Una carta para ti. Por Celia Álvarez Fresno

Si yo tuviera poder, tuviera cercanía… y alguien me escuchara de aquí y de allá…a lo ancho y alto de nuestro planeta les diría:
“Queridos pobladores de la vida:
Soy una mujer española, en plena madurez. Y digo en plena madurez, porque los pájaros de mi cabeza, hace ya mucho tiempo que han pasado, dejando paso al sentimiento y la experiencia.
Desde siempre me recuerdo escribiendo temas muy profundos, que no tenía que pensar para que fluyeran, desde lo más escondido, de mí.
Siempre «supe» de la existencia de otras Realidades, aunque las obvié con mi propia vida, e intentando huir de ellas una y otra vez, las dejé de lado. Porque no quería responsabilidades de esta índole y deseaba vivir mi vida terrena, con plenitud, sin estar condicionada a algo, que aunque intuía necesario transmitir, yo acallaba.
Pero desde hace un tiempo, esa voz se está haciendo más clara y más alta. Y bulle mi Yo una y otra vez, y voy a decir algo sobre mis conocimientos del Más Allá.
Escribí tres libros, en donde de forma novelada, hablé, aunque despacito… y los edité como pude. No es fácil, pero yo tampoco busco hacerme un hueco en el mundo literario, ni mucho menos brillar con unas letras escritas de esta o esa manera.
Intento decir que la Vida no termina, cuando termina la vida. Que todo continúa, y que durante nuestro periodo en la tierra, que es nada, comparado con la Eternidad, el dolor vive, pero también tiene que existir la Esperanza, que nos mantenga con la ilusión de que volveremos al Todo, y que aquí sólo estamos de paso hacia otros Lugares.
Intento decir que las separaciones por Dogma o color, no es el camino. Que nuestro camino está en la Unión de todos los seres humanos con la mirada puesta en una sola dirección. Sabiendo que la Luz, está, y que nos espera.
Intento decir que las guerras, los disturbios, los abusos, no están escritos en el libro de la existencia.
Intento decir que todos llevamos la chispa de la Luz y de la Sombra, en nosotros mismos, y que tenemos que hacer crecer la coherencia y el Amor, con nuestras actitudes ante la vida.
Sí. Somos libres, pero nuestra libertad, nunca debe cortar la libertad ajena.
Intento decir, que tanto la mujer como el hombre, tienen que tener los mismos deberes, obligaciones, pero también los mismos derechos y respetos. Que nuestra apariencia es diferente, pero que los sentimientos anhelos y esperanzas, son los mismos.
Intento decir que el hambre que injustamente padece una grandísima parte del mundo, no debe de existir, mientras exista otra parte que tira sus alimentos, y desperdicia en lo absurdo.
Intento decir que las religiones tienen que comenzar por ver a quien camina junto a ti, y no derribarle para llegar tú el primero a besar los pies de quien tú adoras.
Intento decir, que solo con la Coherencia, el Amor, la Justicia y con el posicionamiento de nuestro mismo yo, en el lugar del otro, sería suficiente para cambiar nuestra vida absurda y egoísta.
¿Quién soy? Una mujer que ha vivido, que ha padecido, que ha hecho muchas cosas mal y algunas bien. Pero que me he mirado y encontré desde siempre que nuestra Alma vive y que conoce todo lo que nosotros creemos ignorar, envueltos en las marañas de la vida.

Sé que esta experiencia sobre el Conocimiento de otras Realidades, les ocurre a muchísimas personas en el Mundo.

Pero, también quiero aportar mi granito de Esperanza y de Realidad, que mi Alma me ha dictado a lo largo de la vida.”

Celia Álvarez Fresno

Mi pequeña mariposa. Por Fuensanta Casanova Pujante

Pequeña circunstancia abigarrada
Que siente perder su inocencia virginal
Dentro de un arco iris en éxtasis,
Quiere ser paraíso en tu mano eterna.

Mariposa enferma de pétalos raídos
Aletea inconsciente de su efímera existencia
Vibrando cubierta en saliva
En sopor se derrumba al claudicar sin aliento

Harta ya de incertidumbres agónicas y
Muerta su esencia interior
Se quita la piel a jirones
para terminar mordiéndose el aliento seco.

Sentimiento humano caduco

Fuensanta Casanova Pujante

Me voy a la isla. Por Mercedes Martín Alfaya

Hoy, el mar me parece eterno; un inmenso y misterioso remanso de cristal sin orillas. He preparado mi barquito aventurero y me he comprado una gorra de almirante. Me voy a la isla para escribir mi primera novela. Ayer, me despedí de mis compis del taller literario con los que comparto charleta, noticias, comentarios, escritos y todo eso que se comparte con un grupillo guay como el nuestro.

