2- Damasco 1241. Por Pablo Guillamón

Cuando mi mano se mueve con la lentitud del ave que vuela sobre su presa esperando que se detenga, escribo en este papiro los recuerdos de aquel niño que jugaba entre naranjos. Fue una hermosa mañana de primavera en Murcia, cuando Sara me llevó a su huerto para enseñarme aquel nido con cuatro pequeños y hermosos huevos. Recuerdo que tenía seis años. Sara diez. Me dijo que de cada uno saldría un jilguero. Fue la primera vez que la creación me sorprendió. ¿Qué poder tan maravilloso podía hacer eso?, le pregunté. Sara me dijo que ese tremendo poder era el amor.

Después a lo largo de mis viajes comprobé que Sara tenía razón. Estuve en Jerusalén, donde vi lugares hermosos construidos por judíos, musulmanes y cristianos. Todos honraban a Dios. Observando la ciudad hablé con sus gentes. Los que amaban construían, los que odiaban destruían la creación. En konya dos niños sucios y hambrientos se me acercaron pidiéndome algo para comer. Les di lo que llevaba. Lo llevaremos a nuestra madre, me dijeron. Ella está tan hambrienta como nosotros.

Ahora al final de mis días me encuentro en esta ciudad de Damasco, donde las historias y los cuentos surgen como la hierba en primavera. Hay un pequeño gorrión que todos los días viene a mi encuentro. Entra por un agujero de la ventana de mi estancia, me mira sin temor y se detiene. Sabe que mis movimientos son lentos y torpes. Acompaña mi soledad. También en él esta la naturaleza del amor, por eso le hablo, le comento mis pensamientos, mis dudas (todavía las tengo y son infinitas), le cuento los lugares por los que he pasado, en los que he vivido. Me escucha con atención. Sin preguntar nada. Cuando termino comienza a cantar. Me cuenta una historia cada día. Me dice cosas que ya no puedo ver ni oír. Me habla de la primavera, de los cazadores que le persiguen, de los niños que lo molestan lanzándole piedras. Me agradece las migas de pan que por las mañanas le dejo en la repisa de la ventana.

Por la tarde medito sobre mis recuerdos, sobre la vida pasada, sobre la cercana muerte. Algunos jóvenes vienen a escuchar mis palabras. Les hablo del cielo, de las aves, de las personas, de Dios. Relato mis viajes por el espíritu y la mente. Les cuento una historia. Les digo lo justo que es el movimiento del amor.

Pero después de tantos años por el mundo, lo que más me agrada y reconforta es el recuerdo de aquel huerto de naranjos en el que Sara me explicó el maravilloso poder de la creación

Ibn Arabí. Fragmento perdido de mi autobiografía

Pablo Guillamón
Premio especial Tras las huellas de Ibn Arabi

Desencuentros. Por Ana Mª Tomás


Tiene treinta y pocos años, es culta, atractiva, dulce, encantadora, independiente… Y bastante tímida. Nunca ha estado casada, ni tiene hijos. Disfruta de un trabajo docente que le encanta y unos valores que, en la actualidad, están algo en desuso como son la fidelidad, creer que el amor es para siempre, o considerar las relaciones de pareja como un lugar donde expresar mucho más que amor y respeto.

Sin embargo, pese a todo el conjunto de maravillosas cualidades que le adornan, no consigue encontrar un hombre al que ella le guste y, a la vez, que a ella le entre por el ojo derecho. Cuantas veces ha intentado el arte de la conquista o de la seducción con tipos de los que se ha enamorado, tantas veces le han roto el corazón con la apatía, el desinterés o la chulería de los depositarios de sus enamoramientos.

Ella es una de mis amigas. Y como ella hay otras muchas, muchísimas. Están solteras, separadas, viudas… Y solas a su pesar. No por elección.

Lo terrible de esto es que también tengo amigos, solteros, separados, viudos… Hombres maravillosos, entrañables, tiernos, con valores también en desuso y que estoy segura de que serían enormemente felices con mujeres como mis amigas. Y ellas con hombres como ellos. Sin embargo, aunque he intentado desplegar ciertas habilidades como rejuntadora de personas, que no como celestina mayor del reino, no he conseguido encontrarles la pareja perfecta, bien por desigualdad de edad, por distancias territoriales o ciertas afinidades que podrían dar al traste con la mejor de las intenciones.

