Inmortal. Por Luis Oroz

Nos dejaste las hojas y el rocío
el mar
las instrucciones
            para aprender a andar sobre las aguas
                                                              Raquel Lanseros

 

  La emoción que resbala,
                                                  la evidencia
de no saber si todo permanece.

  La nostalgia es el rastro de otras voces,
de la ajena palabra que en tu boca se hunde
para imprimir su huella
sobre esa playa que llamáis silencio.

  Unas manos distintas sujetarán tu copa
mientras brindamos juntos
por la certeza de la incertidumbre.

  Como un pez diminuto que en el cristal comprende
la transparencia de la inmensidad,
así se expande el mundo
desde el vidrio convexo en el que habitas.

  Y sin volver regresas de la muerte a la vida,
gravitando las aguas
                                         y alejándote
de todo lo que un día conocimos.

   Yo no diré tu nombre,
                                                ni el motivo
por el que estás aquí mientras te pierdo,
porque tal vez es eso
lo que te hace inmortal;
el rastro de tu voz sobre mi voz,
la longitud inmensa de lo que, tal vez, alguien
recorrerá también
sobre nosotros.


Luis Oroz
Fotografía extraida de la red.
Blog del autor

La esperanza del cine español. Por Ana Manier

Branderburgo
Hoy me encontré en un periódico el siguiente titular: “Así es Torrente 4, la esperanza del cine español”. Se espera que sea la película española más taquillera de los últimos tiempos. Al leerlo, no me pude contener las ganas de reír, o de llorar…
Como el cine es cultura, esta obra viene plagada de boberías, humor burdo y soez, guarradas de todo tipo, tetas y culos, mujeres calentorras. Con la intervención estelar del hijo de la Pantoja, reputado actor de prestigio, y canción principal interpretada por David Bisbal, el ricitos de oro. Todo un compendio de arte que el público sabrá premiar acudiendo en masa y contribuyendo así a que el cine español maquille sus números y siga apostando por películas de calidad.
Pero no nos dejemos engañar por las apariencias. Para apreciar esta película hay que echar mano de grandes dosis de inteligencia. Inteligencia para contemplarla con sentido del humor y para percibir la fina ironía, la crítica de fondo de la sociedad y, en especial, del antihéroe. La película nos enseña lo que debe ser por contraposición a lo que no debe ser. Es una buena lección para los jóvenes y, tal vez por eso, a pesar de que en el guión encontramos más tacos que en un restaurante mejicano, y de las escenas escabrosas y explícitamente sexuales, está clasificada para un público de doce años en adelante. Al fin y al cabo, quién a sus doce años no ha maldecido, no ha visto tías en pelotas o no sabe lo que es echar un polvete. Y si no lo saben, ya es hora de que lo aprendan, carajo, que se dejen de videoconsolas y que abran los ojos a la vida.
Algunas veces, cuando me envían un vídeo colgado en youtube de algo gracioso (por ejemplo, un hombre travestido de flamenca cantando en andaluz una crítica social profunda), o veo por televisión alguna escena de consagrados humoristas como los de Muchachada Nui o Los Morancos, confieso que no me dan ganas de reírme. Entonces pienso que no he debido recibir la educación adecuada, que el humor de Charles Chaplin o los hermanos Marx está pasado de moda y que no soy lo suficientemente inteligente para reírme de lo que se ríen los demás.

Ana Manier

Frío de Vivir. Por Brisne

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«A esta hora todo en el mundo es cansado y postergable: el amor y los trabajos, el pensamiento y las revoluciones. Queda sobre la tierra un montón de fiebre y un edredón de plumas»

Acabo de terminar el libro de Carlos Castán «Frío de Vivir» con el frío en el cuerpo. Un día nublado para leer relatos sobre el deseo y el amor. Quince puertas abiertas a quince historias que marcan un laberinto desordenado. Pero no me ha importado seguir el desorden, leyendo despacio y en cualquier lugar: en la oficina, en casa mientras espero que el sueño llegue, en el coche a la espera de la salida del colegio…

Y me he visto a mí misma reflejada en tiempos que viví, flexos que llenan cuartos, hermanos que no quieren que les recoja del colegio, camas llenas de chocolate con churros, trabajos de último mono en el negocio familiar. Me ha trasladado a vivencias pasadas cuando no era yo, cuando sólo era un proyecto de lo que soy. No he podido evitar pensar en todo eso, en mi madre, en mis hermanos , cuando una coca cola sólo se abría en los cumpleaños. Otra época quizá peor, pero que en mi mente se refleja radiante. Sensaciones que nos trasmiten lo leído. ¿Es quizá por eso que leemos? Muchas veces me he planteado eso. Hay quienes dicen que buscan otras vidas en lo que leen. Yo creo que no. Con vivir la mía me basta. Pero si que casi siempre acabo pensando en lo que viví o lo que viviré saliendo de relatos y palabras que estimulan mis recuerdos y mi imaginación. Y si lo consiguen, me gustan. Intento grabarlas en mi memoria, releerlas a veces para descubrir como ha cambiado esa sensación.

Lean si quieren, no lo lean si no les apetece. Yo agradezco las sensaciones que me han de acompañar al menos hasta que otro cuento me golpee las neuronas. Sumergánse en sus páginas buscando el abismo del deseo, o de lo que el deseo deja…y sobre todo ese frío que a veces no deja vivir.

