David Sarrión te invita a su «Hotel Cantábrico». Por Geronimo

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El joven poeta repite género tras su anterior obra, «El arte de proyectar sonidos invisibles», con un estilo personal y una trama cargada se sentimientos marcados por la locura del desamor. Este manchego de cepa, no se cansa de buscar dentro para expresar fuera. Una vez más, la poesía no pasa de moda.

El poeta albaceteño David Sarrión
Los mejores diamantes son los que están por pulir, los más puros. Este joven albaceteño, tras muchas vueltas por la vida esperando encontrarse, y a falta de hacerlo, nos propone una literatura inédita plagada de misterio y llena de sentimientos. Después de un exitoso primer libro, del que se está lanzando la 3ª edición, nos regala esta poesía narrativa para que perdiéndonos podamos encontrarnos.

Este género ha tenido siempre mala prensa, parece demasiado complejo para acceder a él. David Sarrión ha querido, con su anterior obra y con esta, romper el mito. Amante de cantautores y seguidor de sueños imposibles, este joven escritor demuestra madurez y sencillez, complejidad y profundidad. David quiere conectar con el lector, sentirlo y que le sientan, comprender y ser comprendido.

La poesía es la banda sonora de las letras y «Hotel Cantábrico» es el refugio para los exiliados del amor y del desamor. Al menos, ese es el guante que nos lanza David Sarrión en su nueva obra. Una vida comparada con las diferentes plantas de un hotel en la que se van depositando posos de un recuerdo e ilusiones de un futuro. Todo por amor. Esa es la presa del protagonista, Henry Clakowski, con un pasado que le atormenta y un presente que no puede controlar por culpa de la pasión sentida y de la locura continua.

David Sarrión ha hallado la inspiración caprichosa, la que va y la que viene, la que llena y la que vacía. mirando en su interior para ver por fuera. Dice que el amor está presente en todas las cosas, y que cuando sientes su aliento poco o nada puedes hacer. Tan sólo moverte de planta en planta hasta encontrar tu propio laberinto. Henry Clakowski camina directo al ático. Allí todo es diferente, incluso, puedes encontrar las respuestas a tantas preguntas.

Ganador del Concurso Literario para Jóvenes de Albacete e inmiscuido en cualquier proyecto literario, David Sarrión escribe para hablar contigo y para invitarte a reflexiones en voz alta. Su Hotel Cantábrico es toda una experiencia que no puedes perderte. Adéntrate en sus pensamientos.

Puedes hacerte con el libro en muchas librerías, aunque lo más recomendable es pedirlo en Internet. Los que buscan hueco todavía no lo tienen como lo merecen. Dentro de un tiempo, podrás decir que tú leías a David Sarrión cuando apenas era eso, un joven perdido que se resiste a naufragar.

Publicado en : Soitu.es

Poemas para la libertad. De Carmen Mª Camacho Adarve

Dice la autora:

A ratos abro las puertas a la nostalgia, la realidad golpea los cristales. A veces, lleva en su bolso una cuenta olvidada, cuatro monedas y una manzana. Lleva tiempo detenida en un poema ácido, que nació al verse entre reptiles humanos.
He limpiado los cristales de las ventanas por desamor, el piso tiene aire de invierno.
Y los personajes escondidos en las repisas de libros, hacen guiños a la mañana, opinando luz, ignorando ese abandono.
Cruzo rápido la calle, evitando al destino.
Delirante, ensimismada en el silencio de mi alma, disparo versos con los ojos y decido pasar más inadvertida que antes.

