Creencias. Por Luis Oroz

   Porque apenas estamos,
por este acontecer que mira al cielo
para doblar creencias
o por la realidad que se consume,
como una risa,
extraña de existir.

 Por la incógnita dulce del amargo silencio,
por el dolor a medias
o el placer impreciso,
por otra sinrazón que no voy a imprimir,
pero que imprimo
en el papel de la melancolía;
me siento inacabado.

 Pero bendigo el don de la ignorancia,
el modo inconfundible con que nos confundimos,
la frágil soledad que empuja los entornos
para alejarnos de nosotros mismos.

 Porque apenas estamos
y es otro el “sinlugar” que nos cobija,
podemos esperar
y hundir el punto frío de la interrogación
en la arena caliente del fracaso,
o sumergir su curva en el mar de la herida,
para observar,
ingrávidos,
cómo le crecen branquias a la muerte.

 Por mi parte,
me quedo persiguiendo la certeza
que me alejó de todo,
la quieta finitud que mueve al mundo,
el ojo de cristal donde planean,
el olvido y el tiempo,
el último comienzo en que rendirse.


Luis Oroz
Blog del autor

¿Dónde puedo apuntarme a lo ordinario? Por Mati Morata

“Vivimos una situación que es excepcional”, decía esta mañana la defensora del pueblo en la radio.

“Excepcional” es un adjetivo que cualquiera admitiría gustoso si se predica de su persona o de su quehacer profesional, una alabanza que le distingue de las capacidades del resto. Pero, aplicado a nuestra época, una situación excepcional es esa en la que el paro gana para su causa cada día muchas vidas, muchas ilusiones, muchos ánimos que caen en la desesperanza de quien deja de tener resuelto su humilde sustento y el de los familiares que hasta ese momento vivían de ese asueto.

En una situación de crisis en la que todo parece jugar en nuestra contra, todo parece estar diseñado para nuestra derrota, nos esforzamos por prepararnos intensamente, por entrenar hasta desfallecer; sin embargo, el árbitro, siempre del lado de los poderosos, nos pita faltas y hasta nos saca tarjetas (castigos que nosotros tememos y presentimos a veces), pero inmerecidas siempre.

Estoy harta de excepcionalidades, sí, harta; no quiero ninguna. Porque un estado excepcionalmente catastrófico no contempla excepciones. Somos los ciudadanos, los de a pie, los de hipoteca, salario e impuestos los que cargamos con el peso de las gestiones excepcionales que nos han llevado a la desolación y la desesperanza. Y, ahora, un estado excepcional en el que no caben excepciones: si no pagas, te quitan tu vivienda; si no trabajas, no tienes futuro y, dentro de poco, si respiras, habrás de pagar el impuesto de respiración.

Una situación excepcionalmente crítica que necesita una crítica excepcional. Una situación excepcional que necesita hacer excepciones con cada uno de los afectados y víctimas inocentes del paro, y con las malas gestiones de banqueros, empresarios mundiales y políticos de guantes blancos e intenciones ¿blancas?

No puedo, en este caso, dejar de preguntarme dónde puedo apuntarme a lo ordinario, a lo previsible, a lo que se ajusta a la norma; no quiero excepcionalidad, sino una cotidianidad justa y moderada donde la excepcionalidad sean la pobreza y el paro. 

 

Mati Morata
Colaboradora de esta Web en la sección
«Miradas con MatiZ»
Blog de la autora: http://cuentosconcorazon.blogspot.com

PATAPALO. Por Rafael Borrás Aviñó

 Al sentarse, le surgía por encima del calcetín una pierna de madera de un ocre almendrado, y a él no parecía importarle que se le viera. Su nombre real era incierto, por mucho que firmara como Julio Perales. Nada raro: vaya usted a saber…, oliendo aún las calles a la pólvora de la guerra civil, ni casi nadie era quien se llamaba ni casi todos tan honrados como presumían. Vino de no se sabe bien dónde, apareció instalado en la casona de unos republicanos que escaparon mientras los nacionales aplastaban en las afueras las últimas resistencias, y pronto comenzó a ejercer de maestro en la escuela. Desde que, entre miradas escurridizas, la gente advirtió su cojera y se hizo patente la pierna ortopédica, para todos quedó ya con el mote nada original de Patapalo.

