mibosque. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada
El día que conocí a Luis del Val me habló sobre las esmeraldas y sobre los bosques que en ellas se encierran.
Igual que en tus ojos, me dijo.
Yo le contesté que haría un poema y aquí está.

A Luis del Val, por enseñarme a mirar donde nadie ve.

Luis me dijo
que tenía
un bosque dentro
de la esmeralda
de mi anillo
(aquel que
me regalaste.)

Me dijo también
que tenía
otro bosque
dentro de
mis ojos
(aquellos que con
tus besos
me arrancaste.)

Y yo registré
intensamente
en esos bosques
embarazados,
mordiendo cada
tronco allí
escondido,
escarbando con mis
gritos
los días húmedos
en los que
te había amado.

Luis me dijo
que tenía
un bosque dentro
de la esmeralda
de mi anillo.

Y ahora
necesito volver a
verlo
para decirle
que si tú no
vuelves,
me perderé
dentro de
mí misma
—un bosque
carbonizado sin
el agua de
tu boca—.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

La nada.Por Miguel Pérez de Lema

De “La historia interminable” sólo recordaba que un niño volaba sobre un perro gigante, y la imagen terrorífica de la nada avanzando y borrando el mundo de la fantasía, que ahora veo que es el mundo de las ideas, del espíritu, del humanismo, del arte, de la civilización, de la decencia y de la vida que merece ser vivida, llámalo tú como tú quieras.

Había algo en esa destrucción que se quedó en lo más oscuro de mi sótano de las ideas, y era por algo. Al volver a verla, encuentro la explicación que da el monstruo Gmork al niño guerrero Atreyu de qué es la Nada y por qué él trabaja para ella. A quién sirve.

De pequeños no podíamos pillarlo. Y ahora es demasiado tarde. La nada ha ganado. Ya lo dijo Pessoa: “No soy nada, nunca seré nada, nunca podré querer ser nada, esto aparte tengo en mí todos los sueños del mundo”. Bueno, pues eso, pero sin sueños.

Nada de nada.

Tengo bastante calados a los gmorks que han destruido nuestro mundo, Houellebeq explca esto bastante bien, y sin embargo no veo a ningún Atreyu que pueda salvarnos. No veo salvación, desde luego, en estos jóvenes mansuetos que acabo de ver esta tarde “movilizarse” con sus bicis por Recoletos. Un día después de una huelga general fracasada, estos muchachos mileuristas o parados, estos estafados, van y toman la calle todos juntitos para montar en sus bicis. Algunos iban soplando un pito.

Luego dos canutitos y al sobre.

Somos muy modernos, sí. Nos creemos muy osados porque nos hace gracia cualquier idea que levante un palmo del fango. Llegó un día en que nos dio risa todo lo noble, decente, sublime o sagrado que quedaba en el mundo. Lo destruimos, o dejamos que otros lo destruyeran por nosotros, y nos abrazamos a la nada. Lo dimos todo a cambio de nada. Y nos montamos en bici.



Miguel Pérez de Lema
proscritosblog.com

A Borbotones. Por Luis Oroz

No fue sólo el silencio,
ni siquiera el vacío, que te deja en los ojos
dos palabras dormidas,
no fue la incompetencia del amor
que arrastra los escombros de una voz inaudible.

No fueron las persianas del invierno,
ni aquella realidad que nos predijo
el orden de la risa.

Tampoco fue la muerte,
(porque el dolor enciende 4 lámparas en mitad del futuro)
ni fue la soledad con su cielo de plástico,
ni toda la memoria comprimida
en el pequeño frasco de la ausencia.

Solo sé que los sueños han abierto los brazos,
que en esta oscuridad distinta a todas
ha colgado sus flores,
su inacabado corazón de pérgola,
que nuestro aliento cruza
la evaporada piel de las respuestas,
que vivo a borbotones mientras sangra la luz
por esta nueva herida que amanece.