Lo podeis descargar en Publicatuslibroas.com

La autora:

NARRADORA Y POETA.
Ha publicado en distintos medios de comunicación, poemas y relatos, publicaciones en periódico Ideal (España), Atinachile. Es redactora de MUNDO CULTURAL HISPANO.
Tiene poema publicados en antologías hispanoamericanas (Editorial Lord Byron), fotoblog en Hoycinena del grupo Vocento, el Reino azul, blog El patio de los leones del grupo Vocento, revista AUCA, REVISTA CONTRALUZ.
Miembro de IFLAC ESPAÑA, ESCRITORA Y POETISA ESPAÑOLA INTEGRANTE DE DIFERENTES INSTITUCIONES DE LITERATURA DE HABLA HISPANA ACTUALMENTE ES REPRESENTANTE DE LA COBIMEP DDHH EN LA COMUNIDAD EUROPEA.

Blog de Carmen María Camacho Adarve

Rapsoda de abril. Por Isidro R. Ayestarán

El rapsoda del mes de abril está listo para salir a escena. Sobre su atril, los papeles que reflejan los momentos cruciales de su vida; en su manera de recitar, los gestos que antaño le dedicara a su alma; tras cada verso, un desengaño, un dolor, una mentira… un mundo repleto de nada.
El poeta de esa noche de primavera comienza su recital con un poema de amor, clavando la mirada en un público entregado, en cada nombre anónimo que esa noche le acompaña, en todas esas palabras calladas que le aguardan.
El artista que bajo su chistera nos habla de un horizonte perdido, va desgranando, poema tras poema, sus fragmentos resquebrajados de cristal empañado por tanta angustia, hablándonos de una soledad más allá del sentimiento dormido de un amor que tropieza, inevitablemente, en un suspiro que nombra a quien inspiró los textos que él encierra en una desvencijada maleta que se llama «corazón remendado».
El pintor de los versos de amor no precisa de aplausos ni miradas de asentimiento, ni de palmaditas en la espalda ni besos de judas en los titulares de los periódicos. Sólo quiere silencio en un verso concreto… aquél que lleva su aroma y su recuerdo.
«Soy tu rapsoda, tu poeta, tu último aliento y tu sombra… soy en lo que me has convertido por tu ausencia, por tu rechazo y tu falsa cadencia a la hora de amarme. No me importaría que te convirtieras en estatua de sal si te volvieras para verme. Yo te adoraría igualmente, pondría flores a tus pies y te sacaría en procesión entre calles angostas, con una banda sonora de redobles de tambor y solos de corneta, bajo palio y corona celestial… Todo eso si te acordaras de nuestros momentos, de esa llama que resplandecía al iluminar nuestros cuerpos, sin importarme la blasfemia ni el llanto por una nueva ausencia, un nuevo silencio, un nuevo calvario… pero vernos, aunque fuera un instante, un segundo, algo insignificante pero tan intenso que me diera la vida de nuevo al sentirte cercano… Pero mientras llegas, te dedico este verso, estas palabras, esta música a la que tú pones título y hora de estreno: el mes de abril, en el momento de nuestro nacimiento…».
Ese silencio requerido por el rapsoda de abril se hace realidad, pero luego se rompe por un aplauso tímido al fondo del teatro, una puerta que se abre y se cierra al instante, y unos pasos que significan una ausencia en la platea que aguarda el momento de la bajada del telón.
Y al encerrar sus versos en su ruinosa maleta, el poeta se aleja por una calle apenas iluminada, tras haber cobrado una mísera paga por un poemario que pasea de puerto en puerto, de escenario en escenario, viajando por tierra, mar y aire con un compañero lejano de viaje.
Aquél que inspiró su texto definitivo sobre una quimera de amor que, de forma cobarde, se mantiene ausente en un sueño y un horizonte que, de acercarse uno de los dos a él, se perdería para siempre.

© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

La Friki-España. Por Brujapiruja

El argumento de que España es friki, y de que chiqulicuatre ha sido apoyado por la mayoría de españoles, es sólo uno más de los muchos fraudes informativos que sufrimos a diario.
Esta canción y su protagonista, son sólo un producto de marketing que se ha promocionado con ingentes recursos que desgraciadamente están al servicio de promover lo cutre y chabacano, a potenciar la incultura, el pasotismo y el “todo vale” en este país.
Es verdad que nuestro carácter nacional se apunta a un bombardeo festivo, no es la primera vez que un producto similar llega al gran público, Fernando Esteso con “La Ramona” o el “bellotero pop” ya lo hicieron en los años 70 entrando en las listas de éxitos.