Hace unos días recibí un correo en donde se adjuntaba un mensaje precioso, clamoroso y lúcido (se lo recomiendo) de Facundo Cabral, sobre la Vida, diciendo que ésta es el arte del encuentro. Ojalá nos lo creyésemos al pie de la letra. Ojalá viviésemos convencidos de que nacemos para ser felices, para encontrarnos con los demás en un territorio libre de miedos. Sin embargo, eso no siempre es así. No, al menos, para muchos. Es cierto que unas personas son mucho más accesibles, abiertas, extrovertidas en las relaciones con conocidos o desconocidos y les resulta mucho más fácil entablar una amistad, una relación… Otras, por el contrario, hablar con un desconocido les supone un mundo. Pero lo cierto es que unas y otras no siempre tienen la posibilidad de conocerse, de hablarse, de enamorarse.

Por otra parte, hay que tener en cuenta el desasosiego y el tremendo dolor, producido por una separación matrimonial, que acompañan a muchas de estas personas. Con todo, es mucho más terrible no dedicar el tiempo necesario al duelo por la pérdida del ser amado, a serenar el corazón, a llorar y a lamer las heridas producidas por la separación traumática. Por el contrario, muchos separados salen escopeteados a buscar un hombro, y no para llorar precisamente, sino para apoyar su cabeza mientras bailan. Ellos, unos pocos, algunos, demasiados…, con una fobia terrible al compromiso que vaya más allá del “aquí te pillo, aquí te mato” y ellas, no todas, aun recién salidas de la sartén, deseando caer en el fuego. Con lo cual, por mucho que se encuentren, lo hacen con total y absoluto desencuentro.

Por eso chateamos, cibernavegamos, skypeteamos, nos enamoramos a través de una pantalla, fantaseamos y hasta tenemos sexo internáutico, porque miramos y vemos en los ojos de ese otro desconocido nuestro propio amor. Un amor solitario, hambriento, que nos desborda dispuesto a proyectarse, a tergiversar la imagen real que nos devuelva el ordenador. Un amor desprevenido a los engaños, a la terrible soledad del otro dispuesto a vendernos todo aquello que queramos encontrar en él…

Por eso andamos dándonos cabezazos, porque no siempre “la Vida es el arte del encuentro”, sobre todo, con nosotros mismos, con nuestra propia aceptación y amor.

Desencuentros. Desencuentros que hacen que mis amigos y mis amigas continúen buscando a su media naranja, sin darse cuenta de que todos ellos son naranjas completas locamente pletóricas de sabroso jugo.

Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Dama Literatura 2009
Blog de la autora

SE PREGUNTAN POR QUÉ. Por Verónica Victoria Romero Reyes

Verónica Victoria Romero Reyes

Se preguntan por qué ando, todavía,
erguida, con la atravesada mirada curiosa
como bandera y triste rodapiés arrastrado.

Podrá el Cielo hurtarme del jardín la Rosa.
Podrá turbarme, hacerme trizas el paisaje caminado.

Se preguntan también por qué coloreo, en ritual,
afanada, mis mejillas y mis pestañas elevo
para ofrecer al desconocido la mejor de mis miradas.

Podrá el Infierno condenarme al paraje de la Nada.
Podrá eclipsarme, hacerme noche todas las alboradas.

Se preguntan por qué engrano las tuercas de mi cuerpo
para arrastrarlo por el abrupto devenir de la inercia,
por qué alzo torso y paso recto a través de mil arengadas.

Podrá el Purgatorio vencerme en cien batallas.
Podrá sajarme la ilusión del pecho mismo sin cizalla.

Se preguntan por qué amo sabiendo que el amor
no hizo de mí nunca delta, desembocadura ni remanso,
por qué espero cuando nunca fui espera de nadie,
por qué confío cuando sólo dudas han sido sembradas
en el huerto escondido de mis ciento tres esperanzas…

Podrá la Vida quemarme el alma con sus lanzas…
Podrá la Muerte arrastrarme entre sus burlas y chanzas…

Se preguntan por qué engancho un beso en la afrenta,
por qué río cuando vapulean mis oportunidades, ¡ilusa!
o por qué el llanto me corre la cara cuando el Amor se da,
o se quita, o se marcha, o se inmortaliza en la cara de un niño.