 

Se decía por el pueblo que en el pasado fue un soldado infatigable, fiel a la causa de los sublevados, y que en el frente de Teruel una granada le segó la pierna cuando a pecho descubierto se encaró con un pelotón de la milicia roja. Pero no faltó quien hiciera correr el rumor de que, en realidad, la pierna se la había llevado la hélice de una motora cuando cayó al mar en una operación de trapicheo de tabaco americano y aceite. En raras ocasiones se le veía sonreír, y ciertas noches, al terminar la jornada, se encerraba con algunos pedazos de pan negro, un poco de queso o tocino, la botella de coñac y el paquete de Ideales, en un dormitorio casi desnudo con un jergón de borra contra la pared. A la mañana siguiente entraba en la escuela exhibiendo el perfil más quebrado y la cojera recalcada, peinándose a tirones unas greñas prematuramente encanecidas, con la mirada glacial, desaseado y trémulo, como si esa noche hubiera vuelto a vivir un combate sangriento o el vértigo de la huída en una motora ilícita. Era estricto con los chavales, pero celosamente objetivo. 

Durante el último viaje que hice para inspeccionar las condiciones sanitarias de colegios y ayuntamientos, un temporal me obligó a pernoctar en el pueblo. Por la tarde estuve revisando la escuela de Patapalo, no fuera que los chinches y las ratas hubieran engordado más que los niños. Me ofreció su casa para dormir. Acepté tras valorar mis otras posibilidades. Cuando acabamos de cenar, fue a buscar unas muletas y luego se quitó la pierna de madera con toda naturalidad. Jamás había visto tan de cerca una de esas prótesis. Intenté una charla que pudiera dar juego, e hice por interesarme en la situación social y económica de la comarca tras la guerra. Aunque funcionario del Régimen, podía permitirme, en privado y hasta cierto límite, argumentar con criterio libre. Respondió con evasivas y, en un momento dado, hasta temí que diera por zanjada la tertulia. Bebimos pródigamente. Leer más