Los españoles, como digo, no renunciamos a nuestra parte festiva o rural, ni al sarcasmo, al humor, a la critica, y a la chispa de un exceso bien intencionado.

El exceso de esta broma de mal gusto, es que no se ha quedado para el consumo nacional, ni ha sido precisamente bien intencionado, sino que ha ido a un certamen internacional (bastante desprestigiado, por cierto) exportando en nombre de todos los ciudadanos una versión española que es, a mi juicio, infinitamente peor que la del torero y las castañuelas.
Pero este es el país que tenemos, por desgracia

Brujapiruja

La mujer sentada. De Guillaume Apollinaire

El autor Guillaume Apollinaire, pseudónimo de Wilhelm Albert Vladimir Apollinaris de W??-Kostrowitcky, nació en Roma en 1880 de madre noble polaca y padre desconocido.
Educado en Mónaco, pronto se instalaría en París donde desempeñaría múltiples oficios y frecuentaría los ambientes literarios y artísticos. Defendió con vehemencia, en revistas y periódicos de la época, las nuevas tendencias artísticas y a creadores como Matisse, Picasso, Braque, Duchamp y muchos otros.

Poeta, narrador, crítico de arte, comentarista de actualidad, autor de colecciones de poemas como Alcoholes (1913) y Caligramas (1918), de narraciones como El poeta asesinado (1916) y La mujer sentada (1920), del ensayo La pintura moderna (1913), su vasta obra desafía cualquier intento de clasificación. Murió en París, víctima de la Gripe Española, en 1918.

strong>El libro.- Guillaume Apollinaire escribió La mujer sentada, que se publicaría de forma póstuma en 1920, a partir de dos escritos previos, extrañamente complementarios: La mormona y el danita, de 1914, e Irene de Montparnasse o París en tiempos de guerra, de 1917. El primero es una crónica épica sobre la fundación del Estado mormón de Utah en el siglo XIX. El segundo una evocación de la vida encendida y febril del París de las vanguardias, del Montparnasse en el que vivían, creaban y se peleaban Picasso, Max Jacob, Blaise Cendrars o el propio Apollinaire, todos ellos personajes del libro.

A pesar de su variedad de temas y estilos, hay en esta novela una cuestión esencial y absolutamente moderna: la mujer libre, bárbara, la mujer que cuenta con ingresos propios y con un harén propio, que ha aprendido a vivir «sentada» en un mundo de «hombres en pie» que vagan perplejos y asustados.

«El poeta es el que descubre alegrías nuevas, aunque sean penosas de soportar», Guillaume Apollinaire.

Más información sobre esta colección en editorial Olivo Azul

SER. Por Francisco Baeza Ballesta

Destello ceñido a barlovento
Alza al soplo su taciturno mirar
Advirtiendo la atmosfera de su piel,
Ambiciona yacer lágrima del llanto que susurra.

Hombre impávido a razón de su eco
Titubea ante la veracidad que presencia
Embaucando su propio entendimiento
Anhela ser jugo, polvo, aire.

Animal despeñado en vida
Tiñe el pensamiento de su inherente fin
Concibiendo el esplendor de la lágrima vertida,
Sucumbe agonico, sucumbe feliz.

