El hombre corazón. Por Cecilia Prado

El hombre corazón.

 Cuando Elisa salió a la calle ese día, no esperaba en absoluto toparse de frente con el hombre corazón. Tenía una cabeza apretada y rojiza como un puño bien cerrado. Este abultado músculo que de a ratos brillaba bajo la luz del sol, contrastaba en tamaño con lo ampuloso del cuerpo, el cual quedaba recubierto enteramente por una elegante gabardina gris. Elisa pudo advertir, además, sus llamativas manos, negras y duras como las toscas raíces de un árbol, aferradas a un vasto maletín naranja; así como sus grandes zapatos marrones que le hacían tropezar a cada instante con los bajos arbolillos de la cuadra.

 El hombre corazón, torpe por naturaleza, no previó que la niña no era una planta y tropezó con ella sin remedio. Luego dijo con encono:
-Deberías tener más cuidado en la vida y fijarte por donde vas.
-No voy a ninguna parte -dijo ella, con un hilo de voz frágil, evitando mirarle a la cara.
-Todo el mundo va siempre a algún lado, incluso los que se quedan de pie, aislados y mudos, creciendo para adentro como hongos, en medio de una losa del patio.

 -Tengo frío -tartamudeó Elisa. Y empezó a temblar al pronto. Hacía tiempo que no ingería nada, tampoco se peinaba y los jirones rubios le colgaban de arriba a abajo agitados por ligeros estertores.
Pero el hombre corazón no la abrazó, no se sacó el abrigo para resguardarla, no le susurró palabras buenas al oído. Por el contrario: se quedó escrutándola un instante con mirada indiferente y muda y luego sin mediar saludo y cual si ella no existiera, se marchó a comprar el diario en el quiosco de la esquina.
Del peculiar teatrillo enmarcado de diarios y revistas, asomó una blanca pelusa seguida de dos gruesas lentes tan redondas como lupas. El anciano, que había oído todo aunque sin comprender gran cosa, al ver a Elisa tan sola en medio de un adoquín le preguntó qué pensaba. Elisa le respondió que “nada”; y luego dijo que sí, que pensaba en el hombre corazón y en como no la había ayudado y en como se había ido por el camino de las hojas para siempre, sin volverse nunca para atrás.

 

©Cecilia Prado
(www.tallerliterario.net)

Tareas cotidianas (2). Por Mercedes Martín Alfaya

Proteger los caracoles que atraviesan la calle despacito.
Vaciar los armarios antes de ordenarlos.
Desprenderse de las piedras que rompen los bolsillos.
Mirar las nubes desde abajo.
Abrir los días de lluvia con la misma llave que los de sol.
Guardar las mejores sonrisas en el sitio del corazón.
Fregar los platos con delantal de raso.
Buscar tesoros bajo la almohada.
Vestir los lunes de domingo.
Triturar los malos pensamientos.
Desprenderse de las flores de plástico.
No pinchar los globos de colores.
Regalar abrazos.
Y, guardar pétalos de rosa entre las páginas de un libro.
Deshacerse de los relojes que te roban el tiempo.
Abrir las latas de la imaginación con las manos limpias.
Mojar el lápiz de escribir poemas en el mar.
No vestirse de negro los días que toca navegar
Despertar el tiempo que se duerme entre las manos.
Saludar a las torres con campana (y a las que se quedaron sin voz)
Robar sonrisas al espejo.
Ponerle ruedas a los recuerdos que pesan demasiado.
Sujetar con suavidad el hilo de las cometas.
Regar las plantas de los pies con agua de lluvia.
Perfumar la almohada de los sueños.
Limpiar las heridas con salivilla.
Revolver en el baúl de las sonrisas para elegir las mejores.
Coser los agujeros por donde se escape la alegría.
Tirar al pozo la bandeja de promesas caducadas.
Coleccionar suspiros que le gusten a tu corazón.
Fabricar caminitos de mermelada para las hormigas.
Hacer nudos con las mariposas que no quieran separarse.
Colgar cascabeles en las cortinas del horizonte.
Ventilar los armarios de la memoria.
Tender el sol en las ventanas.
Desenredar la madeja de los sueños.
Depilarte los malos pensamientos.
Seguir el rastro de las gotas de lluvia en los cristales.
Arrojar al pozo las piedras que rompen los bolsillos.
Guardar besos en las cajas de bombones.
Regalar cajitas de música con bailarina.
Barrer las sombras.
Recortar las esquinas de las calles sin salida.
Planchar las velas de los barcos para que el viento no se esconda en las arrugas.
Mojar los días nublados en el café.
Cepillar las alfombras de la duda.

Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

¿Por qué llamar castellano al español? Por Santiago Tracon

Las palabras nunca son inocentes. Usar una u otra -o cambiar una por otra- siempre supone una intención. Desde hace años hemos asistido a la sustitución del término “español” por el de “castellano” para referirnos a nuestro idioma. ¿Por qué?