No dejo el taller, claro que no, sin mi profe, Ramón Alcaraz, su motivación, conocimientos y profesionalidad esta aventura no sería posible. También, envié correos a mis amistades comunicándoles mi partida. La travesía es peliaguda y arriesgada, lo sé. Sin embargo, la puerta que depende de mi no voy a cerrarla nunca; y mi “puerta” es escribir, el resto no está en mis manos.

Quería dar las gracias a los amigos de Canal Literatura por su amabilidad y buen hacer en este mudillo de la literatura que tanto me gusta.

Espero volver pronto a tierra con mi “niño” bajo el brazo y mi pequeña barquita de lunares. Entre tanto, seguid por aquí, en este rinconcito mágico, junto a los duendes y las hadas, que os enviaré besos de luna llena con sabor a anís.

Un abrazo y hasta pronto.

texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

Ovulada. De Amanda Durán

La autora
Amanda Durán (Santiago de Chile, 1982) publicó a los doce años su primer libro Zona Primavera (1994), con un prólogo-poema de Nicanor Parra y firmado por su nombre civil, Daniela Pizarro Durán. Obviamente un libro de niñez, pero que ya marcaba la tendencia de esta poeta a los desafíos literarios de manera decidida. Le expresa Parra: “Ya verás ya verás/ Imposible vivir sin poesía/ Sin poesía nos volvemos locos.

El libro.-
Declara Amanda Durán que Ovulada es un libro dedicado a fantasmas, escrito por fantasmas. El texto, está marcado por el dolor y sangra constantemente, desde el inicio, como un diluvio de conflictos no resueltos. El tema central, fijado en el desquebrajamiento de la familia, que bien puede ser cualquier familia se insinúa en la cita de entrada: “Todas/ las ventanas de todos los vecinos del mundo…”. A la casa de la joven poeta chilena le corren epitafios como cucarachas. Versos de un joven universo inclasificable en los que la poesía se asegura su destino. Que esta obra baste y sobre ahora mismo, pues será suficiente para rato.

Ediciones Amargord.

Texto enajenado. Por El coleóptero

He entrado en el cielo para observar el jardín de los hortelanos, en el que la cualidad aérea es una fea costumbre de persona enajenada; he metido mi alma en el filo de la navaja para provocar alarmas escandalosas a la mansedumbre en escritura; he escarbado en el saco de los tontos y he atado con lazo mi diagnóstico, ¡tumor cerebral!, sin embargo dime tú lo que me dijo el barquero “las niñas bonitas no pagan dinero”, mientras tanto he deslizado mis manos por el cielo en penumbra y no puedo contar el secreto que se desliza por mi abanico, por eso rompo a reír con mi timbre de bicicleta, como una astronauta de la felicidad, cantando a las balas del jardinero que con su revolver musical se muere de ganas de dispararme por dejar mis cagaditas en su perfecto rosal, a pulmón, a pluma, a plumón… Ahora me pregunto qué molesta tanto, barquero, si entre los dientes me apetece el crujir de una croqueta. Palabrita de coleóptero.

El coleóptero

«Feliz» día de la madre. Por Mercedes Martín Alfaya

Sí, yo también he tenido «regalito» al llegar a casa después del trabajo. Nada más entrar los ojos se me han llenado de lágrimas y he contenido la respiración. ¡Fiesta! Toda la familia reunida, unos en la terraza, otros en el salón, la niña con un barreño de agua en la entradita lavando a Pocoyó y en el suelo ya crecían floripondios de la humedad. He abierto las ventanas, la puerta de la calle y todos los conductos de aire habidos y por haber: estaban haciendo barbacoa en la terraza lavadero, que sólo tiene un pequeño ventanal y casi me ahogo con el humo, me caigo con la irritación de
ojos y me subo por las paredes del sofocón.
¡Qué bonito es celebrar el día de la madre en familia!
Acabo de fregar todo el piso, limpiar la barbacoa, recoger la mesa y colocar la vajilla en su sitio. Bueno, qué le vamos a hacer, la tos que se me quedó en la garganta por la humareda, me impidió gritar y maldecir la ocurrencia. Todavía me queda devolver el lustre a los azulejos y lavar la ropa que había tendida junto a las chuletas, chorizos, pinchitos y panceta humeantes.

Felicidades y paciencia a todas las mamás.

Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)