Barrenando. Por hijadecristalero

Las angustias económicas me resultarán rentables para algo que estoy escribiendo.
Pero provocan que mi hija me mire preocupada cuando paseo por el salón como un animal recién enjaulado.

– ¿Qué te pasa?
– Nada, estoy barrenando.

Deja de mirar la tele y me sigue con su mirada de yo confío en ti, mami.
Entonces me siento ante el ordenador, que levanta una pantalla entre ella y yo, y finjo que estoy haciendo algo mientras barreno a gusto. Pero, como estoy a lo mío, no me doy cuenta de que suspiro y resoplo.

– ¿Por qué estás enfadada? –pregunta mi primogénito sin apartar la vista del partido.
– No estoy enfadada, sólo preocupada- aclaro marchándome a la cocina para poder tener miedo a mis anchas.

¿Y si me estoy equivocando? ¿Y si lo que yo pienso que es lo mejor, resulta ser lo peor? ¿Y si las angustias económicas sólo traen más angustias económicas? ¿Y si el sacrificio no sirve de nada?

Enciendo un cigarro, repaso todas las veces que he logrado llevar el barco a puerto, me inyecto una sobredosis de moral y poco a poco vuelvo a ser una mujer valiente.
Que todos los problemas fueran de dinero.

hijadecristalero
Proscritosblog

Mujer, madre y trabajadora. Por Brujapiruja

Elvira García Aynat (1893-1981)

«Las personas que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad.»   Edmund Burke

Hoy he mirado atrás, he querido recordar a las mujeres que sembraron en mí el deseo de ser independiente, me dieron el impulso para creer que todas las posibilidades estaban a mi alcance, si ese era mi propósito, y me inculcaron el valor del esfuerzo, la paciencia y la perseverancia.

Ellas sí lucharon en tiempos muchos más difíciles en los que la legalidad vigente era un obstáculo determinante y aún así supieron encontrar el camino para ser mujeres, madres, trabajadoras, independientes y, en lo posible, libres.

Era el año 1957 cuando con casi ocho años tuve que irme a vivir con mi abuela Elvira a Madrid por circunstancias familiares. Mis primeros recuerdos están ligados a ella y su forma de encarar la vida. Para ella es hoy mi recuerdo agradecido.

Viuda a los 30 años con un hijo de seis, nunca quiso cobijarse en el entorno familiar acomodado y prefirió emprender un camino independiente que le permitiera mantenerse por sí misma y tomar sus propias decisiones. Sé, ahora pasado el tiempo, que algunas de sus hermanas y parte de su familia siempre le reprocharon esa osadía.

Estudió y se hizo Enfermera, ejercía como inspectora de sanidad y trabajaba vigilando y enseñando a la población menos favorecida de la España de la posguerra las normas de higiene elementales, velando por la salubridad de sus hogares y de la idoneidad de su alimentación. Yo la acompañaba muchas veces porque era demasiado pequeña para quedarme sola en casa y así quedó en mi pequeño cerebro grabada la imagen de una mujer profesional, que además era querida, respetada y admirada por quienes la trataban.

Ahora, cuando repaso muchas de mis actitudes, sé que ese ejemplo ha sido crucial en mi vida y la base que me ha sostenido en muchas dificultades.

También sé que en la historia de muchas de mis amigas, mujeres, madres y trabajadora, hay otras mujeres de generaciones anteriores que fueron el ejemplo a seguir.

Es una lucha sin pausa, generación tras generación y en esa lucha todas tenemos que poner un granito de arena. Espero dejar el mío como un peldañito más en la larga cadena generacional.

Brujapiruja

Mentes Vacias. De Maribel Romero Soler

Maribel Romero Soler que fue finalista del premio Azorín de Novela, del V Certamen de Narrativa Breve 2008 y finalista del Premio «Amor en el Tiempo» 2009 , ha publicado junto a otras autoras el libro titulado «El Pintalabios» y ya en solitario el libro DOSCIENTAS CUESTIONES DE DERECHO QUE TODO EL MUNDO QUIERE SABER, con gran éxito. Estas navidades nos presentó dos nuevos libros: PERRO GUARDIÁN, novela juvenil para lectores a partir de 12 años, en la que conviven misterio, intriga, problemas de adolescencia y una tierna historia de amistad y LOS MESES CUENTAN, un libro de relatos para público adulto.

