Soneto a la mujer inevitable. Por Marcelo Galliano

Buscando el mar parece estar el río,
al cielo inmenso mira la azucena,
y el ala rota que hoy flota con pena
sabe que su destino es el vacío.

Pienso en las noches si es el rumbo mío
esto de andar vagando por la arena,
con la tristeza viva a mano llena,
sin conocer más rostros que el del frío.

Le he escapado por años a las cosas
de esos dedos que siembran bellas rosas
que con su aroma enmiendan los errores.

Tarde comprendo: el fin de cada hombre
es encontrar la boca que lo nombre
y el alma que le endulce los dolores.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Blog del autor.

La mujer… sólo ella… Por Ana Mª Tomás Olivares

Con motivo del Día Internacional de la Mujer quiero celebrarlo regalando a mis amigos del blogs un poema inédito que pertenece a mi último poemario titulado «Miradas Cómplices» y que presentaré en primavera en Murcia y Madrid.

La mujer.
Siempre ella
quien arrulla en su regazo
la bondad de una tierra
ansiosa de semilla;
quien enciende los sueños
en la aurora
-soñar siempre complica las cosas-;
quien pone nombre a las estrellas
y cura con sus ojos las heridas.
La mujer.
Siempre ella
quien se yergue después
de la violencia o la venganza
del hombre contra el hombre.
La mujer.
Sólo ella.
Camina, cae, se arrastra
o se levanta, se eleva y vuela
al ritmo de la flauta de la Vida.
Sólo ella puede ser serpiente o bailarina.

Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Pintura: Melero
Dama Literatura 2009
Blog de la autora

13- Preguntas. Por Hernán

?

Me gusta oír hablar de Al-Ándalus. De aquellos tiempos en que pateabas Sevilla, Lora del Río y Carmona, de biblioteca en biblioteca, y hablabas con unos y con otros compartiendo conocimiento. Me encataría, a tu vera, seguir esos pasos para vivir aquella armonía y aprender lo que aprendiste.

Dime, ¿es cierto que hebreos, cristianos y musulmanes estudiabais los mismos temas: ciencias, filosofía, literatura, arte y arqueología?
He leído que se convivía en paz, que se traducían los textos a los tres idiomas y que había un intercambio de ideas sin prejuicios.
No te incomodes, es que me cuesta creerlo.

¿Sabes?, ahora existen muchos reparos, nos cuentan cosas que nos resultan tan extrañas… sin quererlo generan desconfianza y miedo.

Ya sé que tú también tuviste que sufrir acoso y que ya en Damasco llegaron a torturarte y maldecirte por decirles que hay algo más allá de lo temporal y del dinero. Si lo vas a mirar, ahora ocurre algo parecido. Yo, a veces, también lo digo, pero se ríen de mí como de un loco. Parece que ciertas conductas se repiten a lo largo de la historia y desarma el espíritu comprobar que tantos siglos después seguimos tratando de descifrar los mismos enigmas: Dios, el amor, el sentido de la vida.

Ibn Arabí, contéstame: ¿hay esperanza…?

Disculpa, mi madre me llama a cenar, siempre dice que hablo solo, pero yo no me siento así. Aunque sepa que éste es un camino solitario, tus palabras me arropan en el tiempo y en algún lugar de mi ser resuenan como ya escuchadas. Vibran conmigo como una melodía conocida que moviliza el espíritu y, aunque aún no sepa adónde me guían, seguiré sus notas.
Volveré a tus letras y seguiré preguntando. Quizá algún día encuentre las respuestas.

Hernán
Texto a concurso en el Premio Especial Tras las huellas de Ibn Arabí

Intentar educar. Por hijadecristalero

Cuando yo tenía la edad de mis hijos, podíamos conducir motos a los catorce años, hacer pellas sin que nos detuviera la policía, ir a conciertos gratuitos, salir por la noche hasta las tantas, beber litronas en los parques, fumar porros sin que te pusieran una multa, ganarte la vida trabajando media jornada… Incluso estudiar una carrera servía para algo.Ahora, si alguno de mis hijos falta una hora a clase, el instituto me pone un mensa.
¡Qué bien! dicen muchos padres, así están más controlados.Educar a los hijos es muy difícil, todos creemos que lo hacemos bien y probablemente nunca sepamos si acertamos o nos equivocamos: la vida me ha enseñado que la educación que uno ha recibido, comienza a hacer efecto cuando la persona que te la ha dado muere.

Yo no sé si estoy educando bien o mal a mis cachorros.
Intento que en casa haya una tibia –en comparación con lo que veo a mi alrededor, parece férrea- disciplina.
Pero no me gusta que controlen a mis hijos, no le pido al Estado que los vigile, sino que los instruya. Prefiero que tomen sus propias decisiones y aprendan a base de equivocarse, como hicimos los de mi generación: un mes te pasabas faltando a clase de mates, te cateaban y al mes siguiente no faltabas ni un día, porque habías aprendido la lección. Un día salías con los yonquis, veías la mierda en la que vivían y te alejabas para siempre del camino de la dependencia.
O te hacías adicto.
De ahí la importancia de aprender a manejarte en libertad.

Por mucho que nos controlen, todos, en algún momento de nuestras vidas, somos libres. Siempre llega un día en el que no hay una madre o un profesor mirando.

Tarde o temprano hay que tomar decisiones en completa soledad. Tarde o temprano hay que empezar a responsabilizarse de lo que uno hace con su vida. Tarde o temprano, si vives, llegará un momento en el que ya no puedas seguir echando balones fuera.

