
Alí Babá
Fotografía a concurso en el Premio Especial Tras las huellas de Ibn Arabí

No quisiera pensar, no lo quisiera,
de aquellos que no ven más de sus ojos,
que lanzan hacia el cielo sus enojos
y son de aquí, de allí, de dentro y fuera.
No me importa saber que alguien pudiera,
cuestionar tu escritura y pensamiento,
insigne pluma de conocimiento,
que un príncipe de altura concibiera.
Si cruzaste el umbral de la frontera,
y tu nombre ofreció tanta grandeza,
¿quién podrá cuestionarte si lo hiciera?
Que tu obra, sillar de fina pieza,
es un florón de oro que esculpiera,
la más grande y genial naturaleza.
——–
Juan A Galisteo Luque
Derechos registrados
blog del autor.

Hoy te he echado mucho de menos
¿Será porque
ha llegado el invierno
o porque te quiero de verdad?
Isabel Serrato Sánchez
Derechos registrados
Blog del autora.
?

Cómo seguir extasiada
mientras contemplo este cielo;
su variedad de paisajes
circulando
el
tiempo
la
natural
aventura
de aquellas aves
-y algún potrillo con su viajero-
Cómo mirar la reunión
de las almas bajo el cielo;
sus andares vacilantes
la intemperie
el escarnio
la obstinación del dolor
-flagelándoles los cuepos-
Cómo mirar sin herirme,
el revés de los espejos;
calor de hogar
Verdi o Piazolla
algo de encaje sobre la mesa
computadora
café caliente
y…
casi rozando
mi piel, mi aliento
-el hombre llora-
llora en silencio…
BETTY BADAUI
Rosario-Argentina
BLOG de la autora
Decir “te quiero” es trivial. “Te necesito”, deprimente. “Te deseo”, pretencioso. ¿Por qué me quieres? ¿Para qué me necesitas? ¿En qué consiste tu deseo? No todo son frases hechas y una vida predecible. Me gusta hurgar, mirar debajo de las camas, correr las cortinas de los baños ajenos y observar qué tipo de champú se utiliza en cada casa. Yo te quiero, aunque sea un misterio de dónde nace este sentimiento. Quizás se trate únicamente de una jugarreta química que me lleva a ti, zombi, por los pasillos. Y te necesito, sobre todo para levantarme y mirar a la mujer del espejo y desearle un buen día. Antes de que tú llegaras a mi vida era una irresponsable de mirada desafiante y ánimo de plomo. Y te deseo -sin ti, mis brazos sólo son extremidades y mi piel un tejido que podría abandonar en una esquina, como una serpiente-. Y sigo hurgando, metiendo los pies en los charcos y el dedo en las llagas que supuran. Todo esto, ¿es bastante? Me pregunto. Nos tocamos en los ascensores y nos observamos en los espejos de cuerpo entero. Nos buscamos en el coche detenido en el arcén de una autopista, y los haces de luces de otros coches nos multiplican. Nos acariciamos en el cine, con los ojos clavados en la pantalla. Cocinas para mí y me observas comer sin acompañarme -me haces una foto mientras me chupo los dedos-. ¿Por qué te quiero? ¿Cuánto te quiero? ¿Puede el dolor ser una forma de amar? No te necesito ahora, porque estás conmigo. Ahí detrás, tumbado en la cama. Me llamas. ¿Qué haces? Te escribo una carta. No te lo crees. Escribo todo lo que no te digo, el ronroneo inexacto de esta cabeza loca. No, no te necesito. Cállate, me molestas, me incordias -me tiras un cojín, que yo esquivo e ignoro-. No te necesito ahora, pero te necesito mañana, o en cuanto te alejes diez metros y cierres una puerta. Ahí todo se desmorona. ¿Se puede medir el deseo? ¿Con qué medida? ¿Con qué instrumento? Yo te deseo con los músculos agarrotados y el corazón desbocado. ¿Es suficiente? Te estás poniendo muy pesado. Me giro y te observo. Y mientras tanto escribo en el teclado. Sí, no dejo de escribir, a pesar de ese gesto que haces con el dedo índice, de adelante hacia atrás, de adelante hacia atrás. Claro que te entiendo. No, no soy estúpida. Ya voy, ya voy… Dejo el ordenador sin apagar y corro a tus brazos. Luego acabaré mi/tu carta. Tu cuerpo es una alacena, el taller de un artesano, un montón de hojas secas que el viento desordenará de un soplido. Me agarro. Me agarro a ti y me dejo llevar. Rodamos despacio y deprisa, despacio y deprisa. Danzamos como dos planetas. Y ahora, entrelazados, nos fundimos en un solo volumen, estático y rotundo.
Juana Cortés Amunarriz
Blog de la autora