Luis Oroz
Blog del autor

Fall River. De Jhon Cheever

El libro
Tropo Editores presenta en su rentrée literaria de otoño Fall River, una colección de relatos hasta ahora inédita en castellano, que resume los comienzos literarios de uno de los mayores y más aclamados maestros de la narrativa estadounidense del siglo XX, John Cheever.
Trece cuentos de iniciación aparecidos escritos entre 1931 y 1949 en revistas como Cosmopolitan, Collier’s, The Atlantic Monthly o The New Republic, donde ya asoma lo mejor del peculiar, oscuro y marginal universo de Cheever: camareras, hipódromos y personajes de la Gran Depresión. Un libro que aporta luz sobre una de las obras literarias más aclamadas por la crítica en todo el mundo.
El autor
Escritor estadounidense nacido en Massachussets en 1912. Aunque es autor de novelas como Falconer o Parecía el paraíso, sin embargo, Cheever ha sido uno de los grandes cuentistas norteamericanos del siglo XX. Denominado frecuentemente el Chejov de los barrios residenciales, sus relatos se caracterizan por la maestría con la que describe las tensiones de la existencia cotidiana, así como la decadencia moral de la clase media. El alcoholismo, la homosexualidad y las relaciones frustradas son pulsiones latentes a los largo de toda su obra. En 1979 ganó el premio Pulitzer por la compilación de sus relatos titulada The Stories of John Cheever. En la actualidad, se considera uno de los escritores norteamericanos más influyentes del siglo XX.

El oso que no lo era. Por Brisne

El oso suplicó:
-Pero mire, todo esto es un terrible error. Que yo recuerde, he sido un oso toda mi vida» 

Francis Frederick von Taschlein, o Frank Tashlin, (1913 – 1972), dibujante de Walt Disney, director y responsable de algunos de los mayores éxitos de Jerry Lewis nos cuenta un cuento precioso, el oso que no lo era.

Cuando los gansos salvajes van hacia el sur, las hojas se ponen de color amarillo y caen, es hora de invernar. Eso hace nuestro oso, el protagonista absoluto de éste cuento. Tiene mala suerte, le costruyen una fábrica encima y el oso cuando despierta en primavera amanece en medio de la fábrica. Es abordado por un capataz y empieza un peregrinaje de uno a otro en el que el oso trata de explicar que es un oso y el resto, el capataz, el vicepresidente primero, segundo tercero y el presidente le dicen que no es un oso que es un hombre tonto, sin afeitar y con abrigo de pieles. Es más es la respuesta que obtiene de los osos del zoo y del circo, los únicos osos del mundo que conoce el presidente de una gran fábrica.

Tanto le repiten al pobre que es un hombre tonto, sin afeitar y con abrigo de pieles que le convencen, se pone a trabajar en una máquina. Cierra la fábrica cuando los gansos vuelan hacia el sur y las hojas amarillas comienzan a caer. ¡Ojala fuera es oso! piensa, y se queda helado bajo la nieve, hasta que se levanta y se va a invernar, al final el oso se ha dado cuenta que es un oso.

Imaginen, les conté hace dos noches a mis hijas, de casi tres y ocho años, el cuento. La pequeña no paraba de decir, mamá: es que es un oso, y la mayor creo que entendió un poco más lo que Talshin trataba de decirnos, uno siempre es un oso pese a lo que digan. Me chifla el cuento. Leanlo, es precioso. Leanlo, a sus hijos, a sus sobrinos, y quedénse en la frase de mi pequeña que alucinada no entiende como esos tipos llenos de teléfonos y secretarias son tan tontos que no ven que es un oso.

Brisne
Blog de la autora.

No conviene olvidar.Por Verónica Victoria Romero Reyes

Verónica Victoria Romero Reyes

No conviene olvidar
que somos aves a la deriva
y brújula de tránsito,
que somos cuerpo y alma,
perecederos e inmortales
y que sólo el recuerdo
puede hacernos eternidad.

No conviene olvidar que la sal
vertida en una lágrima es un quejido,
que un silencio puede dar más amor
que el bramido abierto con estridencia
y que el paso es propio y compartido
pero nadie puede ver con nuestra mirada.

No conviene olvidar que el Amor
llega tarde y único, invencible,
y que rinde los cordajes de la voluntad
al arbitrio de la querencia misma.

No conviene olvidar que lo hecho
nunca queda extinto y sí es conocimiento,
tampoco que dar la vida no es suficiente
cuando Cupido te ha atravesado.

No conviene olvidar que la gratitud
es el bien más heróico y humilde,
que las manos abiertas son siempre
las de aquellos que más puños cerrados
se encontraron, a su paso, desconsolado.

No conviene olvidar que la Vida es rara
y tiene senderos harto entramados,
veredas muy trabadas
y abrazos muy sinceros.

No conviene olvidar que, anto todo,
somos magia única e igual
y, aunque el olvido llegue,
es igual y es mismo nuestro caminar.


Verónica Victoria Romero Reyes
Blog de la autora
De verdades humanas.
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