premio especial 2010

 

May 12

Ya no me muevo y creo que es mejor así.  Cuento con  poco espacio; además  los terapeutas, si bien no me lo prohíben, me sugieren que danzar no es bueno para mí.  Consideraron mas sano que me dedique a escribir mi historia.

He podido ver plenamente, y les sugiero que ustedes también lo consideren, como una buena intención se atrofia cuando es mal interpretada.  Supongo que se hizo carne en mí eso de que “El camino al infierno esta empedrado de buenas intenciones”

Mis padres me trajeron de la estepa rusa con tan sólo un año de edad. Tenían la ilusión de la oportunidad y del calor, pero olvidaron que la temperatura no sólo se mide con la piel.

Nos recluimos en un mundo mínimo, casi sin otros. Mantuvimos una convivencia miserable.  Nunca abandonamos la tenencia del silencio; y en ese espacio infinito pintamos todo con los colores del antojo. A ellos no les pareció necesario comprobar si el olor del limón, el riesgo de la infidelidad, el filo del cuchillo y muchas cosas más significaban lo mismo para nosotros que para los demás.   

Con el correr de los años, encontré mi mejor aliado en  la lectura.  Conocí las guerras, los amores y las traiciones desplegadas en el espacio que hay entre las letras marcadas en el papel y mi imaginación.

Me fui refugiando paulatinamente en mi propia caverna, y así elegí, de espaldas, las piezas del rompecabezas con las que se construyó mi ideario. 

Leí acerca del creador como un matemático perfeccionista,  un arquitecto que de un átomo de nada desplegó la evolución múltiple. De cómo los hombres perdieron el origen y por lo tanto su vínculo con la verdad. Entendí o creí entender todos los fenómenos de este universo como funciones matemáticas.  Ahora veo como de niño viví en un conjunto cerrado, concreto, de números positivos y enteros.  Pero luego, muy a mi pesar, apareció la ecuación del deseo con sus números negativos; la expresión de lo que nos falta y debemos imperiosamente conseguir fuera de nosotros mismos, entre lo que nos rodea.  

Pero sobre todo me subyugó  la metáfora del universo como una gran orquesta, de instrumentos únicos, modulando la música de las esferas; la más perfecta de las sinfonías.

También fui aprendiendo de la mano de mi padre la continuidad inexorable del tiempo.  Disfruté especialmente andar el trayecto que va desde la casa hasta el taller de relojería donde nos ganábamos el sustento.  Reparábamos piezas únicas, antiguas o raras; aquellas que los demás rechazaban por no entender el mecanismo.  Porque convengamos que nuestros clientes no se sentían atraídos por nuestra simpatía ni por nuestro esplendido aspecto.

Caminando esas cuadras me permití paladear cada sonido: el croar de una rana lejana, el zumbido de las alas, el estallido de los leños, el raspado de la pluma sobre el papel, la succión del bebe. Comencé a sentir que mis pasos, mi respiración, el giro de las caderas guardaban una intensa relación con estos interlocutores cotidianos. 

El hombre habita donde está su corazón, y el mío estaba en la perfección del sonido, todos pero especialmente los creados por los artistas: la música.

A falta de palabras, las horas del taller se fueron llenando con melodías, armonizadas  por los constantes  tic tac y  cucu, sonando en todas las octavas posibles.  

Poco a poco fui sintiendo la necesidad de corresponder al gozo que me daba la música; y naturalmente la herramienta y el modo correcto para rendir este tributo fue bailar. 

Tomé lecciones de ballet, a pesar de la indiferencia de mis padres y creo, de cierta mofa de mis compañeros y maestros.  No me importó.

Necesité imperiosamente perfeccionar la relación entre los movimientos y la marea de sonidos que me rodeaban.  Así convertí a la danza en el eje central de mi existencia.  Me soñé como  un dios danzarín;  como Shiva, el que conecta con el  balanceo de su cadera al mundo natural con el invisible.

¿Y que tenia esto de malo? Yo no le hacía mal a nadie, hasta que apareció ella.  Quizá por puntualizar algo perturbador  podría mencionar que todo este proceso se desarrolló, en gran parte, en la soledad de mi cuarto y sobre todo en los laberintos de mi mente.  

