Desarrollo sostenible en Ronda. Por Paco Rojas

Ronda
MANIFIESTO.
Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

Con estas palabras de Bertolt Brecht comienza uno de sus poemas. Pensamos
que se les pueden aplicar a un grupo de personas que están siendo sometidas
a presiones de diversa índole simplemente por ejercer su derecho a discrepar
de un determinado modelo de desarrollo.

Por ello, los abajo firmantes, relacionados de una u otra forma con la
Serranía de Ronda, con el presente manifiesto declaramos nuestra absoluta
identificación y solidaridad con quienes están siendo presionados y
denunciados por ejercer un derecho básico constitucional como es la libertad
de opinión y de expresión. La defensa de nuestro entorno ha sido lo que ha
provocado que haya personas denunciadas: ciudadanos honrados, vecinos de
Ronda y de la Serranía que ejercen sus actividades con profesionalidad y
respeto escrupuloso hacia todos. Nosotros, como ellos, ejercemos nuestro
derecho a discrepar y estamos de acuerdo con sus actuaciones y su línea de
trabajo. Los ataques a que están siendo sometidos en un vano intento por
silenciarlos, las difamaciones, las calumnias, las denuncias para
intimidarles, etc. las interpretamos y sufrimos como si fueran hacia
nuestras personas.

Estamos convencidos de que existe un modelo de desarrollo diferente al
patrocinado por los promotores de los campos de golf y de las
macrourbanizaciones que los acompañan, un modelo acorde con las
peculiaridades de nuestra comarca, basado en el uso racional de sus recursos
naturales y en el mantenimiento de los mismos para garantizar el futuro de
las generaciones venideras, que es la base fundamental del desarrollo
sostenible. El modelo que se nos quiere imponer a base de cheques, no es
sostenible, y ni siquiera es desarrollo, es destrucción y sus efectos son
irreversibles. Pan para hoy y hambre y sed para mañana.

Propugnamos el equilibrio entre la naturaleza y la actividad humana y
pretendemos que no desaparezca la identidad de la población agrupada en
núcleos cohesionados y perfectamente adaptados al paisaje hasta tal punto
que forman parte indisoluble de él. El crecimiento artificial y forzado que
provoca la construcción desenfrenada contribuye a destruir nuestra identidad
y genera un enorme consumo de recursos como agua, energía, paisaje, etc.

No ignoramos que el poder económico y político de los que promueven este
tipo de actuaciones es inmenso, a raíz de las noticias que continuamente
aparecen en los medios de comunicación sobre escándalos urbanísticos, y que
enfrente sólo estamos ciudadanos «insolventes», como nos calificó un
concejal del Ayuntamiento de Ronda, pero seguiremos en nuestra lucha porque
estamos convencidos de que es justo y que la razón nos asiste.

Por último terminamos haciendo nuestras las palabras de Jaume Terradas,
postulando por el desarrollo integral del ser humano, cuando dice que
«deberíamos tratar de adoptar un comportamiento superior al del cerdo que
come bellotas, pero ni considera el sol que les dio la vida, ni la
influencia de los cielos por la cual se nutrieron, ni la raíz misma del
árbol de donde surgieron».

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Paco Rojas

Travesuras de una niña mala. Por Cris Flantains

Portada Me quedo con la duda de a qué personaje de Flaubert, vio Ricardito en
el perfil tenebroso de la niña mala ¿ a Emma Bovary?, seguramente será
a ella.

Me ha gustado esta novelita ligera, llena de alusiones a otras obras,
cuidadosamente rodeadas del contexto adecuado, cuya evocación matiza
la intención narrativa del autor. El merito de la sencillez en el
tratamiento lineal del tiempo: dos días después, a los tres años, a
la semana siguiente; se agradece, es bueno que le ahorren a una las
vueltas y revueltas, los retrotraimientos, las ganduladas de la
memoria de personajes que parecen afianzar su verosimilitud en un » yo
existo, porque, mire usted, me acuerdo de que aquella vez…» esos ires
y venires en la divina triada del presente, pasado, futuro, que como
no estén elaborados con mano firme, le levantan a una dolor de cabeza
y hacen que todo pierda su gracia… sobre todo cuando se empieza a
echar cuentas y se llega a la conclusión de que : esto es imposible. Y
sobre todo, tambien, cuando lo que se está contando no tiene perfiles
metafísicos, por mucho que el autor los busque para su vanagloria.