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Brisne
Blog de la autora

Toda la alegría. Por Salvador Pliego

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Arcos brinqué en plena algarabía.
Del alba, su pulpa, su latitud y geografía.
Vino de mí, hacia mí corría.
Su intensa talle me movía
y un baile de fulgores arrancaba tálamos,
raíces perfumaba, anchas praderas
volvía en estampidas.

Desde el relámpago que bebe luz
y bebe los encajes de la estrella;
desde la nube carabela en los vientos
y las cumbres de gardenias:
sigue intacta, profunda, arrolladora;
es un hito de voz, ciudad despierta,
es una fauna que arrastra flor y sueña,
es el ceño que descansa en carcajada.

Toda la alegría, ¡y toda ensimismada!
Al orbe limpie sus manos maltratadas
y espose bocas con suaves risotadas.
Yo canto y voy bruñendo
lo que un alumbramiento:
los ojos que aplauden y el festejo pleno
que ríe, agasaja, que combita;
la hilaridad magnánima y constante,
el júbilo rotundo de un sí,
de una palabra que anima o tranquiliza;
cada exaltación que imprime
sus sellos en la boca y al labio escucha
en los sonidos más blancos que hay del alma.

Toda la alegría donde anduve,
vino hacia mí… en mí vivía.
Mi corazón rodó, mi alma entera,
como un terrón dulce y de crema:
invitando, compartiendo,
moviéndose en las manos sudorosas,
palmeando y alentado,
y más que nada, bordando en cada rostro
lo que el corazón latió con alborozo:
una sonrisa plena de alegría.

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Salvador Pliego
Blog del Autor

mujermujer. Por Yolanda Sáenz de Tejada

?Yolanda Sáenz de Tejada

Como estamos en el mes de la mujer (que palabra más grande, cuanto oculta y cuanto enseña…), mi poema de hoy va dedicado a este género del que estoy tan orgullosa de pertenecer.
Pero no lo vamos a celebrar hablando mal de los hombres, no. Primero porque yo, personalmente, los adoro y me he criado con ellos y segundo, porque no me gustan los diálogos negativos. Además, digo yo, que si celebramos el día de la mujer es para hablar de ella y para ensalzarla, para recordar a las que nos abrieron camino, a las que lucharon por nosotras, a las que renunciaron a su vida para que nosotras tuviéramos un mundo más justo, más limpio, más femenino…
Así que este poema se lo dedico a todos esos hombres que prefieren trabajar con mujeres porque ellos son la esperanza, junto con la educación de nuestros hijos, de que este mundo sea más equitativo en igualdad de derechos y oportunidades.

A mí me gusta
ser mujer.

Me gusta parir
hijos
sin dolor y
amamantarlos
de sueños y
de ternura.

A mí me gusta
mi cuerpo
de guitarra
(a veces desafinada)
y mis ojos de
hembra fuerte
capaz de hacer
cinco cosas
a la vez
(aunque a ratitos
maldiga que
se me clavan
los días y
que necesito
más amor).

A mí
me apasiona
llorar como las
chicas y me
enloquecen las
confidencias de
mis amigas
(mujeres llenas
de mujeres que
se devoran
el mundo).

Y a esta mujer
le excita
que su hombre
se trabaje
su cerebro y
su sexo,
bailando,
ambos,
en igualdad
de placer.

Yo soy una mujer
y no quiero ser
como los hombres,
pero quiero
(lucho, grito, pugno, exijo)
que me valoren
igual que
a ellos.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

14- Paraíso para todos. Por Mateo

Hombre sabio, hombre bueno, maestro vivificador,
Murcia te abrió los ojos y Damasco te los cerró.
En todas tus experiencias se halla la huella de Dios
porque dices con paciencia, firmeza y sinceridad
que todas nuestras creencias sirven a la humanidad.

El infierno no se encuentra en tu persona veraz
ni en ninguna otra cosa que no sea realidad,
ya que hay un paraíso para toda humanidad
y para toda persona sin distinción, ni edad.

Marian fue tu compañera, tu soporte virtual
para que no decayeras en momentos de pesar.
No entendían tus ideas, tus creencias de hermandad
de todos los entes poblados con tanta diversidad.

Tu doctrina te llevaba a la pureza del alma
ya que así conseguías estar más cerca de Dios
y por eso te tachaban de místico espiritual,
cuando lo único que hacías, era tener que pensar
en muchas filosofías que sirven a cualquier mortal.

Despreciabas el dinero ya que era terrenal,
y el palacio que te dieron lo regalaste sin miedo
a un mendigo que encontraste en la calle vecinal.
Todas tus posesiones eran tus pies en la tierra,
pues el dinero cegaba y atrapaba la morada
de cualquier alma errante que como buen viandante
anhelaba hacer camino, camino de perfección .

Después de muchos pesares y de tantos avatares,
tus huesos están en Damasco y sirven de reflexión
a todos esos humanos que no vieron tu labor.
Tu alma encontró la senda, camino de aspiración,
que tanto querías en vida y no conseguiste tener.
Tu tumba recoge gentes y ha unido a los creyentes
porque ,después de los años, no pensaste nunca en vano,
y puedes estar dichoso por crear un paraíso con las puertas tan abiertas
que no se cierran a nadie , sin distinción de creencias.

Mateo
Poema a concurso en el Premio Especial Tras las huellas de Ibn Arabí