Después de lo ocurrido veo todo un poco mas claro, aunque no estoy convencido de que haya sido tan malo.

Desde lo patológico, como dicen los que saben, manifestaba una obsesión; pero íntimamente estaba seguro de haber encontrado un camino místico, una forma de expresar la verdad.   Por eso, pulí mis movimientos hasta lo exasperante. Fui el iluminado de una coreografía tribal,  ataviado sólo  con el soplo de mis propios giros. Poco a poco fue emergiendo de algún lugar en mi interior una energía imposible de controlar.  Me sentía poseído.  El espejo me  mostraba un  majestuoso cuerpo en movimiento, guiado por los delicados trazos de un angel. Y quizás hubiera sido así, de no ser por mis grotescos noventa y dos centímetros de estatura.

Ella y los demás chicos me miraban detrás del alambrado de la escuela. Al verme pasar esperaban volteretas, cabriolas, saltos en el aire. ¿Les hubiera causado menos espanto con los pómulos pintados de  rosados, haciendo acrobacia o saltando en el trapecio?

Muchas veces pensé en aceptar el único destino posible para los de mi especie, y no es que no haya tenido posibilidades, no hay muchos como yo.  ¡Pero que distantes y ofensivas me sonaban las propuestas de ser saltimbanqui o histrión en algún circo nómade¡

Claro, para el resto, no hay nada más patético que un enano que no la juegue de bufón, ni nada más temido que lo diferente.

Existe una conexión invisible entre los niños y los enanos, miramos al mundo desde una misma dimensión.  Somos incompletos y soberbios.   En ese momento pensaba que nos unía un dejo de maldad inocente.  Quizás esa necesidad de hacer daño a los demás sin saber porque, el gozo por destruir objetos, la competencia rabiosa… Creo que por eso quise acercarme a ellos.

Al principio se reían y me señalaban con el dedo, pero mi impavidez los fue tornando recelosos hasta que prefirieron ignorarme. Otros cruzaban de vereda o se tapaban la cara; y hasta hubo algunos, más pequeños, a los que se les escapaba un imperceptible quejido.  Y lo sufrí.  

Mirando de soslayo a este rebaño de dimensiones similares a la mía, sentí la necesidad de una compañera de baile.

Ella era perfecta, ataviada con sus diez años de inocencia.  No se como no me di cuenta de lo que estaba por hacer, ¿Habrá sido por su blanda belleza? ¿O por su piel de primera comunión?

Por este convencimiento enajenado y por aquella necesidad de complementarme con alguien, fue que por primera vez vencí mi encierro. No pedí permiso, ni tuve dudas; giré con ella por el oscuro bosque de la locura. 

Supe también como solucionar las diferencias, sólo eran dieciocho centímetros.  Pasé por el taller y tomé las herramientas necesarias.

No recuerdo mucho más, sólo la necesidad de saltar al precipicio y unir las orillas entre mi mundo y el de los otros en un sólo movimiento significativo. Ahora lo veo claro:  las distancias eran  inmensas. 

Creo que nunca voy a entender sus gritos, ni tampoco las caras incrédulas y desencajadas; por eso estoy aquí.  Y porque se que es imposible ocultarse en la coreografía sin gracia de un mundo de  un metro ochenta.



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5 Responses to “103- El danzarín. Por Boedo”

  1. Luc dice:

    Me ha gustado especialmente el ritmo con que la información para el lector acerca de los detalles de la historia aparece en justas y sucesivas dosis a lo largo de todo el texto. No es nada fácil conseguirlo. Mucha suerte.

  2. HÓSKAR WILD dice:

    Muy buena narrativa. Bellísimas expresiones.
    Mucha suerte

  3. Antístenes dice:

    Me he pensado no seguir leyendo a partir de «…los terapeutas, si bien no me lo prohíben, me sugieren que danzar no es bueno para mí…», y, como alternativa, le dan un bolígrafo al personaje… Un poco extremo para mi lógica pobre, claro… Luego me he quedado en el «paladear de sonidos»…
    Va a necesitar mucha suerte…

  4. la ciudad dice:

    Me parece un relato original y bien escrito. felicidades Boedo

  5. Ambrose Bierce dice:

    Ahi va mi voto. Mucha suerte y sigue escribiendo así

 

 

 

 

 

 

 

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