Para un tiempo herido. De Enrique Falcón

El autor

Enrique Falcón (Valencia, 1968) ha publicado hasta la fecha los libros de poesía El día que me llamé Pushkin (Ediciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1992; Premio ‘Antonio Machado’ de Poesía); La marcha de 150.000.000: ‘El Saqueo’ (Rialp, Madrid, 1994: accésit Premio ‘Adonais’ de Poesía); La marcha de 150.000.000: ‘El Saqueo’ y ‘Los Otros Pobladores’ (Germania, Valencia, 1998; Premio ‘Ojo Crítico’ de Poesía); AUTT (Crecida, Huelva, 2002); Nueve poemas (Universitat de Valencia, 2003); Amonal (Ediciones Idea, Tenerife, 2005); El amor, la ira (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2006); los cantos definitivos del libro-poema La marcha de 150.000.000: ‘El Saqueo’, ‘Los Otros Pobladores’, ‘Para los que aún viven’, ‘La caída de Dios’ y ‘Canción de E’ (Eclipsados, Zaragoza, 2008); y Taberna roja, y otros poemas (Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2008). Hasta 1994 formó parte del equipo crítico «Alicia bajo Cero», responsable del libro Poesía y Poder (Ediciones Bajo Cero, Valencia, 1997). Miembro del consejo de redacción de la extinta revista “Lunas Rojas”, ha coordinado los volúmenes No doblar las rodillas: siete proyectos críticos en la poesía española reciente (Universidad de Chile, Santiago, 2002), Once poetas críticos en la poesía española reciente (Baile del Sol, Tenerife, 2007) y Poesía y desorden (Contratiempos, Madrid, 2007).

El libro.-

«Este breve pero intenso recorrido de diez años por la producción poética del valenciano Enrique Falcón, nos señala una vez más que el poeta ha sacado su palabra a la calle, haciendo de la misma una trinchera para enfrentar la realidad lacerante que nos circunda, siendo uno y todos los hombres del mundo, sobre todo aquellos sostenidos por sus propias carencias: yo bramo en vuestro propio / cordón umbilical. Poesía en carne viva con fusiles que alguna vez redimirán a los desamparados, a los olvidados y a las víctimas del sistema. Porque así como el poeta llama tiempo herido a esta época que nos toca vivir, llegarán otras en que brillará la luz de las tormentas.» (Rodrigo Galarza)

Presentación:
Valencia, jueves 26 de junio. a las 7.30 de la tarde.
Lugar: Librería Primado, (Avda Primado Reig, nº 102)

Ediciones Amarcord

Cuentos de nunca acabar. Por Gaviotas de Azogue

LAS TRES HIJAS

Éste era un rey que tenía tres hijas,
las metió en tres botijas y las tapó con pez.
¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Éste era un rey que tenía tres hijas,
las metió en tres botijas y las tapó con pez.
¿Quieres que te lo cuente otra vez?

EL CUENTO DE LA BUENA PIPA

–¿Quieres que te cuente el cuento de la buena pipa?
–Sí.
–Yo no te digo “sí”, ni “no”, yo sólo te digo:
¿que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa?
–Bueno.
–Yo no te digo “bueno”, yo sólo te digo:
¿que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa?

Gaviotas de Azogue

Hotel cantabrico. De David Sarrión

El autor

David Sarrión Galdón nació en Albacete en 1983. Autor de los poemarios ‘El arte de proyectar sonidos invisibles’ y ‘Hotel Cantábrico’, ha publicado sus textos en revistas como Barcarola, Impracabeza o 967arte, así como en el periódico El Día de Albacete. Ganador del primer premio de poesía del XXVII Concurso Literario para Jóvenes Ayuntamiento de Albacete, es miembro fundador del Colectivo Brújula y codirigió el Festival Poético Joven Feria 2007.

El libro.-

Todas las habitaciones del ‘Hotel Cantábrico’ guardan un poema dentro, una historia de amor que recorre los pasillos, cada planta del hotel, y deja en quienes los transitan una invitación a franquear sus puertas. Subir los peldaños de su escalera de caracol, acompañados por la sutil presencia con que la voz poética de David Sarrión se acerca en cada verso, es adentrarse en un tejido de susurros al oído que el autor deposita en los viajeros dispuestos a la estancia en los ricos matices de su escritura. Una vez que el viajero admira las vistas que ofrece su azotea, superviviente a las pequeñas muertes que rondan el ático, desea saberse un ángel en tránsito. Porque fuimos ángeles, ¿verdad?

Blog de David Sarrión

El amante. Por Isidro R. Ayestarán

Qué no te daría yo por retenerte en cada nuevo amanecer, al sonar la alarma de tu reloj, al incorporarte desde tu lado de mi alcoba…

Qué me quedaría por regalarte a través de mis palabras, de mis gestos, de mi mirada por que no te fueras a la hora señalada…

De qué forma rasgaría el silencio que me atormenta al sonar el estruendo de la puerta, de tus pisadas descendiendo los cinco pisos que separan tu frontera de la mía, tu mundo de mi nada…

Y dejo pasar el tiempo recostado en mi cama, abrazando tu recoveco, tu hendidura en mis sábanas, colocando mi bandera al llegar a tu cúspide, besarla como si fuera tierra santa…

Y te añoro sabiéndote de otro, que él es tu día, tu luz, tu alegría…

Y yo, convertido en tu noche escondida, en tu amante por horas con un contrato basura, un ser anhelante y agónico en espera de su mediodía…

Pero te aguardo sin reproches a que llegues de nuevo para preguntarte por tus cosas, por el trabajo, por la familia… mordiéndome la lengua por no incomodarte, no fatigarte con mis neuras de amante impaciente a la espera de un abrazo que me reconforte y me dé la vida entera.

