
Hoy me he sentido mayor. Os cuento.
Hace treinta años del 23-F y la pregunta, como cada año, ha sido ¿Dónde estaba usted ese día?
Y me he dado cuenta de que mucha gente ya no tiene respuesta, sencillamente porque no habían nacido o eran tan pequeños que ni se acuerdan.
Así que he pensado que estaría bien contaros como lo viví yo con 29 años cumplidos ese día 23 de febrero de 1981.
Eran las seis de la tarde y esa noche entraba de guardia en la UCI del Ramón y Cajal donde trabajaba entonces. Me había tomado la tarde para descansar, dormir un poco, oír música y darme un buen baño antes de acudir al trabajo y en eso estaba cuando sobre las siete de la tarde una compañera enfermera que vivía en el apartamento de enfrente llamó a mi puerta y asustada me dijo que pusiera la radio y la televisión, que algo grave estaba pasando. Así lo hicimos, la TV no emitía su programación habitual y la radio tampoco, sólo música. Inmediatamente cogí el teléfono para llamar, pero me dijo que era inútil, que estaban las líneas saturadas y así era. Rabia me dio tener estropeada mi emisora de banda ciudadana, porque seguramente los radioaficionados serían de los pocos con posibilidad de emitir noticias. Finalmente conseguimos información en la TV y escuchar la radio y saber que habían asaltado el congreso de los diputados.
Como eran ya casi las nueve, intenté ponerme en contacto con mi servicio del Ramón y Cajal para saber si había alguna dificultad de acceso, pero tampoco fue posible, así que llegada la hora habitual, bajé a mi coche y con cierta precaución por lo que pudiera encontrarme, me fui a trabajar.
Me sorprendió ver la calle Reina Victoria casi vacía, La Castellana con poco tráfico, pero nada más, nada, al menos, que resultara extraño después de haber oído que habían salido los tanques en Valencia y Murcia. Yo no vi ningún vehiculo militar y llegué perfectamente a mi destino.
En La UCI si me encontré cierto revuelo, las compañeras que acaban su turno me hicieron la misma pregunta respecto al acceso y sobre lo me había encontrado en el camino. Allí estaban todos los médicos del servicio con el jefe a la cabeza. Aunque no se nos dijo explícitamente, creo que de algún modo los servicios sanitarios estábamos en alerta, incluso algunos compañeros se incorporaron sin tener guardia prevista.
Ya os podéis imaginar las conversaciones que giraban en torno a un sólo tema, sobre todo los que teníamos familia fuera de Madrid, estábamos muy preocupados.
No obstante nos hicimos cargo de nuestros enfermos mientras seguíamos por radio al minuto lo que iba pasando. Sobre las once y media aproximadamente de la noche, nos avisaron de un ingreso. Y aquí entra mi participación en la aventura del 23-F, curiosamente nos informaron que quien llegaba era un diputado del congreso que había sido evacuado por una crisis respiratoria. El primer diputado que consiguió salir de allí, aunque no encuentre referencias a él en todo el ciberespacio y yo no recuerde el nombre. Anna Balletbó salió por su propio pie, pero os puedo asegurar de primera mano, que no fue la primera.
A través de su mascarilla de oxigeno, nos relató aún angustiado la experiencia, aunque poco a poco se fue tranquilizando entre nuestra expectación. Poco después, sobre la una y media escuchamos el mensaje del rey todo el equipo juntos y a partir de ahí se relajó el ambiente y todo empezó a recobrar algo de normalidad sin dejar de escuchar la radio ¡Claro está!
A los pocos días mi compañera Begoña y yo, recibimos un pequeño detalle de agradecimiento de este diputado, que imagino que nos miró como a dos ángeles de la guarda aquella noche.
Bueno, en resumen, que tengo 30 años más.:)

