Mi Pequeño halcón. Por Maria Ahumada

Pequeño halcón que emprendiste
el vuelo,
cruzando las nuevas luces,
anuncios de siglos supremos.
Cuantas sorpresas navegarán por las olas.
¿Cuantas distancias abrazarón tus ojos?
No tengo para darte más alas de vuelo,
dejarte ir no puedo,
porque mi voz está cansada,
de experiencia y luchar por ti.
Halcón, por mucho que avance el mundo,
ya no podré detenerte,
por una ventana que abre el universo…
no estoy más,
la verdad que la esperanza,
el amor, están libre,
quiero dejarte, para que
mi pequeño halcón vuele, a un mundo
nuevo, el mundo del paraíso soñado
por los niños…
Te vas mi pequeño halcón.
al cielo donde Dios y los ángeles te
resibirán en su reino.

MARIA AHUMADA….

Antología PUENTE DE PALABRAS V. Por Gustavo Galliano

Estimados Amigos:

Con el lógico orgullo de padre, tío y escritor, les remito archivo con la foto de mis hijas (Virginia y Juliana Galliano) y mi sobrina (Belén Marcucci Bonel), quienes obtuvieran el Primer Premio en el II Certamen Internacional de Narrativa (Categoría Infantil) «PUENTE DE PALABRAS» 2008.

La fotografía corresponde a la presentación el Centro Cultural Bernardino Rivadavia (Calle San Martín y San Juan), de la ciudad de Rosario, Santa Fe, República Argentina, el pasado 13 de Agosto de 2008, ante una numerosa concurrencia de público, que rubrico con aplausos el ameno acto de presentación de la Antología PUENTE DE PALABRAS V, que coordinara la querida Prof. Gladys López Pianesi, coordiandora del Ciclo Narradores y Poetas de Rosario.

Gustavo Galliano

El poeta que surca el arco iris sorteando las nubes negras que presagian tormenta. Por Isidro R. Ayestarán

Me he convertido en el vagabundo errante

que surca mil senderos de búsqueda por el abandono,

por el escaso fuego de una pasión repleta de silencios,

de palabras furtivas que naufragan

bajo la luz de la luna, reflejada en mi ventana.

Me he transformado en una sombra torturada

por el recuerdo de tu mirada llorosa al decirte

que todo ya se acababa, que mi mano tendida

quedaba sola, a la deriva entre las sábanas

aún calientes por tu recuerdo.

Lo triste no está en que no te quieran,

sino en que no te devuelvan un sentimiento,

un guiño cómplice de pareja, de compañera,

de sonrisa sincera al compartir un abrazo,

un viaje astral al fondo de nuestra quimera.

Soy de nuevo un poeta que surca el arco iris

sorteando las nubes negras que presagian tormenta,

que se miente al no volver a verte, pues se muere

por encadenarse a tu cuerpo de nuevo y no soltarse,

y atarse de por vida, para siempre…

Y mientras te anhelo, camino bajo cipreses

amparado en el triste consuelo de respirar todo

aquello que tú respiras, de ver, sentir, mirar y tocar

todo aquello que tú ves, sientes, miras y tocas al recorrer

esta inmensidad con tu propia soledad impuesta.

Yo, mientras, te sigo a distancia por este túnel

que arrebató la ilusión en nuestra historia de amor,

y lo hago sin respirar apenas para que mi aliento

no desbarate las cenizas que permanecen en el fondo,

donde yacen las letras de este poeta…

el poeta que escribe sus versos más tristes

con la inspiración puesta en lo que fuimos,

lo que sentimos mientras estuvimos juntos

en un breve viaje de idas y venidas, ausencias

y llamadas en espera sin contestar.

Sólo al final de este poema iluminado por la luna

se contempla la imperiosa necesidad de que vuelvas,

de que te matricules en septiembre en la escuela del amor,

y que sepas responder a un abrazo, un beso, una mirada,

un silencio… a los versos de este poeta

que surca el arco iris intentando,

sin éxito alguno,

sortear las nubes que presagian tormenta

en forma de tu nombre y tu persona,

tu recuerdo… y tu mirada al decirme,

entre lágrimas… «no te vayas».

PD.