Para conocer este nuevo libro nos envía la siguiente nota: 
Os invito a entrar en AMAZÓN para que conozcáis la sinopsis de la obra.

Si no disponéis de lector Kindle, podéis descargar la aplicación gratuita para iPad, iPhone, Mac, Windows o Android entrando AQUÍ. Y podréis comenzar a leer libros electrónicos en vuestro ordenador, tablet, etc.

Un fuerte abrazo.
Maribel Romero Soler
Blog de la autora

Quiero ser. Por José Francisco Mejía

El esplendido ¡canto! de los quetzales,
¡el fascinante! Machi Pichu
quiero ser el ¡majestuoso Everest!
la Patagonia o ¡la flor mas hermosa!

Quiero ser la cama en la cual puedas reposar
quiero ser quien roba tu aliento y ¡te hace suspirar!
quiero ser ese orgasmo ¡que te hace vibrar!
quiero ser el ocaso y el arcoíris para hacerte soñar.

Quiero ser el hombre que desees que todas las
noches este a tu lado, quiero ser lo mas hermoso
para verte siempre sonreír y feliz
quiero ser el hombre que ames ¡por toda la eternidad!


José Francisco Mejía Ramírez

Miembro de la: Sociedad Literaria de Honduras.
Red Internacional de Escritores (España- RIET)
La Unión de Escritores del Caribe y del Mundo.
Del Diccionario Latinoamericano de Poetas, con sede en Bogota Colombia.

Punto final. Por Marcelo Galliano

Y entonces ninguna culpa por el alivio, por concluir el rancio ritual de la congoja. Si nada fue gratis…: la carga incomprensible de verla irse, de saber que era temprano pero tarde, de imaginar su mirada improbable en la habitación 28. “El padre de”, ese era mi nombre. Tanta veces tuve ganas de apuntar a los entrecejos de esos tipos de blanco y perforarlos con: “¿padre de qué?”
No; no había fuerzas para tanto reproche, las que quedaban se iban en cada Gitanes babeado en las vigilias de esos pasillos- donde fumar era cantarle un falta envido a la muerte-, y en las ojeadas tristes a la muñeca traspasada de tubos, a sus hilachas de pelo mustio derramadas en la almohada húmeda, a su piel blancuzca como un durazno de lluvia. Dolor. Así, sin mucho que agregar, sin ningún adjetivo amarillento que lo aplacara con dos o tres sílabas en un vaso de agua cada ocho horas, cada tres o cuatro frases.
Luego todo en uno se multiplica. No bastan dos oídos, hay que escuchar cada susurro, cada comentario, cada puerta que se abre, cada hoja que se garabatea. No alcanzan dos ojos, hay que mirarla con diez, con veinte, con cincuenta, hay que escrutarle las cejas, las mejillas y los labios, inventariar sus mínimos movimientos, seguir la oscilación de su pecho, memorizar su rostro para que no se pierda en el olvido. Hay que tener mil brazos para obstruir el tiempo, ser mago para que todo se detenga.

Se puede, sí, sí; lo digo yo que estuve horas, días, siglos pujando con el hígado para que el pétalo lastimado no se cayera, acunándolo entre mis párpados sin chistar, sin tocar, sin soñar, porque quién sabe… quién sabe si en ese filo delgado entre la nada y el todo alguien escucha el llanto, el ruego, el “Padre nuestro que estás…- ¿cómo sigue?-, santificado sea- no hubo cambios-, venga a nosotros- qué dicen los médicos-, hágase tu voluntad…”
Era fresca la mañana en que el zapateo inútil de las corridas en su habitación me despertó. Las pupilas vacías que se apartaban de su cuerpo ahora yerto, me dijeron lo que no necesitaba escuchar… Un rayo de luz, incómodo y soberbio, se colaba por una ventana. Lo imaginé Dios, no sé, acaso una tontería. Me acerqué, lo miré fijo, y sin ningún reparo le dije: “Gracias”.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Argentina