Brujapiruja
Deutsch lernen. Por Ana Manier

Mi amigo Pepe es Licenciado en Historia del Arte y, por el camino que lleva, se va a quedar calvo antes de encontrar trabajo. El otro día me comentaba que sentía que le habían tomado el pelo (el poco que le queda ya): después de cinco años estudiando inglés, el idioma del futuro, de la globalización, ahora resulta que lo que debería haber hecho es estudiar alemán. Y es que, en el desierto de oferta de empleo en el que vivimos, se encuentra con el anuncio de que el gobierno germano ofrece más de medio millón de vacantes, una de las cuales podría ser para él. El problema no es sólo que para ello tenga que empacar sus bártulos, decir adiós con una pata de jamón bajo el brazo y mudarse a una ciudad donde el invierno se resume en la frase “hace un frío de cojones”. Eso Pepe podría superarlo. La cuestión es que antes necesitaría adquirir un nivel B1-B2 de alemán en un tiempo record.
Dicen que se han disparado las matriculaciones de alemán en las escuelas de idiomas y academias. Me pregunto cuántos de estos aprendices acabarán sus estudios y conseguirán su objetivo. Aprender una segunda lengua no es algo que se haga en un día. Para obtener el nivel B1-B2 se requieren cuatro años en la escuela oficial de idiomas, contando con aprobar todos los cursos y que no se te atragante la gramática alemana, que tiene el honor de ser más compleja que el motor de un VW. Pepe no puede perder tanto tiempo, así que está dispuesto a matricularse en una academia privada o a dar clases particulares intensivas. Con mucho esfuerzo y un poco de suerte podría obtener el nivel intermedio en un par de años, al módico coste de saquear un poco más el bolsillo de sus padres. Ya les devolverá el dinero en el 2.013, cuando sea Lehrer en un instituto alemán. Glück!

Ana Manier
nomegustó. Por Yolanda Sáenz de Tejada

No me gustóque no me contestara
al mensaje
donde le decía
que agonizaba de
tristeza.
Ni que no
me llamara
temprano,
a la mañana
siguiente y
muriéndose
de amor.
No me gustó,
nada.
Sin embargo,
estos
no me gustó
me ayudaron
a olvidarlo.
Mucho y
rápido.
Y eso,
me gusta.

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»
Blog de la autora
Ella. Por Javier Úbeda Ibáñez

La primera vez que la vi fue en una exposición. Ella no me vio. El corazón me latía desmesuradamente. Me costaba respirar. Me escondí entre los pilares donde estaban expuestos mis cuadros. Era mi día, llevaba años esperando ese momento, y me tuve que salir de la galería. Su presencia inundaba el espacio y se metía dentro de mí pidiéndome que hiciera algo…
Mi móvil empezó a sonar, reclamaban mi presencia en la sala. Tras las súplicas de mi galerista, entré. Mi corazón se calmó, ya no me costaba respirar. Sentí que ella ya se había marchado. No la veía, pero sabía que ya no estaba. Otra oportunidad de esas que tan solo ves pasar hasta la próxima.

Javier Úbeda Ibáñez
La excursión. De Beryl Bainbridge

EL LIBRO
Freda y Brenda pasan sus días trabajando en unafábrica embotelladora de vino dirigida por unositalianos, Vittorio y Rossi, y comparten las noches en un deprimente estudio. No es sorprendente,pues, que la excursión que se ha organizado en lafábrica le haga tanta ilusión a Freda, que está decidida a conquistar a Vittorio, y aterrorice aBrenda, que hace lo imposible por escapar delacoso de Rossi.Fuera de las paredes de la fábrica, las pasiones se desencadenan y después de la excursión, nadavolverá a ser igual…
LA AUTORA
Bainbridge solía inspirarse en sus propias experiencias a la hora de abordar sus obras, como en este caso, en que su época como etiquetadora en una fábrica de botellas le ayudó a crear la ambientación para La excursión. Con el mismo estilo mordaz y todavía más humor negro que en La cena de los infieles, Beryl Bainbridge nos presenta en esta novela la historia de Freda y Brenda, dos chicas que comparten piso y trabajan en la misma fábrica de botellas, regentada por unos italianos Vittorio y Rossi. Mientras que Freda está totalmente loca por Vittorio y está dispuesta a hacer lo necesario para conquistarlo, Brenda se ve obligada a esquivar el implacable acoso de Rossi. Todo se complicará durante una excursión en domingo, organizada por Freda, y que terminará de forma insospechadamente truculenta. La autora va a recibir próximamente un premio Booker póstumo en reconocimiento a su trayectoria y obra literaria.
PVP: 18,50 €
Formato: 13 x 21 cm
Páginas: 240 págs.

