Lección para escribir un soneto. Por Marcelo Galliano

Soneto
                                  (A María Luisa Nuñez)

Me preguntaste cómo hago un soneto
y yo no supe bien qué contestarte,
no tengo muchas ganas de engañarte,
siento por ti, mujer, mucho respeto.

Esto que tantos consideran reto,
tan simple es… que casi no es un arte…
dejas fluir la pluma a cualquier parte,
¡no es preciso espaldar y menos peto!

Nada de sacrificio María Luisa,
el verso brota… nace de la nada
como mera extensión de tu sonrisa,

y como un ave siempre enamorada
la musa acudirá presta y sin prisa
y dará esta lección por terminada.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Blog del autor.

La Esteban y La Sklodowska. Por Ana Mª Tomás

Tiene nombre de tenista o de modelo polaca. Y lo es, no tenista, pero sí modelo. Un modelo a seguir. No exactamente respondiendo a la idea que muchos tienen de la mujer a la que le sigue el calificativo de “modelo”, pero, sin lugar a dudas, todo un ejemplo y una mujer de cuerpo entero.

Ya se hizo una película de su vida, como ahora quieren, o han hecho, con la vida de “la” Esteban. El director de la película basada en la Sklodowka fue Mervyn LeRoy y resultó todo un éxito logrando siete nominaciones a los Oscar. Claro que, tratándose de quien se trataba, lo tenía chupado. Pelicular la biografía de una mujer Premio Nobel de Física y, unos cuantos años después, Nobel de Química; primera mujer que impartió clases en una Universidad; pionera en el estudio de la radioactividad y, como consecuencia de esos estudios, descubridora de dos nuevos elementos: el polonio, llamado así en recuerdo de su patria, y el radio. Y para que se hagan una idea de la dificultad de estos estudios les diré que para obtener un solo gramo de cloruro de radio tuvo que tratar ocho toneladas del mineral conocido como pechblenda.

Probablemente, a estas alturas, muchos de ustedes ya saben quién es “la” Sklodowska, pero si, además, les facilito el apellido de su marido, apellido que ella adoptó, y le pongo un nombre, Marie Curie, con toda seguridad, ya saben de quien hablamos.

Y, seguramente, no necesitan que les dé tantos datos para saber quién es Belén Esteban. La Esteban. Durante toda la semana y parte de la anterior, una cadena televisiva ha estado publicitando un programa en donde Belén Esteban iba a ser analizada como un fenómeno mediático a través de una película de su vida que daría las claves de cómo una chica de barrio pasaba a ser denominada como “La Princesa del pueblo”.

Evidentemente, no se puede negar el fenómeno en sí, “la” Belén está hasta en la sopa. Pero tampoco puede negarse que su subida ha sido directamente proporcional al aumento de su engreimiento, endiosamiento, y ampliación de su estupidez. E inversamente proporcional a su ampliación de conocimientos y cultura, ya bastante escasa y deficiente de por sí.

Personalmente era una chica que a mí me caía bien en sus principios. Me parecía que los acontecimientos se habían confabulado en su contra para apartarla del hombre que, a todas luces, ella amaba y quién sabe si seguirá amando. Pero a medida que explotaba una vez y otra y otra, y así hasta el infinito, su odio y su frustración fue empezando a superarme hasta llegar a parecerme esperpéntica.

Sé que muchos de ustedes podrán pensar que hay cosas más importantes que Belén para hablar en este maravilloso espacio, por ejemplo, de mujeres extraordinarias, como Marja Sklodowska, orgullo de todo el mundo (cedió sus investigaciones a sus colegas en lugar de patentarlas), y que han conseguido para la humanidad grandes logros, pero ¿acaso les resulta poco importante que una inmensa mayoría de adolescentes estén planteándose que estudiar, tener una formación, una cultura, una preparación académica no sirve de nada? ¿Podría parecerles poco importante que alguna de sus hijas pretendiera emular el éxito sin precedentes de una mujer que, cuanto más ordinaria es, más audiencia tiene? ¿Consideran que es mejor no dedicarle mucho tiempo a alguien que es capaz de pasarse unas cuantas horas vespertinas haciendo muecas, torciendo el morro, realizando cortes de mangas, o soltando barbaridades por su boca y que, no obstante, sea considerada la Princesa del pueblo? Desde luego, no cabe duda de que ha instaurado un Principado: el de la incultura. Y algo más, el reino de la estulticia, en donde todos somos sus súbditos.

Puede que no sea grave que muchos de nuestros conciudadanos no tengan pajolera idea de quien es Sklodowska, pero, les aseguro, que es mucho más grave que todos sepan quién es la Esteban.


Ana Mª Tomás Olivares
Dama Literatura 2009
Blog de la autora

Para, cabeza, para. Por Verónica Victoria Romero Reyes

Verónica Victoria Romero Reyes

Para, cabeza, para
el giro de idea incesante,
no permitas que el corazón
se rompa como potro, galopante,
por querer saltar el obstáculo baladí.

Te reconozco que me dominas,
me hieres, me procuras tambaleo
y el Verso magno me conminas.

Todo lo vería en claridad si no fuera por ti.
No voy a ser semental de tu rejoneo.

Pero no me amargues la mirada
en mis ojeras de niña y mujer prendida,
no me borres el sentir tan mío
de algo que nunca fue de nadie…

Pero que fue mío, sin saberlo su alma,
fue mío, mío, mío… ¡Mío!

Para ya, cabeza, yo de ti reniego,
no me das más que vueltas sin dulzura
y me haces desierto el oasis pretendido.

Qué día con cruz, qué sino de amargura.
Saberme yo misma enemiga de mí.