Digamos primero quién ha extendido este uso: los nacionalistas catalanes y vascos. ¿Por qué? Por razones políticas. Se trata de un caso elocuente donde la política se impone sobre los usos más habituales y naturales de la lengua. Expliquemos estas razones políticas.

Los nacionalistas vascos y catalanes son, por definición, independentistas. Toda su razón de ser, de estar y de existir es lograr la independencia política, o sea, constituirse en naciones-estado. Todo lo que se diga para atenuar, borrar, edulcorar o interpretar esta afirmación, no es más que engaño o autoengaño. Lo ha sido siempre, pero hoy mucho más. Nacionalismo e independentismo son, políticamente, una tautología.

¿Qué necesitan estos nacionalismos para alcanzar su objetivo final? En primer lugar, y sobre todo, la uniformización lingüística de su territorio. Y para lograr esta unificación, ¿qué hay que hacer? Primero, tener una lengua oficial; luego, que esa lengua oficial se convierta en lengua común y dominante.

¿Qué puede impedir este proceso? La presencia de otra lengua que compita, desplace, se mantenga o entre en conflicto con esa lengua uniformizadora. En este caso, el español. El español, pura y simplemente, estorba porque pone trabas a ese proyecto nacionalista. Habrá, por tanto, que hacer todo lo posible por impedir su uso y por imponer el uso de la llamada lengua propia, o sea, la única considerada oficial y común.

Todo empezó con eso de la “lengua propia”. ¿Propia? ¿Propietaria o propiedad de qué o de quién? De Cataluña, de Euskadi, de Galicia. El territorio convertido en sujeto lingüístico de derechos. A un territorio, una lengua. Este principio no se sostiene, sencillamente porque no se cumple en ninguna parte del mundo. Las fronteras o barreras lingüísticas son eso, lingüísticas, no territoriales, ni siquiera sociales. Y lengua propia es aquélla que hacen propia los individuos y grupos que la hablan. Los catalanohablantes hacen del catalán su lengua propia del mismo modo que los hispanohablantes el español, vivan donde vivan, residan donde residan, viajen por donde viajen. ¿O es que un catalán deja de tener lengua propia por irse a vivir a Singapur?

El argumento de la lengua propia sirve para acallar cualquier crítica y justificar el único método que los nacionalistas han encontrado para alcanzar el objetivo final: la inmersión lingüística en la enseñanza y el uso exclusivo del catalán (euskera, gallego) como lengua oficial en todos los lugares públicos y sociales, desde la oficina de empleo al teatro, del patio escolar al parlamento. Se trata de que los hablantes del español se sientan incómodos en los ámbitos oficiales y públicos y comprendan que, si viven en Cataluña, Euskadi o Galicia, han de hablar “la lengua del país”, como cuando van a París y no tienen más remedio que hablar francés para entenderse. Esta equiparación, sin más, con países extranjeros más o menos monolingües, es otra de las falacias, pues es evidente que estamos discutiendo de algo muy distinto: si dentro de España uno puede o no usar oficialmente su lengua propia, en este caso el español, con total libertad y sin sentirse por ello despreciado o culpabilizado.

Santiago Tracon – Blog

INNOCENCE. Por Cecilia Prado


La niña se acercó a la jaula donde moraba el pájaro. Se quedó un buen tiempo mirándole en
silencio, detrás de los barrotes oxidados.

–¿Quieres salir? –le preguntó al rato, asaltada por un ansia nueva.

El animal no se movió, continuó oscuro y cabizbajo sobre la delgada varilla de metal pero de su garganta rosada ascendió, como un grito de muerte, un graznido lúgubre y grave, el cual la niña debió de
interpretar como un “sí”, pues acto seguido abrió las puertas de su cárcel. Un chirrido espantoso cortó
entonces el mutismo estéril y el pájaro pasó de la inmovilidad perpetua a la repentina y aireada
libertad y se volvió loco. Le vio alejarse rápido en el espacio para luego mirarla de reojo desde la enmarañada copa de un árbol que cubría casi todo el cielo con sus negras ramas de alambre.

Al día siguiente se despertó sobresaltada. El persistente llanto de un niño le arañaba el sueño
haciéndolo pedazos. La niña se asomó por la puerta para averiguar lo que pasaba. Advirtió al bebé en su
blanca cuna berreando y clavándole las uñas a una blanda pelota de goma. Decidida a hacer algo al respecto, avanzó hacia él por los grandes mosaicos del cuarto en estado de tierna somnolencia. Salvo por el pequeño catre y unas pocas cajas de manzana que se hallaban por el piso, la habitación lucía en su extensión completamente vacía. Las paredes irregulares y descarnadas desprendían un olor a encierro o a humedad difícil de soportar. ¿Dónde está mamá?, se preguntó. Pero mamá no estaba, mamá dijo que se iba y que nos portáramos bien, imaginó. ¿A dónde se iba? mamá siempre tiene mucha prisa, mamá luna, mamá bosque, mamá va a la casa del lobo. Mamá había dicho algo sobre la libertad, recordaba, algo que ella no entendió. Dijo: “la libertad es como un plato de sopa bien caliente, hay que probarlo un poquito antes, para no quemarse la lengua”. Y luego dijo: “volar es como nadar… Volar es como nadar o como amar. Has de hacerle caso a mamá”. ¿Y papá? ¿Dónde está papá? Seguir leyendo el cuento, pinchando aquí