La trama se desarrolla a lo largo de un montón de años, 40 creo, y
esto le da una agilidad tremenda, es así como pinta un paisaje
histórico puntual e imparcial, casi rallando al dato, y que sirve de
escenario a los amoríos de la niña mala y Ricardito. Me gusta porque
no juzga ningún momento, lo trae tranquilamente, apartando de si esa
dicotomía pecaminosa en la que caemos todos para ubicar los datos:
esto fue bueno, esto malo. Por encima de ese momento histórico
susceptible de ser juzgado, esta la historia de amor de Ricardito, no
aprovecha para meter cuñas propagandísticas y no será porque a Vargas
Llosa no le sobren los motivos, otras veces sí lo ha hecho, ahora no,
nada distrae al lector de la historia de amor, y todo, todo lo demás,
solo viene a las páginas traído por esta historia, y ,además,
brevemente, otra cosa que se agradece: coherencia exquisita… un diez
ahí para el señor Vargas Llosa.

Yo creo que esta novela hay que leerla sin ambiciones, como un
entretenimiento, eso sí, suculento. Es una historia de amor, llena de
aventuras. Su mayor merito es seducir al lector desde las primeras
páginas.

Cris Flantains

Cris Flantains

Confirmación. Por Santiago Hoyos Buitrago.

Cavernas
As I walk all my life drifts before me,
Though the end is near I’m not sorry,
Catch my soul; it’s willing to fly away.

Mark my words, believe my soul lives on,
Don’t worry now that I have gone,
I’ve gone beyond to seek the truth.

When you know that your time is close at hand,
Maybe you’ll begin to understand,
Life down here is just a strange illusion.»

Steve Harris (Iron Maiden), «Hallowed be thy name»

Yo ya sabía la respuesta. Esperaba sentado a que abrieran la puerta y pronunciaran la sentencia de una vez por todas.
Los jueces deliberaban en una habitación, mientras yo estaba sentado en el patíbulo con los demás prisioneros, atento a lo que marcaría definitivamente mi rumbo; solo en medio de ellos, solo con mi propio destino. Todos lo estábamos.
Yo ya sabía la respuesta, pero imaginaba en aquellos instantes lo que me gustaría hacer si no me fusilaran minutos después. Saldría a correr, a redimir mis sueños, a disfrutar de atardeceres y momentos únicos… Pero no. Eso no sucedería, y la incertidumbre sobre mi futuro se convertía poco a poco en la resignación de saber que ya no había vuelta atrás. Moriría.
Sentí sin embargo que no había mucho que perder, y tras mis ojos cerrados se despejaba una niebla que daba paso a la tranquilidad de quienes se reconcilian con su camino.
Se abrió la puerta, abrí mis ojos. El vocero leyó una lista y pronunció todos los nombres, mi nombre, y lo hizo con un tono penetrante que me atravesó los pulmones. Quedaron libres, yo quedé solo. “Alta traición”. Los desataron, menos a mí y a una mujer, y los llevaron por una puerta que no conocía. La anciana se arrodilló frente al paredón, sosteniendo una camándula entre sus dedos, esperando su muerte en profundo silencio.
Llegaron los soldados y cargaron los fusiles. Yo me puse en pie, les di la espalda, y entonces confirmé el destino que ya sabía.
…Yo ya sabía la respuesta.

Santiago Hoyos Buitrago

Cura de la Pepa. Por María del Campo.

Cavernas Quedar viuda a los 37 era verdaderamente una tragedia, con tres hijos chicos y un montón de deudas.
Por suerte, la Pepa tenía trabajo y ganaba medianamente bien, la casa ya era propia y ella estaba en buenas condiciones de salud.
El primer año transcurrió entre misas, recuerdos, llantos y la inevitable impotencia que genera la muerte de alguien tan joven a manos de otros. Justicia no se podía hacer, ya que «otros» habían perdido la vida también en el apesadumbrado suceso.
Pero ése no es el caso. Lo terrible de esta historia es cuando, en la misa del primer aniversario del fallecimiento de Humberto, a la Pepa se le iluminó desde la vista hasta lo más recóndito de su ser, al aparecer el cura nuevo que celebraría la misa.
La hora y media que duró la ceremonia, la pobre Pepa no pudo concentrarse ni pensar siquiera en el difunto.
Sentía terror de que alguien se diera cuenta de la impresión que le producía el curita, pero sobre todo, la suegra. No quería ni maginar lo que le diría si sabía, esta señora pechoña y ultra conservadora, si notaba un atisbo de interés de parte de su nuera.
Pasaban los días y la Pepa se había inscrito en cuanto curso, charla y grupo de oración se daba en la Iglesia de Nuestra Señora de las Plegarias. Iba todos los días. Cada minuto libre, se las arreglaba para buscar ropa, comida, juguetes, de todo, en su casa o con las vecinas, para las ayudas de la parroquia Se confesaba todas las semanas y comulgaba sintiendo culpa, pero no importaba, la gente tenía que verla recibiendo la comunión, si no, qué pensarían…
Le llevaba queques al cura, lo invitaba a comer, en presencia de la suegra al principio; con su familia, después; hasta que al final se decidió a contarle la verdad.
Lo invitó a una cena supuestamente en honor del hijo que se graduaba de kinder. El curita llegó con un angelito de mármol de regalo para el niño y nunca pudo dárselo ya que no estaba ni él, ni los hermanos, ni la suegra. No había nana tampoco esa noche.
Yo siempre creí que los curas no iban a cenas, ni cumpleaños, pero al ver este caso y varios otros me di cuenta que en realidad, primero, son personas.
La Pepa no era de arreglarse mucho, unos bluyines y una polera relativamente decente bastaban.
Yo no sé si el cura era ingenuo o se hacía el leso, cómo no se daba cuenta, si era tan evidente. Al principio pensé que se dejaba querer pensando que algún día se le pasaría esta obsesión a la Pepa. Luego, me sorprendí un poco al ver que él le seguía el juego.
En fin, la cosa es que la Pepa, esa noche, estaba deslumbrante, pero no de pinta, sino de calentura.
Ella se trataba de auto convencer que no era amor, para qué echar a perder la carrera del padre, nadie tenía por qué enterarse de nada, no era necesario. Lo único que ella pretendía era sentir el calorcito de esas manos en su cuerpo, y si Dios quería, alguna otra cosita «entretenida» .
Los niños andaban en una misión en los pueblitos del interior, le había dado permiso a la empleada para que llegara al día siguiente y la suegra andaba de viaje.
Cuando confesó al cura sus intenciones y su irrefrenable pasión, él se sentó con ella de rodillas y exclamaron al cielo algo que no se entendía si era «no nos dejes caer en tentación» o «permítenos esta tentación».

Marita

LA BESTIA. Por Ginés Aniorte

LA BESTIA

No desvelas su imagen si la miras,
y aunque escrutes el fondo de sus ojos
no habrás de percibir un sólo signo
que dibuje algún rasgo de la bestia.

Se oculta entre los días, y en lo oscuro
adivinas la suma de los rostros
que abraza tu memoria.
Su mirada es muy cándida y parece
que salva del peligro
que supone enfrentarse con el mundo,
pero luego descubres que no es cierto,
y que lleva veneno en su saliva:
cuídate de besarla en un descuido.

Es la amiga que un día te traiciona,
e, insolente, nos nombra si dormimos
o si un día creemos ser felices.

No se parece a fiera conocida,
y aúlla como loba por la noche
cuando esperas que el sueño te conceda
el secreto deseo de olvidarla.

Es terca y desalmada, y nunca deja rastro
de vísceras y sangre cuando hiere.
Suele morder el alma desvalida,
y a la vez muerde el tiempo y el destino;
nos asalta en silencio y nadie nota
el filo despiadado de sus dientes.

Sólo sabes que al fin mueres por ella,
y que ha sido la fiera ?nadie duda?,
la alimaña que todos albergamos
dentro del corazón y nos habita
desde el fondo callado de los sueños.

Se alimenta de sombras y nostalgias
el temido animal que al cabo somos.

En un dulce momento que vivamos,
al cogerle la mano a quien nos ama,
notamos su pezuña, el mal aliento
de quien siempre viviera en nuestra carne.

Y, cuando no lo esperas,
se abalanza con saña
sobre el cuello indefenso,
y la vena es entonces un río que regresa
sobre sus propios pasos
arrastrando en su curso noche y lodo,
el caudal de los años, nuestra vida.

Es inútil que intentes adiestrarla.

El pasado es la bestia
que acabará contigo.


Del libro:
LOS AZARES

Dulce,amarga libertad. Leonor Rudat

Portada

Autora
Leonor Rudat nació en Holguín (Cuba). Cursó estudios de Economía e Industria. Desde 1979 reside en la República Federal de Alemania junto a su hijo y su esposo. Dulce, amarga libertad es su primera obra publicada.
Sipnosis
Dulce, amarga libertad narra la lucha por la supervivencia de una chica cubana crecida en los barrios más pobres de La Habana. Dulce, la protagonista de la novela, inicia su historia con su séptimo cumpleaños, día a partir del cual se verá sometida a continuas vejaciones por parte de su padrastro. Los abusos y palizas que su£re a lo largo de seis años la obligan a abandonarasu madre y su hermana para emprender un viaje alrededor delaislajunto asu amigo Alfonso, un homosexual repudiado por su familia que, al igual que Dulce, busca poder obtener un trabajo digno lejos de los maltratos de su familia. La huida y la búsqueda de la estabilidad conducen a ambos al mundo de la prostitución, un medio rápido de obtener dinero en la Cuba de la dolarización. La adolescencia y la juventud de Dulce se ven marcadas por los brutales encuentros con su padrastro. Tras quedar embarazada, Dulce decide abandonar la isla, perdiendo, así, su único amor por salvarguardar la integridad de su hija.

Editorial Atlantis

DECLIVE. Por Ginés Aniorte

DECLIVE

A mi madre.

Cómo pasan los años, sigilosos,
corroyendo tu carne y tu esperanza
tal si fueras un fuego que se extingue.

Hace tiempo vestías las mañanas
con desmedido celo en tus cuidados,
y ofrendabas al mundo tus afanes
para que el mundo honrara nuestros sueños.

Te vi siempre anunciando amaneceres,
y en la orilla del día te apoyabas
en secreto y a solas con tus rezos
si se abría la brecha en tu costado
y sangraba la herida que escondías.

No es que fueras distinta y que los dioses
especialmente a ti te distinguieran
malogrando promesas y deseos,
pero a un hijo, ya sabes, le parece
que te pudo tratar mejor el cielo,
otra forma más digna de rendirte.

Ha dejado la suerte en tu mirada
el estigma imborrable de su acero,
la rosa sin olor del pensamiento
al que ahora te entregas, distraída.

Cuando vino la muerte hasta tu puerta
y preguntó, arrogante, por tu hija,
su presencia ofensiva y descarada,
abolió tu alborozo y puso luto
donde antes había claridades.

Es así que la vida te ha tratado
no con mucha fortuna; yo me quejo
de la guerra que cuentas, de tu infancia,
aunque después de todo te consuele
que te queden tres hijos y un marido
que a tu pecho arruinado dio su llama.

Han pasado los años, y ahora veo
tu caminar vencido y despojado
de la gracia que ayer te distinguiera.

Y me duele saberte así, encorvada,
como alma perdida en el camino,
claudicando ante todo, silenciosa.

Es el tiempo que inflige su castigo.
Poderosa, la tarde te conmina
a volver al lugar de donde vienes.

Mientras tanto yo apuro sin descanso
el rescoldo que eres y aún calienta,
y en vano avivo el ascua con mi soplo
para que no se apaguen tus palabras.

Y lo espero paciente, resignado.

Es así como dices que lo quieres.


Del libro:
LOS AZARES