Puesta a la venta: 28 de febrero 2010
ISBN: 978-84-938295-5-1
Editorial: Ático de los libros
Reflexiones en el otoño de mi vida. Por Germán Gorraiz López

La hora suena mi nombre…
¡Todo lo presentido, el anhelo brotado de años de vigilia va a consumarse en su plenitud! ¿Cómo pude vivir tanto tiempo sin otras manos a las que entregar mis sueños?
Nada importa ya; atrás quedaron las estrellas que le robé a la noche y es el momento de hacer el recuento de mi espera.
Confieso que nunca conseguí saberme centro del mundo que me rodeaba y me recuerdo días enteros de niñez sin agitar las manos hasta el atardecer.
Mis primeros titubeos coinciden con el declive de mi adolescencia, (nunca quiso el alma estar enjaulada en mi cuerpo destartalado).
Mi juventud significó la aparición de mujeres nunca antes anheladas por mi corazón, antes bien ignoradas u odiadas en mi impotencia e imperceptiblemente, amigos y estaciones me fueron abandonando y sólo yo vacilaba al intentar escribir mi vida.
¿De dónde nacía aquel vértigo ante el azul?
Cada amanecer se convierte pues en un misterio insondable para mis ojos y todo camino emprendido se tornó insufrible sin más compañía que mis huellas en el barro; mi cuerpo sufrirá entonces los primeros síntomas de desequilibrio emocional y acabé amarrado a las raíces de mi pasado.
Ni las más violentas agonías de mil noches en soledad podrán borrarme su estigma;me veo destapando recuerdos y viviéndome en cada piedra, rama o nube que saludaba mi paso; el mundo giraba sin mí y yo giraba sobre mi mismo ya vivido..
Esta etapa de anacronismo acabó con la aparición de un alma de niña que hará posible mi encuentro con la poesía.
Hoy no recuerdo ya su rostro y sólo conservo las breves poesías que me regaló su mano y donde más tarde se mirará tantas veces mi alma para recordar su voz.
Tras este ilapso de idealismo, intuí que la maquinaria humana debía engrasarse con mi sudor, por lo que descorché botellas enteras de ilusiones evaporaras entre jirones de amaneceres de insomnio, pero la obsesión de enfocar mi aliento creativo junto con el alcohol aniquilaron parte de mi cerebro..
La suerte me deparó entonces oposiciones a perdedor humano a los que debo sin embargo el reavivarse el fuego interior que quemará durante cierto tiempo los restos de mi orgullo y superado el trámite de la incorporación al engranaje productivo, resuelvo unir de por vida mi esfuerzo intelectual a la búsqueda del amor anunciado para mí en el tiempo.
Se suceden a continuación largos peregrinajes de soledad e inacabables naufragios de años hasta desembocar en un corazón totalmente desnudo y por primera vez, descubro en el guiño de unos ojos el brillo primigenio que sólo mucho después nacería como herencia del destino.
Lo cierto es que el desengaño de mi miopía fue sólo el anticipo de la herida que haría sangrar buena parte de mi existencia posterior…
A raíz de este desenlace, quedé desprovisto de todo sentimiento afectivo y en consecuencia decidí agazaparme en un recodo del invierno, pendido tan sólo de los latidos de mi corazón enterrado en poesía y llegué a estar tan lejos de este mundo que no creí necesario suicidarme .
El alma se me dormiría después en una estrella, a la espera de amanecer con su luz ¡Cuántas hojas caerían de mis ramas mientras la nieve iba poblando mis sienes!
Mis días más próximos han sido un continuo desfilar ante mi vista de veranos agostados y primaveras marchitas sin poder siquiera atrapar la niebla con mis dedos, mas cuando acabo de hacer el recuento, oigo que suena mi nombre y sé que todo lo anhelado , el deseo acumulado en años de espera, va a realizarse en su plenitud…
Oigo en sus latidos las promesas que siempre brillaron en mis pupilas y leo en sus ojos el destello que alumbró mis días y estas hojas son las últimas que anota mi tembloroso pulso, pues pronto iré a su encuentro a ser en ella lo que siempre fue en mí.
-Si veis un amanecer el vuelo de dos almas, será que ya hemos enamorado la tierra-.
Germán Gorraiz López
Bla, Bla, Bla. Por Isabel Serrato Sánchez

Bla, bla, bla, bla,bla,bla, bla
bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla
bla, bla, bla, bla, bla, bla,bla…
-¡Qué bonito!
-¡Qué bien habla ese hombre!
-¿Pero te has enterado de algo?
-No, pero sonaba tan interesante
en sus labios…
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Isabel Serrato Sánchez
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