Dedicatoria. Por Ana Mª Álvarez Barroso

Amor, en este libro que te entrego
de páginas en blanco y somnolientas,
te dejo el corazón, para que sientas
mi piel en cada hoja como un fuego.

Tan sólo unos poemas, no lo niego,
escritos para ti, sin darme cuenta;
llegaron como llega la tormenta
dejándome después paz y sosiego.

Amor, en este libro va mi vida
aún sin escribir, blanca y ajada,
extraña, polvorienta y dolorida.

Amor, ¡cúanto me das sin pedir nada!
curándome con versos mis heridas
y haciendo de mi noche una alborada.

Ana Mª Álvarez Barroso © 2010
Blog de la autora

Vidas prometidas. De Guillermo Busutil

Vidas prometidasEl libro
Con una voz íntima e inconfundible, Busutil está considerado uno de los mejores narradores españoles de relatos breves. Vidas prometidas es su octavo libro, y en él se despliegan trece historias que hablan de promesas incumplidas y de obsesiones, de personajes que tratan de huir de una realidad defectuosa.
En el mundo de Busutil, cualquier lector puede reconocerse, porque sus vidas contienen todas las vidas a través de los pequeños detalles cotidianos que las hacen reconocibles: un par de zapatos, una receta de cocina, un día de lluvia, un trabajo que nos marca… Todo ello, envuelto en una prosa limpia, impecable,
que atrapa desde la primera línea.

El autor

(Granada, 1961) es escritor y periodista. Ha publicado los libros de relatos Los laberintos invisibles, Confesiones de un criminal, Individuos S.A., Marron Glacé, Drugstore, Nada sabe tan bien como la boca del verano y Moleskine.
Asimismo, sus cuentos han sido antologados en algunas de las mejores compilaciones del género aparecidas en los últimos años en España, como Pequeñas resistencias, Relato español actual, Narrativa española contemporánea o Brèves. Anthologie nouvelles d’Espagne. Desde 2007 dirige la revista Mercurio, que publica en Sevilla la Fundación José Manuel Lara.
Tropo Editores, colección Voces nº 13.

Tropo Editores

11- Palabras de Dios a Ibn Arabi anciano. Por ¿Quién soy?

Hijo: me has visto en todos las parcelas,
no has cantado más dicha que la mía,
en Los engarces de Sabiduría (*)
me nombras, me promueves, me revelas.

Tus pies andando por las callejuelas
de Murcia, de Damasco y de Turquía
no buscaron jamás gloria vacía:
fuiste criatura de mi curatela.

Ha llegado tu hora, poeta amado,
tu verbo cristalino, esperanzado
florecerá en mi huerto y tendrá calma.

La luna siria te dirá el sendero
y más allá del cuerpo carcelero
hacia mi encuentro volará tu alma.

(*) Se refiere a Fusus al-Hikam (traducido como Los Engarces de Sabiduría o Los Engarces de la Sabiduría), una de las obras maestras de Ibn Arabi

¿Quién soy?
Fotografía a concurso en el Premio Especial Tras las huellas de Ibn Arabí

El mar y veneno. De Shusaku Endo


El libro
Suguro vive atormentado por sus recuerdos.Durante la guerra trabajó como interno en un
hospital en el que los médicos veteranos estaban más interesados en progresar en sus
carreras que en curar a los pacientes. Allí se vio inducido a participar en horribles experimentos con prisioneros norteamericanos, que culminaron con la vivisección de uno de ellos.
El mar y veneno ganó los premios Manichi y Sincho el año de su publicación y consagró a
Shusaku Endo como uno de los escritores fundamentales de la novela japonesa.

El autor

Shusaku Endo nació en Tokio en 1923. Poco después sus padres se marcharon a vivir a la zona japonesa de Manchuria. Tras el divorcio de sus padres, Endo y su madre volvieron a Japón para vivir en la ciudad natal de la madre, Kobe. Su madre se convirtió cuando él era pequeño, por lo que fue criado como católico. Endo fue bautizado en 1935 a la edad de 12 años, con el nombre cristiano de Paul. Durante la Segunda Guerra Mundial su mala salud impidió que fuera reclutado. Estudió Literatura Francesa en la Universidad de Lyon desde 1950 hasta 1953.

Sus novelas reflejan muchas de las experiencias de su niñez. Éstas incluyen el estigma de ser un forastero, la experiencia de ser extranjero, la vida de un paciente en el hospital, y la lucha contra la tuberculosis. Su fe católica puede verse de alguna forma reflejada, y es a menudo una característica principal. La mayoría de los personajes luchan contra complejos dilemas morales, y sus elecciones a menudo provocan resultados trágicos. Su obra ha sido comparada con la de Graham Greene. De hecho, Greene catalogó personalmente a Endo como uno de los mejores escritores del siglo XX.

Durante sus últimos años sufrió una grave enfermedad y murió en septiembre de 1996.

A La venta el 28 de febrero 2011
Editorial: Ático de los libros

La cena. Por Javier Úbeda Ibáñez

mirada
Iba en el autobús, cuando recibí una llamada de lo más sorprendente. Me anunciaba que había ganado, mediante un sorteo al azar, una cena para dos en el hotel JM de cinco estrellas. Contesté que yo no había participado en ningún juego, y mi interlocutor me repitió, tres veces seguidas, que se trataba de un sorteo aleatorio.

“A la cena no acudirá usted solo, tendrá acompañante”, me comunicó. “¿Lo conozco?”, le pregunté. “No, también ha sido elegido de manera fortuita”. Acudí a la cena, y en ella sólo encontré una docena de miradas tan extrañadas como la mía que tenían los ojos perplejos.

Javier Úbeda Ibáñez

Valió la pena. Por Verónica Victoria Romero Reyes

Verónica Victoria Romero Reyes

Valió la pena amarrarme
la mochila de niña sin experiencia
y embarcarme en el navío
que naufragaba en los peñascos de tu vida.

Valió la pena cerrar los labios
para evitar la entrada de agua
en mis pulmones enfermizos
mientras escuchaba tu llamada en la orilla.

Valió la pena perder la patria,
el nombre
y el juicio
y dejar que las heridas de las rocas
fueran un juego en las manos que me ofrecías.

Valió la pena dormirme
en la sábana de un pasado
que nunca a mis ojos fue menos
que un dolor agudo de corazón
que se va muriendo,
lentamente
– a latido prestado-
en la vertiente
que me deja tu nuca desprendida en el sueño.

Y aunque intento,
y solo Dios sabe que el duelo contra mí
es más cruento cuanto más lucho en tu nombre,
desincrustarme de la memoria
la decepción que febrero dejó
en las venas que me arden,
no hallo mi yo de amor único
en el tú de amor pasajero.

Que en mí fue tornado lo que tú llamaste ventisquero.

Precio alto estoy pagando
por alma que se me consume.
Y no podré recuperar en alguna usura.

Está costando la vida misma,
el sueño y el abrazo de ti que deseo,
que me mata y da la vida cuando conjuro el olvido.

Y no sé que cura doy a mi alma
cuando la muerte se me aproxima.

Y me viene mostrando cara de amiga
cuando es claro que sigue siendo la vecina.

Valió la pena conocerte,
encontrarte y amarte
porque yo esperaba,
de manera tonta,
de modo idílico,
quien hiciera de mí
ese poema que jamás supe rimar.

Y que en tí, fue sinónimo de amar.

Verónica Victoria Romero Reyes
Blog de la autora
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