Estoy aquí, recuerda
que la vida es el vértice
donde una vez tú y yo nos encontramos,
que mi suelo se inclina hasta alcanzar tu suelo,
que te miro llegar desde otro ángulo,
como el niño que observa en la noche de Reyes
la diagonal del sueño.
Recuerda que te creo cuando mientes
la curva tu risa,
cuando apoyas el peso de las lágrimas
en la delgada línea de lo se ha perdido.
Recuerda que yo insisto en los vacíos
(tan llenos sin embargo)
de tu tiempo despacio;
la superficie ingrávida de tu mundo en mi mundo.
Acuérdate de aquello que nunca podré darte,
porque sólo en la ausencia se refleja
la imagen de la estancia;
esa arista que roza con mi nombre tu nombre
y que sin darnos cuenta va creando,
geométrica y perfecta,
la figura de un Dios,
omnipresente,
sobre el cielo imposible de la supervivencia.

Luis Oroz
Blog del autor

«Una vez escribias tu primera historia, no había marcha atrás. Te habías convertido en un embaucador, e inevitablemente sólo podías mostrar recelo ante los demás embaucadores»
Sí, lo han adivinado, estoy prendada de la escritura de Félix J. Palma, me parece un autor maravilloso, de esos que te conmueven, que te arrojan del sillón de la complacencia y .además de hacerte pensar, te cuentan historias. En «El mapa del tiempo», Félix nos plantea una novela extraordinaria; tanto en la historia como en la forma de contarla. La historia nos habla de viajes en el tiempo, de novelas que marcaron el siglo XIX, el viaje en el tiempo de Wells, del Drácula de Stoken, de Otra vuelta de tuerca de James; de novelas y literatura que se mezclan con la vida. Puede ser inverosimil.. y, ¿qué?. A mi me da igual que uno pueda creerse o no las historias, creo que es algo accesorio a la literatura. Creer que se puede viajar en el tiempo es el gran argumento sobre el que da vueltas en las tres partes que se divide el libro. En dos de ellas descubrimos la mentira que la ficción esconde pero en la tercera, ahí no hay mentira que se esconda. ¿Quién sabe si existen los viajeros del tiempo?, y en todo caso, ¿qué nos importa que no existan?. Es algo que no importa y que le sirve para sumergirte en el blanco sobre negro y disfrutar. Porque yo sí creo que leer es disfrutar por encima de casi el resto de sensaciones que nos proporciona. Los lectores creo buscan cualquier cosa en la literatura, pero muchos buscamos sobre todo el disfrute, que esas palabras se introduzcan en nuestra memoria creando imagenes y sensaciones que recordaremos pasados los años, incluso cuando las palabras desaparezcan de nuestra memoria y no recordemos más que esa sensación que nunca nos abandonará.
Por eso hay novelas que no deben ser releídas si no queremos correr el riesgo de perder el brillo que las van a acompañar durante el resto de nuestra vida. No sabría decirles si El mapa del tiempo es de esas, pero sí puedo decirles que un aureola de fulgor la ha dibujado en mi mente, que la voy a recordar. Es de lo único que estoy segura. Si quieren llenarla de brillo, leánla. Seguro que no se arrepienten.

Brisne
Blog de la autora