©Cecilia Prado
Foto:»Innocence». Óleo sobre lienzo. (0.97 m. x 1.30 m.). Cecilia Prado
(www.tallerliterario.net)

Al Rihla (El viaje). De Luis Luna

DEJEN QUE LA PALABRA LES BUSQUE
El autor

Luis Luna (Madrid, 1975). Su obra se desarrolla tanto en gallego como en castellano. Junto a Óscar Curieses ha publicado los poemarios Hidroemas (2000) e Ignicións (2002) en la editorial Acef. En castellano ha publicado Cuaderno del Guardabosque (Amargord, 2007). Su obra ha sido recogida también en numerosas publicaciones periódicas y aparece en libros colectivos y antologías como salida de emergencia o Todo es poesía menos la poesía. Interesado en el campo visual –especialmente el mail-art y las instalaciones en la naturaleza-, ha podido mostrar sus propuestas en eventos como la I Bienal de Arte Contemporáneo Cabo de Gata-Níjar (Almería). Ha organizado algunos espectáculos escénicos y participado en numerosos proyectos interdisciplinares junto a otros creadores como Concha Jerez, Guillermo Rodríguez, Aleksandra Mir, María Vielva o Carlos de Gredos y colectivos como Máquinas de coser o nosomoscómodos producciones.

El libro.-

Al Rihla (El viaje) supone un itinerario por los principales lugares de espiritualidad que su autor (Luis Luna, 1975) ha recorrido. Sin intenciones descriptivas, el poemario pretende ser, más bien, una exteriorización de aquello que persiste cuando se ha superado toda religión y se analiza sólo el componente espiritual inherente a toda civilización. El extranjero da cabida al silencio como sonido necesario. No es lo que está escrito en el papel. Estamos ante la disolución sufí.

Ediciones Amargord

Miguel Sebastian, ministro con cartera pero sin corbata. Por Julio Cob Tortajada

Ignoro si la esquila es a la vaca lo que la corbata al hombre. Porque nunca se lo pregunté; a la vaca, por supuesto. Sin embargo, en su orgullo de caminar lento, majestuoso y solemne -por supuesto me refiero a la vaca- por senderos empinados, a veces dificultosos, luce su bronce añejo como el mejor distingo de su presencia. Y de seguro, ufana y contenta de ser el centro de las miradas de quienes pasan por su lado como también honrada a carta cabal, que como siempre, se ofrece con lo mejor de sí misma.

La corbata que no es más que un trapo, es como el obligado colgajo incrustado al toro en el corral en contra de su voluntad, que momentos antes de salir a la plaza se le clava en sus carnes, y es entonces cuando ya está listo para la lidia. Sin que esté obligado a lucirlo de fosforito, de colores vivos, ni de marca cara, ni a que su nudo sea ancho y grande, que más parece la soga en la que se anuda la ausencia de toda personalidad.

Finales los cincuenta del pasado siglo era el sombrero la prenda más importante del vestir diario, sustituido por la boina de visera chulapona y con pañuelo blanco al cuello, en aquellos, cuyo tramo profesional iba desde el aprendiz locuaz al auxiliar con ínsulas de oficial. Desparecido el sombrero de la multitud de las calles, la corbata se luce en nuestros días como prenda obligada tanto en los de abrigo del frio invierno, como en los del suave estío, aunque cuando llega el calor rancio y pegajoso, es cuando se afloja el lazo en torno al sufrido cuello o en acto de rebeldía se deshace el nudo y con la camisa abierta, se ofrece la garganta como señal de libertad.

Nuestro Ministro de Industria y desde el banco azul del Congreso, con cartera pero sin corbata, nos lanza el mensaje de que sin ella se está mejor, más a gusto, y hasta más dispuesto al trabajo liberado del calor que nos asfixia, aunque sea sólo en parte.

Ojalá sirviera la genial anécdota para darnos cuenta de la inutilidad de la corbata, y de lo que se esconde tras la embustera enseña que algunos muestran en lo que ya nada es circunstancial, sino medido en el tiempo y en busca de los mejores mejor frutos. Remedios elaborados dentro de las carteras ministeriales, las de piel cara y algunas de vaca.

Los trasvases ya no son trasvases, son otra cosa; la crisis ya no es la crisis, es otra cosa; los referéndum ya no son referéndum, son otra cosa; las regiones ya no son regiones, son otra cosa y la paga para todos los españoles de los 400 euros es una mentira más, mientras que los más necesitados se van a quedar esperando la ayuda prometida tan convencidos de ella cuando votaron.

Sea con la corbata del engaño en lo políticamente correcto, o con la esquila de la bondad fruto de la ignorancia.

http://elblocdejota.blogspot.com