¿Le dejaré paso a la locura?
¿Mi amor no es altar para ti?

Te detesto tanto cuando tu martillo
me acecha el corazón en un vestigio
que maldice tu ser, tu redoble y tu abrigo…

Tan sucio y trampero que vuelve un instante
una cadena perpetua en el laberinto
de lo no sabido, no presenciado y no actuado.

Y con pena de infierno, por no llorarme, yo me río:
me dejas el ser sin razón, sin rezo y sin cobijo…

Pero, cabeza, yo te lo aviso,
antes que darte razón
me hago llama de muerte el paraíso.

Blog de la autora
De tu voz la travesura.
Derechos registrados.

A veces. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada
A veces,
cuando
paseamos
y me apresas por
detrás,
con la caricia
experta que se
ha aprendido
-de memoria-
el camino
de mis vértebras,
aprieto los
ojos con
fuerza
para
no perder la
belleza del
gesto:
tu mano
sobre
mí.

A veces,
después de
tantos años,
también
me cuesta.

Pero hoy,
cuando me has
apartado a
un lado de la
carretera
porque venía
un coche y
tus dedos
(de paso)
me han navegado
dentro del
sujetador,
me ha
corroído
el placer.

Y me ha
gustado
imaginar
todos los
aullidos
que me quedan
por gozar
contigo.

Así,
–repitiéndome–
la vida
es mucho
más fácil:
tu
mano
sobre
mí.

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

El maestro de Petersburgo. Por Brisne


«Le da la impresión de que es un precio enorme el que ha de pagar. Le pagan muchísimo dinero por escribir libros, dijo la niña, repitiendo lo que había odio al niño muerto. Lo que ninguno de los dos alcanzó a decir fue que a cambio había de entregar su alma.»

En el maestro de Petersburgo, Coetzee nos enseña a un Dostoievski que vuelve desde Dresde, dónde había emigrado acosado por las deudas, a Petersburgo, ciudad dónde residía su recién muerto hijastro.

Es un recorrido por la ciudad y las vivencias de Pavel, se aloja en la misma casa, mantiene una aventura con la casera y conoce al grupo revolucionario al que pertenecía.

En un principio da la impresión que el amor y la preocupación por su hijo fueron extraordinarias, pero luego nos damos cuenta de la distancia existente entre ambos. Una distancia que quizá sea inevitable entre padres e hijos. La narración de la distancia es magnífica. Es más el hijo le odiaba, cosa no tan infrecuente como quizá nos imaginamos.

El Dostoievski ficticio que nos presenta reflexiona sobre cuestiones nada literarias, el amor a las jovencitas, que rechaza aunque siente, la sociedad rusa, tan llena de hambre y revolución como lo estuvo entonces y su propio amor a la escritura. Una escritura que se torna valiente al final de la novela cuando descubre que para escribir hay que deja el alma en cada folio. Es curioso el final -lo que más me ha gustado de la novela- empieza a escribir cuando termina. Es un viaje hacia el infierno para despertar justo entonces, cuando el sabor a hiel llena sus escritos y supongo que seguirá lenándolos en un futuro.

Me ha sorprendido Coetzee, al que no conocía, y miren me ha gustado mucho. No he sentido que fuese durísimo de leer, pero quizá es que era mi momento para leerlo. No dudo que volveré a meterme en páginas escritas por este sudáficano que ganó el Nobel no hace mucho. Y a propósito de la escritura… ¿Se puede escribir sin dejar el alma en cada escrito? Parece que sí, pero no. Tampoco lo sé, si mi oficio fuese escribir quizá tendría más clara la respuesta. Como no lo es me quedo con la duda, y ustedes ¿qué creen?

Respondan o no… pero piénsenlo.

Brisne
Blog de la autora.

Me traspasa la luz. Por Carlos Gargallo

Los días son punzadas
y el clamor de las palabras
pespuntean este corazón
como si un millón de rosas
dejaran sus espinas en el camino.

Solo quiero poder sentir la primavera
en un invierno cualquiera.

El brazo donde asirme,
la canción que me traiga a la vida,
una razón para existir,
dos labios cálidos y rojos,
la brisa con azahares en el cabello,
cortarle las alas a la tristeza,
entender al fin
que solo el amor
y nada más que el amor
renace para salvarnos.


Carlos Gargallo (c)
De su libro: El silencio imaginario
Blog del autor

Aprendiendo el oficio. Por Maribel Romero Soler


El padre esperaba en las inmediaciones de la casa, apostado bajo un sauce que se levantaba junto al río.
—¿Esto es el botín? ¿Un mueble viejo? —preguntó al hijo, al que aleccionaba en el difícil y arriesgado oficio de ladrón.
—Los dueños lo tenían encerrado en un armario bajo llave, he pensado que podría tener un gran valor.
El padre examinó la mesita de noche con la pericia de un anticuario. Se trataba de un mueble de madera maciza con patas torneadas y un fino labrado en el frontal de los dos cajones. Posiblemente un recuerdo de familia de suma importancia para sus dueños pero con el que no sacarían ni cincuenta euros en el mercado de artículos robados.
—Así no vamos a ninguna parte. Te he dicho mil veces que joyas y dinero. ¿Entiendes? Eso es lo que tienes que buscar.
De una patada lanzó el mueble al río y en pocos minutos la corriente lo hizo desaparecer. En su viaje, el agua consiguió despegar del interior de la mesita de noche, bajo el tablero, el boleto de lotería primitiva con bote que había resultado premiado dos días antes. Un papel demasiado fino para un río demasiado bravo. Posiblemente nunca llegaría al mar.

Maribel Romero Soler.
Blog de la autora