Sociedad. Por Bernarda Enriquez

los valores agonizantes se esconden
tras el muro de la verguenza,
lloran ,gritan, y mueren viendo como la sociedad
lentamente se consume a si misma,
con rabia desgarra al mas puro de los inocentes, el amor
con odio traga pequeños trozos de la tolerancia fragmentada
con rencor mira a quien ose cuestionarle
la sociedad es creadora de su propia desgracia
y medicina de su propia enfermedad
solo es cuestion de tener el valor, para hacer las cosas diferentes.

Bernarda Enriquez

La niña chicle. Por Felisa Moreno Ortega

Mi hija Irene, a punto de cumplir siete años, es una niña alta y delgadita, con el pelo rubio y la sonrisa ajedrezada por culpa del Ratoncito Pérez que se llevó sus dientes actuando con nocturnidad y alevosía.

Mi niña es llorona, qué le vamos a hacer. Ya apuntaba maneras nada más nacer, los primeros meses de su vida berreaba una media de 5 horas diarias, cólico del lactante, dictaminaron los médicos. Supongo que le quedaron secuelas.

El otro día comiendo, mientras devoraba con auténtica hambre su almuerzo, empezó a lloriquear y me dijo:
– Mamá, yo como ¿verdad? ¿A qué como mucho?- preguntó con ansia.
– Sí cariño, tú comes bien, sobre todo de lo que te gusta.
– Pues cuando me pongo el bañador en la piscina, todo el mundo, !todos! me dicen que coma más, que estoy en los huesos.

Miro sus hombros huesudos y recuerdo los míos cuando era pequeña, la genética es así, nos repite como muñequitos en serie.

– Y yo como, mamá, yo como. Lo que pasa es que no engordo, estiro.
– Sí hija, como los chicles-contesto yo, muerta de risa.

COLECCIÓN: COSAS DE NIÑOS
Felisa Moreno Ortega
BLOG DE LA AUTORA

Sé lo que es casarse. Por Mercedes Martín Alfaya

La semana pasada estuve de boda; se casaba una amiga de mi madre. Yo todavía no sabía muy bien lo que significaba casarse, aunque debía ser algo importante, porque todos andaban comprándose ropa nueva y probándose peinados en la “pelu”.
Cuando llegamos a la iglesia me colocaron delante de los novios y me dieron una cestita con flores. Todo el mundo me miraba con cara simpática y decían que yo lucía muy linda. La felpa me apretaba un poco, pero me aguanté, porque mi madre se pasó un buen rato intentando ajustármela para que no se me metiera el pelo en los ojos. Cuando empezó a sonar la música, alguien me hizo un gesto para que caminara sobre la alfombra y los novios me siguieron. Luego, mamá me sentó en el primer banco de la iglesia, que yo creo que no está hecho para niños porque se me quedaban los pies colgando. Los novios estaban muy guapos. La amiga de mi madre llevaba un vestido blanco de princesa. A todo lo que le preguntaba el cura decía que sí y se escuchaba muy fuerte por los altavoces. Hacía mucho calor en la iglesia y la gente sacaba los abanicos. Yo también quería uno para hacerme aire, así es que escurrí el culillo para bajarme de la banca y pedirle a mamá el suyo. No calculé bien y fui a dar con la barbilla en la tabla de delante. Me hice mucho daño y por eso lloré. Mamá me sacó fuera y me curó la herida con salivilla. Y allí estuvimos hasta que salieron los novios. La gente empezó a tirar arroz en la puerta y luego pedían a los novios que se besaran. Yo derramé en el suelo todos los pétalos que tenía en la cesta porque quería llenarla de piedras; había muchas en el jardín. Un niño vestido de azul se acercó para darme un caracol que había encontrado en el macetero de la entrada y, como dice mamá que hay que dar las gracias, pues también le di un beso como el de los novios, recogí un puñadito de arroz del suelo y se lo derramé en la cabeza. Luego nos dimos la mano y la gente se reía de vernos. De pronto, se escuchó una voz muy fuerte: ¡Viva los novios!
En el banquete nos sentaron juntos. Los mayores se lo pasaron muy bien y nosotros jugamos a correr entre las mesas. También nos intercambiamos comida del plato y nos dieron chocolatinas. Como casarse dura mucho, cuando empezó el baile yo ya estaba rendida, así es que papá fue a por el cochecito y allí me recosté.
Cuando abrí los ojos, por la mañana, estaba en mi cuna, con mi oso de peluche y mis estrellitas de colores en el techo. Seguro que mi “novio” también se quedó dormido y su mamá se lo llevó en el cochecito. Lo pasamos bomba, pero esto de casarse cansa mucho y al día siguiente te duelen los pies de los zapatos nuevos. Yo mejor me quedo soltera, como dice mi tía Elena.

texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

El espectaculo debe seguir (aunque sea sin ti). Por Isidro R. Ayestarán

Yo sólo quería cogerte de la mano y no soltarme jamás,

navegar a tu lado en este mar de miradas anhelantes,

sentirte de nuevo, adentrarme en tu cuerpo,

hacerte mía en un solo gesto de amor renovado.

Tan sólo deseaba que fuéramos felices en un nuevo mundo,

esquivar los reproches de aquella primera parte

que tanto daño nos hizo por inexpertos,

y olvidar aquel telón que cayó como cae el acero.

Pero te dejé partir, ascender sola a tu morada

mientras yo caía en el consuelo de las palabras amigas

que no comprendían ese inmenso amor

por tu persona y tu nombre, por

protegerte en tus noches de soledad y pesadilla…

Por continuar en este juego a quererte.

No querías un novio poeta…

pero seguiré escribiendo versos en este espectáculo

de recitales y sombras, de luces tenues de velas

que alumbran el sendero oscuro

donde me adentro al recordarte en cada palabra,

en cada rima que alumbra tu mirada,

en este viaje que es mi patético intento

por continuar en un sendero incierto

donde no hay olvido ni manos tendidas…

porque naufrago en la sombra de esta

historia de amor en la que me adentro…

aunque ya sea sin ti a mi lado.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com