Podrá la Vida quitarme a quienes amo
pero no quitarme la escora del pecho
que dice, que piensa, que llama,
que siente, que reza y que ama…

Se preguntan la razón de la sonrisa tonta que alumbra mi cara.
Se preguntan por qué siendo negro, yo veo el firmamento azul.

Porque tengo el más grande de los motivos
y la más fuerte y sempiterna razón.

Y esa razón… eres tú.


Verónica Victoria Romero Reyes
Blog de la autora
De tu voz la travesura.
Derechos registrados
.

Dolor. Por Almudena Aibar Hidalgo

?»Somos criaturas efímeras que existen milagrosamente rodeados por la nada negra y fría. Somos proyectos que se proyectan a través de sus hijos. Ellos son nuestra supervivencia a la muerte, ellos son lo mejor de nuestra esencia, ellos son nuestro mayor tesoro. Cuando los perdemos, cuando nos son arrebatados, sentimos el dolor más insoportable que nos invita a la locura. (…)»

Almudena Aibar Hidalgo
Escritora

1- La gran lección. Por Garrik, actor de la Inglaterra

El joven Ibn Arabi entrecierra sus ojos y, a modo de descanso, posa su mirada en ese Tigris enrojecido bajo un manto de crepúsculo. A su paso, Bagdad parece ovillarse, ennegrecerse paulatinamente, llenarse de noche y de estrellas y de una luna inevitablemente persa. Ibn Arabi ha desmontado y ha mordisqueado con fruición su cantimplora, procurando un sorbo de agua ya más caliente que tibio; también ha sacudido el polvo de su ropa, y ha tanteado por enésima vez el interior de su alforja, confirmando el manuscrito.

El manuscrito… su Turmajan… Quizá el Maestro, al que verá con ansias, quiera saber algo de él, tal vez le pida que lea, que recite, y entonces el joven, con su ilusión de poeta novel, tartamudeará unos versos de ese poema al que tantas noches de desvelo ha dedicado.

La vivienda donde lo esperan es humilde, lo son todas las casas de los sufíes. El anciano Maestro lo recibe con una suave sonrisa, e Ibn Arabi recorre el lugar con su vista: paredes blancas, desnudas, sólo eso encuentra en ese sitio despojado.

Conversan durante horas. El viejo gurú le pide que lea parte de su obra y el joven accede con emoción. El anciano lo premia tomándole las manos y diciéndole que siga su camino, que ya nada puede enseñarle. Ibn Arabi, conmovido, agradece una y otra vez poniéndose de pie y despidiéndose. Al llegar a la puerta, su curiosidad juvenil le hace preguntar:

-Maestro, disculpe, pero… ¿dónde están sus pertenencias?

El anciano lo mira y, sin vacilar, le replica: – ¿Y las suyas, dónde están?

El joven Ibn Arabi, tomando esa pregunta como obvia, le responde: -Yo estoy de paso.

A lo que el venerable maestro, sin perturbarse, contesta: -Yo también.

Garrik, actor de la Inglaterra
Premio especial Tras las huellas de Ibn Arabi

Fue un beso tonto. De Megan Maxwell

El libro

Tras una serie de fracasos amorosos las Inspectoras de policía Olga Ramos y Clara Viñuelas lo tienen muy claro “para qué un novio, si se pueden tener muchos amigos”. Sin embargo, una serie de circunstancias harán que sus vidas cambien por completo. Humor, drama, un punto picante y mucho optimismo encontrarás en esta nueva novela de Megan Maxwell.

La autora

Megan Maxwell nació en Alemania aunque reside desde pequeña en Madrid. Ha escrito varias novelas de distintos géneros, aunque se ha centrado en la novela romántica con la que ha conseguido el  Premio Internacional de NOVELA ROMANTICA DE SESENA 2010 con la obra titulada ‘Niyomismalose’  que saldrá al mercado en enero de 2011.

La atora es miembro de  ADARDE, Asociación de Autoras Románticas de España.

Editorial Versatil.

La vida. Por Álvaro Moreno Herrero

La vida es una canción. Cántala.
La vida es un juego. Juégalo.
La vida es un sacrificio. Ofréndalo.
La vida es amor. Disfrútalo.
La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es un misterio, descúbrelo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es aventura, vívela.
La vida es felicidad, merécela.
LA VIDA ES VIDA…DEFIENDELA

Madre Teresa de Calcuta

foto: Álvaro Moreno Herrero
Más entradas de este autor.