Perdone señor, que lo abrace. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Saénz de TejadaUtilizar la poesía para hacer una gestión más humanista, honesta, humilde y con humor de las personas en las organizaciones… 

Este viaje en tren demandando ternura, obligando casi…va dedicado hoy a Estrella, por utilizar y gastar mis versos en sus habilidades directivas (y por mezclarlos con mi maestro Juan Carlos Cubeiro).

 

Perdone
señor,
que lo abrace. 

Ya sé que está
usted leyendo y
que en el tren
no se debe
estrujar
al que tienes al lado;
pero yo,
señor,
estoy hoy
tan triste…

 Así,
muy bien,
déjeme amasar su
pecho y
oír los latidos de
sus ojos.
Déjeme
(también)
volar en su
aliento y acariciarle
la yema de los
sueños.

Si me permite,
voy a reclinar su
asiento
—hace tanto tiempo que
no hacía esto…—.

Perdone
señor,
que lo abrace.

 Últimamente nadie
me quiere
y mis costillas se
fragmentan con
el frío
(se me han ido
borrando hasta los
lunares).

 Adiós,
señor,
ha sido un placer
viajar aferrada a su piel

 Usted no lo sabe,
pero mientras dormía,
le he robado
un beso y
(le prometo que
ha sido
sin querer)
la cartera.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Aprovecho. Por Anthony Yupanqui Lorenzo

Aprovecho el invierno para ir a la playa. Me emociona el silencio, la brisa en la cara, la tos, la gripe, las caras tristes de los pescadores y el olor a mingitorio, a vómito, a no sé qué mineral volcánico.
Aprovecho la lluvia para caminar; para caminar y, sobre todo, para mojarme la ropa.
Aprovecho los feriados para trabajar el doble y parecer el hombre ocupado que no soy.
Aprovecho el Facebook para molestar a los que no me caen bien, para desilusionar a las personas que me quieren, para que mis amigos –que en la vida real son muy pocos– se ahorren la fatiga de visitarme, de salir conmigo y de intentar entenderme.
No aprovecho bien el tiempo, siempre me sobra demasiado.
No me aprovecho de la buena situación de mis padres, he aprendido a vivir con mis propios recursos, a veces con austeridad y otras con opulencia.
No me aprovecho de mis amigos porque no los tengo. Y los dos o tres que, digamos, son mis amigos, jamás están conmigo. En consecuencia no podría aprovecharme de ellos.
Aprovecho ir a las librerías para memorizar el título de los libros que compraré Amazonas.
Aprovecho mis cumpleaños para conseguir más libros originales –valga la aclaración– como regalo. A cada familiar bien avenido le corresponde uno o más títulos diferentes, según su status económico.
No me aprovecho de mi chica cuando salimos a pasear, más bien ella se aprovecha de mí.
A veces aprovecho una sala de cine para dormir.
Aprovecho la ciudad satélite de Santa Rosa para comer Tacacho con Cecina; la avenida Arica para comer sándwiches de pavo; el parque Kennedy para comer una riquísima mazamorra sucia; y Larcomar la aprovecho para ir al baño gratis.
No me aprovecho de los ingenuos, todo lo contrario, los respeto y a algunos hasta los admiro. De ellos debe ser el reino de los cielos porque el reino de la tierra pertenece a los perversos.
Mi chica y yo aprovechamos el tiempo libre que compartimos para engordar con pizzas o pollos a la brasa.
Aprovecho el departamento de mi abuelo para escribir. Pero más lo aprovecho para leer, leer y leer. Y dormir.
Aprovecho las noches para escribir.
Aprovecho escribir para no llorar…

Asociación Canal Literatura

Anthony Yupanqui Lorenzo

 Blog del autor