato y Pajaroto. Todos los días desayuna con ellos y les enseña el vaso vacío explicándoles que se lo ha tomado todo: “Ira, toro, toro, toro. Luego, nos vamos a la piscina para jugar con el agua y esperar a su amiga Alejandra, a la que conocimos hace unos días y que también va a cumplir dos añitos el mes que viene.
Aroa y su amiga se lo pasan muy bien juntas, chapurreando en su idioma y prestándose los juguetes. Cuando sean mayores seguro que las veremos de médicos, profesoras, abogadas, escritoras o cualquier otra profesión que les guste. Tendrán una familia y, probablemente, una bonita casa con perro y jardín. Hasta entonces tenemos que cuidar de ellas, explicarles que las cosas se ganan con esfuerzo, que no debemos adquirir más de lo necesario, que hay que cuidar el Planeta, mimar a los animales y respetar a las personas. Enseñarles a ordenar sus cosas, a esperar su turno, a hablar bajito, a sonreír…, a no desperdiciar la comida, a valorar lo que tienen y a cuidar sus juguetes.
Por la tarde Aroa ya se ha preparado para ir al parque después de la merienda. Ha guardado pan en su bolsa para los patos; también para los pollos, a los que llama con mucho entusiasmo: “¡Pipi, men!”
Y yo la miro extasiada pensando que todos los niños del mundo deberían tener una infancia feliz y en eso debería basarse el proyecto primordial de todas las Naciones. Porque los niños son lo más tierno que existe sobre la Tierra.

— “Uno ecito, lela” —me ha dicho mientras escribo, y me he derretido como un helado en el poyete de una ventana. ¡Ay!, qué beso más lindo.

texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

La dama de rojo y el caballero de rayas. Por Felisa Moreno Ortega

Tras dejar atrás un camino empedrado, nos detenemos a la sombra de la puerta del castillo. Por un momento olvidamos quienes somos, de donde venimos y nos sumergimos en el pasado. En nuestros oídos resuenan los cascos de caballos, el entrechocar de espadas, el silbido de las flechas…

Mi dama de rojo sonrie con sus dentadura ajedrezada, el ratoncito Pérez ha hecho estragos en ella; mientras el caballero de rayas sueña con aventuras matemáticas, ya sabemos de su afición por los números. Desde la Torre del Homenaje, en lo más alto del Castillo Calatravo de Alcaudete, se nos muestra sumisa la Subbética Cordobesa, con sus montes azules rodeados de olivos.

El viento se lleva nuestras palabras y nos trae sonidos de otras épocas.

Felisa Moreno Ortega
(www.tallerliterario.net)

MELOCOTONES. Por Cecilia Prado


Jacob se despertó sobresaltado. Le pareció haberse quedado dormido debajo del gran árbol. Sin embargo no recordaba que tal cosa hubiera acontecido… Más bien lo que levantaba todas sus sospechas era ese extraño estado en el que se encontraba minutos atrás, cuando por un instante no supo o no atinó a acertar su nombre. Recordó que tal incidente ya le había pasado más de una vez y que al despertar sufría esa misma sensación de vacío que lo llevaba a preguntarle a su amada de forma casi compulsiva y reiterada quién era. No obstante, en estas ocasiones, y luego de ese breve instante de amnesia, solía recordar casi siempre los momentos precedentes a quedar dormido: el momento en que ahuecaba la almohada, el momento de apagar la luz y decir buenas noches… Esta vez ni rastro de todo aquello que lo condujo al sueño.

Recordaba, sí, haber atravesado el parque y dirigirse hacia un gran árbol de copa cuadrada y oscura que llamaba poderosamente su atención, aunque no estaba seguro de haberse detenido a descansar bajo su vera. No obstante, creía haber permanecido allí sentado y dormido varias horas.

Se incorporó sin darle mayor importancia al asunto disponiéndose a partir cuando de pronto vio que detrás del árbol había una persona sentada. El hombre era un anciano de barba larga y sombrero en fieltro negro. No parecía dormido, pero su rostro enjuto e inmóvil le confería un aspecto soñoliento como si se hallara inmerso en una gran meditación.

Comenzó por hablarle del buen tiempo, que es lo que se suele hacer en estos casos cuando se quiere ser cortés con un desconocido:

-Qué sol tan bueno hace hoy ¿no? -le dijo.

-Aquí debajo del árbol nunca es de día -le respondió el

anciano, que lo miraba de reojo y por debajo del sombrero.

Y resultó ser verdad, pues la sombra que proyectaba el árbol sobre la espesa hierba era de tal oscuridad y tal magnitud que muchos se quedaban boquiabiertos la primera vez que venían y nadie comprendía muy bien cómo un tronco tan pequeño podía sostener un ramaje tan vasto. Seguir leyendo el cuento, pinchando aquí.

©Cecilia Prado
Foto:»Eva ó mundo rosa» óleo sobre lienzo (0.70m. x 0.97) Cecilia Prado
(www.tallerliterario.net)

Maestro de ceremonias. Por Isidro R. Ayestarán

Utilizando el aria «Payaso», de la ópera I pagliacci que Ruggero Leoncavallo compuso a finales del siglo XIX, les presento mi nuevo montaje de la colección NOCTURNOS, esta vez en torno a mi personaje Maestro de Ceremonias, con fotografías sacadas de mis anteriores trabajos «El vals de los muñecos de trapo», «El poeta nocturno», «El sueño de las musas» y el promocional «Np3».
En realidad, no es más que una alegoría sobre la soledad y el ansia del amor, esta vez con el protagonismo del personaje que he creado y que interpreto en mis recitales de poesías.

© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

¿Por qué llamar castellano al español? (4) Por Santiago Tracon

La aspiración a vivir en un medio monolingüe es el objetivo de los nacionalismos lingüísticos. Esto es difícil, porque una parte importante de la población tiene el español como lengua materna y de origen. Las medidas políticas (inmersión, exclusión del español de la vida pública, elaboración de una mitología nacionalista basada en la negación de todo lo que sea o suene a español) tienen por objetivo vencer la resistencia natural de los hablantes del español a cambiar de lengua. Aquí es donde empiezan los problemas. Es preciso ejercer una coacción más o menos abierta sobre estos hablantes, unida a un tenaz adoctrinamiento ideológico, para inclinar la balanza a favor de la lengua que se quiere convertir en dominante. Esto choca con derechos elementales, como el ser educado en la lengua materna, ser atendido en español cuando se solicite o conocer la verdad histórica. Los nacionalistas han visto aquí un peligroso escollo, y han optado, haciendo cuentas, que deben imponer el monolingüismo en la enseñanza y en la administración si no quieren que su lengua acabe siendo minoritaria y marginada de hecho. ¿Ocurriría esto si cambiaran de política, aceptaran un escuela bilingüe y una cooficialidad efectiva?

Aquí es donde se equivocan los nacionalistas. Promover el catalán bajo presión ha producido cierto avance del catalán, pero no lo ha convertido en una lengua atractiva, comunicativa, con vida propia. Hablar el catalán no se ve con frecuencia como un acto natural de comunicación en la lengua en que uno mejor se expresa, sino como un acto de afirmación nacionalista en unos casos, y en otros como un deseo de asimilarse e identificarse con quien se considera socialmente mejor situado, o incluso como la necesidad de renegar de un pasado incómodo, como es el caso de muchos emigrantes. Todo este entramado de sentimientos y actitudes no lo han querido tener en cuenta los nacionalistas, pensando que, si desde la guardería, los niños se sumergen en un medio catalán, todos estos rechazos desaparecerán, dado que los niños no tienen capacidad de resistencia y lo que prima en ellos es la necesidad de adaptación. Yo digo que con esto no basta. Mientras basen toda su estrategia en la inmersión y el monolingüismo oficial, y no logren asentar la lengua sobre unas bases psicológicas y sociales distintas, el avance del catalán se estancará, como así parece que está ocurriendo.

Hay personas que viven mal en un medio bilingüe, y yo entiendo que esto suceda. Pero quienes de verdad se sienten seguros en su propia lengua no le temen al bilingüismo. El bilingüismo no tiene que ser visto ni considerado como una maldición, sino, en todo caso, como una ventaja. Una ventaja social, cultural y económica. Así lo entienden la mayoría de los catalanes con un estatus social, económico y cultural más o menos acomodado, que no tienen reparo alguno de beneficiarse de su conocimiento del español. Son estos catalanes quienes no quieren renunciar a la gran cantidad de negocios que viven del español (no sólo medios de comunicación, sino de todo tipo), y que configuran el medio catalán como efectivamente bilingüe, incluso con mayor presencia del español de lo que debiera. Hay aquí también mucha impostura. El señor Lara, el mayor editor en español, es el socio mayoritario del diario ultranacionalista Avui, un periódico que, por ejemplo, todo lo que publicó del triunfo de la selección española fue colgar un video con el gol de Torres, retransmitido… en árabe. Toda la información se limitó a destacar los incidentes callejeros de la celebración. Así se construye ideológicamente el nacionalismo, claro.

Asentar una lengua sobre el odio y desprestigio de otra, construir una nación-estado sobre la negación y el rechazo de otra, dividiendo y enfrentando psicológica y socialmente a la población -eso sí, de modo silencioso y sutil-, mediante una propaganda constante y subliminal, cuando no abierta y provocativa, todo eso ha convertido el natural conflicto lingüístico en un problema político al que se le ha dado una solución falsa y en falso.

Diré, para casi acabar, que de esta situación se están aprovechando políticamente unos cuantos vivales y sin escrúpulos, como son los que ahora están tratando de utilizar el natural sentimiento de rechazo de esta política nacionalista mediante el llamado Manifiesto por la lengua común (a la que, por cierto no llaman español, sino castellano; bastante mal escrito, además), entre los que se encuentra el paladín de todos los engaños, director de un no sé qué periódico. A mí me engañó una vez, cuando el otro Manifiesto de los 2.300 (recordaré que al mes de aquella publicación apareció una larga entrevista con Pujol en el susonodicho diario, y allí acabóse todo, problema y denuncia), y por eso ahora no firmo nada que vaya a parar al mismo saco, juntando mi firma nada menos que con quien llegó a ser Ministro de Educación y de Administraciones Públicas y ni pío dijo, y menos hizo.

P.D. Uno de los ejemplos más elocuentes de la estupidez a la que hemos llegado fue eso de cambiar la asignatura de “Lengua y Literatura Española” por la de “Lengua Castellana y Literatura”. La literatura que teníamos que enseñar dejó de ser española, y la lengua, por supuesto, también. Lo peor de todo este asunto, la verdad, es el lavado de cerebro, el manipular las palabras, los hechos y la historia para contentar a los nacionalistas. Esto es lo que veo yo verdaderamente peligroso, porque supone renunciar, entre otras cosas, a la libertad de pensamiento y crítica. Sin ella, hasta se puede ganar un referendum de autodeterminación.

Santiago Tracon – Blog