Y en otra clase de silencio, mientras duermes el sueño del reposo por ese viaje mágico entre dos cuerpos, te acaricio y te amo de otra manera, poseyéndote sin testigos ni horarios impuestos, ni prisas por vestirte y despedirte de manera rutinaria con un beso en los labios.

Es en esos momentos, entre la penumbra de las estrellas, cuando este amante que se muere por retenerte es tuyo de veras. Y tú, en sueños, asientes con una sonrisa dándome la razón.

Y al sonar de nuevo la alarma del reloj, mientras te veo vestirte y arreglarte, derramo una lágrima dedicada al recuerdo de esos mágicos instantes donde tú y yo somos uno, aferrados a la pasión y la locura por adorarnos.

Y qué importará que calumnien, critiquen y señalen con el dedo.

Soy tu amante, el dueño de tu cuerpo por unas horas… y con una sonrisa esbozada en los labios, hasta el mismo Dios sabe que soy quien tiene las llaves de tu corazón…

… aunque sea por un instante.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

Eva. Por Clara Lecuona Varela

Soy una mujer,
mi hombre fue a cazar
la buena carne que da sangre y vida .
mi hombre fue a cazar y no regresa
Soy una mujer sola
que no escucha el murmullo de sus pasos.
Ni olfateo su olor tan distinto
ya lo negro cubre mi cabeza
y unos puntos brillantes me señalan.
Luego tan entonces no quiero despertar
si es que duermo
aún …

Clara Lecuona Varela

El canon digital, el precio de la mediocridad. Por Brujapiruja


Nadie sabe bien a dónde van a parar estos recursos que el gobierno impone a los ciudadanos por utilizar soportes digitales. Aunque se apuntan los destinatarios, no está nada claro. Desdeluego a poetas y escritores que vagan dando recitales y autopublicando sus obras no les llega nada.

Los creadores que se protegen así, demuestran que sus creaciones (por llamarlas de algún modo) no tienen otra forma de salir adelante, es decir, no triunfan ni llegan al gran público, por eso cobran de antemano, por si los copian (que más quisieran ellos), porque no venden.
Imagino que Madonna o Barbara Streisand y otros tantos más no necesitan de estas leyes para ganar lo suficiente con su trabajo, primero porque trabajan y segundo porque son buenas profesionales.

Que un gobierno se preste a esta recaudación “por si acaso” es un afrenta al consumidor que no tiene explicación alguna más que la de proteger a unos parásitos que no saben ganarse la vida trabajando, como todo el mundo.

Porque crear, señores de la SGAE, creamos todos, empresas, puestos de trabajo, expresiones de arte alternativas, formatos nuevos, técnicas, soluciones, inventos, etc… etc… y los que son buenos se venden también en Internet, pero ni son rentables de por vida y mucho menos por anticipado.
Este canon sólo demuestra la mediocridad y la desvergüenza más patente de quien no sabe trabajar ni competir.

Brujapiruja

El sillón de cuadros. Por Felisa Moreno Ortega

Regresamos a Murcia, lo primero que reconozco es la placita florida que cubre el parking donde dejamos el coche el año pasado. Mi mala memoria me hace mezclar tanto las caras como las ciudades y eso me lleva a saludar a desconocidos o a perderme por las calles.

En el hotel nos encontramos con mi gente, la del Desván, nos miramos buscando en los ojos de cada uno las palabras que tanto nos gustan, esas que intercambiamos en nuestro foro particular. Los entes virtuales cobramos vida, las metáforas se recubren de carne y piel para configurar cuerpos reales. Nos besamos, nos tocamos, comprobamos que existimos, aunque eso sea lo de menos.

Subimos a la habitación, hay algo que recuerdo de la vez anterior, un objeto, un mueble que permanece en mi memoria, que distingue ese hotel de otros en los que me he alojado después: el sillón de cuadros. Lo miro y miles de sensaciones aprisionan mi pecho, los nervios contenidos afloran y tejen un nudo en mi garganta, se llevan mi aparente calma, la arrastran, la destrozan.

El resto del día trato de mostrarme tranquila, me río y disfruto de la comida con los buenos amigos, esos que tomaron cuerpo para mí, y con mi marido que siempre está ahí para apretar mi mano y transmitirme buenas vibraciones. En la plaza, una fachada con balcones floridos se hace cómplice de nuestras sonrisas, de nuestros anhelos.

Por la noche todo es como lo recordaba: bello y terrible. El inicio amable, distendido, Espido se acerca flotando entre sus plumas grises y nos ofrece palabras de ánimo. La comida y el vino nos dan una falsa tregua que se rompe cuando empieza la entrega de premios, el corazón se acelera, se dispara. Las emociones contenidas durante tantos días se abren paso como un ejército de soldados hambrientos que, con su paso feroz, secan la boca.

Después, cuando todo ha pasado, cuando el corazón vuelve a su sitio, cuando el hielo de la decepción se derrite, vuelvo a disfrutar y me siento feliz de compartir la alegría con mi amiga Dorotea, a fin de cuentas ganó el Desván de la Memoria, ganamos todos.

Por cierto, no sé si podré enfrentarme de nuevo a ese sillón de cuadros, aunque dicen que a la tercera va la vencida.

Felisa Moreno Ortega
(www.tallerliterario.net)