La metáfora Titanic. Por Carmen Posadas

Carmen Posadas
Con el 2012 recién estrenado, me atrevo a hacer una profecía. No, no crean que pienso hacerle la competencia a Aramis Fuster y demás visionarios. No tengo ni idea de si este año Guillermo y Catalina de Inglaterra cumplirán con la Golden Rule de los Windsor y anunciarán la llegada de un heredero antes de que se cumpla el primer aniversario de su boda. Tampoco sé si Harper Beckham desbancará a Suri Cruise como la niña más elegante del planeta u otras importantísimas profecías de esas que ellos manejan. Ignoro también otras cosas que nos afectan más, como si la crisis nos dará tregua o si el euro acabará su corta vida estrellado contra las escarpadas rocas de la inoperancia de unos y del egoísmo de otros. Lo que sí sé, en cambio, es que el 2012 será el año del Titanic. No metafóricamente –esperemos– sino en el más literal sentido. Y es que el 15 de abril hará cien años que ese buque, considerado el más perfecto de todos los que hasta el momento se habían construido, cumplió con el cruel destino de los titanes que, según los griegos, pagaron muy cara su osadía de desafiar a los dioses. He querido adelantarme a la titanitis aguda, que sin duda empezaremos a vivir en breve, para analizar un poco este fenómeno. Posiblemente con Jack el Destripador, el hundimiento del Titanic sea el hecho luctuoso que más fascinación y más ríos de tinta haya derramado. La razón, a mi modo de ver, es que puede considerarse una metáfora de muchos acontecimientos que tendrían lugar poco más tarde. Aquel naufragio se puede interpretar, por ejemplo, como preludio de lo que significaría la Primera Guerra Mundial, una contienda destinada a marcar el fin de un orden anterior con la decadencia de sus escleróticas instituciones y sus enormes diferencias de clase. En efecto, así puede interpretarse, puesto que a bordo del Titanic viajaba lo más granado de los ricos del momento y acabaron como todos sabemos. Otros opinan –recordando que el capitán mandó cerrar las puertas que comunicaban la primera clase con las demás para que los pasajeros de estas no tuvieran acceso a los pocos botes salvavidas que había– que el naufragio de aquel buque presagiaba otro hundimiento. Ellos lo ven como el anuncio de la revolución bolchevique, la sublevación de las masas contra el egoísmo y la estupidez de los ricos. Siguiendo esta idea, he intentado interpretar en la misma clave de metáfora lo que algunos están haciendo ahora con los restos del Titanic, para ver si consigo entender el tiempo actual. Leo, por ejemplo, que para celebrar el centenario, si a usted le sobran 50.000 euros de nada, puede apuntarse a una aventura exclusivísima: un crucero de cinco días que incluye un paseo submarino de diez o doce horas hasta el remoto paraje abisal donde duerme el buque. Por lo visto, el submarino ruso diseñado para poder aguantar la enorme presión de los tres kilómetros de profundidad a los que se encuentra el buque, tiene una cabina de apenas dos metros de ancho en la que caben dos afortunados turistas además del piloto. Según leo también, estos habrán de ir equipados con ropa especial para aislarse del terrible frío, y solo se les permitirá llevar unos sándwiches (el espacio no da para más). Leo por fin que, a pesar de la crisis, del paro, etcétera, la lista de espera para darse este caprichito de 50.000 euros es nada menos que de tres años y hay bofetadas en la reventa. ¿Qué metáfora se les ocurre a ustedes? A mí, que acabo de leer un informe de la OCDE que apunta que la diferencia entre ricos y pobres se ha disparado hasta el nivel más alto de los últimos treinta años y otro que dice que el sector del lujo aumentó en España un veinticinco por ciento con la que está cayendo, lo único que se me viene a la cabeza es ese dicho francés que reza: “Plus ça change plus, c´est la même chose «, Cuanto más cambia el mundo, más se parece al de antes.

Carmen Posadas
Fuente: Página Web de la autora.

Finitud. Por Carlos Veloso


Todas las medidas informadas por los instrumentos lo confirmaban, estaba frente al limite del universo, toda la preparación, recursos invertidos, años de estudios y el trabajo de una pléyades de las mentes mas brillantes de los últimos tiempos se justificaban ante la comprobación de la hipótesis de frontera, el universo era finito y el estaba justo ante ese limite.

Una ves que los sistemas de control terminaron de transmitir toda la información recopilada sobre esta frontera, esperó las instrucciones desde la tierra para proceder con la siguiente etapa de este viaje histórico para la humanidad, a su modesto entender solo quedaba un camino a seguir, atravesar esta frontera para explorar lo que había mas allá del universo conocido; para su alegría, el mensaje autorizando el intento de atravesar la membrana apareció en su sistema de comunicación.

La preparación de los sistemas detectores fue lo que le tomo más tiempo, considerando que se desconocía completamente que podría encontrar al otro lado de la frontera, la escasa información recopilada por los sensores de largo alcance mostraban un vacío casi absoluto, sin embargo los detectores biológicos mostraban lecturas fuera de escala y totalmente erráticas.

Luego de activar los campos de fuerza, se lanzo contra la frontera, la que gradualmente fue cediendo ante el empuje de la nave, después de un tiempo relativamente corto, la ausencia de resistencia le indico que había atravesado el límite; todos los instrumentos se fueron a cero a excepción de los sensores biológicos, los cuales volvieron a salir de escala.