Francisco Baeza Ballesta

Te contaré mi secreto. Por Isidro R. Ayestarán

Esta noche te contaré mi secreto, la confidencia sobre un mundo al que llegué para hablar de amor y caridad. He de confesarlo sin importarme el quebrantamiento de la norma moral que me obliga a guardar silencio. Y es que son tantos ya los caídos…
A los más pequeños, les hablaba como si todo aquello se tratara de un cuento. Y con sonrisas, asentían al comprender mis palabras. Pero a los mayores no podía mentirles. El cara a cara no conseguía desplomar los muros infranqueables e inexpugnables de una triste y cruda realidad que traspasaba toda frontera de lo imaginable. «¿Amor?» me preguntaban. Y yo era incapaz de hallar respuesta al tener que mirar, junto a ellos, nuestro mísero alrededor.
Una mañana, al amanecer, tras mi desesperación por el fracaso del mensaje entre esas gentes, comprobé con horror que el mundo se desmoronaba en el preciso instante en el cual, tras besar la cruz, pedía auxilio en mi mundo de silencios… La Hermana Teresa fue la primera en caer. Y entre mi propia tristeza, sólo un mísero Padrenuestro pude rezarle musitándoselo al oído. Tras un beso en su frente, hice acopio de coraje y valentía y salí al exterior. Gritos, lágrimas, humo… Mucho humo. Una densa atmósfera que, pese a todo, dejaba adivinar el brillo del filo de los machetes, teñidos de un color que no permite duda alguna; un color que no distingue de razas, culturas, religiones… un color común a todo un universo de pensamientos opuestos que no se detiene ante los porqués de sus gentes.
Como pude, conseguí zafarme del ataque mortal y rescaté a un niño de meses del regazo de su madre mutilada. Pero no era el único a quien debía rescatar. Mi mirada, nerviosa, recorría todo el poblado en un intento desesperado por hallar una explicación a lo que allí ocurría. Y en plena huída, una tremenda sensación de calor se apoderó de todo mi cuerpo. Caí de bruces al suelo junto al niño que llevaba y que dejó de llorar para siempre por pertenecer a esa determinada tribu.
Otro golpe mi hizo perder la visión de la realidad.
Y entonces, pasé a formar parte de un sueño secreto, la visión de un mundo extraño formado únicamente por inmensas olas que no llegaban a ninguna orilla. Únicamente se detenían a los pies de una enorme cruz, teñida de sangre, que se mantenía firme ante los ataques violentos de las olas de ese mar bravo y salvaje.
Cuando conseguí despertar del sueño, un rostro amable me sonreía mientras me susurraba palabras ininteligibles. En mi delirio, continuaba surcando aquellas inmensas olas que rompían contra el madero de la cruz… Sólo cuando la fiebre remitió, pude ser consciente del tiempo que había estado envuelto en aquella irrealidad mucho más amable e idílica de la presente.
El titular del periódico de esta mañana me trajo a la memoria aquel episodio trágico y extraño. En Kenya, los muertos se agolpaban a ambos lados de la carretera ante la impasible mirada de la gente. Un cadáver yacía junto a un muro mientras un hombre le arrojaba piedras con cara de odio; otro, reducido a fragmentos carbonizados, era visión obligada de los más pequeños del lugar… En otra parte del mundo, una precampaña electoral centraba un único debate; en mi alrededor, unos míseros sueldos apenas permitían pagar una hipoteca mientras las monjitas a las que ayudo todos los días, hacen innumerables esfuerzos por alimentar a unas gentes que no tienen un pedazo de pan que llevarse a la boca…
Hace tiempo que no predicó en un altar, que no absuelvo a nadie encerrado en mi confesionario, que no transmito mensaje de amor alguno. Quizá ya no me haga falta, porque cuando me veo en la necesidad de acercarme al débil y rechazado, la sonrisa y el mirar a los ojos es la mejor arma que un hombre puede poseer. Y siempre, antes de tender la mano, pienso en el sueño mientras pongo cara y nombre a cada una de las olas bravas que rompían a los pies del madero. Tantas olas, inmenso mar… dos manos que se aferran como si no quisieran soltarse nunca.

Este es el secreto de un sueño que nadie conseguirá explicarme nunca.

© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com