Año Nuevo. Por Salvador Pliego

Postrero, mi corazón late su último segundo, su último instante; es un reloj sin cuerda o manecillas, un maniquí inerte que no sensibiliza, un silbido frío en un témpano inactivo, el marcapasos de un pulso detenido que suele palpitar ya sin sonido. Brota entonces un segundo, un nuevo y singular segundo: reciente y lozano, inédito y flamante; y arde, desde su boca, el pulsar de un rugido: ¡Yo soy el mar! ¡Mi corazón late su millar de ríos! He aquí los halos de la vida: un mundo prende, crepita, estalla en albedrío. El corazón, como un Genghis Khan, arremete e… Leer más

A esa pequeña flor bella que he visto. Por Marcelo Galliano

Al viejo callejón abandonado una flor temblorosa le ha nacido como si Dios en un lugar perdido nos quisiera decir “no me he marchado”. Y así en ese paisaje acongojado donde lo bello anuncia haber partido, unos pétalos suaves han surgido dando un perfume amable al empedrado. Y yo como un profundo enamorado poeta incorregible he decidido cantarle hoy a esa flor que ha comenzado su existir tan difícil, tan temido, y a ese Dios que tan terco ha permitido que nazca allí pudiendo en otro lado. Marcelo Galliano Argentina Leer más

Los sueños me seducen. Por Ana Muela Sopeña

Los sueños me seducen con pupilas secretas en mi piel que vuela ensombrecida con aullidos desnudos. En mi torre de agua una orquesta me asombra mientras veo la lluvia que danza en los umbrales de la noche. Escucho agazapada un cuento sumergido en la distancia y mi sangre palpita en un trozo de mundo habitado por luces invisibles. Ana Muela Sopeña Blog de la autora Leer más

El lastre de tus versos. Por José Francisco Mejía

Maravillosos besos, besos mágicos que enamoran, envuelven y hechizan escurridizos, pasionales van la piel erizándola y embriagándola de placer Porque sólo el lastre de tus besos lograrán que mi cuerpo tiemble y caiga rendido en las esplendidas noches de pasión ¡benditos sean tus labios! hermosa dama ¡y bendito sea el lastre! que recorre toda mi piel Porque sin tus besos ¡prefiero no vivir!, y vivir bajo la inmisericorde soledad morir porque sin tus besos mi vida ¡no tiene sentido!, ya que tú lastre es ¡mi razón de vivir! porque sin tus besos amor mío ¡jamás podría existir! Maravilloso lastre que… Leer más

Tú no sabes. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy os regalo un poema, adorables habitantes del bosque, para ir terminando el año con propósito de enmienda… Las verdades siempre se me dieron bien. Tú no sabes amar. No tienes ni idea. Alegaría, con conocimiento de causa -y tristeza- que no sabes excitar mis neuronas y que tus dedos nunca alcanzaron la cima de mi locura. Tú no sabes amar. Ni creo que nunca aprendas. Juraría, con mi carne aún abierta y viva -y mi desgracia- que lo único que sabes hacer bien (muy, pero que muy bien) es besarme hasta el pecado. Pero no, tú no sabes amar,… Leer más

La lluvia allí en tus cosas. Por Marcelo Galliano

Hoy que llueve en ti pienso, aun no estarás dormida, seguramente hojeas un libro en estas horas, y dejes, displicente, la cortina corrida para que desde afuera nadie observe que lloras. Y esta lluvia insistente y acaso encarnecida debe estar ya cayendo muy… muy cercana a ti, y llegará hasta el libro con su brisa encendida y ese aroma a nostalgia tal vez te traiga a mí. Y entonces en tus manos te temblarán las hojas y nacerán las penas que allí en tu pecho alojas buscando ese poema que yo te dediqué; y cerrarás el libro con los ojos… Leer más

Amo las horas. Por Ana Muela Sopeña

Amo las horas grises de silencio que pactan con el mundo para rehabilitarme del pasado. Despierto en la raíz de la caléndula como vestal del sueño. Vigilo entre la luz los círculos de niebla y aúllo entre los árboles de plata. Amo las horas negras de nostalgia que arrebatan la aurora a los niños perdidos en la ciudad sin verbos. Asciendo por la ruta de la sal como una diosa acuática del numen. Observo sin temor la Vía Láctea en medio de las líneas siderales que trazan estrategias de cenizas. Amo las horas blancas de la lluvia que conforman la… Leer más