Independiente de las lecturas de los instrumentos, lo que le resultaba mas inquietante era esa sensación, casi certeza, de estar en presencia de una forma viviente, utilizo múltiples sistema de comunicación y señales sin ningún resultado, finalmente echo mano de un recurso arcaico que, tal ves, podía ser el único efectivo bajo estas circunstancias; utilizando el casco de la nave y su escudo de fuerza como amplificador, interrogo vocalmente al vacío ¿Hay alguien ahí?…sin respuesta….venciendo sus trabas lógicas y cognitivas se atrevió a preguntar ¿tu eres dios?.esta ves si hubo respuesta….en forma de pregunta ….pero respuesta al fin….si un diminuto ser que vive en una de las partículas subatómicas de una moléculas de proteína de tu cuerpo te preguntara eso ¿Qué le responderías?

Asociación Canal Literatura

 

Carlos Veloso

La leyenda del santo bebedor. Por Brisne

No era bueno contemplar con sus propios ojos la depravación de uno mismo; mientras uno se ve obligado a contemplar su propio rostro, es como si simplemente no se tenga rostro, o que éste sea el antiguo, aquel de antes de caer en la depravación

No había leído nada de Philip Roth, pero es un escritor del que tengo referencias por otros. Debería haber empezado quizá por otra, pero ya llegará. En la leyenda del Santo Bebedor nos habla de un vagabundo que tiene un golpe de suerte que le cambia la vida. Pero no es solo cuestión de suerte, el vagabundo, un hombre que bebe absenta como yo bebo café y que además de un milagro recibe un encargo, dar cierto dinero a una santa de una catedral.

Ha sido interesante seguir el periplo del bebedor, con en encargo en la mente y los sucesivos golpes de suerte que le hacen cambiar de vida, aunque no quiera dejar la bebida para acabar muriendo a los pies de la santa.

De la novelita, es un cuento largo o una novela muy corta, me he quedado sobre todo con la prosa de Roth, tan maravillosa, tan estupenda, con los ir y venir, con las reflexiones sobre la depravación que igual compartía el mismo Pihilip Roth, una sensación que algunos también tenemos o hemos tenido. La depravación que marca el rosto y la vida de aquellos que se dejan caer por la cuesta de la vida. Me he acercado a ellos, los he mirado con otros ojos, pobres vagabundos, orgullosos de su suerte pero que no pueden mirarse en el espejo sin dejar de ver las marcas del alcohol y de sus vivencias en sus rostros barbudos. Igual si les ocurriese un milagro también afeitarían sus barbas y se comprarían una cartera. Quizá también ellos buscarían un viejo amor, un poco de cariño en el resto.

Es una novelita cortita pero que merece mucho la pena. No dudo en reencontrarme con Roth dentro de poco, cuando mis obligaciones lectoras me lo permitan. De vez en cuando es bonito leer sólo por placer.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«
Blog de la autora

Europa me abre el apetito. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Un trocito de ironía para empezar la semana…
Hay lugares que se me quedan entre las uñas.
Por eso siempre quiero volver
(para morderlos).

 

 

Lo que más me gustó
de aquel viaje
que hicimos juntos
al centro de
nuestro futuro
fue tu mano.

Tu radio
clavándose en
mi piel
mientras caminábamos
rozando
el muro
de Berlín y
tu falange
encajándose en
mi cintura
para atravesar
Friedrichstraße y
mi corazón.

Tu mano
apartando mis
rizos en el metro
para poder
vaciarme un
beso en el cuello
mientras yo
me jugaba
la vida
(hablo de
morir de placer).

Y luego las
sábanas,
arrinconadas en
el suelo de
ese hotel que
se volvió un
cosmos sin
sueño
(insomne, agonizante,
desvergonzada de mí…).

En resumen,
lo que más me gustó
de nuestro
viaje a
Alemania
fueron los habitantes
de tu mano;
es decir,
tus
dedos.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora