El avión de madera que logró dar media vuelta al mundo. Por Olga Martínez


El Auror:

Quim Aranda (Barcelona, 1963) es periodista. Ha trabajado en Diari de Barcelona, El Observador, El Mundo y fue guionista del programa cultural de Televisió de Catalunya, Stromboli. Desde 1998 colabora ininterrumpidamente en Avui: fue responsable durante dos años de la entrevista diaria de la contraportada y ahora escribe desde Londres, ciudad en la que reside. En 1995 publicó el libro-entrevista Què pensa Manuel Vázquez Montalbán, donde se repasaba la trayectoria vital e intelectual del escritor.

El libro:

La emigración y el peso de la historia en la generación que vivió la Guerra Civil, pero también en la de aquéllas que no la sufrieron directamente pero que fueron igualmente víctimas de sus consecuencias, son los ejes de esta novela que reivindica el valor de la memoria personal y colectiva como un bagaje vital necesario para encarar el futuro.

El avión de madera que logró dar media vuelta al mundo es una novela sobre la memoria de la emigración andaluza. Narra la historia aquellos que llegaron a Cataluña en los años cincuenta y sesenta, huyendo del hambre y de la miseria de la posguerra, pero cuya voz, ni siquiera ahora, cuando uno de ellos ha llegado a la presidencia de la Generalitat, apenas se ha escuchado hasta el momento. Rara vez desde la novela se ha abordado con tanta profundidad y valentía el complejo tema de la emigración, tan fundamental en nuestra historia reciente y también en nuestros agitados días.

Pero El avión de madera que logró dar media vuelta al mundo va más allá del recuento de unos hechos cercanos a la epopeya. Es la constatación de que la historia deja siempre un poso del que resulta imposible huir. De esa historia, la suya y la de todos, ha tratado de escapar el narrador, Marcelo Rojo. Pero como dice el tango que, junto a otras músicas, resuena en estas páginas, “el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar”.

Pierre Vilar; el que fue comandante en jefe de la aviación republicana, Ignacio Hidalgo de Cisneros; Francisco Franco; Juanito Valderrama; el accidente de aviación del Manchester United en 1958; la desaparición de todo un pueblo bajo las aguas de un pantano en Málaga; la Barcelona de la gran nevada de 1962; la plaza Dorrego, en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires; la ciudad brasileña de Santos o la bahía califor­niana de Monterey, son algunos de los personajes, hitos y es­ce­narios de El avión del madera que logró dar media vuelta al mundo.

Editorial Candaya

Olga Martínez

CAMINANDO CON MI SOLEDAD. Por Isidro R. Ayestarán


Camino mi soledad por orillas de playas desiertas, con mis zapatos de cristal resquebrajados pensando que son nuestros corazones quienes van de mi mano. humillo la mirada para que nadie me lea la tristeza en mis ojos, que nadie comprenda hasta cuánto puede sufrir un sentimiento cuando no es correspondido, que se olvide para siempre lo que significa tener un amor lejano… tanto, que ni las voces de los más cercanos me distraen de tu distancia física y emocional.
Navego en silencio por mi mundo gris imaginando que las olas que se me acercan son los impulsos de tu alma por volver de nuevo a mi lado, ilusionándome por sentirte cercano, emocionándome por sentir en tu mirada un amor certero al que nunca dejaré alejarse del alcance de mis abrazos.
Pero al levantar la mirada, compruebo el cruel silencio en mi mundo sin colores, y me doy cuenta de que sólo puedo soñarte en un arrebato de fantasía y luces, lejos, muy lejos de esta playa donde en esta tarde apagada y muda, camino mi soledad en un intento por no olvidarte.
Y en silencio, musito tu nombre para mis adentros y con la mirada perdida… Sólo así serás mío en mi nostalgia y mi recuerdo. Sólo así, salvaré nuestra historia de otras miradas que nunca llegarán a comprender lo mucho que todavía te quiero.
Le envío un beso a mi horizonte y a mi vida mientras espero a que lo recojas.
No tardes… te espero

© Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

OTOÑO. Por ISIDRO R. AYESTARAN


Otoño. Las hojas del árbol caen a mis pies.
Me ha dejado Antonio.
La brisa del temprano crepúsculo atraviesa mi alma.
Sé que es el fin.
Desde siempre, el sepia fue nuestro color.
No sé por qué todavía te añoro.
Cada vez anochece más temprano.
Cierro las ventanas para que la noche no me haga más daño.

Otoño. Hoy me pregunto a qué sabe la nostalgia.
Han llamado al teléfono y pensé que eras tú.
La gente ya no llena las calles a última hora de la tarde.
Hoy me ha llamado a gritos tu silencio.
Qué lejos quedan los cines a los que acudíamos los sábados.
La cadena musical no me ha reconocido el último CD que me regalaste.
Hoy he tenido que sacar el paraguas a la calle.
Las nubes también lloran amores perdidos.

Otoño. He recorrido de nuevo nuestro parque.
He subido las escaleras que llevaban a nuestro mágico enclave.
Me he sentado bajo nuestro árbol y he contemplado el mar.
He coincidido de nuevo con la pareja de novios que encontrábamos todas las tardes de domingo.
He sonreído al verles hacerse carantoñas y mimos.
Sin querer, he mirado hacia donde siempre te sentabas.
Esta mañana, el calendario me ha dicho que comenzaba el otoño.

Tú y yo comenzamos un otoño de hace años.
Hoy, me pregunto a qué huele la nostalgia.

© ISIDRO R. AYESTARAN, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

La mirada de Carmen. Por Haddass


Hay miradas que hablan todos los idiomas. Traspasan las barreras de la piel y las retinas para estimular, indultar, comprender, amar, sufrir, soñar…
Hay brillos que solo el tiempo ilumina y matices que no son reproducibles en palabras.
Esos ojos, los de Carmen, tienen mil historias que contar, soñadas, imaginadas o vividas, con la pasión de los que atrapan la vida a vuela pluma mientras se les escapa de las manos y la dulce tristeza de ver que lo más intimo ya no nos pertenece porque lo regalamos en frases descarnadas, jirones de nuestra andadura, trocitos de nuestra alma.
Y hay quien aprende a querer a quien entrega parte de si tan generosamente, aunque, a veces, prisioneros del tiempo y de la prisa, no pronunciemos demasiadas palabras.
Pero hoy si Carmen, una al menos: Gracias.
Para Carmen Camacho Adarve.
Haddass

La última conspiración. Por Yosu


La última conspiración. Ese es el nombre que recibe la primera novela del nuevo autor de ciencia ficicón, Josué Ramos. Josué es un joven de 20 años que vive en A Courña, España; y que desde muy niño siempre ha mostrado una gran imaginación para inventar todo tipo de historias y relatos históricos y de ciencia ficción.
En su estilo de narración, se puede identificar claramente la influencia que recibe de las novelas de robots escritas por Isaac Asimov.
Así que después de varios años de pulirse como escritor y varios meses de trabajo en este proyecto, nace al fin La última conspiración.
La novela comienza con tres sucesos impactantes: un robot recepcionista deja de funcionar sin motivo aparente, el robot más avanzado de la Tierra explota sin dejar rastro y los sistemas de transportes del mundo se colapsan de repente; y nadie sabe por qué. La opinión pública no duda en acusar a Vimai, un ordenador creado para gestionar información a nivel mundial, como único responsable.

Bill Shepherd, caracterizado por su actitud sarcástica y antisocial, y por ser el creador de Vimai, hará lo posible por lavar la imagen de Vimai, tratando de descubrir quién está detrás de los extraños acontecimientos que, sin duda, forman parte de una conspiración para acabar con su carrera. Pero nadie logrará descubrir que todos forman parte de una farsa tan inescrutable como inflexible, que ninguno será capaz de controlar o siquiera comprender.

La última conspiración se puede adquirir gratuitamente en formato pdf o
comprar en la siguiente dirección: http://www.lulu.com/content/1185492

FOGATA DE VERSOS. Por Miguel de Asén

¿Qué esperar si hasta el sufrir se olvida?
¿Cómo querer que una voz gastada
Permanezca en el recuerdo guardada?
¿Existe alguien aun que versos pida?
Sólo una voz rota en la estrofa anida,
Canción que sin lector queda callada,
Que aun mensajera no es ave alada,
Que sin recitarse llega perdida.
¿Y qué humano ahora mi lengua entiende,
Que extraña voz en el tiempo será,
Queda alguien que mi inquietud comprende?
El papel como la voz morirá,
Y al menos el papel al fuego enciende,
Para eso tal vez mi voz servirá.

Miguel de Asén