SIGO AQUÍ.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

Mi mamá me mima. Por Mercedes Martín Alfaya

Hoy, mi mamá me ha comprado un cuento con animalitos y muchas historias. Me ha enseñado al lobo malo que quería comerse a Caperucita y le he pintorreado la cara con un lápiz, porque no me gustaba su hocico. También he visto al patito feo, que era feo, pero luego, en la última hoja, ya se había convertido en un cisne. Le di un besito porque quiero ser su amiga. He conocido a Hansel y Gretel y la casita de chocolate. Yo sé por qué los engañó la bruja, porque a los niños nos gustan mucho las golosinas.
Mi mamá dice que los cuentos son muy bonitos y es verdad. Cuando yo sea grande le voy a leer cuentos a mi perro, que se llama Darwin. Mamá dice que no le tire de las orejas porque puedo hacerle daño, pero a él le gusta jugar conmigo y yo lo quiero mucho.
Ah, se me olvidaba, mi mamá me ha regalado dos pollos, uno amarillo y otro azul. Son de mentira, pero los he puesto en mi cuna para que Darwin no me los quite. Muchas veces se guarda mis juguetes en su casita de perro, pero yo no me enfado, porque algunos animalitos, como Darwin, son amigos de los niños.
Bueno, dice mamá que tengo que descansar y voy a hacerle caso para que me lea más cuentos antes de dormir. Hoy toca: “Los tres cerditos”.
¡Qué bien! Que las mamás nos lean cuentos.

texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

Noche Triste. Por Isidro R. Ayestarán

Acuérdate de aquellas noches de poemas y estrellas,

en las que el recitar al corazón era nuestra fórmula mágica,

y donde la música increscendo era la señal de alarma

de fuego en nuestro juego de pasión.

Rasguea en la guitarra de nuestra historia de amor

la melodía que llevaba nuestro nombre,

en un título inspirado por musas y cupido,

musitado a lo más hondo de tu corazón…

Rememora en esta noche triste lo que fuimos

y lo que nos perderemos al no conjugar el tiempo futuro,

y evoca el suspiro tras tus ojos cerrados,

tu boca dibujando una sonrisa de placer,

el hospedaje a pensión completa de tu cuerpo

y las mejores vistas de tu mirada…

en esta noche triste donde los ángeles

me acercan al país donde habitas,

lejos de este poeta solitario y abandonado.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

A fuego lento. Por Nuria Fernández Sánchez


Nuria Fernández Sánchez, Ganadora del VII CERTAMEN LITERARIO DE CARTAS DE DULCINEA A DON QUIJOTE

Me llevaron a nacer a Lugo en el 73, a la sombra de la muralla romana, que definió mi destino hasta el punto de conducirme a estudiar Filología Clásica. Pero si es verdad que “uno es de donde pace y no de donde nace”, sin duda me criaron el mar y los prados asturianos. Hasta que una pasión juvenil que aún me anima, me arrastró lejos de la costa y me hizo recalar donde todos somos “madrileños con pueblo al que ir”, y dejé de ser gallega en Asturias y asturiana en Galicia. Soy educadora infantil y trabajé en Menores hasta que tomé la incomprensible decisión en estos tiempos de criar a mis hijas como me criaron a mí: al calor del pecho, sin videojuegos, con un pie en el parque y otro en la biblioteca.
Hará un par de meses, mientras me dejaba mecer por la marea internauta, llamó mi atención la convocatoria de un concurso que me pareció tan original, por dar voz a la muda Dulcinea, como clásico, por cultivar el género epistolar, para el que nadie tiene ya tiempo. Como prefiero ir al estanco a por un sello para mandar mis misivas, que darle al “intro”, y se me escapa una sonrisa al ver en el buzón cualquier tipo de letra manuscrita, pensé que era el marco perfecto para darle voz a la protagonista, trasladando con luz nostálgica todo lo que pudo ser y no fue, lo que puede ser y es o no, en la vida de cualquiera de nosotros.
Soy de esas escritoras que no cree que lo sean, que no tiene despacho ni ordenador propio, que garabatea en la mesa de la cocina aprovechando una agenda infantil sin acabar por no desperdiciar papel, que imagina de camino al mercado o en la cola de correos, y cocina las ideas a fuego lento como el puchero, esperando que hagan un rato feliz a alguien y me den tanta satisfacción como ha sido ver la cara de mi hija de ocho años, entre incrédula y divertida, tras leer esta carta.


Nuria Fernández Sánchez
Escuela Alonso Quijano Revista literaria digital

Liberación. Por Yose Álvarez-Mesa

El silencio traspasó los umbrales y se posó en su lecho solitario. La noche, aquella primera noche sin él, había pasado, dejando en la piel un antes y un después de aquel momento. Cesaron las cadenas, el miedo, los puñetazos de amor, el odio guardado en la alacena. Salió a la calle con el único propósito de buscar en las esquelas la noticia de su liberación.

Yose Álvarez-Mesa