Cada vez que un padre celebra que sus hijos estén más controlados, sé que estoy ante un adulto que, cuando el jefe no mira, deja de trabajar.
Y yo quiero que mis hijos sean libres para escoger su camino y poder dedicar su vida a hacer lo que aman, que no necesiten vigilancia.

Pero, como decía un poco más arriba, nunca sabré si lo estoy haciendo bien.

Hijadecristalero
Fotografía en contexto original: justjared de la serie The Office
Proscritosblog

El castaño. Por Javier Úbeda Ibáñez

Castaño?
Después de habernos pasado tres magníficas horas buscando setas en la Sierra de Gredos, decidimos parar a descansar y tomarnos un tentempié.

Nos sentamos a la vera de un hermosísimo castaño que, como un rey a las puertas de su palacio, nos acogió con su protocolo otoñal: hojas y más hojas caían de sus largas ramas, conformando lo que era ya un espacioso manto dorado que sirvió para que nos sentásemos y protegiésemos del gélido suelo.

Yo recosté mi cuerpo en su mullido y grueso tronco de corteza agrisada. Y allí me quedé dormido mientras mis amigos contaban historias legendarias de atardeceres mágicos, o eso pienso.

Javier Úbeda Ibáñez

lucharyluchar. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada
Pausadamente, sin prisa pero sin cadencia, vamos a ir instalándonos en los finales felices…
Pero antes de reventar con un apasionamiento eterno, abriremos boca con este poema. Porque uno, a veces, muchas veces, más de cuatro veces, es dueño de su final…
Además, no hay nada más hermoso que abrir un río donde antes nacía el desierto y, además, bañarte en él hasta mutarte en pez.
El otro día, en un lugar sin luces maravilloso, donde charlábamos después de un recital de poesía inolvidable, alguien se atrevió a decir que su vida era perfecta y que vivía exactamente como quería… Ese alguien fue tachado de lo contrario… de cómodo, de no moverse para sentir más. ¿Sabéis por qué? porque cuando hablo de su vida, nunca mencionó el amor hasta que no le preguntaron…
Por eso, en este poema, el verbo está llevado al extremo de la pasión, del sentimiento y de la lengua. Es decir: si algo quieres, o te lo trabajas y lo haces saber, o todo terminará diluido en sus venas (las de la persona que amas), como un borrón listo para una cuenta nueva.

Tú no sabes luchar,
tú sólo sabes sacar las armas

Luchar:
rebozar mis costumbres
en la miel de
tu boca
(para dulcificar las
pesadillas que te devoran)
Invitarte después
a merendarme.
Cambiar mi perfume
por el que a
ti te enloquece.
(Luchar por gustarte).

Luchar:
mover tu sangre
coagulada y
casi helada
para amarte
hasta que ardas
en mis
infiernos.
Besarte por
la calle
aunque nos miren
los vecinos y
estudiar todo lo
que a ti
te interesa sin
dejar de repasar
mis sueños.
(Luchar por mejorar).

Y luchar
para que no me vaya
(ahora te toca a ti):
empezar a cambiar
aquello que yo
pienso que
no eres capaz
de conseguir.
Es decir,
eso que,
por más que
tú me expliques,
yo no
veo en
ti
(luchar por que yo me quede siempre
dentro de tus huesos).


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Pólvora Mojada. Por Brisne


«Historias que estabas incubando, que comenzaste a forjar en tu cabeza y no llegaste a terminar, que cincelaste con la paciencia de un orfebre y la liberad de movimientos de un ápatrida, están ante aquí, ante mí»

Ayer tenía otros planes, pensaba terminar los estravíos, corregir un cuento, ver un rato la tele, mirar los blogs amigos y pasar un lunes más, sin pena ni gloria, esperando el martes siguiente, que pasaría también ábulico en espera de los días siguientes. Pero no, me pasé por la biblioteca de Calatayud en uno de esos ratos muertos entre el final del trabajo y la inevitable recogida de la niña en la escuela de música y encontre dos libros de relatos de Óscar Sipán y fue mi caída irremediable hacia sus palabras. Comenzé a leerlos a la espera de que mi hija bajase al escalera de su clase y no pude parar de leerlos hasta que las dos de la mañana sonaron en el reloj. Todavía me faltaban tres cuentos que leer del volúmen «Pólvora Mojada», no podía seguir leyendo, los ojos se cerraban con la imagen de sus palabras que me golpeaban. A regañadientes, pensando en que hoy andaría zombi, cerré el libro. ¡Qué rabia! Prometí levantarme temprano para terminarlos y para escribir sobre ellos. Promesa incumplida, el puñetero despertador ha sonado a la hora habitual y la casa se ha llenado de gritos de corre, desayunos, café inevitable, carteras, chandals, pantalones, coletas por hacer y prisas que nos llevan a la fila del colegio siempre cuando el gong de la campana ya anuncia que hay que entrar. El inevitable trabajo viene luego. Y yo preguntándome toda la mañana cómo no conocía a Óscar Sipán, como había habitado este espacio coincidente sin haber sido golpeada con su prosa ágil, sorprendente… con su cuentos que huelen a genialidad y literatura.

En una hora muerta, entre clientes que no llegan, los he terminado. Todavía ando noqueada entre ojos de cerradura, declaraciones de amor verdadero, padres que pierden hijos y amantes lejanos que marcan vidas. Igual ustedes no le conocen, igual incluso no quieren conocerlo, pero yo sé que leeré todo lo que de este oscense ,que habita la teintena como yo, caiga en mis manos. Pospondré a Musil, a Matute, a Faulkner para sumergirme en la piscina de sus letras y ante su grito «¿Vivo o muerto?» gritaré: Vivo también entre sus imágenes.
Si tienen el valor de perderselo, piérdanselo. Es cuestión suya.


Brisne
Blog de la autora